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miércoles, marzo 14, 2007

SEGUNDA PARTE: XVI. ROBOS, MENTIRAS Y SAQUEOS (4)

En Saladillo llueve, pero no tanto. No termino de saludar a mi actual suegro que ya le estoy preguntando la dirección del Chiquito Cabello, dando por descontado que lo conoce, en Saladillo todo el mundo se conoce. El viejo está preocupado por el tiempo que le va a llevar hacer las valijas, dejar todo en orden, la hija le avisa de improviso, no tiene en cuenta esas cosas, él en realidad creía que viajaríamos mañana...
-No importa, viejito. Yo tengo bastante que hacer por sus pagos, tómese el tiempo que quiera para prepararse, pero déme la dirección.
Mi actual suegro también me mira como si yo estuviera loco, pero termina indicándome el paradero del Chiquito, al que, por supuesto, conoce muy bien. Ya saliendo, me grita algo que no alcanzo a escuchar.
La lluvia da una tregua y decido estirar las piernas después de tanto viaje, ya que mi destino está a dos cuadras, apenas. El rudimentario cartel, pegado en la ventana de la humilde casa, es promisorio: "Vendo antigüedades. Preguntar acá". Me atiende una chica de unos veintipico, de anteojos culo de botella, regordeta, bobalicona, que me remite automáticamente a la imagen de aquella otra, la de la galería de Luro e Independencia, en Mar del Plata, donde –casi incumpliendo un mandato de mi segunda exmujer- inicié con monaguillo del diablo mi segunda colección, el mismo local que le recomendé visitar a JUANJOS... El destino, pienso nuevamente, pero ahora no me divierte la idea, sino que aparece una extraña inquietud, como la que se apodera de mí cuando -en el Casino de Mardel, o en el flotante o en el de Tigre, o en cualquier bingo de pueblo- presiento que la maquinita en la que estoy jugando está a punto de inundarme de monedas, pero temo que no me quede resto para llegar a esa instancia.
Le digo a qué vengo y derrumbando mi prejuicio de que le iría a generar extremo recelo, ya que ni siquiera exhibí la carta de presentación de mi suegro, este forastero que llama a su puerta es invitado a pasar, con un simple: "pase". Se pierde en un pasillo oscuro, mientras me deja solo en el living, íntegramente ocupado por una enorme mesa y un clavicordio, ambos haciendo honor al cartelito de la puerta. La inocencia y la confianza pueblerina son asombrosas.
Sobre la mesa se ven cuadernos de colegio en proceso de corrección, por lo que astutamente deduzco que la anteojuda es maestra, quizá de una escuelita rural, rol que le cabría a la perfección. Flota en el ambiente olor a fritanga, que ya se tendría que haber desvanecido, desde la hora del almuerzo, dado que por aquí se come temprano, a no ser que el aroma se encuentre impregnado definitivamente en las paredes y el techo y los muebles de esa casucha cerrada. No se por qué se me ocurre que no la habita ninguna otra mujer que la maestrita, hija del Chiquito Cabello, un viejo viudo, al que debe haber ido a despertar de la extendida siesta. Nadie más que un anciano petizo y rechoncho de grasientas milanesas y una muchacha quedada, que se las ha cocinado por años, al volver de su humilde escuela de campo... Ahora lo fue a despertar de la siesta, y acá la siesta es sagrada. Sólo puede ser interrumpida por un asunto importante... La maquinita empieza su ciclo pagador, preanuncia el maravilloso tintineo de la intensa lluvia de monedas y yo voy a llegar a recogerlas. Por cierto, en Saladillo vuelve a llover intensamente.
