SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

viernes, marzo 16, 2007

XVII. VIAJE CON SUEGRO (1)

Vuelvo a la casa de mi actual suegro, totalmente empapado, y mientras me seco, planeando huir cuanto antes de esta ciudad de mierda, me entero que seguimos estando en problemas. El viejo no sólo no hizo las valijas, sino que parece que por culpa mía -tendría que haber vuelto antes que cerrara el Banco para llevarlo en el auto, no se va a andar mojando a su edad, me lo avisó antes de irme y yo no lo escuché, nadie lo escucha a él-, le quedó sin pagar no sé que importantísimo impuesto, que vence mañana sin falta. Trato de calmarlo, le digo que no se haga problemas, que prepare las valijas, que lo pagamos en La Plata. Imposible, porque no existe otro lugar en el mundo donde se pueda cancelar el susodicho impuesto que en el Banco de la Edificadora de Saladillo. Propongo, entonces, que le deje el encargo a un vecino. La última vez que hizo eso, el atorrante de al lado se terminó gastando la plata en la quiniela y desde entonces él no confía más en nadie. Ya al borde del desaliento, sugiero que lo podría postergar para la vuelta de Mar del Plata. Claro, porque no es mía la casa que van a rematarle en caso de incumplimiento... Aparte, me agarró el apuro de golpe, ¿no le había dicho que se tomara el tiempo que quisiera?. Encima, con esta lluvia, la laguna de Lobos se desborda. El nunca viaja con lluvia... Etcétera, etcétera, etcétera. O sea que, tal como el viejo lo había determinado de antemano, no hay más remedio que partir mañana.
Me debe notar la cara de culo, porque frena un poco, preguntándome qué estuve hablando tanto tiempo con el Chiquito Cabello.
-Yo no hablé. Habló él. De los indios...
-Ah, sí. Muy charlatán el Chiquito. ¿Te contó la historia de Moreira, cuando anduvo escapado por las tolderías? Porque Moreira era de Lobos, pero Lobos, en ese entonces, pertenecía al partido de Saladillo...
Demasiado para un mismo día. Agarro las llaves del auto y anuncio que me voy al ciber de la plaza. El único del pueblo, en realidad.
-¿Y qué vas a ir a hacer ahí? ¿A chotear, como los pibes de ahora? Quedáte, que te cebo unos mates y nos hacemos una ricas tortas fritas... ¿Para qué lo fuiste a ver al Chiquito?
-Ando buscando una revista del Indio, que necesito llevar a Mar del Plata.
-¿Vos sabés que acá, en Saladillo, queda familia del creador de ese personaje? Pero ellos son Quinteros, los anotaron sin la ene...
Si lo dejo seguir al viejo me va a terminar revelando que el verdadero lugar de nacimiento de Gardel es Saladillo.
Ya en el auto, me pregunto si no tendría que pasar por el kiosco del amigo de mi actual suegro, donde dejé el cartelito compro Correrías, Andanzas, Locuras, anteriores a los ’70, pero decido ahorrarme la decepción que el kiosquero me exhiba triunfante una pila de Selección de las Mejores. Estoy encerrado por un día en un perdido pueblo de provincia, y encima, con una lluvia torrencial. ¿Qué otra cosa se puede hacer, entonces, que enfilar para el ciber de la plaza?.
La lentitud de la conexión no me molesta, porque una vez que me aburra de Internet, ya no tendré salvación, a no ser mirar alguna película por cable que, milagrosamente, se halla instalado en la casa de mi suegro. Siempre y cuando, claro, que el viejo no lo desconecte por temor a que algún rayo le queme el televisor, curiosa idea, heredada de los tiempos de la antena, que ningún argumento puede cambiar. Entonces, sólo me quedará escuchar la historia de cómo Moreira, al volver de las tolderías, mató a uno de los Quinteros.
Lo primero que hago es buscar en FERIA FRANCA. Parece campo arrasado, después de las andanzas de ELCOVE. Han desaparecido las terribles polémicas, pero junto con ellas los grandes vendedores, incluido el CORSARIO, con sus perdidas medallitas. Seguramente, están esperando que pasen las consecuencias del temporal, para recobrar credibilidad. Sólo queda algún descolgado que intenta vender una Selección de las Mejores de los '80, a cincuenta pesos. La cincuenta y ocho, la cola del diablo, la cincuenta y nueve, misión secreta, la sesenta y dos, petróleo y champán, la sesenta y tres, el fin del mundo, la sesenta y cuatro, armas para el caribe, la sesenta y ocho, allá en el lejano oeste, que fue lo mas trascendente que ha sucedido en los últimos tiempos, ya no figuran. O se vendieron, o las retiraron por falta de ofertantes. Lo que sí abunda es el merchandising tardío de la película del Indiecito, desde jabones, pasando por termos, hasta papel higiénico. FF está muy triste sin ELCOVE, como dijera JUANJOS. Hay que reconocer que se lo extraña un poco.
