SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

lunes, mayo 31, 2010

CACHITO Y TITO EXTRA! (4) DIBUJOS: FERNANDO SOSA

Mientras que en el segundo episodio seriado Cachito y Tito están arribando a EEUU para encontrar a Battaglia y sacarse la duda de si son o no personajes de historieta, culmina aquí el Extra que encaramos con Fernando Sosa. Son cuatro páginas pensadas para leer de corrido, de modo que cliqueen en la etiqueta y disfrútenlas como se debe.
Gracias, Fer!

CACHITO Y TITO - 2DO. EPISODIO - 44


domingo, mayo 30, 2010

LA COLECCION DE DAO: GODOFREDO Nº 1, POR JUAN ANGEL SAGRERA

Hace más de tres años, escribí un post donde enumeraba varias publicaciones olvidadas de historieta cómica argentina (ver) .
Entre ellas figuraba Godofredo, de la que para entonces no tenía mayores datos. Con el tiempo, he recogido bastante información y también identificado a su autor. Se trata de Juan Angel Sagrera, y no me equivocaba al asociarlo a Radiolandia, ya que colaboró allí en Tatalo busca un estrella, creación de Camblor, pero que no me cabe duda lo tuvo como dibujante en algún período. También había trabajado en la década del ’50 para Quinterno, donde ubico al menos dos tiras suyas en la revista Patoruzú semanal: Vistavisión y Babilonio. En esta última presenta un personaje muy original, entre distraído e imaginativo, cuyo nombre admite dos interpretaciones, no excluyentes y en consonancia con la usanza de las tiras humorísticas de la época, que resumían en el apelativo las características del protagonista. La primera remite a la Torre de Babel o Babilonia, y alude, claro, a la confusión de lenguas. Aunque además, posiblemente se ligue a la expresión “vivir en Babia” o “estar en Babia”, y de donde deriva también “babieca”. La estructura es simple, repetida y eficaz. El jefe le dice algo a Babilonio, éste adelanta el diálogo en su pensamiento y cuando el jefe vuelve a dirigirse a él con un comentario relacionado con el tema que venía tratando, Babilonio contesta en función de la charla imaginada. Lo cual provoca, por supuesto, que la respuesta sea siempre inconveniente o absurda.
Sagrera, además, fue fundador de la mítica revista Dibujantes y en Canal TV realizó los guiones de Cholula, loca por los astros, dibujada por Toño Gallo. En la década del ’70 abandonó la historieta, para dedicarse a otro tipo de emprendimientos.
(Algunos de estos datos fueron tomados de un post del maestro Siulnas (ver), que invito a leer)Sobre la revista, de la que sólo poseo el primer número, tengo datos que existen cuatro más, o sea que se publicó desde agosto a noviembre de 1969, no descartando que existan otros. En La lámpara de Aladino se puede apreciar una historia muy bien planteada, a la que sólo cabría objetarle ciertas reiteraciones en el guión, sobre todo en lo que hace a las apariciones del duende de la piedra. En cuanto al dibujo, se nota a un acabado profesional de la rama humorística. Sigo sosteniendo la hipótesis que Sagrera participó en alguna etapa de Correrías o Patoruzito Semanal. A más de la notoria similitud de Godofredo con Isidorito, otros personajes me remiten a trazos observables en aquellas publicaciones.
Hace bastante, un lector de este blog o de la Colección (fusionado aquí ahora) me solicitó que suba el número 1 de Godofredo. Complazco ahora este pedido, porque creo la historieta lo amerita.
FichaGODOFREDO Nº 1
“LA LAMPARA DE ALADINO”
Autor: Juan Angel Sagrera
Editorial: Ofre S.A.
Fecha: agosto de 1969
Historieta completa de 32 páginas
Total: 36 páginas, con tapa y contratapa.
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sábado, mayo 29, 2010

PI-PIO, EL POLLITO QUE IMPONIA EL ORDEN (2b)

2- ETAPA DE TRANSICION
b) “LOS PIRATAS Y LA ISLA PERDIDA”

