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Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

jueves, junio 14, 2007

XXV. DIALOGO CON ELCOVE (2)

Tengo que reconocer que ELCOVE es un excelente conductor. Cada vez que el auto rojo se vuelve a divisar detrás nuestro, con una hábil maniobra, logra despistarlo por varias cuadras. Ahora, hace un buen rato que no aparece y, para estar más seguros, nos internamos en las laberínticas calles de Parque Chas. Observo que la aguja de la temperatura llega al punto crítico y pienso que el arreglo provisorio duró bastante más de lo que el mismo mecánico esperaba. Por fin, cerca de una bocacalle, al amparo de las sombras, Vélez detiene el coche. Abre la ventanilla y me convida un cigarrillo. Sacudiéndose una serpentina, que le había quedado enganchada en el hombro, comienza...
-Te hiciste preguntas correctas. Y te diste respuestas inteligentes. Pero todavía no las podés unir, porque no terminás de confiar en ellas... Además, te faltan algunas...
-No debe haber mucho más. El relato del arquitecto...
-¿Ah, sí... ? ¿Le creés a Moreno?
-Suena coherente. Aún cuando no haya terminado la historia...
-Un bluff armado entre el Maestro y él, con la cooperación del Chiquito, para escarmentar mercaderes. Con soporte en el cretinismo de los coleccionistas. Un bluff que creció mucho más allá de la intención de los que lo urdieron... –Recapitula ELCOVE, con tono escéptico.
-Más que eso...
ELCOVE arroja una bocanada de humo al aire frío de la noche. Por un momento, el silencio es absoluto.
-¿Y cómo se habría armado esa patraña, según vos?
Me esfuerzo en ser claro:
-Si bien el arquitecto no dio fechas, podríamos suponer, por los datos que tiró, que la reunión en la editorial fue a fines de los '60, principios de los '70. El último lanzamiento habían sido las Locuras, y en poco tiempo más comenzaría la decadencia, con la Selección de las Mejores. El Maestro ya estaba dejando todo en manos de sus hijos, aburrido de su criatura. Pero tuvo un último rapto genial: ingresarla en una dimensión mítica, que operara, además, en la realidad.
-Otra manera de explicarlo... –Me interrumpe.
-Sí, pero no. Escucháme... El libro de Agustinis, amigo del Maestro, hablaba de los Tehuelches reales. Tuvo dos ediciones. Esto es comprobable. Lo de sus simpatías fascistas y sus dotes proféticas, no. También se puede concluir, yo mismo lo verifiqué, que el Maestro abrevó en el Terre para dibujar y guionar los primeros tiempos del Indio, correlativos a la primer edición y al encuentro con su autor. Es lógico pensar que esto le haya generado una deuda de gratitud hacia él. El viejo cura trabajó, poco antes de su muerte, en una revisión del texto y es posible que haya acudido al mismo Maestro para la segunda edición. Había llegado el momento de pagar la deuda y el creador del Indio, aún conciente de que a ese trabajo no lo iba a leer nadie, aceptó publicarlo. Aunque hizo una tirada limitada, los volúmenes terminaron, como era de prever, arrumbados en la editorial. También habían quedado ahí, tres ejemplares defectuosos de la dos, que de casualidad, no fueron a parar a la estancia de Saladillo. Cuando llegó el momento de dar batalla a Isaac y a Obestein, al Maestro se le ocurrió vincular ambos factores. Bastaba con reemplazar –eso es fácil en una editorial- la última hoja del Terre Magellaniche y echar a rodar el rumor de los poderes adivinatorios de Agustinis, para que la mistificación se pusiera en marcha. Los párrafos finales, escritos seguramente por el Maestro en una impostada jerga profética, aludían a los tres ejemplares con crucecitas en la tapa de la dos de Andanzas, y no –como creí en su momento- a los del mismo libro. Cuando se reúnan los tres Tomos perdidos del Segundo... decía, sugiriendo que de esa manera se completaría la cifra de un secreto.
- Se ocupan de que dos de esos ejemplares de las crucecitas, a través del Chiquito, lleguen a manos de Isaac y de Obestein, junto con el mito de la profecía, para que los conserven... –Completa ELCOVE.
-Exacto –Prosigo, entusiasmado-. El tercero va a parar a la estancia de Saladillo, y allí queda olvidado, hasta que Barboza lo encuentra. Y las decenas de volúmenes de la segunda edición del Terre, con la profecía, se los dan al Chiquito, para que los venda, junto con la historia, de la que Moreno se convierte en entusiasta –y divertido- difusor. El mismo lleva a Sepia a Saladillo a buscar ese libro...
