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Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

martes, febrero 27, 2007

XII. DOS ARGUMENTOS (1)

Estoy en el escritorio. Voy al estante correspondiente, el quinto contando desde el piso. Sus medidas son: 0,65 cms. de largo, 0,40 de profundidad, 0,35 de altura. En la parte derecha, a lo largo, se alinean tres pilas (similar altura, tocando casi el estante siguiente) de Andanzas. Son alrededor de sesenta ejemplares –0,23 por 0,14- en cada pila. En el centro derecha, a lo largo, se alinean tres pilas (también similar altura, también tocando casi el estante siguiente) de Correrías. Casi setenta ejemplares –0,20 por 0,14- en cada una. Hallándose más completa esta colección, se explica la similitud de altura con las pilas de Andanzas, en que las fotocopiadas del Indio ocupan más del doble de un ejemplar original, ya que fueron hechas a una hoja por página y la hoja es más gruesa que las originales. Finalmente, a lo ancho, en el fondo derecha se alinea una pila de Locuras. Cuarenta y nueve ejemplares de la dos a la cincuenta –0,22 por 0,14-.
La numeración empieza, en los tres casos, desde abajo y atrás, hacia arriba y adelante, de modo que las revistas más antiguas estén más protegidas. También, para alejarlas de la curiosidad de algún posible visitante, no sea cosa que se repita el episodio de aquél compañero de colegio al que dejé solo para ir al baño.
Todas, por supuesto, están enfundadas en sus respectivas bolsitas de celofán transparente y son movidas y examinadas periódicamente, para constatar su estado y plumerearlas. Me aseguré que no las dañe la humedad, eligiendo una pared de la casa que no linda ni con el exterior ni con cañerías. En cuanto a los insectos, cada treinta días, rocío de lejos con antipolillas y cucarachicida.
La disposición general fue minuciosamente ensayada hasta llegar a ésta, que es la más adecuada posible al tamaño de las revistas y del estante, pero no resulta óptima, ya que como el lector sagaz habrá advertido, la última pila de Andanzas y Correrías (o la primera si lo vemos desde el frente), excede –a lo largo- en dos centímetros a la base. En principio temí que esta diferencia dejara marcas en el ejemplar de abajo, pero constaté debidamente que al estar apoyada la mayor parte de su superficie, el peso se distribuye uniformemente y por suerte lo temido no sucede.
Ahora tomo la primer pila de Correrías, la deposito entera, cuidadosamente, sobre el sofá. Repito la operación con la segunda pila y extraigo una de allí. La dejo aparte. Con la tercer pila opero sobre el estante mismo, levanto unas diez y retiro la otra que busco. Devuelvo las pilas a su ubicación original y me dedico a examinar los dos ejemplares escogidos, retirándolos con delicadeza de sus bolsitas y habiendo constatado antes que mis manos no estén transpiradas.
Por orden de antigüedad, ejemplar uno (el de la última pila, sacado en segundo término): Correrías, año V, número cincuenta y cuatro, $ 14 en todo el país, junio de 1962.
Título: el santo del pueblo.

Estado de conservación: excelente, de kiosco (para adoptar la terminología de los mercaderes de la FERIA, casi siempre mentirosa, en sus casos).
Detalles: desprendimiento del gancho central entre la última página y la contratapa; páginas ligeramente amarillentas.
Tapa: plano general; izquierda, un perro san bernardo, acurrucado, en posición de sometimiento, con barril al cuello del que salen billetes con el signo pesos; centro, personaje de cuerpo entero, pelado, con jardinero y camisa arremangada, que esgrime látigo en mano derecha y revólver en izquierda; derecha, cuerpo entero del Caciquito, abalanzándose valientemente desde una escalera que se insinúa hacia el otro personaje, sujetando el látigo con su mano derecha y con la izquierda el brazo del revólver. Los dos rostros están casi juntos y se miran con fiereza.
Ejemplar dos (el de la pila del medio, sacado en primer término): Correrías, año X, número ciento dieciséis, Argentina: $ 50, Uruguay: o/u 15, Paraguay: G. 50, dieciocho de abril de 1967.
Título: el justiciero.
Estado de conservación: regular.
Detalles: lomo ajado; faltante de un trozo de tapa en derecha centro; rotura de tapa en borde superior derecho; sello de Librería Alberdi, en rectángulo ovalado sobre el nombre del Caciquito y extendiéndose en espacio en blanco antes de año y número; idéntico sello en página de sumario y en interiores ( 15 y 23, en borde inferior, sin afectar dibujos ni textos); corrector en borde inferior izquierdo de tapa, tapando un precio colocado con fibra; mancha afectando cinco hojas interiores, con epicentro en la 60 y desvaneciéndose en las anteriores y posteriores; dibujo de bigotes y barba con marcador sobre el rostro del amiguito porteño en página 14, que se transparenta sobre la anterior; escritura en birome sobre cupón de anuncio de escuela de detectives en página 31 (no se transparenta ni marca la siguiente hoja); faltante de un trozo en ángulo superior derecho de última hoja, afectando –en último cuadro de episodio 143- el texto del amiguito porteño, que resulta comprensible, de todos modos; faltante de contratapa.
Tapa: Primer plano; los héroes a izquierda y derecha, señalan, intrigados, una antigua foto de grupo escolar en blanco y negro, que ocupa gran parte del centro izquierda; a la derecha, detrás del Caciquito, aparece además –también observando la foto- un personaje de barba, encapuchado, presumiblemente un monje.
Creo –no estoy seguro- que el ejemplar de el justiciero de la primer colección lo compré en el kiosco del hospital. Si fuera así, su aparición en Zárate y en el barrio tiene que haber coincidido con la fecha para la que estaba anunciado, lo cual es una rareza. El correspondiente a la segunda colección lo encontré en el depósito de Flores de Obestein, un día en que lo llamé antes, porque era raro que lo tuviera abierto, y entonces había que convenir una cita. El me había dado su teléfono en el local de la Bond Street, que estaba dedicado a cómics extranjeros y donde tenía poco material antiguo, el verdaderamente importante lo guardaba en Flores. Era duro para negociarle precios, pero a este ejemplar tuvo que rebajármelo bastante, debido a su estado.
El santo del pueblo, obviamente, nunca formó parte de la primer colección y tampoco lo había leído antes de comprarlo, dentro de un lote y a un precio irrisorio, en aquél viaje a Luján, del que volví llorando. Después de la angustia, constituyó una revelación y, afortunadamente, ninguna humedad es constatable hoy en día en el ejemplar.
Pero todos estas particularidades no le incumben en lo más mínimo a OQUEDA MENQUEZ, el uruguayo, al que le envío por mail sólo lo que me había pedido. Pero en forma detallada, exacta, con apuntes analíticos, para que se dé cuenta de las diferencias entre él y yo. Arranco liviano, dirigiendo algunos dardos a su supuesta erudición, basada en Selección de las Mejores.

(continuará)

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