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sábado, marzo 24, 2007

XIX. EL NUMERO DOS (2)

-Ya sé que cambié mucho. Miráme bien... –Me dice, clavándome sus grandes ojos de un azul desvaído.
Si un rostro sin arrugas, adornado con una sonrisa permanente, puede convertirse en algunos años en un mapa sombrío... Si es posible, en ese tiempo, cambiar radicalmente de imagen, rebajar unos cincuenta kilos y pasar de ser un próspero y prolijo comerciante a una especie de ruina humana... Si las manos que antes contaban rápidamente los billetes, ahora se tornaran temblorosas, al punto de dificultar el permanente encendido de cigarrillos... Si el único rasgo de identidad conservado fuera la nariz semítica... Entonces, de darse todos y cada uno de esos supuestos, el que tengo enfrente, es...
-¿Obestein?...
-Lo que queda de mí. Sabía que estabas por volver. Te esperaba.
Sigue un largo y atormentado monólogo de aquel hombre amenazado por la locura. Dicho en un susurro, casi de un tirón, con inútiles intentos de intervención de mi parte. Escupido vertiginosamente, mientras vigila la entrada del café como si estuviera a punto de ingresar alguien que quiere matarlo. Un monólogo que resulta difícilmente entendible, a causa de las reiteraciones, las incoherencias, las múltiples digresiones...
-Estaba seguro que ibas a terminar interpretando los signos... ¿Sabés lo que me hizo confiar en vos? Un comentario que me hiciste la última vez, cuando me compraste varios números... Dijiste que no te explicabas la contradicción entre que te apasionara el Indio y que, al mismo tiempo, repudiaras la ideología del Maestro. Eso dijiste, textualmente... Ahí descubrí que eras el hombre. Que podía depositar mi confianza en vos, para que me guardaras las copias... Vos eras cliente de mucho antes, pero recién ahí yo me dí cuenta... No era por la venta que te había hecho, no creas. Yo hacía montones de ventas más importantes que la tuya todos los días... Fue mi época de esplendor... Hasta que empezaron las persecuciones, apareció el pibe éste... Maldita la hora en que me metí en Feria Franca... Pero no, tengo que agradecer, porque gracias a ella volví a conectarme con vos... Te había perdido el rastro... ¿Vos vivías en Zárate? No, Campana, Campana... Me acuerdo, me dejaste un teléfono, de un negocio, creo... Yo llamé ahí y una mina me dijo que te había sacado a patadas en el culo, que no sabía ni le interesaba por dónde andabas... Las mujeres... Pero algunos hombres son peores, como el pibe éste... Se hacía el amigo. Detestable. Esta gente del Parque... Antes era distinto... Ahora están todos tatuados, las cabezas rapadas, los aros... Yo, con Isaac, fui uno de los pioneros... Y el padre del pibe, que no era mala persona, al principio... Después se terminó asociando con ElTony, que a ése mejor ni nombrarlo... Pero igual, la generación nueva es terrible... Por eso decidí confiar en vos... Yo sabía la que se venía... Lo intuía. Isaac también, pobre, mirá cómo terminó... Y en parte la culpa es mía... No quiero hablar de eso ahora, me hace mal... Repudiabas el pensamiento del Maestro, así dijiste y yo pensé es el hombre. Me dí cuenta que eras mucho más inteligente que los demás coleccionistas. No piensan, son unos cretinos... Vos debés haber creído en ese momento que accedí a fotocopiarte porque me hiciste una compra grande, porque me insistías, pero fui yo el que te induje con la charla, te mostré los primeros, sabía que te ibas a entusiasmar y que no tenías la plata. Deslicé un comentario que había gente que los fotocopiaba, cuando no podía pagarlos... Te hice los cinco para que no fuera tan evidente de entrada... Lo importante era que vos solito te fueras dando cuenta... Era muy pesado para tirártelo... Corría el riesgo que me creyeras un loco. Estaba seguro que con el tiempo ibas a ir descifrando las claves, una por una... Sos inteligente. Me di cuenta por algunas observaciones sutiles que hiciste. La influencia del Maestro en Goscinny, nadie hablaba de eso en ese tiempo... No era tan popular Asterix, acá... Encima vos dijiste lo de Umpah-Pah. Ese es el anzuelo que tengo que tirar, pensé, cuando llegó la hora de recuperarlo, cuando el traidor de Capillita me dijo que se lo habían robado de la caja fuerte. No le creo, para mí se lo quedó en combinación con el pibe éste.... Yo se lo había confiado a él, era mi empleado en la Bond Street, tenés que haberlo visto, vos has andado por ahí, me acuerdo... Después se cortó solo, pero yo ya se lo había dado para que me lo guarde, y confié en él, como confié en el pibe éste que me iba preguntando cosas, parecía inocente y yo conocía al padre, que no era mala persona al principio, y le contestaba... Me conmovió con un cuento que me hizo de que le habían robado un montón de revistas de chico y ahora él estaba empeñado en recuperarlas, para que esos ladrones no se salieran con la suya... Y venía y me compraba y, de a poco, me sacaba información... Qué me iba a imaginar yo, que después... Maldigo el momento en que le conté lo de Capillita... Pero bueno, ahora no importa, porque viniste, interpretaste el mensaje... Cuando recordé lo de Umpah-Pah, me dije: ésa es la clave... Busqué como se decía el más oculto de los secretos en dialecto piel roja y lo encontré: Zerumba, y entonces modifiqué el cuadrito original, porque en inglés, en realidad, lo que aparecía era una versión fonética del ¡Huija!... Entonces lo publiqué como BATIMITO... Y esperé, y vos me respondiste como SOADORA, enseguida me dí cuenta con el cuadrito mío modificado a su vez, el del Padrino entre los cerdos, animales impuros, justamente... Pero más con la mención a las facetas ocultas del Maestro... Entendí que si usabas ese medio, era porque todavía no había llegado el momento de encontrarnos. De lo contrario, me hubieras escrito directamente, hubieras ofertado en alguna subasta mía... Lo mismo con ELCOVE, ahí estaban mis tapas, las que te había fotocopiado, la dos con crucecitas, y supe que me decías seguí esperando, voy a ir, pero todavía hay peligro... Y cuando cambiabas ¡Huija! por ¡Iajú!, sabía que lo del Club era una trampa para los giles, y un mensaje sólo para mí, que quería decir: sigo acá, por ahora, en el ciberespacio, para el encuentro en la realidad falta, esperá... Y yo esperé, esperé acá, en el bar de al lado... Ya no abro el negocio, ¿sabés? Desconfío de todos, sé que me vigilan... Pero confío en que si viniste, por ahora, estamos tranquilos... Ví que te cuidás muy bien las espaldas... Los estás mareando... No saben a ciencia cierta donde ubicarte... Tu juego es muy hábil... Ellos, en el fondo, son tan cretinos como los demás coleccionistas... Ahora maduraste, sabés mucho... Pero yo te puedo ayudar, todavía. Aportar todos mis descubrimientos... Cuanta más información manejemos, mejor nos vamos a poder defender... Tenemos mucho que hablar, vos y yo... Pero no acá. ¿Está ahí adentro, verdad?... Lo supe ni bien lo abriste... Pero ahora no, acá no... Le dejamos el maletín al dueño del bar, es un amigo... El me lo lleva en un rato. Nosotros salimos separados, con las manos vacías. Por las dudas. No hay que levantar sospechas... Veme en este lugar en una hora... Queda cerca de acá... Tranquilo, que el maletín va a estar ahí...

(continuará)

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