SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

martes, abril 17, 2007

XXII. CRUCECITAS (1)

Me levanto a los tropezones, porque la luz no funciona. Espío por el ventanuco del cuarto de servicio y corroboro que mi reloj biológico no me falló. La mañana del adiós se presenta oscura y fría. Salgo al patio, sin el abrigo suficiente, y voy a resguardarme en la cocina. No se está mejor ahí. Sólo un calentador a querosén, sobre el cual Palito, uno de mis amigos actores, se encuentra apoyando la pava para el mate. Es el único que se levanta temprano, porque tiene trabajo fijo en un semáforo de la Nueve de Julio, gracias a sus habilidades malabarísticas, producto de unas clases de clown que tomó hace tiempo. Me explica que es frecuente que les desconecten la conexión clandestina de electricidad. Van rotando por distintos cables de los alrededores. De eso se ocupa un compañero diplomado de equilibrista que ahora, lamentablemente, está de gira por Tucumán, haciendo títeres en cooperativa. Concluyo en que la lamparita que iluminó mi ceremonia de anoche fue un lujo. Ni hablar, claro, de otros servicios como gas o teléfono. Me termino enterando que la comunidad actoral es medio ocupa de la casona. Parece que los tomadores precedentes eran un grupo de piqueteros que se mudaron a un lugar mejor y se la dejaron a éstos, a cambio de una especie de alquiler. Palito está convencido que el trato tiene un marco de legalidad, porque lo consultaron previamente con un abogado de la Asociación Argentina de Actores. Mientras me cuenta todo esto, descubre que se acabó la yerba y me manguea para comprar. Cuento las monedas que me quedan y apenas puedo aportar veinticinco centavos, porque el resto lo tengo que reservar para la llamada telefónica al Club. Palo, entonces, empieza a recorrer los cuartos para hacer una vaquita. A pesar de las puteadas varias de los compañeros, por haberlos despertado a tan temprana hora (nadie, salvo él, se levanta hasta pasado el mediodía), logra reunir con el aporte cooperativo una suma que hasta puede alcanzar para un paquete de bizcochitos. Me ofrezco a ir, así mato dos pájaros de un tiro. Camino al almacén, valoro las excepcionales condiciones de vida en que me encontraba hasta ayer. Aunque eso sí: la libertad no se paga con nada... Me consuela pensar que dentro de poco, de marchar todo va bien, voy a estar en mejores condiciones que la comunidad de la casona. Puedo llegar a sacar -cálculo realista- unas cinco o seis lucas por mi colección, las que servirán para aguantar un tiempo, hasta que salga algún papelito. Eso sí, tendré que ver como esconderlas de mis amigos actores, porque si no van a pretender que las cooperativice. Después de comprar yerba y bizcochos (lo recaudado alcanzó, finalmente) , me corro hasta el Británico a llamar por teléfono. Pregunto antes si el público funciona bien, no sea cosa que me trague la última moneda.
Por suerte me atiende ElTony, aunque medio dormido, porque a pesar de decirle que soy cliente del Indio e identificarme con apellido inclusive, repite mi nombre como si no me recordara bien. Añado, ya un tanto impaciente:
-Estuve por ahí hará una semana, te pregunté por la Andanzas número...
-No me entró nada nuevo. –Me interrumpe.
-No. Te estoy llamando para vender la colección...
-¿Cómo? Hace una semana querías comprar y ahora vendés...
-Me acabo de separar y...
-Ah... -El tono de la interjección denota que no hace falta aclarar más- ¿Y qué tenés para ofrecer?
-Correrías, salvo el uno, completa hasta el doscientos, Locuras hasta la cincuenta y bastante de Andanzas... Vos tenés mi lista de faltantes en la PC. Lo que no figura ahí, lo tengo...
-Esperá, que me fijo...
No me da tiempo para decirle que mi crédito telefónico se puede acabar, pero afortunadamente, vuelve rápido.
-Traélas que las veo. Si arreglamos un precio, te las podría pagar hoy mismo.
¡Bingo! Sólo queda prepararme para el regateo y rogar que llegue con la nafta.
Me doy cuenta que cuando salí para el almacén, ni siquiera me fijé si el auto estaba en el lugar en que lo dejé anoche. Ahora corroboro que sí. O San Telmo es menos peligroso de lo que se dice, o no lo pudieron levantar porque a los chorros no les arrancó.
