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jueves, febrero 22, 2007

XI. EL URUGUAYO ERUDITO (2)

Con los últimos cuestionamientos, JUANJOS se da por vencido, y remite a ELCOVE a otro coleccionista, quien fue en realidad el que le dio los datos del título de la cincuenta y nueve y lo de la aparición del Coronel. Al principio JUANJOS no lo dijo para darse importancia, pero cuando yo lo acorralo con preguntas tira la toalla y me remite OQUEDA MENQUEZ, el uruguayo.
Yo lo conocía personalmente. Le había comprado y canjeado algunas revistas, mucho antes de lo del Club. Era un pibe con el que me conecté a través de Internet, por alguna página pre-FERIA. Al principio, lo imaginaba ignorante del valor de las revistas, por su condición de ser del paisito. Cuando me dijo que bajaba a Buenos Aires me fui corriendo a verlo, disfrutando por anticipando el negoción que iba a hacer. Empecé a frenar el embale cuando advierto que OQUEDA MENQUEZ paraba justo en el hotel que está al lado del Comic's Club. Hice bien en frenar, porque el muchacho se las sabía todas, con decir que me encaja la setenta y ocho de Andanzas, fuga en el aire, con el faltante del segundo episodio, la vampiresa, completo. Me pareció muy finita e incluso me fijé en la última hoja, pero me conformé con que apareciera allí la palabra fin, que en realidad correspondía al primer episodio, sin recordar que a esa altura de numeración no podía tener nada más que 60 páginas, como las actuales. El achique vino mucho después y ni siquiera bajó a 60, primero fueron 98, después 82 (época de fuga en el aire, junio del ’63). Subieron por poco tiempo a noventa, hasta la decadencia de Selección de las Mejores, con miserables sesenta y seis páginas, lo que explica –en parte- las terribles mutilaciones.
La cuestión es que no me dí cuenta de las hojas faltantes, caí como un principiante, posiblemente por la charla interesante de OQUEDA MENQUEZ , especialista en reediciones y datos curiosos, que tenía fotocopias de episodios inéditos que yo no conocía, y eso que para entonces yo tenía varios. Por ejemplo, el primero del Indio, nunca publicado completo, porque aparece en diarios con el (continuará) y se republica en el número uno de la Semanal, pero sólo la mitad, no sigue en el dos, y ahí se encuentran nada más ni nada menos con el Padrino, encuentro definitivo hasta que aparece la versión infantil y están, además, los gitanos, que haría famosos la primera película, la del hermanito en apuros, la única que merece ser considerada. También tenía yo –siempre en fotocopias- el segundo episodio completo, el loco del caserón y la primera aparición del pingo indómito, todas tiras del diario El Mundo. Y aparte, los episodios publicados en la Semanal, nunca reeditados en Andanzas: la del franchute pirata, el Gurí y la bruja, la mosca requete tsé-tsé o el tesoro de los antepasados, todas dibujadas por una pluma que no era la del Maestro, con un trazo más infantil, humorístico, posiblemente la de Lovato, eficaz en las Correrías, pero no tanto en las del Indio.
Pero OQUEDA MENQUEZ tenía más que yo: el comienzo de payada diabólica, según la Semanal, donde el cuerno del bien era una quena regalada por indígenas de otra tribu y las variantes de desafío gaucho; como asimismo secuestro de bebés, dos caballos en uno (o burro por crack, en su versión original), el cantor de la bañadera. Por si esto fuera poco, tenía también aventuras inéditas en Correrías: las de la cigüeña justiciera, el amiguito grumete y el escultor loco (con la continuidad como personaje, en las últimas dos, del marinero gordo).
Entonces, a pesar de que nunca creí que OQUEDA MENQUEZ no se hubiera dado cuenta del faltante de hojas del ejemplar de fuga en el aire, y creyendo más bien que utilizó la misma táctica distractiva que yo empleaba con el rengo del Parque, así y todo sigo haciendo negocios con él, previa compensación, lógico, en otras operaciones, por el faltante de hojas de la setenta y ocho. Su conocimiento y material me resultaban interesantes, y logré sacarle copias de las inéditas que yo desconocía.
Le dejo mi lista de faltantes y de las que tengo, por lo que pudiera aparecer, y él me pide que le pase mis contactos con coleccionistas. Se los mando con la advertencia de que hace mucho que no tengo noticias de ellos, pero en realidad son todos correos míos, con diferentes nicks, en venganza por lo de fuga en el aire. Me divierto mareándolo un rato, modalidad que bastante tiempo más tarde perfeccionaría ELCOVE. Después, por un par de años, dejo de tener contacto, hasta que ELCOVE lo invita al Club, diciendo que su mail se lo proporcionó un miembro. Pero el uruguayo, por la lista de revistas se da cuenta que soy yo. Entonces le pido disculpas por no haberme contactado con mi nombre, y me excuso en el tiempo que me lleva armar el Club. Le pido también que no revele la asociación con ELCOVE, porque eso me podría traer problemas.
(continuará)

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