-¿Y por qué el Chiquito Cabello, en vez de encajártelo a punta de carabina, no intentó engrupirte con esa patraña?
-Qué se yo... Producto de la arteriosclerosis. Además, pensá el tiempo que pasó. Debe creer que esa historia no funciona más. Y con el arquitecto parece estar distanciado... La cuestión es que, a través del libro, en estos años, han puesto a montones de coleccionistas detrás de los ejemplares de la dos con crucecitas...
-Es decir, detrás de Isaac y de Obestein...
-Claro. Pensá en algunos párrafos de la profecía: el fundador que fue expulsado. Me acuerdo que así se describía al dueño del primero. Ese era Isaac, echado del Parque... En los floridos campos, van a encontrar al segundo. Obestein, en Flores. Con alguna ayuda del Chiquito o de Moreno, las pistas no resultaban difíciles de descifrar.
-¿Y la mención a que el primero de los poseedores iba a morir bajo las llamas del infierno? Isaac murió quemado... ¿Y la caracterización de desquiciado para Obestein?... ¿Cómo podían preverlo?
-Pura retórica grandilocuente. Después la profecía se cumplió a sí misma. Quiero creer que eso no formó parte del propósito original del Maestro.
ELCOVE aspira la última bocanada y arroja el cigarrillo. Baja del auto, supongo que a estirar las piernas, pero en realidad se dirige a mear detrás de un árbol. Me doy cuenta que tengo la misma necesidad, y lo acompaño. Mientras orinamos, nos espiamos de reojo, a ver quien la tiene más grande. Pero en vez de silbar la ranchera del Indio, ELCOVE prosigue:
-¿Y por qué mencionar tres ejemplares?... Si el objetivo era echarle los perros a los dos judíos...
-Había tres... Pusieron tres. No sé... Sí sé. Eso garantizaba que, mientras los coleccionistas iban detrás de los judíos, éstos, a su vez, anduvieran buscando el tercero, que nunca iban a encontrar porque se lo quedó el mismo Maestro. Un juego de postas... Además, tres es un número redondo -Agrego, innecesariamente.
ELCOVE, mientras se abrocha la bragueta, me mira socarrón. Nos sentamos en el cordón de la vereda.
-Muy linda la historia de Moreno... –Dice ELCOVE, irónicamente-. Pero no me cierra.
-¿Por qué habría de mentir?
-Te estaba entreteniendo hasta que llegara ElTony. Debe haberle avisado donde estaban, cuando te dijo que iba al baño.
-No veo la conexión entre...
-Todos están conectados. Y todos andan detrás tuyo, o nuestro, ahora.
-Por tu culpa... Por la venta trucha... –Aprovecho para recriminar.
-No es tan así... No es sólo por última de las tres Andanzas, que ellos creyeron que siempre tuvimos, en un original distinto al de Obestein, y que recién hoy, de pedo, cayó en tus manos. A propósito, la primera vez que te revolvieron la colección, no fui yo. Tenés una facilidad para cargarme culpas... Se metieron en el departamento, y al no encontrar la cinco primeras, concluyeron que ésa era una prueba definitiva de que estabas en el asunto, porque creían que las ocultabas en otra parte.
- Sí, en mi ex – mesa de luz, de casualidad... Y fotocopias...
-No podían pensar que ibas a guardarlas en un lugar tan común, y menos aún imaginaron que yo podía coleccionar fotocopias. Por eso, volvieron a revisar...
-Federica. Mirá como me fue...
-Igual, tarde o temprano, ibas a terminar así. No te quejes, vos cometiste muchos errores. En una de ésas, si no hablabas de Obestein... Si le llevabas de una la fotocopia a ElTony, se convencían de que eras un pichi, y te dejaban tranquilo... Pero no, ni siquiera... Siguen nuestro rastro, desde hace mucho. Más de lo que te puedas imaginar. A lo mejor desde que publicaste aquél cuento de la muerte del Indio.
-¿Y por qué? ¿Qué podía haber de particular en ese cuento? –Pregunto incrédulo.
-Menciones... Alusiones... a originales inéditos... a papeles ocultos... Lo de SOADORA, también. Todas esas invenciones, significaron para ellos señales de alerta, signos, códigos cifrados entre entendidos. Andá saber qué interpretaban. Cuando nos escribían, también lo hacían en clave, para que decodificáramos... Probaban para ver de qué lado estábamos. Porque deben existir varios bandos en pugna... En el medio hay de todo: coleccionistas, curiosos, algunos que saben parte de la historia pero no completa, como pueden ser Picco o Sepia, espías, dobles espías, traidores, topos, conversos... Es difícil saber quién es quién. Nosotros, sin proponérnoslo, por su propia mecánica de traducción, los debemos haber desconcertado todo el tiempo. Cuando en la charla con ElTony le mencionaste a Obestein, terminaron de convencerse que éramos el enemigo.