En la puerta de la casona, Palo está discutiendo con un señor mayor, de alpargatas y boina. Me lo presenta:
-El señor es el dueño... Nosotros no sabíamos... Le alquilamos a unos piqueteros...
-Bueno, ahora lo saben –Dice el gaucho- No quiero vagos acá... Les doy una semana de plazo, para que desalojen. De lo contrario, los saco con la policía. Para que sepan yo tengo muchas influencias... Aquí, como me ve, he sido Secretario de Cultura del gobierno de la ciudad... Aparte, soy artífice de la incorporación de San Telmo a su patrimonio histórico...
De pronto me ilumino:
-¿Arquitecto Moreno?
El otro se suaviza un tanto.
-¿Me conoce?
Decido darles una mano a mis amigos actores (y a mí mismo, porque corro el peligro de quedar en la calle, junto con ellos).
-No. Pero soy amigo de alguien que lo conoce muy bien a usted.
-¿Ah, sí? ¿Quién?
Palo me mira esperanzado, porque el arquitecto se está sonriendo. Hago una pequeña pausa, para estirar la intriga. Por fin, revelo...
-El Chiquito Cabello, de Saladillo.
-Ni me hable de ese delincuente... –Escupe y vuelve a dirigirse al otro, con dedo acusatorio- Ya lo saben. Cuarenta y ocho horas o mando a la policía...
No me quedé a tomar mate con Palo.
La nafta me alcanzó hasta el centro. Pero recién encuentro lugar para estacionar a tres cuadras del Club, de modo que el traslado de las cajas es fatigante. Me lleva varios viajes. Mientras tanto ElTony -que encima me indicó dejarlas en la trastienda-, se ha abocado a revisar los ejemplares. A medida que lo hace, noto que se va impacientando, y no es por disconformidad con el estado de algunos, porque pasa todo de largo con extrema rapidez. Entre viaje y viaje, me disculpo por haberlos traído mezclados y sin ordenar numéricamente, pero las circunstancias del embalaje... No sigo, porque ni siquiera me escucha. Termino de bajar los bultos, y empiezo a ordenar lo que ElTony ya ha visto. Cuando concluye el examen, me dice:
-Falta la dos.
-No. Acá está... -Refuto yo, que justo acababa de ubicarla en la pila de Correrías.
-La dos de Andanzas, digo.
-Pero a ésa no la conseguí...
-No figuraba entre tus faltantes...
-¿Cómo no? Si vos...
-Lo consulté hace un rato, cuando me llamaste. Por eso te dije que vinieras. Me interesaba ese número, sobre todo.
-No puede ser que no figure. Este mismo diálogo lo tuvimos hace una semana, porque yo la andaba buscando... ¿No te acordás que vos mismo modificaste el dato equivocado en la PC?
Me mira como si no me creyera.
-A lo mejor no guardaste los cambios en el archivo... –Supongo, tratando de explicar el misterio que parecería poner en peligro la venta.
-Pero... ¿no me comentaste alguna vez que tenías un ejemplar con crucecitas en la tapa?
¿Yo le dije eso? ¿O éste también me identifica con ELCOVE?
-No me acuerdo... Es posible que sí. Pero te estaría mencionando una fotocopia.
-¿Y de dónde la sacaste? ¿De un coleccionista? Ningún vendedor te hace fotocopias...
-A mí sí me la hicieron... Obestein, ¿lo conocés? Tenía un local en la Bond Street y otro en Flores... –Me explayo, ya un tanto molesto por este interrogatorio, que empieza a emparentarse con el de ALLIPAC.
-Lo conozco. Es un jodido el judío ése.
Me mira, y parece estudiar mi reacción. Recuerdo lo que el otro me dijo de ElTony, y refuerzo, para no malquistarme:
-Un reverendo hijo de puta.
ElTony hace una pausa.
-¿Cuánto me ofrecés por todo esto? –Apuro.
-Mirá, te soy sincero... –Arranca.
Me preparo para escuchar el consabido verso del regateo. Pero me equivoco, porque continúa:
-Cuando me llamaste por teléfono, creí que tenías la dos de Andanzas y le avisé a un cliente que le andaba atrás. Va a venir a buscarla en un rato... ¿Yo qué le digo al tipo?
-La verdad. Que fue una confusión...
-Vos sos un coleccionista, sabés que se ilusionan...
-Bueno, no es culpa mía. –Trato de enmendar, pateando la pelota afuera- Tuya tampoco. A lo mejor, Joseph...
-¿Y la fotocopia no la trajiste? Capaz que lo puedo entretener con eso, hasta que le consiga un original...