Recuerdo que ELCOVE guardó -tramposamente- las direcciones de mails de los vendedores de FF, que escribieron al Club del Indio. Ahora podrían servirme si, desde mi propio correo, los consulto por la número dos. También podría utilizar los contactos de SOADORA, siempre y cuando no hayan dado de baja la casilla. Voy a empezar por meterme en el correo de ELCOVE. Mientras espero que la conexión, a ritmo pueblerino, abra la página de Yahoo, repaso a quiénes podría acudir. Queda descartado desde ya ALLIPAC. Y el BAHIENSE, que sólo tenía ejemplares de las Semanales de los ´70, y algún Libro de Oro de la misma época. El material de EL PESCADO era similar, con el agravante que no sería descabellado suponer que éste le comentara a JUANJOS, que lo conoce por ser de la misma ciudad. ¿Quién queda? TITAN, de Tucumán, anunciaba números bajos... Pero en el remoto caso que tuviera la dos, el envío tardaría demasiado.
No se puede mostrar la página. Le pregunto al encargado del ciber y me contesta que hay problemas con Yahoo. Creo más bien que a la conexión no le han puesto el querosén suficiente. Pruebo con el Messenger y asombrosamente se abre. Quizá no sea tan mala idea, después de todo, lo de chotear un rato, como me sugiriera mi suegro. Me fijo en mi lista de contactos y al único que encuentro conectado es a OQUEDA MENQUEZ.
-¿Qué hacés, OQUEDA?
-¿Qué dice, ELCOVE? –Responde de inmediato- ¿Cómo le va, tanto tiempo? Un gusto encontrarlo...
-No me llames así. No tengo nada que ver con ELCOVE.
-Tranquilo, estamos en privado. El destino te trajo hasta mí. Necesito de tu erudición.
-¿Te sirvió lo que te mandé?
-¿Qué era?
Hijo de puta. Me ocupé de detallarle minuciosamente lo que necesitaba, y ahora ni se acuerda.
-Lo que me pediste de Correrías. ¿Te llegó? No me escribiste más después de eso...
-Ah, sí...Te preguntaba el número de ¿quién es quién?, ¿no?...
-Y el justiciero y el santo del pueblo. Los argumentos...
-Sí. Ahora me acuerdo. Me sirvió...
Ni siquiera agradece el muy turro.
-¿Qué querés, ahora, de mí?
-¿Viste cuándo en Andanzas la historia pasaba por la visita a otras tribus aborígenes... ? ¿Te acordás alguna en particular?
Parece que a todo el mundo le agarró hoy por el lado de la antropología. ¿Le tiro lo del Chiquito sobre el último cacique Tehuelche? ¿Cómo dijo que se llamaba... ? ¿Oelkenek? Con muchas ka, dijo... Se me acaba de ocurrir que, si no fuera un invento más de los tantos que cuentan los mitómanos saladillenses, lo de la ka final en el nombre del Tata, no sería, entonces, un recurso del Maestro para que sonara a egipcio, sino que estaría tomado de los verdaderos Tehuelches...
-¿Seguís ahí? ¿Te noqueé con la pregunta?
Resuelvo que, aún cuando se tratara de un invento del Chiquito Cabello, OQUEDA no merece el dato.
-Me acuerdo ahora de la seis, las armas del Tata, la dieciséis, las joyas de los incas, la treinta y uno o treinta y dos, los queranveinte, que aludía, obvio, a los querandíes...
-¿Y qué tribu era la de la seis?
-La verdad, no la tengo muy presente...
-¿Y cuál más? Porque me dijeron que hay muchas y la mayoría no fueron reeditadas.
Confiesa su supina ignorancia por los clásicos del Indio, por todo lo que no sea Selección de las Mejores. Y a confesión de parte...
-La ochenta y pico, el meteoro. Creo que ahí se trataba de los tobas o matacos.
-¿Cuáles otras?
-No sé. Es lo que recuerdo, por ahora...
-¿No te fijarías en tu colección? Yo te aguanto acá...
-No estoy en mi casa. Ando por Saladillo.
-Que macana. ¿Cuándo volvés?
-Mañana, creo... Pero ando muy ocupado. Como decís, deben ser bastantes las aventuras entre patagones y otros indios. Me llevaría tiempo revisar...
-Aborígenes, indígenas, no indios... – Me corrige inesperadamente. Y sigue:- Además, lo correcto es Tehuelches, que es el nombre dado por los mapuches. Patagones es un adjetivo que les pusieron los colonizadores.
Pero vea las pelotudeces en las que se ocupa este muchacho para ocultar sus carencias.
-Yo necesitaría saber sobre todo –Insiste-, si hubo alguna en la que se crucen con los Guaraníes, una tribu que terminó radicándose acá...
¡Es como mi suegro! Debe andar buscando datos para una tesis que demuestre que el Indio nació en Uruguay, igual que Gardel. Evidentemente, a OQUEDA MENQUEZ no le queda mente.
-La verdad, no me acuerdo.
-Cuando puedas fijáte, por favor. Y acordáte que me prometiste, y no cumpliste nunca, detallarme lo de esos borradores de editorial, con anotaciones extrañas...
¿Anotaciones extrañas? ¿Yo le había dicho eso? Recuerdo sí, haberle comentado, en algún encuentro personal, que tenía ejemplares con supresiones y apuntes a lápiz, que al confrontarlos con las reediciones coincidían con la adaptación. Por lo que revelaban su condición de borradores y, en consecuencia, deducía que provenían de la editorial. Pero no creo haberle mencionado la particular obsesión del versionista por los números dos y tres... Es curioso que haya retenido esa charla durante tanto tiempo y que, además, la haya magnificado morbosamente. Algo me inquieta en este muchacho, no parece estar en su sano juicio. Decido no perder más el tiempo con él, por aburrido que esté.
-No te van a resultar tan interesantes como suponés, pero cuando pueda te los busco. Te mando un saludo.
Chau, chau, OQUEDA. Hacéte ver.

(continuará)

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