Descartadas las moralinas elementales, Las Aventuras de Pi-Pío comienza a tomar una dimensión distinta, como se vislumbra en el segundo episodio continuado, “Los Piratas y la Isla Perdida”, más extenso que el anterior (14 páginas) y publicado desde el 12/01/53 hasta el 13/04/53, entre los nros. 1726 y 1739 de Billiken.
Arranca con el clásico “continuará” en la primera entrega y -como adelanté en el post anterior- concluye por segunda y última vez en toda la serie, con la palabra “fin”. En último cuadro de las páginas intermedias lucen didascalias con interrogantes sobre la continuación, a excepción de dos únicos títulos parciales y anticipatorios ( “Continúa: ‘Pi-Pío contra los piratas’ ” y “Sigue: ‘La gran batalla’ ”), modelo clásico que exhibía, por ejemplo, El Fantasma Justiciero, publicado en Billiken por la misma época.
Expuestos ya los aspectos formales, vayamos a los contenidos. Como anticipé, este episodio marca cambios en varios sentidos. Se destaca el abandono del uso de tiernos animalitos, exceptuando, claro, al protagonista. Así, éste queda acompañado de un elenco enteramente humano. Y consecuente con ese giro, se adentra en los terrenos de la aventura, dejando atrás el aire de cuento infantil que se respiraba hasta ahora en las historias. Tenemos aquí “una de piratas”, en el sentido casi ortodoxo del género, sin que por eso desaparezcan los elementos de comicidad surrealista que ya se venían insinuando. Aunque llame la atención un desconcertante prólogo “realista” (si es que a esta altura, por supuesto, ya hemos naturalizado la relación de un pollito con personas).
Se evidencia un primer contraste entre el renovado logo, que incorpora a los corsarios del título, y las viñetas iniciales, que muestran un ambiente autóctono, plagado de tipicidad: rancho, alambrado, aljibe, nidos de hornero, guitarra, chinitas, gauchitos, bailes típicos. Sin embargo, en esta propuesta “costumbrista”, el absurdo se cuela marginalmente en algún que otro detalle: un perro tomando mate, guirnaldas que no parecen muy camperas.
Pi-Pío llega a un cumpleaños, donde se lo reconoce y respeta, al punto que se convierte en eje de la reunión, cuando a pedido, comienza el relato de una de sus aventuras como linyera. Esta introducción, que dura exactamente una página y un cuadro, da pie al racconto que constituye todo el resto de la historieta, exceptuando los dos cuadros finales, donde se retorna al punto de partida, simplemente como cierre. O sea que se revela como absolutamente prescindible, si lo analizamos desde el punto de vista argumental.
Sin embargo, si se considera el efecto de extrañamiento logrado por el contraste que antes mencioné -entre el ambiente creado en el punto de partida y el de la aventura posterior -, aparece como un recurso disonante y atractivo al mismo tiempo. Porque el relato del pollito abandona muy rápido una pampa que podía haber sido perfectamente contemporánea a la fecha de publicación de la historieta, para internarse en un mundo que pareciera corresponderse más al siglo XVIII: el de corsarios que intentan apoderarse de una isla, poblada -nuevamente- por “negritos”.
El absurdo se instala desde el inicio mismo del racconto. El linyerita recorre valles y sierras en un “trencito particular”. Por vías, al principio. Pero a poco andar, Ferré abandona ese escrúpulo “realista” y lo hace transitar tan libremente como su dueño.
Pi-Pío descubre que dos piratas -a los que identifica como tales sin extrañamiento alguno- intentan raptar a Calculín, “el niño más sabio del mundo”, para que los ayude en la conquista de la isla perdida del título. Acto seguido, en la didascalia del último cuadro de la segunda página, creando la intriga para la entrega siguiente, aparece la pregunta “Quién es Calculín?”.
La elemental inferencia que hace el lector a partir de allí, es que su mundo no es el mundo de Pi-Pío, de lo contrario, sabría de quién se habla, dada la supuesta notoriedad del personaje. Lo curioso es que dicha notoriedad, que se preanuncia a los efectos de otorgarle entidad un tanto mítica a Calculín, terminará cumpliéndose en la realidad. Es como si el autor supiera que estaba a punto de largar una criatura que tendría lugar destacado entre sus creaciones.
Si bien se trata del gran hito fundacional de este episodio, no es el único: Manuel, uno de los piratas, presenta la fisonomía que portará luego Pepe el Largo, inseparable secuaz de Paco-Pum.
Calculín hace su ingreso triunfal en la tercera entrega (Nº 1728, 26/01/53). En vez de pelo, lleva un libro abierto, que produce efecto de doble percepción, al asemejarse a una cabellera peinada al medio. Pero no se trata de la traducción visual de una metáfora corriente, a los efectos de caracterizar un personaje sabio. Es la quintaesencia de la literalidad: uno de los piratas estudia en su cabeza la forma de llevar adelante el ataque a la tribu indígena. De lo que se deduce que ni siquiera se trata de un volumen determinado el que porta el niño prodigio, sino que va transformándose a medida que traduce sus ideas.
Prodigio y todo, Calculín sigue siendo un niño -con padres, inclusive, aunque nunca se muestren- que se deja sobornar fácilmente por caramelos. Presenta otro rasgo infantil, además, como es el capricho. Reprueba, por mala educación, la conducta de Pi-Pío al entrar por una ventana, y no así la de Manuel, que había realizado antes idéntica acción. La diferencia está en que éste pidió “permiso”. También Calculín se envanece de su inteligencia. Pero el gran hallazgo del personaje radica en cierta ambigüedad moral, que no pareciera del todo buscada por Ferré.
En principio, los piratas le hacen creer que le piden ayuda para civilizar a los “negritos”, a lo que Calculín accede entusiasmado. Sin embargo, avanzada la acción, hace suyos los deseos de conquista de sus aliados, a los que termina tratando como verdaderos subordinados. Así, se enfrenta tanto a la tribu como a Pi-Pío, quien en todo momento lo considera víctima de un engaño. Calculín, en cambio, lo ve como a un enemigo.
Cuando fracasa la primera defensa de la isla, Pi-Pío desafía individualmente a los piratas, y éstos, obedeciendo el dictado de una ley de la piratería, aceptan. Pero evidenciada la superioridad del pollito en la lucha, el que decide utilizar el engaño como arma, es Calculín. “Que nulidad son mis piratas! Voy a tener que intervenir yo, con mi táctica diplomática, si queremos conquistar pronto esta isla”, piensa el niño prodigio en una viñeta donde se comprueba lo hasta aquí aseverado.
Lo que podría leerse apresuradamente como inconsecuencia argumental, parecerían ser, en realidad, transformaciones operadas por la potencia de un personaje inclasificable, que incluso llega a contrariar las intenciones del autor.
Porque una vez reducidos los piratas, Pi-Pío continúa considerando a Calculín como víctima de un engaño, al punto que lo absuelve de culpas. Y éste, en consonancia con dicha versión, confiesa haber creído en la buena fe de sus ex-aliados. Pero, más importante aún es que la didascalia, supuestamente “objetiva” - voz del narrador/autor, que contraría la subjetividad del planteo de racconto-, confirma esta interpretación de los hechos. Sin embargo, la victimización que asume Calculín, en el contexto de su conducta anterior, aparece como hipócrita.
Otra curiosa contradicción entre leyenda y acción se da en la escena en que se vacuna a los “negritos”. Mientras la didascalia habla de “sometimiento pacifico”, el niño prodigio propone, además de la inyección aplicada por la fuerza, propinarles siete azotes per cápita para que obedezcan.
Pero cabe otra interpretación. La cruzada “civilizadora” sobre pueblos -supuestamente- atrasados será una constante en la serie. E incluirá, como trataré en su oportunidad, distintas formas de violencia. Sumado esto a que Ferré se ha inclinado durante toda su carrera por pintar buenos muy buenos y malos muy malos, surge el legítimo interrogante de si no asimila “civilizar” a “conquistar”. Así lo habían entendido los españoles al llegar a América, y quizá así lo entiende Calculín, por lo que se descartaría la hipocresía y la absolución de Pi-Pío se tornaría “justa”.
Lo que resta sin explicación, en ese caso, es que matiz diferenciaría moralmente a Calculín de los piratas...
Al menos, al arribar el pollito a la isla, da por sentado que los “negritos” tienen un “rey” (paso más avanzado en la organización social que jefe de clan). Y además, editan un diario. Aunque el canillita que vocea la noticia de la llegada del barco pirata, informa que: “...desembarca hombres en nuestra isla”. Con facilidad se podría haber reemplazado la palabra “hombres” por la más apropiada “forajidos”. O inclusive, si no da para eso el vocabulario del canillita, “blancos”. Cabría deducir a partir de esto que los aborígenes no se sienten parte de la humanidad. Resulta coherente, entonces, que no sean capaces de tomar resoluciones por sí mismos ante la ausencia de autoridad y deban ser conducidos indefectiblemente por alguien “superior”. Así, puesto que el rey se halla imposibilitado por un lumbago, Pi-Pío asume el mando y organiza las defensas de la isla. El pollito siente orgullo por convertirse en capitán de artillería, y construye primero un tanque (que los “negritos” acarrean cantando un desfasado “Volga, Volga”) y luego “cañones de engrudo”, con los que se inaugura el largo listado de máquinas estrafalarias que caracterizarán la historieta, y cuyo artífice, en el futuro, será quien aquí milita en el bando contrario: Calculín.
Con los elementos expuestos se comienza a evidenciar, entonces, una interesante tensión que recorrerá Las Aventuras de Pi-Pío hasta su finalización, y que lamentablemente Ferré abandonará en su labor creativa posterior. Es la que surge entre una maniquea intención didáctica y personajes y peripecias -ideología profunda incluida- que a menudo la contradicen.
Una excepción donde se verifica esta dualidad en el futuro, será Larguirucho, quien cambiaba de la vereda de Neurus a la de Hijitus, alternativamente. Aunque estos pasajes fueran justificados lógicamente por el autor con el argumento de la debilidad de carácter del personaje. Y Oakye, nacido en Pi-Pío como temible cerebro de una banda de maleantes (semejándose el rol al de los inicios de Calculín, pero siendo contracara de éste en el episodio en que aparece), termina pasteurizándose al situarse al lado de Hijitus, donde se lo presenta apenas como un niño malcriado.
Por último, y antes de adentrarnos en lo medular de la serie, es necesaria una aclaración. Existen, aquí y allá, menciones a la colaboración de Inés Geldstein, esposa de Ferré, en muchos de los guiones de sus productos, sugiriéndose difusamente que lo habría hecho tempranamente desde Pi-Pío. Resulta común, entre los que se ocupan de escribir sobre historieta argentina, el poco interés por la precisión de datos, generando esta negligencia múltiples equívocos. En realidad Geldstein, de haber tenido relación con el creador durante el período en que se publicó Las Aventuras de Pi-Pío, sería apenas su novia, ya que el casamiento se realizó recién después de la etapa Billiken. Pero aún dando credibilidad a la versión que la ubica como colaboradora, permítaseme relativizar la incidencia que pudo haber tenido, dado que el sello personal que se registra en el plano del dibujo se corresponde absolutamente con el de los argumentos. Por lo tanto, en estas notas, trataré siempre a Manuel García Ferré como autor integral de la historieta.