-¿Y lo del Club del Indio? ¿Por qué se prendió JUANJOS?
-Una noble idea mía, que les vino de perillas para continuar el trabajo de espionaje. Por eso me la robaron.
-Me parece un tanto rebuscada tu teoría. Demasiada paranoia.
-Acordáte de la forma en que razonaba Obestein...
-Pero... ¿qué buscaba él, en realidad?
-Recuperar, aunque sea en copia, su ejemplar.
-Entonces, el Terre...
-Ni se fijó en el libro. El creyó que le traías en el bolso la fotocopia de la dos, que te confió, sin que entonces lo supieras, y que anhelaba reencontrar, para seguir estudiando vaya a saber qué arcanos. Quería, de verdad, que lo ayudáramos. Nos admiraba. La dirección que te dejó era real, lo corroboré con la nota del diario. El mozo creyó que la habrías memorizado, limpió la mesa y cerró... Que ironía. Obestein nos estaría esperando, y no entendió nada cuando abrió el maletín. Lo tenían vigilado y volvieron a él, seguramente, por ese libro. Pensaron que estaba conspirando nuevamente. Porque la revista que le pertenecía ya la tenían...
-¿De qué conspiración hablás? ¿De sobrevaluar una historieta?
-Eso es lo que te confunde a vos. Leés todo el tiempo o de un lado o del otro. Acá las revistas y los libros se fusionan, dialogan. Empezando por el Terre, siguiendo por Mein Kampf y terminando en el Protocolo. Pensá en lo de la toma de la Patagonia por los sionistas...
ELCOVE se contradice con el descrédito de la versión de Moreno, porque sus palabras parecen empezar a corroborarla. Pero en vez de señalarle el fallido, pretendo que él sólo pise el palito.
-¿Vos pensás que el Maestro calculó todo hasta ese punto?
-El Maestro no calculó nada y el arquitecto, menos. No puedo creer que no te des cuenta...
-¿De qué?
-La profecía pertenece realmente a Agustinis, y se viene cumpliendo a rajatabla.
-Ya te dije que las coincidencias se pueden explicar...
Vélez reacciona, levantando cuerpo y voz. Yo también me incorporo.
-¡Un carajo! Explicáme lo de ALLIPAC, si podés... –Me desafía.
-¿Qué tiene que ver... ?
-No dice que Obestein tenga el segundo ejemplar. Se lo encontrará cuando ya no lo posea, dice. Y entonces "Habrá que recurrir al Santuario, heréticamente invertido, y buscarlo en el lugar donde el Cáliz se preserva"... –Cita, con tono de cita- ¿Entendés?
-No... –Contesto sinceramente.
-Sos más estúpido de lo que pensaba... Santuario, Iglesia: Capilla. Heréticamente invertido: ALLIPAC. Lugar donde el cáliz se preserva, sagrario... ¡Caja fuerte! –Remata triunfal-. Vos mismo conociste a Capillita, cuando todavía era empleado de Obestein en la Bond Street, y todavía no le había dado la dos con crucecitas para que se la guardara, porque la tenía él. Te la fotocopió a vos, ¿no?... Y eso no pasó en el '60, cuando se editó el libro del cura, ni siquiera en los '70, cuando según decís, tu Maestro le agregó la página final... Fue mucho después, ¿sí o no?
El argumento de ELCOVE me impresiona, pero lo resisto.
-Es como las profecías de Nostradamus. Cada uno cree ver allí lo que quiere ver.
-¿Sí? ¿Y qué me decís de la mención al tercer poseedor?
-Puro jeroglífico numérico... –Arriesgo, ya sin mucha convicción.
-Habla de nosotros, tarado. Y ahí vienen a cerrar la predicción...
La fuente de luz que me señala ELCOVE y que acaba de romper la casi absoluta oscuridad son los faros de un auto, que viene circulando lentamente, a dos cuadras de donde estamos. Subimos corriendo al coche y ELCOVE arranca, sin encender las luces. Advierto, por el espejo retrovisor, que el otro acelera. Mis ruegos a Kóoch no son escuchados. A los pocos metros, el motor se para. Los intentos de darle marcha son infructuosos.
-¡Escapá vos! ¡Yo los aguanto! –Me grita ELCOVE.
Salgo agazapado y cuando llego a la esquina, escucho la súbita frenada del Chevrolet rojo. Empiezo a correr, internándome en el laberinto.

(continuará)

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