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Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

lunes, febrero 05, 2007

IV. DESPRENDIMIENTO Y BUSQUEDA (3)

Ya no estoy para leer historietas decadentes como la isla fantástica de Correrías, que es decididamente infantil como la mayoría de las que se publican ahora, salvo excepciones, como ser la extraordinaria payada diabólica de las Andanzas, que sospecho reeditada, porque ni el dibujo, ni la calidad de la historia, se parecen en nada las actuales. La realidad era que esas revistas retomaban el destino de reedición que sólo habían abandonado por un tiempo, sin que yo me enterase, creyendo que recién ahora, en plena decadencia, empezaban a hacerlo. Ignoraba además que yo también necesitaría mucho más tarde reeditar a ese chico que se acaba de proclamar adulto, y de eso se da cuenta el Enrique, el amigo mayor de la casa de por medio, casi treinta años después. Advierte que volví a ser un chico, cuando lo encuentro un sábado en un bingo de Zárate, jugando los dos a las tragamonedas, y le pregunto por aquellas revistas, si recuerda que se las regalé, si todavía las conserva, porque yo he vuelto a coleccionarlas y –esto no se lo digo, pero está implícito- esa condición recuperada me vuelve a otorgar derecho sobre ellas. El Enrique, como si le estuviera preguntando un disparate, preludiando con un no alargado, me explica que estaban en el altillo donde vivía un tío, que cuando murió se limpió todo, se tiró a la calle, como tantas veces oí con dolor cada vez que le preguntaba a alguien si no las había guardado y me contestaban que tenían un montón, pero vaya a saber dónde fueron a parar, seguramente las tiraron a la calle. Es más, están aquellos que con un sadismo inconciente me dicen que la limpieza fue hace muy poco tiempo, qué lástima, agregan. Tantas veces hice la pregunta y tantas veces me respondieron lo mismo, porque no encontré a ninguno que no las hubiera tenido. Incluso hay quienes despiertan mis expectativas diciéndome que por ahí deben andar algunas todavía, y yo indago acerca de qué epoca son, que forma tienen, si son apaisadas o no, mientras calculo la edad del que tengo adelante, si es mayor o menor que yo, si puede haberlas leído en la época que me interesa, pero a pesar de todas mis dudas, les pido que las busquen. Las más de las veces no pasa de ese comentario, porque cuando después vuelvo a preguntar, me dicen que no las encuentran, aunque seguramente se olvidaron de esa charla. Para ellos, claro, no tiene importancia el asunto, son gente de una ignorancia supina que, por ejemplo, califica de viejas o antiguas a cualquier ejemplar de más de diez años, le otorgan rápidamente esa categoría. Pero es peor cuando alguno se aparece con una Selección de las Mejores, como cuando en Saladillo, donde voy a visitar a mi actual suegro, y donde pienso que por ser una ciudad en que la gente no se muda tanto, es posible que aparezca alguna, y encuentro un cartonero en la calle y le pregunto –varias veces pregunté a los cartoneros si encuentran los ejemplares de los que me dicen que las tiraron a la calle- y el tipo contesta que sí que encontró algunas muy viejas y que las guardó, y yo le ofrezco un peso por cada una, y si son muy antiguas puedo estirarme a cinco, lo que significa una fortuna para él y para mí una ganga. Le anoto la dirección de la casa de mi actual suegro y arreglo para el día siguiente porque ya me voy. Cuando llega la hora convenida estoy ansioso, salgo a la puerta a ver si viene, demoro la partida. Finalmente aparece con una pila que de lejos adivino pertenece a Selección de las Mejores. A pesar de la reiteración de esas decepciones, no termino de inmunizarme, lo sigo intentando y en este momento en un kiosco de Saladillo, de un amigo de mi actual suegro, hay un cartelito que dice compro Correrías, Andanzas, Locuras, con el agregado: anteriores a los ’70. Pero hasta ahora lo único que le traen, sin reparar en la aclaración, es Selección de las Mejores, que el kiosquero igual compra para leerlas él y pasar el rato, como posiblemente también haga el Enrique, olvidado ya de las historias primigenias que leyó en las que yo le regalé, cuando vuelva a su casa ese sábado, después que las tragamonedas lo hayan secado como a mí.
Ella me sugiere “¿por qué no las cambiás con el Enrique?”, posiblemente porque me compró en muy poco tiempo la laguna negra y el sombrero de Napoleón y un mensaje a García, e intuye que mi afición a la lectura la puede llevar a decirme un no, ante nuevos pedidos. Un no que le impone su economía, pero que no quiere llegar a decirme. Me lo sugiere sin saber que su propuesta, tres décadas después que hubiera muerto, hace nacer a Elio Coradino Vélez ELCOVE (El Coleccionista Vengador) presidente del Club, empeñado ahora en hacer caer a los mercaderes del Indio, que se apiñan en FERIA FRANCA, boicoteándolos, e intentando que los coleccionistas dejen de pagar estúpidamente cifras siderales, las mismas que él pagó, y se vuelquen al canje, razonable propuesta derivada de Ella, lo descubre recién ahora.

(continuará)

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