domingo, mayo 23, 2010

CACHITO Y TITO EXTRA! (3) DIBUJOS: FERNANDO SOSA

CACHITO Y TITO - 2DO. EPISODIO - 42

LA COLECCION DE DAO: DON NICOLA EN "CASAMIENTO ACCIDENTADO" (VUELTA A SUBIR A PEDIDO)

Me anoticiaron de la caducidad del link de descarga del susodicho episodio (ver). Son cosas que suelen suceder en la web. No siempre es posible complacer el pedido que se vuelva a subir, fundamentalmente por una cuestión de tiempo. En este caso, aparte de ubicar el CD donde se encontraba el archivo (tengo cientos), tuve que restaurarlo porque una página estaba dañada. Eso implicó escannearla nuevamente, adecuar la configuración a las demás con el photoshop, integrarla al rar y finalmente, subir al hosting. No es que me queje, lo hago con gusto, y espero que -además del amigo que hizo el comentario- los que no lo hayan bajado en su momento, aprovechen ahora. Pasa que uno tiene un feriado largo de bicentenario (y encima lluvioso) una sola vez en la vida.
POST SCRIPTUM: Lo mismo ha sucedido con "Upa y la Bruja" (ver) y la Andanzas Nº 87, "El Collar de Patora" (ver). Ambos archivos han sido repuestos. Basta por hoy.

VISITANDO EL KIOSCO (50 años atrás)

... y comparando precios:

Capicúa y Piantadino: $ 5

La Barra de Pascualín: $ 6

Patoruzú Semanal $ 7

Correrías de Patoruzito: $ 8

Andanzas de Patoruzú: $ 10

Nicolita y su Pandilla: $ 12!!!
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Hoy en día la escala de valores, en el mercado del coleccionismo, de mayor a menor, sería:
1) Andanzas (entre $ 180 y $ 230)
2) Correrías (entre $ 130 y $ 180)
3, 4 y 5) Capicúa, Pascualín, Nicolita (entre $ 25 y $ 40 c/u)
6) Patoruzú Semanal (entre $ 6 y $ 10)

sábado, mayo 22, 2010

LAS TIERRAS RARAS

Sigo revolviendo viejos papeles, y recordando a antiguos compañeros de ruta.

Siempre consideré a Néstor Leuchenco, como a un talento muy singular, tanto en el terreno de la ilustración como en el de la escritura. Recuerdo haber compartido con él en Campana (en el ’84, creo) un taller de dramaturgia dictado por Chacho Dragún, y sus propuestas no se parecían a nada conocido. Pero la fascinación que me generaba su laburo venía de antes. Debe haber sido por mediados de los ’70 cuando me mostró los primeros originales de “Las Tierras Raras”.
Me acabo de encontrar con el Nº 1 del fanzine campanero Trákate (segunda época, setiembre del 2000), que recopila la serie. Me tomo el atrevimiento no solo de reproducir uno de los episodios, sino también de reconstruirlo según lo que creo ha sido el formato original, ya que en Trákate los publicaron de corrido, adecuándolos al tabloide grande de la revista.

VIEJOS RECORTES


1) DE LA HISTORIETA A LA "REALIDAD": En 1977, la entonces famosa actriz Marta Albertini protagonizó -en la vida real- un confuso episodio de secuestro, aparentemente fraguado. El cronista de La Opinión lo equipara con una historieta aparecida en la revista Skorpio un año antes.

2) DEL CINE A LA HISTORIETA: El mismo diario publicaba una tira, dibujada por Joe Marthen, cuyo protagonista era el mismísimo Woody Allen.

3) DE LA MUSICA A LA HISTORIETA: Caloi, en la revista Viva, "historietiza" una canción de Serrat. Joyita.

4) DE LA PAGINA DE HISTORIETAS AL SUPLEMENTO CULTURAL: Reproducción aparecida en el suplemento de cultura de La Nación (06/02/77) del primer Grafodrama, titulado "Alcancía", y publicado en ese diario, en diciembre de 1941.