Llega por fin, escoltado por su abnegada hija, el Chiquito Cabello y, efectivamente, tiene un aire somnoliento. Pero es alto y pelado. Extremadamente flaco, también, parecido al brujo de la tribu de las Correrías. Eso sí, es viejo, tal como lo suponía. Debe tener unos ochenta largos, por lo que descarto que la anteojuda sea su hija. Es, a no dudarlo, su única nieta huérfana. Se han cuidado mutuamente en la vida. Igual que el brujo enemigo del Caciquito con su Nieto. Sólo que Chiquito Cabello no parece poseer ni por asomo la astucia de aquél.
Me invita a sentarme y le tengo que repetir (agregando ahora la referencia a mi suegro, para entrar en confianza) el motivo de la visita, o sea que la anteojuda lo debe haber despertado con un: "Tatita, lo busca un señor", ni debe haber entendido lo que le dije, me hizo entrar de puro aburridos que están, nada más... Siempre me recuerdo que tengo que frenar mis expectativas, y nunca me hago caso. Encima, ahora, el Chiquito Cabello agarró por el lado de los indios...
-¿Las del Indio, dice? Su suegro le debe haber contado, por esta zona supo haber malones, y de los grandes. Con decirle que acá nomás, en De La Riestra, un pueblo vecino, un curita –no me acuerdo ahora el nombre- salió solito su alma a enfrentar un malón que estaba rodeando el pueblo, para saquearlo... No sé que les habrá dicho, cómo los convenció, pero los indios no entraron, pasaron de largo... La capilla de ahí lleva su nombre en homenaje al cura éste –puta, no me puedo acordar el nombre, los años no vienen solos-. Gran preocupación la de los malones en esa época. Yo conseguí... consigo muchas cosas en remates de estancias, me vienen de todos lados a comprar, con decirle que el arquitecto éste que era dueño de todo San Telmo, no me sale el nombre ahora, el que tuvo un cargo en la municipalidad de Buenos Aires, que salió en el diario y todo... Yo se le mostré la foto a la difunta y ella no lo podía creer... ¿Este no es el vago que viene cada tanto a comer asado y se emborracha con vos? Porque el tipo era así. Uno lo veía en la foto, de traje y corbata, leía lo que decían de él y que se iba a imaginar que venía acá, a mi casa y nos quedábamos chupando toda la tarde, hemos pasado de largo hasta la madrugada más de una vez, vea, contando historias de antes, hablando macanas. De pantaloncitos cortos, alpargatas, boina, quién se lo va a imaginar. Yo comentaba lo importante que era y no me creían, son bolazos que inventás, me decían. Hasta que salió en el diario. La gente es así, hasta que no lo ven en el diario o lo pasan por la radio, no creen. Tengo el recorte guardado de La Nación, ahora se lo busco y le digo el nombre... Un bohemio, el tipo, no se daba dique para nada... ¿Pero qué le estaba contando? Ah, sí... que un remate de estancia conseguí unas doscientas cartas de Rosas, a los jueces de paz de esta zona... Lobos, Cañuelas... Como nuevas están, conservadas con el lacre y todo... Se leen lo más bien, tenía linda letra el hombre. Los controlaba con mano firme a los jueces de paz, quería saber de la caballada existente, que le pasaran todos los datos... por donde andaban los indios, si estaban quietos, si se movían... Vendí un montón de esas cartas a unos historiadores que vinieron de un museo, pero todavía me quedan muchas, ahora se las traigo para que vea que no miento... Tengo también documentos originales de la campaña al desierto... Ahora se los traigo... Las del Indio, quiere usted... ¿Ese era Tehuelche, no?. Gigantes, los Tehuelches... Yo de chico vivía en Buenos Aires con mis padres, que en paz descansen, y por ese entonces vi al último de ellos, el último de los caciques Tehuelches... ¿Que sería? Por el año '30. Sí, yo no pasaba de los doce cuando lo ví, así, adelante mío, como lo tengo a usted ahora... Lo exhibían como un trofeo, lo habían traído cautivo. Era un viejo como de noventa años, pero tenía una estampa, parecía un árbol de derechito y alto, muy bien plantado el hombre