-Quedó en mi ex – mesa de luz.
-¿No podés ir a buscarla?
-¿Ahora?
-El tipo está por venir...
-Yo vivo... vivía, en La Plata. Además, no sé si mi ex – mujer...
-Hagamos un trato. Te cotizo el lote en diez mil... –La cifra me impacta- Pero con la fotocopia incluída...
-Bueno... Lo intento. Pero no tengo ni para la nafta, y encima, si voy allá, me veo obligado a saldar una deuda con mi suegro... No me dejan ni entrar, si no...
Miento, por supuesto, porque no tengo la más mínima intención de pagarle al viejo. Pero si lograra que ElTony me tire ahora una parte importante de la guita, y no consigo la fotocopia, me doy por hecho y no vuelvo más.
-Te imaginarás que no guardo diez lucas acá.
-Hacéme un cheque. No digo todo, pero... Nueve... Ocho, si querés... Lo cobro y voy.
-Justo se llevó la chequera Joseph –Mete la mano en el bolsillo. Me extiende un billete- Tomá. Te adelanto esto para la nafta... Explicále a tu suegro. Te va a entender. Cualquier cosa, me llamás, yo hablo con él. Te salgo de garantía... Mejor: que él te acompañe hasta acá. Cuando me traigas la fotocopia, va a estar todo el toco. Cash.
Antes de entrar en la estación de servicio, estoy a punto de regresar al Comic's Club. No sea cosa que termine rematando la colección en cien mangos. Con lo de Obestein y lo de Federica, ya tendría que haberme curado de espanto. ElTony notó las dudas que me asaltaban, porque saliendo del local, me propuso que si quería le dejara algunas revistas en garantía por el adelanto y que me llevara el resto, pero sabía de antemano que no me iba a animar a hacerlo, evidenciando así mi desconfianza. Además, en la calle seguía sin haber un puto lugar. No iba a volver a cargar las cajas tres cuadras... Obestein había hablado bastante mal de ElTony. Claro que el judío, al final... No. No creo que me cague. Está en esto de hace muchos años. Aunque Obestein, también...
Termino llenando el tanque y arrancando para La Plata. ¿Y qué pasa si Graciela no me deja entrar o tiró la fotocopia a la basura? Supongo que perderé algún ejemplar por los cien adelantados. Eso, siempre y cuando ElTony me devuelva los otros. No. Peor. Me pierdo diez lucas. ¿Dónde me van pagar así la colección? Me llama la atención una cotización tan elevada. Superó ampliamente mis expectativas, al punto que me dejó sin argumentos para pelearla un poco más. Y la insistencia con la fotocopia... Al punto de ponerla como condición para cerrar el trato... Parece un capricho. Porque la historia del candidato que estaba por llegar, no me la trago. Tampoco que no tenía la chequera. Se avivó que estaba tratando de sacarle lo más posible de adelanto, por si no conseguía la copia. Se emperró con eso, porque no vale nada... Debe tratarse de una interna entre mercaderes, relacionada con el robo a la caja fuerte de ALLIPAC. Obestein insistía con el bendito detalle de las crucecitas en la tapa, que también le quedó grabado a ElTony. Lo que no sé es si realmente se lo mencioné yo, o me asocia, de algún modo con ELCOVE. La verdad que conseguir la fotocopia no sólo sería el pasaporte a las diez lucas, sino también la forma de que me dejen de joder con esa historia. A ver si todavía, después de despedirme del Indio, tengo que volver a dar explicaciones.
No me voy perder en especulaciones propias de Vélez, justamente. Hay que encarar el problema que se presenta. Estoy frente a la puerta de mi ex – edificio y me pregunto a quien voy encontrar en el departamento. Tampoco sé a quien es mejor que encuentre. No creo que haya aparecido el mecánico, todavía. Pero eso no quita que Graciela vuelva a estar hecha una furia. Si en cambio aparece el viejo, me va a frenar con el tema de la deuda. El peor de los escenarios es que estuvieran los dos. Graciela, a esta hora, debería hacer Tribunales, dado que yo no voy a volver a ocuparme de eso. No, todavía le debe durar la licencia que se tomó... Que sea lo que Kóoch quiera...