NOTAS SOBRE EL PLAGIO

Además del episodio del origen de mi primera obra teatral, con la mala conciencia subsiguiente, que relaté en el post anterior (ver), vino otra anécdota a mi memoria. Hace más de tres décadas, descubrí una historieta publicada en Récord, que adaptaba un cuento de uno de los discípulos de Lovecraft, sin la menor mención a ello. Escribí, indignado, una carta a la editorial, que por supuesto nunca figuró en el correo de lectores.
Mi preocupación por el respeto del trabajo intelectual o creativo ajeno tiene, entonces, larga data. Pero en estos tiempos del copy-paste, se ha incrementado.
Como en el mencionado post, y en sus comentarios principalmente, se han ido mezclando distintos aspectos de la cuestión, trataré de aclararlos.
A título absolutamente personal, lo que más me molesta de quien usa una creación o texto o idea ajena, sin mención, es la falta de honestidad intelectual. Y aún en el caso de que no pusiese su propia firma al pie.
Las ideas pueden no tener dueño, pero la elaboración de las ideas, la construcción que con ellas se hace, evidencia un sello personal, más allá que eso sea muy difícil de probar en un juicio.
En cuanto a la cita de textos la considero indispensable, no sólo para autenticar la buena fe del que cita, sino también para situar al lector en el contexto original, y para que se remita a él de creerlo necesario. Permite confrontar el discurso del reproductor, y comprobar si va más allá, contradice o dice lo mismo que el autor original. Tampoco la cita debe convertirse en abuso, claro. He constatado como termina transformándose en elemento primordial para la construcción de muchos libros. Así, el supuesto “autor” es en realidad mero recopilador o comentarista del trabajo de otros.
Y finalmente, la creación artística, que es el punto que intento tratar...
Solía llamarme la atención, sobre todo en el doblaje de películas, el uso del término “plagio” en relación al secuestro, hasta que me enteré que provenía del derecho romano y refería al “hurto de hijos”. A partir de allí me quedó claro que la diferencia radica en el uso literal o metafórico. En ambos sentidos el plagio sería entonces, genéricamente, el apropiamiento indebido de una creación que conlleva un sello indeleble. Pero hoy día es mucho más fácil determinar cual es el sello dejado en un hijo, que en una obra artística.
Aquí entra a jugar el concepto de originalidad, que para el derecho difiere del uso corriente, dado que se lo asimila a la nota personal del autor, y no a la novedad del tema.
Pero cómo ubicar con certeza esos rasgos?
A contrario sensu, se pueden encontrar fallos que definen irreprochablemente la cuestión: "El delito de plagio reside en la acción dolosa del plagiario decidido a vestir con nuevos ropajes lo ya existente, para hacer creer que lo revestido es de cosecha propia” (Cám. Nac. Crim. y Corr., sala VI, 21/10/79, ED, 88-493).
Allí radica precisamente la dificultad de identificar el origen, dado que el plagiario -salvo en casos burdos- pone su empeño en disimular el rastro, desdibujándose así el límite entre la apropiación y la reescritura.
El plagio saltea figuras lícitas, previstas en función de encuadrar los grados del trabajo honesto sobre la creación de otro, como son la “adaptación”, “versión”, “versión libre” o -la más remota- “inspiración”. Ellas recorren la gama que va desde la ligera modificación del original, hasta la autonomía absoluta de él. A mi criterio, al no haberse explicitado cualesquiera de las figuras, se incurre en deshonestidad intelectual, independientemente que para la justicia no existan los presupuestos suficientes para concluir con certeza que se incurrió en plagio.
Y la prueba suele ser complicada. Cómo se verifica, por ejemplo, que existía conocimiento previo del original por parte del imputado? O que en el caso de que lo hubiere, no se trató de una jugarreta de la memoria?
Este último argumento lo vengo escuchando reiterativamente, en defensa de distintos sospechados, y me empieza a sonar a lugar común. Me viene a la mente una escena de “Stéfano”, de Discépolo, donde el protagonista, un músico, descubre que una melodía en la que estaba trabajando, que lo enamoraba y que creía se constituiría en su gran creación, se trataba en realidad de La Inconclusa, de Schubert. Lo que advierte a todo artista serio que debería sospechar de sus “inspiraciones”, ponerlas a prueba, pasarlas por un tamiz, antes de estampar la firma. Me ocurrió muchas veces el descartar ideas o imágenes que se me ocurrían, cuando advertía que el tratamiento era similar al que le habían dado otros.
También se recurre, como defensa frecuente, a la enumeración aislada y genérica de antecedentes temáticos. Esta línea aboga por la casi imposibilidad de creación original, entendida -a diferencia de la interpretación legal, tal cual aclaré antes- como novedad. Y causa el efecto de dilusión de cualquier posibilidad de plagio. El procedimiento adecuado, claro, no es ése. Se trata concretamente de la comparación particularizada entre dos obras, y el examen exhaustivo de las coincidencias que se registran en ellas, no sólo en número, sino en calidad de tratamiento, de modo que queden descartadas tanto la casualidad como cualquier precedente común.
Habría, pues, que diferenciar dos planos. Si una acusación de plagio pasó por las debidas instancias judiciales, y se concluyó que éste no existía, no caben sospechas posteriores. Es el sistema que nos rige, y a él debemos atenernos. Pero en tanto la justicia trabaja sobre los hechos consumados, y rara vez sobre la prevención -aparte del factor intimidante de los castigos que impone la ley-; y en cuanto suele encontrar escollos para tratar materias un tanto intangibles como ésta, debería ser una preocupación social -en particular de los campos a los que les atañe - informarse y tratar luego de establecer ciertas normas éticas, condenando sin reservas al que las transgrede, antes de llegar a la judicialización del caso. Creo que era Foucault, en “Vigilar y Castigar” (y perdón si la cita no es correcta, pero lo hago de memoria), el que decía que en una sociedad que compartiese códigos básicos de convivencia y no tolerase comportamientos que se apartaran de ellos, la ley no sería necesaria. Por supuesto que suena a utopía, pero estamos hablando, en el caso, de gente ocupada en lo humanístico. Sin embargo, pareciera que retrocedemos.
Para mí, la cuestión pasa bastante por internet. Aunque no por si jueces o diputados usan la Wikipedia, sin citarla. En todo caso, el material que allí se ofrece es libre. Y de última, si fuera por vergüenza que omiten la referencia, eso hablaría del poco prestigio que goza -afortunadamente- la fuente. El problema radica en la ideología que instala la web, donde en apariencia se puede tomar cualquier cosa de cualquier lado, y hacerla circular sin contexto, hasta vaciarla inclusive de sentido, o confiriéndole otro totalmente contrario.
Si este criterio se extendiera, habría que abolir en el futuro el concepto de propiedad intelectual, y las leyes que la protegen. Porque en definitiva, la ley parte de una necesidad social.
Si por el contrario, como en otras épocas, cualquier forma de apropiación de la creación ajena, mereciera el repudio social unánime, o al menos de aquellos que comparten la misma disciplina, no sólo se lograría que disminuyeran los casos llevados a la justicia, sino que ésta tendría más elementos para discernir cuando se configura el ilícito y cuando no.

martes, mayo 18, 2010

VUELVEN LAS APOSTILLAS!!!