a pesar de la edad... Olkelkkenk, se llamaba, así con un montón de ka... pero vea los caprichos de la memoria, no me acuerdo del nombre de gente que ha comido en mi mesa y sí me acuerdo el de este indio, que ví una sola vez en la vida a los quince o dieciséis años... Es verdad lo que dicen que lo que uno aprende de chico no se lo olvida más... Una vincha con tres plumas en la cabeza tenía. Y un poncho larguísimo, que casi le llegaba a los pies. Después estaba el otro cura... Italiano, era... Por ahí me sale el nombre... Un trashumante que le gustaba filmar a los indios... ¡Filmar! ¿Sabe de qué época le estoy hablando? Entre el '20 y el '30, más o menos. Y el tipo ya filmaba películas... Documentales, creo que le dicen... Anduvo con su cámara al hombro por todo el sur filmando vida y costumbres de los Tehuelches... No hace mucho, leí en el diario, encontraron los rollos de casualidad y los arreglaron como para pasar la película y que se pueda ver... Hicieron un bombo bárbaro con esa noticia, y yo ya lo sabía de hace añares... Los Tehuelches. También ha escrito un libro este cura... ¿cómo le dije que se llamaba?... Yo lo he leído, aunque le parezca mentira. Siempre he sido un hombre curioso, aunque la finadita le llamaba perder el tiempo a estas cosas... Les gustaba cazar. Y cuando llegan los españoles y descubren el caballo, pueden empezar a avanzar más hacia el norte...
La referencia rompe inmediatamente el sopor en que estaba cayendo: ¡Umpah-Pah!, grito en pensamiento. En el tercer tomo, "Misión secreta", los protagonistas viajan a Europa a buscar los caballos que la tribu Piel Roja acababa de descubrir. ¿Cómo se me había pasado esta otra asociación entre la creación de Goscinny y la del Maestro, tanto o más importante que las demás? Porque la semejanza con el lugar que ocupa entre los afectos del Indio el caballo con nombre de viento sureño, resulta insoslayable. Pero la luz del hallazgo es apagada por la letanía del Chiquito Cabello, que continúa...
-Con los caballos... ¿Sabía que ellos no conocían el poncho?... No, lo adoptan cuando entran en contacto con las tribus de más arriba, que eran las que lo usaban. También descubren unas plantas, unos yuyos, con las que arman cigarros. Cuando pitan tienen visiones... Como una droga, dirían ahora, ¿no?... Todo esto yo lo he leído... Ha caído mucho libro en mis manos, y no sólo he pensado en vender... Me guardaba los que me interesaban y después los leía, a escondidas de la finadita, que para ella eso era perder el tiempo, la pobre ni siquiera había terminado la primaria... Ahora voy y le busco ése de los Tehuelches que escribió el curita italiano, que por algún lado debe andar... También le dije que le iba a mostrar otra cosa, ¿no?... ¿Usted se acuerda qué era?... Porque yo acá tengo de todo... ¿Ve ese arpa?... Final del siglo pasado... O del otro, ¿no? Parece que ya estamos en uno nuevo... Qué se yo, me cuesta ubicarme con eso. La cuestión es que ese arpa yo la salvé del fuego, la iban a usar para leña, vea si hay gente ignorante... Hay veces que me digo: Chiquito Cabello, si salvaste un arpa como ésta del fuego, estás cumplido. Lo tuyo ha servido en la vida, aunque la finadita desde el cielo me esté todavía rezongando que soy un vago, que le esquivo el bulto al trabajo en serio y todas esas cosas que solía decirme... No había caso, por más que le pusiera arriba de la mesa una pila de billetes que iba sacando con la venta de las antigüedades, ella no creía que fuera trabajo... Pero yo sé que mi misión en la vida la cumplí, nunca le he hecho faltar el pan a mi familia...

(continuará)

1 comentario:

  1. Si te la habras empomado a la hija de cabello...

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