SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

martes, marzo 06, 2007

XV. LA LLUVIA DEL OLVIDO (1)

Cuando el inocente de JUANJOS –que se ha movido encomiablemente en la formación del Sitio- me pide, para incluír allí, que le aporte datos, curiosidades, material inédito, no queriendo repetir las consabidas estupideces que se encuentran en todos lados, le prometo buscar entre mis archivos. Pero en realidad, me pregunto si quedará algo por descubrir, si el tema dará para tanto. Si no se habrá agotado en unos cuantos datos que se reiteran, justamente, porque no hay nada más por decir. Y este interrogante sí es nuevo para mí, nunca antes me lo había formulado. Trato de borrarlo, de evadir la respuesta. Siempre he pensado lo contrario a la posibilidad que comienzo a esbozar. Constantemente, como supongo lo harán los otros coleccionistas, perseguí las claves ocultas que me revelaran la totalidad del universo del Maestro. Costaría admitir que ya hace tiempo las he conseguido y que la geografía a recorrer resultó ser de unas pocas cuadras, agigantadas solamente por el recuerdo de un chico, que las transitaba desde su estatura, con pasos cortos. En ese entonces, el horizonte parecería infinito.
Por supuesto que tampoco se lo comento a JUANJOS, dado que si no me animo a destruir mi ilusión, menos lo voy a hacer con la de él, y me pongo a revisar entre las innumerables publicaciones que hablan del Indio, para ver si encuentro algo poco frecuentado. Pero OQUEDA, siempre diligente con sus contribuciones, me gana de mano y, cuando veo la página finalmente diseñada por JUANJOS con ayuda de aquél, compruebo que allí está todo lo que yo podría haber aportado, y que no es muy diferente a lo que la mayoría de los coleccionistas conoce. Lo que abonaría a la hipótesis que no me atrevo a enfrentar.
Pero el www.indioclub.com.ar cuenta, al menos, con un material mío, ya que en la galería de tapas, JUANJOS incluyó las dos que le había enviado escaneadas. Lucen ahí, en alta resolución, la cuarenta y uno, los fanáticos de Siva, y la cincuenta y cuatro, peligro amarillo.
Prometo mandarle más, no bien pueda conseguir un escáner, ya que hacerlo en cibers me llevaría mucho tiempo. Ante su insistencia, y para que complete al menos la galería de las diez primeras, accedo con la número dos, el misterio de la gruta, que a él le falta (y de la que, al conocer la tapa por Internet, se declaró enamorado a primera vista) y yo poseo fotocopiada, lo que no le revelo y tampoco él podría llegar a advertir, ya que la imagen, también en alta resolución, queda fantástica y parece extraída de un original. En realidad el original era el que tenía Obestein, y a ése ejemplar responden las crucecitas que aparecen en la tapa, en algunas estalagmitas –o estalactitas- de la cueva de los antepasados, aquélla donde fue encerrado el Gurí por el Tata. Cuando ELCOVE la envió a FERIA FRANCA, en su falsa venta de las diez primeras, temí que por ese detalle pudieran llegar a mí, pero la resolución en que apareció publicada, como todas las de ahí, era demasiado pobre –apenas 21 KB- como para que alguien pudiera percibirlo. En cambio, en ésta que escanéo ahora, las crucecitas son claramente visibles, pero ya no tengo de qué preocuparme, pues soy yo quién la mando y nada tengo que ocultar ante los visitantes de la página de JUANJOS, salvo que se trata de una fotocopia.
Con el envío de la tapa, aprovecho para comentarle que finalmente podremos vernos las caras, ya que viajo en pocas semanas a Mar del Plata, acompañando a Graciela, que necesita despejarse de tanto estrés jurídico en la invernal paz de su departamento de Varese. Le paso el teléfono de ahí a JUANJOS para que nos comuniquemos.
Reconozco que, en la reserva sobre la característica de mi ejemplar de la dos, me sigue pesando la influencia del purismo proclamado por ELCOVE, al que no volví a ver después de nuestra última discusión. Algunos rastros de su presencia se advierten en hechos caprichosos, que se dirían cometidos por un chico. Primero, desorden en la colección. Busco un número y no lo encuentro en la secuencia de numeración. Finalmente aparece en cualquier lugar. Sucede incluso que una Correrías se mezcla en la pila de Andanzas, hecho mucho más inusual que el primero, ya que puede darse que al retirar pilas un número se descoloque, pero jamás que vaya a parar a la de otra de la familia. Lo más grave acontece al día siguiente del envío a JUANJOS: llego al departamento y encuentro desparramados en el piso montones de ejemplares. Inmediatamente mi mirada se dirige a las pilas de los estantes, temiendo un saqueo como el sufrido por el CORSARIO en su infancia, pero la mayoría se halla en un perfecto orden, lo que aumenta mi desconcierto. A medida que voy recogiendo las revistas del piso, advierto que han sido retiradas de sus bolsitas y ostensiblemente maltratadas. Se hallan abiertas, dobladas por la mitad, con hojas desprendidas, aunque no rotas. Terminada la tarea de recomponerlas, alisarlas, ubicar las páginas, recién entonces, cuando las restituyo a sus fundas, reparo en una característica común: han sido tirados solamente ejemplares de Andanzas. Por el contrario, los de Correrías y Locuras han permanecido incólumes en los estantes. O sea que el vándalo obedeció a un criterio muy preciso, destinado a hacer ostensible su autoría, como un claro signo dirigido a mí, como una referencia a nuestra última discusión. Por supuesto, nada digo de todo esto a Graciela, que entró conmigo y atribuye el desorden a un descuido de la empleada. Pero sí me digo, ya acomodado el último ejemplar y habiendo corroborado que no falta ninguno (ni siquiera los recientemente incorporados de la Selección de las Mejores, el cretino no se animaría a tanto), que deberé ponerle un límite definitivo a ELCOVE.