1) En la última Comic.ar, Andrés Valenzuela le dedica una nota al espacio que ocupa la historieta en internet, caracterizándolo como nueva expresión de los fanzines de fines de los '90. Y resalta que, al igual que en la generación anterior, significa la antesala del ingreso al circuito comercial.
No puede ser así en todos los casos -acoto-, dada la actual estrechez del mercado y la sobreabundancia de oferta. Esto ni invalida la experiencia, ni remite su evaluación exclusivamente a futuro. Por el contrario, opino que ya está valiendo por sí misma.
Resulta imposible seguir el rastro de todo lo que aparece en blogs o sitios web. Pero he tratado de consignar aquí aquello que me parecía interesante, y en la medida que pueda lo seguiré haciendo.
Hace muy poco me anoticiaron de la continuidad de El_Chispa, que conocía de la época en que compartíamos la página de tiras de Comiqueando con Carlitos Er Gato, y me solicitaron el linckeo. Descubro ahora que, más allá del casual encuentro en aquella oportunidad, coincido en algunos puntos con Secreti y Lucero sobre la forma de encarar la historieta.
Por otra parte, un amigo de la casa, Luis del Pópolo, que ha aportado invalorable material sobre Torino, acaba de inaugurar blog. Aún con pocos posteos, Sonrisas_Argentinas revela una mirada inteligente y sutil sobre nuestra historieta. Invito a visitarlo.
2) A principios de los '90, La Urraca lanzó algunas revistas de historieta infantil. Encontré que en una de ellas (Nº 5 de Félix, el Gato, diciembre del '92) , el entonces jovencísimo Diego Parés saca al Sr. Rispo del contexto de Sex-Humor, donde comenzó a publicarse, y lo mete a conducir una página de jueguitos delirantes (...menos mal que estas ediciones tuvieron corta vida, porque de lo contrario Parés le habría quemado la cabeza a toda una generación y los índices actuales de delincuencia treparían a los niveles que declaman Macri y toda la oposición).

lunes, mayo 17, 2010

EL REGRESO DEL INDIO (97) - DIBUJOS: TOMAS VIOLI


NOTA: las tiras anteriores (1 a 93) de "El Regreso del Indio" pueden encontrarse bajo esa etiqueta; para seguir las dibujadas por Tomás Violi (94 en adelante), cliquear en la etiqueta en que se añade su nombre.

domingo, mayo 16, 2010

LA HISTORIETA COMO FUENTE INSPIRADORA DEL TEATRO

Por aquello de “quien esté libre de pecado…”, comenzaré confesando uno, juvenil, y finalizaré sin arrojar piedras, apenas señalando algunas coincidencias.
A fines de los ’60, mi tío Ramón compraba religiosamente las Patoruzú semanales (las de formato tabloide), y una vez leídas me las pasaba. Siendo yo, desde por lo menos cinco años antes, ferviente seguidor del indio, a lo primero que iba era a las dos páginas de sus aventuras (unitarias, para esa época). Y obviamente, seguía con Isidoro, Don Fierro, y todo el material tanto de historietas como de humor gráfico. En la tercera etapa de lectura abordaba las secciones fijas de humor escrito (la que más me gustaba era Jovito Barrera, un barrilete sin cola). Solían aparecer también en esa revista narraciones aisladas, de buen nivel. Una de ellas me causó especial impacto, a mis lejanos once o doce años.
Se trataba de la historia de un oficinista sojuzgado en su trabajo, pero que al salir se desquitaba con pequeñas maldades, como empujar gente en los colectivos, patear perros o insultar a su esposa. De esta manera lograba un equilibrio en su vida. Muere y va al infierno, que es la misma oficina en que estaba empleado. El diablo le explica que el castigo consistirá en reproducir eternamente su vida cotidiana. El oficinista, por lo antedicho, no se inmuta: las compensaciones que lograba fuera de su trabajo, lo ayudaban a soportar las humillaciones que sufría allí. Por ende, cuando al finalizar la jornada laboral el diablo le señala la puerta de salida, el hombre la encara contento. Pero al atravesarla, comprueba horrorizado que ingresa nuevamente en la oficina. La otra parte de su vida, la de las revanchas, estaba ausente en aquel infierno.
Unos años más tarde, a los 17, ya estaría en condiciones de encontrarle connotaciones sartreanas, en tono muy menor, al relato. Tampoco debía ignorar que la temática venía de larga data y que era muy frecuente, con notorios exponentes en novela, teatro y cine. Cito ejemplos: La Tregua (1960), Tute Cabrero (1965), La valija (1968) (si bien las tres tuvieron su película, Tute Cabrero, nace como guión cinematográfico y luego su autor, Tito Cossa, realiza la versión escénica).
Sin embargo, estos conspicuos antecedentes no impidieron que cometiera, por el ’74, el pecado de utilizar conciente, callada y vergonzantemente el recuerdo que tenía del cuento de la Patoruzú semanal, o sea la línea central de su argumento, para pergeñar la escritura de mi primera obra de teatro. La Otra Vida, que así la titulé, se estrenó en la Biblioteca Socialista de Zárate, por el grupo Barba Barroca, constituido por los -como yo- jovencísimos Osvaldo Croce, Armando Borgeaud y Edgardo de Lisi, quienes abandonaron luego el camino del teatro, aunque de una u otra forma siguieron ligados a lo artístico. Ellos, incluso, me propusieron incluir el texto en un cuadernillo mimeografiado que editaban. Esto me puso en alerta roja: la representación constituía un ámbito acotado a amigos y seguidores, en cambio el librito -suponía- podía llegar a caer en cualquier mano. De modo que, ante la perspectiva de lo que imaginaba un bochorno público, les conté a mis compañeros acerca del origen del argumento. Croce defendió la legitimidad de mi adaptación y la obra terminó publicándose. Nadie saltó a imputarme, por obvias razones: el cuadernillo tuvo difusión tan restringida como la obra. Además, los que leían Patoruzú y a la vez se interesaban por el teatro, eran bichos rarísimos, como yo.
Pero como adelanté, esta confesión tiene apenas carácter introductorio, aunque demasiado extenso (nuevo pecado) para lo que sigue .
Voy al punto.
Acabo de leer Boggart, de Trillo - Domingues. Me llevó a revisar El Péndulo, donde el mismo guionista, con dibujos de Alberto Breccia, iniciaba brillantemente el tratamiento siniestro de fábulas infantiles.
En el episodio de la serie La Corte de los Milagros, titulado La Princesa Ciega, y publicado en el Nº 3 de la revista (noviembre del ’79), un grupo de menesterosos le organiza a uno de sus miembros -la “princesa” del título-, antes de morir, la representación de su "sueño más preciado: volver a vivir un día en la corte y bailar con un apuesto príncipe". Ellos mismos asumen los personajes, valiéndose de la ceguera de la protagonista para fraguar el engaño. Breccia remarca visualmente la sordidez del ambiente en que transcurre la acción, contrastando con el palacio que le mienten la ciega.
Me llamó la atención la similitud que guarda este argumento de Carlos Trillo con el de la exitosa y multipremiada obra teatral Venecia, de Jorge Accame, estrenada en Bs. As. en 1998 y a partir de allí, con innumerables reposiciones en toda la Argentina y en el exterior.
La pieza se ambienta en un mísero burdel de Jujuy y cuenta la historia de una vieja prostituta ciega que se resiste a morir sin antes encontrarse en Venecia con un antiguo galán. Sus compañeras deciden inventarle el viaje y el encuentro.
Sólo eso. Me atengo a lo que escribí en el encabezado. Supongo que Trillo -a menos que viva demasiado enfrascado en el mundillo de la historieta- conoce la obra de Accame, y que yo sepa no se ha pronunciado al respecto. No voy a ser entonces más papista que el Papa.
Y de última, las cuestiones de autoría intelectual en estos tiempos, parecen tener mucho menos peso que en los ’70, cuando yo vivía con culpa el haber adaptado al teatro un cuentito de la revista Patoruzú, sin mencionarlo.
Creo que fue Federico Reggiani el que calificó en este blog de “preocupaciones burguesas”, el tema de los derechos de autor...