Si toco el portero, y arreglaron el intercomunicador y digo quien soy, cuelgan ahí nomás. Pero si bajaran a abrir, tendría que rogar penosamente en plena calle... Siempre es mejor luchar contra los embates, delante de la puerta misma del departamento... Puedo apelar al viejo truco de apretar varios timbres a la vez... O llamar al portero... Prefiero no armar revuelo y apostarme en la entrada. Algún vecino me hará pasar. Espero que el que aparezca no esté ya al tanto de la ruptura. Y que no sea de mi ex – familia, claro. Voy preparando el tono de "que cabeza la mía", para el bocadillo...
-Me olvidé la llave.
La que me permite el acceso es una venerable anciana, que otrora me saludaba cordialmente, y hasta cambiaba conmigo impresiones sobre el tiempo, cada vez que nos cruzábamos en este mismo ascensor, donde ahora me observa con desconfianza.
-Oí gritos ayer. Parecía la voz de Graciela... ¿Se encuentra bien ella?
-Sí. Perfecto. Estábamos en una reunión de amigos...
Por supuesto que no me cree, pero yo ya estoy despidiéndome. Toco el timbre.
-¿Quién es? –La voz de mi ex – suegro.
-¿Está Graciela?
-Ah, sos vos. No está.
-¿Me abre? Tengo que retirar algo que me olvidé...
-No puedo.
-No sea rencoroso. No bien cobre unos pesos que me deben, le pago la deuda...
-No es por eso. Graciela me dejó encerrado.
-¿Por qué?
-No quiere que salga a comer por ahí...
-Si me permite entrar, le digo donde guarda una copia de la llave.
-Trato hecho.
-Vaya al tercer cajón del placard y busque en un alhajerito.
El viejo vuelve más rápido de lo que pensaba. Entreabre la puerta, dejándola trabada con la cadena, y se asoma.
-¿Trajiste el auto?
-Sí...
-Lleváme a Saladillo. No aguanto más acá, Graciela me tiene a arroz todo el día, me muero de hambre...
-No puedo. Tengo cosas que hacer.
-No te dejo entrar, entonces.
-No sea tramposo.
-Dále... Si me llevás ahora, me olvido de la deuda.
-Entro y lo negociamos...
Mi ex – suegro, aunque desconfiando, abre. Voy derecho al dormitorio y encuentro la fotocopia de la dos. Cuando quiero salir, la puerta está cerrada.
-¿Te creés que soy estúpido? –Dice el viejo, detrás de mí.
-No sea chiquilín. Déme la llave...
-¿Me llevás a Saladillo?
-Le digo en serio, no puedo. El auto sigue con problemas. No llegaríamos.
-Lástima. Me llamó el kiosquero amigo mío y me dijo que consiguió –Señala lo que llevo en la mano- de esas revistitas viejas que vos juntás.
-No invente.
-En serio. Llamálo ahora, si querés.
-Su amigo siempre dice lo mismo y después resulta que son de hace tres años.
-No. Estas son antiguas de verdad. Me contó que se las llevó un peón de la estancia de los Quinteros, que parece la remataron. Llamálo, vas a ver...
Si bien existe un noventa por ciento de probabilidades que sea un cuento del viejo, no me cuesta nada discar el número que me da.
-Que pena que no me llamó antes... –Se lamenta el kiosquero en el teléfono- El paisano éste se me apareció con un montón, pero decía que no sé dónde, en un lugar de Internet, creo, pagaban mucho por esas revistas. Quería cien por todas. A mí me pareció una barbaridad y lo llamé a usted para consultarlo, pero como no me contestó el mensaje, le compré nada más que una, la que parecía más vieja, a diez pesos. No sé si hice mal...
-¿Qué número es?
-Ahora se la traigo...
Los minutos que pasan me resultan interminables. Por fin...
-Acá la tengo. Pero no veo si hay número. No encuentro los anteojos...
-¿La tapa está?
-Sí.
-Fíjese el título, aunque sea...
-No alcanzo a ver... Espere que busco los anteojos...
-No hace falta -Lo atajo-. Dígame como es la tapa...
-Aparecen el Indio y el Padrino...
-Eso pasa en todas. Déme más detalles...
-Hay un bebé panzón, que parece el hermano del Indio, pero distinto a como lo dibujaron después...
Tengo un pálpito. La voz me temblequea...
-¿Están en una gruta?
-¿Cómo una gruta?
Mi impaciencia crece.
-Una cueva. Con estalagmitas...
-¿Qué es eso?
-Una especie de pilares...
-Acá encontré los anteojos... Los tenía colgados y no me dí cuenta...

¿Pilares, dice?... Sí, hay unos. Y están como marcados por unas crucecitas rojas...

(continuará)

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