Reparo que de su tropelía se salvaron las fotocopias de la uno a la cinco, que le compré a Obestein, y que de haber estado en las pilas, seguramente hubieran sufrido el maltrato de las otras. Las había apartado para releerlas cuando saqué la dos para fotocopiarle la tapa a JUANJOS, de modo que estaban guardadas en mi mesa de luz. Algo me remite a ellas ahora, quizá la necesidad de olvidar el episodio que acababa de vivir, y me pongo a hojearlas distraídamente. La revisión de esas revistas en conjunto hace que repare en algunos detalles curiosos, que antes me habían pasado desapercibidos. De pronto, descubro que esos detalles apuntan a una idea... Los primeros números de Andanzas, que recogen episodios publicados en la Semanal, responden, en su agrupación, a un criterio editorial. Evidentemente al Maestro nunca le interesó la reedición cronológica, lo que queda claro a partir de la número dos de las Semanales, donde decide no continuar la historia de los gitanos, bastándole haber dejado sentado el encuentro fundacional entre el Indio y el que ahí se constituye en su Padrino. Y lo que elige como sentido en los primeros números de Andanzas es la referencia a los orígenes, a la mitología del protagonista. Así, tanto en la uno, como en la dos y la tres, aparecen referencias a la dinastía egipcia, y el Tata como personaje insoslayable. En discípulo del Diablo, el tema es la búsqueda del fémur del buey Apis, secreto de la fuerza de los Tehuelches, y que se halla oculto en la cueva del Tata, cuyo plano se halla grabado microscópicamente en la pata del Indio. La misma cueva donde, en el misterio de la gruta, es encerrado el Gurí, alimentándose del antiquísimo hueso, tal como se revela años más tarde (seis, para ser precisos), en la ochenta y tres, caldo en dados, publicada en noviembre del '63. Por otra parte, en el número dos se agrupan dos episodios, siendo el otro ¡se casa el Indio!, el del casamiento impuesto, sumando en consecuencia dos los mandatos del Tata que son transgredidos, ya que en una de las aventuras el Indio libera al Gurí y en la otra reniega, en el último cuadro y frente a la tumba de su padre, de cualquier elección de esposa que éste haya hecho para él, en su mayoría de edad. En cambio, en la número tres, el águila de oro, la reliquia del título es finalmente depositada –venciendo las maquinaciones del Chino y el Hindú- en la tumba del antepasado egipcio (nada más ni nada menos que un faraón), tal como el Tata lo ordenara. En la cuatro, el hombre de las mil caras adopta la personalidad de aquél, haciendo creer al hijo que resucitó, liberándose del sarcófago donde se hallaba embalsamado. Así ordena regresar al Gurí a la cueva, donde lo confinó porque no profirió al nacer el grito de fuerza de la raza. Obviamente que el simulador, para poder jugar su rol con eficacia, había sido antes suficientemente instruido por el Padrino, quien intenta con el truco sacar del medio al menor, a fin de no repartir la herencia del Indio.
Antes de revisar la cinco, voy a buscar el ejemplar -original- de la seis, las armas del Tata, que estoy seguro sirve para corroborar mi hipótesis, ya que recuerdo que en ella se juega otro de los famosos mandatos paternos. Pero en el camino desde el cuarto hasta el lugar de la colección, me distrae de este propósito el sonido del teléfono. Atiendo.
El que llama es RICHARD, el coleccionista concitadino. ¿Cuándo le dí mi número?, es lo primero que me pregunto. ¿Fue en el primer mail, el que le envié con mi nick real, como contestación al que me decía que mi dirección se la había pasado LOLO? ¿O en el segundo, también desde mi propio correo, después que ELCOVE le dijera que yo lo había recomendado al Club, y él me escribiera diciéndome que nunca antes me había escrito, cosa que al hacerle yo notar la contradicción, atribuyó a su despiste? Al que sí le había dejado mi teléfono es a LOLO, por lo que resultaría más acertado suponer que éste se lo haya pasado junto con mi correo. A no ser que LOLO y RICHARD sean la misma persona, como insidiosamente me venía sugiriendo ELCOVE, con su incurable paranoia. Pienso en contrastar sus voces, pero no puedo hacerlo, porque mi memoria auditiva es calamitosa. Además, a RICHARD se lo escucha ronco, como si estuviera acatarrado o fuera un fumador empedernido, lo que no parecía ser LOLO, que no prendió un solo cigarrillo, en la charla que tuvimos en su negocio. Estoy seguro de eso, porque yo estaba pendiente de que lo hiciera, para poder imitarlo, y finalmente me tuve que abstener.

(continuará)

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