CACHITO Y TITO - 2DO. EPISODIO - 40


sábado, mayo 15, 2010

PI-PIO, EL POLLITO QUE IMPONIA EL ORDEN (2a)

2- ETAPA DE TRANSICION
a) “FUENTE SERENA”

Entre el 1º de diciembre de 1952 y el 5 de enero de 1953 (nros. 1720-1725), se desarrolla en Billiken “Fuente Serena”, el primer episodio seriado del pollito, inaugurando también el título por el que se conocerá definitivamente a la historieta -Las Aventuras de Pi-Pío- y la franja de presentación que irá acompañando, al principio, cada unidad argumental (promediando la serie, los cambios de logo se retardarán bastante). A lo largo de cinco páginas, en el cuadro final, se formula un interrogante respecto a la continuación de la historia (resabio de las didascalias), mientras que en el de la sexta aparece la palabra “Fin”. Este esquema se repetirá, con matices, en el segundo episodio. Las distintas aventuras que se sucederán de allí en más nunca tendrán una conclusión definitoria, luciendo invariablemente al final de cada entrega el clásico “Continuará”. Este elemento, sumado al de la corta extensión de los dos episodios citados, los ubica claramente en una etapa de transición entre las entregas auto conclusivas de dos páginas y las extensas historias que caracterizaron a la serie. También el enfoque inicial comienza a variar: mientras que en “Fuente Serena” prevalece aún la intención didáctica acerca de las buenas y malas conductas, en “Los Piratas y la Isla Perdida” García Ferré se adentra en los terrenos de la simple, llana y clásica aventura.
La primera historia se inicia con una contradicción, asimilable a la del episodio unitario de la abuela Cocoró: el linyera tiene casa. Sin embargo, su condición errante sigue teniendo vigencia, desde el momento que en la franja de presentación se lo ve con su clásico atado al hombro y que el canto en la ducha alude a su condición de vagabundo. Otro elemento desconcertante lo aporta el contraste entre el aire campero de la construcción que habita en un cerro y el fondo, donde se ven pagodas orientales. Lejos de constituir un déficit, la abolición de la geografía y el poco apego a la lógica, contribuyen al enrarecimiento de las situaciones, rasgo que Ferré acentuará a medida que la serie crezca.
Consecuentemente con el fondo, de inmediato se presentan dos chinos. El más pequeño, Ta-Te-Tí -personaje que Ferré retomará en forma autónoma para alguna historieta unitaria- sufre de un complejo por su baja estatura e invita a Pi-Pío a acompañarlo en la búsqueda de Fuente Serena, cuyas aguas lo harán crecer. Poco más tarde se les une la ardillita traviesa de uno de los primeros episodios unitarios, de modo que ahora no sólo es el pollo quien se relaciona de igual a igual con los humanos. La ardilla también aparece junto Pi-Pío, por la misma época, en un corto animado en 16 mm., titulado “Contratiempo de Alturas”. Estos constituyen los primeros ensayos del armado de una familia de personajes, que caracterizará posteriormente a G.F. Producciones.
El acento moralizante está puesto en la condena a las actitudes de Ta-Te-Tí, dado que el resentimiento que le provoca ser petiso lo lleva a actitudes extremas, como la del intento de quemar el bosque.
Finalmente, Fuente Serena aparece -pero seca- y la custodia una tribu de “negritos”. Otra sorpresiva transgresión geográfica, que sin embargo tiene un precedente: antes, en el bosque, habían acudido a sofocar el incendio un elefante, un león y un mono, sugiriéndose con ello un ambiente africano. Esta impresión se refuerza por el comentario de la ardilla, cuando Pi-Pío convoca a los animales: “Parecés Tarzán”. Nada indica que la búsqueda de la Fuente lleve a los personajes a atravesar continentes. Sin embargo los elementos bosque-fauna africana, parecen conducir “naturalmente” a la aparición de la tribu.
Este tipo de asociaciones regirá permanentemente la “lógica” de la historieta, asentada más en la verosimilitud interna de la acción, que en cualquier parámetro referencial a la realidad.

jueves, mayo 13, 2010

VOLVIO COMIC.AR!!!

Iba a titular “Volvió la Comic.ar”, pero capaz que se me enojan, y la verdad no me gustaría, porque estoy contentísimo con su reaparición, después de dos meses de silencio que hicieron temer lo pior. Encima, con formato renovado (grande, tipo Genios), con más páginas, e historietas que se pueden leer de corrido, aunque continúen, y no de a dos mezquinas tiras. Así por ejemplo, se puede apreciar en pleno (y a color!) la maravilla que es Dugong y Manatí, de Quique Alcatena, a quien cada día admiro más. Es una historieta que en principio me resultaba extraña -me costaba adivinar para qué lado rumbeaba-, y que todavía me sigue dando sorpresas. Cuando uno empezaba a entender el homenaje a la daily-strip de los sindicatos yankees, bañado en una salsa de absurdo, cuyo ingrediente principal es aportado por sus grotescos protagonistas, Quique se manda la bizarrada de una galería de villanos, propia de los cómics de superhéroes, clase Z. Y todo eso condimentado con un finísimo humor y un rigor estilístico que pocas veces se observa en estos juegos de género. Chapeau, maestro. También se puede seguir más fluidamente Colo Galván, un guión clásico y muy sólido de Toni Torres, con excelente dibujo. La recién estrenada TV ¡en el aire!, de Paradiso, transita por similares carriles, aunque con cierta morosidad en la acción, y me hace recordar un poco las vicisitudes de Flopi, en El Negro Blanco. Podría criticar alguna otra cosa (como el precio, o que Nahuel Puma amenace con una segunda parte), pero la verdad que la reaparición y el cambio de formato, que varios reclamamos, me dejaron muy conforme y sin ganas de andar poniendo peros. Por otra parte, este reacomodamiento, deja más clara la intención de la revista de dirigirse a un público amplio, que puede llegar a incluir la franja infanto-juvenil.

miércoles, mayo 12, 2010

CUANDO LA HISTORIETA SE VUELVE PELIGROSA (9): DIALOGO DE CREATIVOS

(Guión para historieta, teatro, radio, televisión -o sea, para multimedios-, por DAO)

(LA ESCENA TRANCURRE EN UNA AGENCIA DE PUBLICIDAD CLANDESTINA, DE UN REMOTO PAIS SUDAMERICANO. ENTRA ALTERADO EL CREATIVO 1)

CREATIVO 1: Cagamos! Se supo lo nuestro!
CREATIVO 2: Que nos damos piquitos?
CREATIVO 1: No, boludo. Se filtró que trabajamos operando secretamente para Clirán!
CREATIVO 2: Puta madre! Seguro que nos botoneó alguno de esos pendejos que contratamos en negro.
CREATIVO 1: Sí, justamente. El negro ése que vos insististe en tomar, porque te calentaste con él.
CREATIVO 2: Claro, ahora la culpa la tengo yo. Mejor pensá como zafamos de ésta o Magnesio nos raja de un boleo en el orto!
CREATIVO 1: La Nasa.
CREATIVO 2: Sí, hasta la Nasa vamos a ir a parar del boleo.
CREATIVO 1: No, nena. La solución está en la Nasa.
CREATIVO 2: Mirá... yo se que a vos esto te alteró mucho, que estás estressado, pero necesitamos mantenernos lúcidos... Si querés hacemos un break, y después...
CREATIVO 1: La Nasa, los ovnis, digo!
CREATIVO 2: Acá tengo un Tranquilán, te hago traer una botellita de Evian...
CREATIVO 1: Idiota! Vamos a usar el mismo método que inventó la Nasa para tapar lo de los ovnis.
CREATIVO 2: Vos decís hacer creer que lo del grupo de tareas informático es un delirio?
CREATIVO 1: Exactamente, vas entendiendo.
CREATIVO 2: Está bueno, pero cómo?
CREATIVO 1: Tenemos que provocar al gobierno para que salte por alguna cosa, y después demostrar que la reacción fue absurda. Me seguís?
CREATIVO 2: Querés decir que si se ponen paranoicos por una pelotudez, es porque SON paranoicos, ergo el grupo de tareas mediático es pura paranoia de ellos...
CREATIVO 1: Diste en la tecla! Tiene que tratarse de alguna pelotudez... Sábato, por ejemplo!
CREATIVO 2: El escritor?
CREATIVO 1: No, el viejo que dibuja en Clirán! Te acordás cuando Cris se puso loca por una caricatura que le hizo, y la tildó de mensaje cuasi-mafioso?
CREATIVO 2: Sí, todo el mundo salió a defender al viejo, a su trayectoria, que nada que ver, que era nada más que una caricatura.
CREATIVO 1: Eso mismo tenemos que lograr ahora.
CREATIVO 2: Pero insistir con lo de la caricatura... ya están advertidos, no van a tropezar con la misma piedra.
CREATIVO 1: Caricatura, no. Una taradez de ese tipo... tira cómica, historieta.
CREATIVO 2: Aaaaaaaahhh! Podría ser la de Climinti, no?
CREATIVO 1: No, ése Caló me resulta sospechoso. Es negro, peronista y seguramente está a favor del gobierno. No te acordás que le tuvimos que sacar de la página web una tira que hablaba de los gorilas? Aparte, hace mucho que está en el diario, si le sugiriéramos que podría perder el trabajo se nos caga de risa.
CREATIVO 2: Entonces?
CREATIVO 1: La Nequi.
CREATIVO 2: Pero ahí, a veces, no le pegan también a Macro, a Cubos, a la Parió?
CREATIVO 1: Mejor, más creíble.
CREATIVO 2: No, digo si los autores se van a prender...
CREATIVO 1: Esos son nuevitos. Le vamos a hacer una oferta que no van a poder rechazar.
CREATIVO 2: Recapitulemos, entonces... Tiramos una provocación desde La Nequi, salta Amílcar Ferrández, por ejemplo, y nosotros respondemos: “pero que paranoico, mirá que calentarse así por una historietita de mierda!”CREATIVO 1: No, mucho más elaborado. Ya te dije que tenemos que demostrar el absurdo. Hacer creer que todo fue producto de la casualidad.
CREATIVO 2: Ah, vos decís que los autores de la tira, salgan a declarar después que pusieron eso porque les pareció gracioso y punto.
CREATIVO 1: Más todavía. Hay que exhibir pruebas de la casualidad.
CREATIVO 2: Y cómo?
CREATIVO 1: Anotá esta genialidad.... Hacemos una lista de personas del círculo íntimo de la presidenta....
CREATIVO 2: Bien! Esa es una fibra sensible! Te la armo en un periquete: familia, secretario privado...
CREATIVO 1: No, no. Tienen que ser personas cercanas a ellos, pero que a la gente le resulten desconocidas.
CREATIVO 2: Una sirvienta?
CREATIVO 1: O el dentista, o la peluquera, algo así. Después reunimos a L y M, los autores de la tira -previo pasaje por la oficina de Ablandamientos, Premios y Castigos, claro- y les mostramos la lista.
CREATIVO 2: Ajá...
CREATIVO 1: Entonces les preguntamos: “Queridos L y M... hay algún apellido de esta lista que coincida con gente cercana a ustedes? Y que además, ejerza similar tarea o profesión?”CREATIVO 2: Siguiendo el ejemplo que te dí, sería: “Tienen alguna sirvienta de apellido Bounarotti, como la que figura en la lista?”CREATIVO 1: Y cuando encontramos la coincidencia, armamos el guión de la historieta.
CREATIVO 2: Lo tengo! La Nequi se encuentra con la sirvienta Bounarotti, y le pide que vaya a limpiar la casa, pero ésta le contesta que consiguió un trabajo más importante! Captás?
CREATIVO 1: Noooooooo!!! Tiene que ser algo mucho más sutil. Aparecer en un contexto que no tenga nada que ver. Inclusive el de una causa que el gobierno pueda apoyar.
CREATIVO 2: En contra del trabajo en negro de las empleadas domésticas, podría ser?
CREATIVO 1: Sí... No! Eso se podría asociar con el grupo de tareas que tenemos en negro nosotros. Igual es nada más que un ejemplo. Cuando encontremos la coincidencia nos abocaremos al argumento.
CREATIVO 2: Pero entonces, se va a tratar solamente de tirar un nombre y un oficio relacionado con Cris... Vos creés que con eso sólo van a pisar el palito?
CREATIVO 1: No, porque la coartada nos va a servir para meter otro nombre real más, pero común, y ése decimos que se les ocurrió porque sí, porque les sonaba.
CREATIVO 2: Con oficio, también?
CREATIVO 1: Con oficio también.
CREATIVO 2: Y te parece que la gente se va a tragar que se acierte de pedo con el apellido y la función de dos empleados de Cris? No es demasiada coincidencia?
CREATIVO 1: La gente se traga cualquier cosa. Alcanza con que al otro día pongamos en tapa a la sirvienta Bounarotti mostrando el DNI.
CREATIVO 2: No estaríamos exagerando?
CREATIVO 1: Bueno, le hacemos una nota, con eso alcanza y sobra. Pero acordate que además de la coartada, tenemos que el asunto se publica en una estúpida historieta, y que Cris misma nos regaló el antecedente.
CREATIVO 2: Pero si la gente no piensa un carajo, como decís... cómo va a vincular ésto con lo de nuestra agencia, para concluir que ambas cosas son fruto de las teorías conspirativas del gobierno?
CREATIVO 1: Y para qué tiene el multimedio periodistas inteligentes como Telembaún, que van a saber cómo inducir a esa asociación?
CREATIVO 2: La verdad que todo cierra. Aunque... una última objeción... Y si existiese alguno que no se tragara nada de nada, y se le ocurriera reconstruir, en base a indicios de aquí y de allá, o de su propia imaginación, este diálogo?
CREATIVO 1: Lo acusaríamos de doblemente paranoico, prácticamente un caso de chaleco. Pero quedate tranqui! No existe en el mundo persona que posea semejante brillantez, salvo yo, obvio, pero estoy de este bando. No me merezco un piquito?

(CONSTATAN QUE NADIE LOS VE, Y SE BESAN. SONORO "CHUIK!". FIN -o comienzo-)

(NOTA: cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, y tengo pruebas para demostrarlo)

martes, mayo 11, 2010

CUANDO LA HISTORIETA SE VUELVE PELIGROSA (8)

Escuchando radio en el auto, me entero, por el programa de Tenembaum, que Aníbal Fernández había apuntado sus dardos sobre La Nelly. El conductor entrevistaba a Rubén Mira, guionista de la historieta, pero a través del diálogo que mantuvieron, solo pude apreciar el escándalo que a ambos les producía las declaraciones, supuestamente absurdas, del jefe de Gabinete. Para entender de que hablaban tuve que recurrir a la web.
Fernández había calificado de gesto mafioso el hecho que en la tira apareciesen un "Cabo Sosa” y un “principal Carbone”, que son justamente los responsables de la seguridad de la presidenta, tanto en rango como en apellidos. Así, pude finalmente enganchar con la defensa del guionista, que adjudicó esta circunstancia a la mera casualidad. Lo que dio pie, claro, para que Tenembaum se despachara en contra de la paranoia del jefe de ministros, y aprovechara, indirectamente, para ridiculizar una denuncia sobre el montaje por parte de Clarín, de un grupo de tareas mediático que realiza comentarios hostiles al gobierno y a la ley de medios, llamando a radios y logueándose con identidades falsas en la web, particularmente en el espacio de lectores y encuestas de periódicos digitales (ver).
Tenembaum ironizó que el guionista se hallaba hablando desde: “un sótano rodeado de gente con anteojos negros, sombrero negro, itakas, ametralladoras y todo eso” y concluyó dando por obvio que el tema de los nombres en la tira cuestionada es atribuible a la casualidad.
En mi opinión, no resulta tan obvio. Por el contrario, que se acierte de pedo con dos apellidos y rangos de custodios presidenciales, excedería la casualidad y rozaría el milagro.
Y de la oficina donde Clarín opera en forma clandestina sobre los medios, han dado cuenta periodistas de distintos signos como Eduardo Anguita y Víctor Hugo Morales, a quienes otorgo credibilidad. No así a Tenembaum, ni a cualquiera que trabaje para el multimedio Clarín.
Cada quien que piense lo que quiera.

PI-PIO, EL POLLITO QUE IMPONIA EL ORDEN (1)

1- LOS INICIOS: EPISODIOS AUTOCONCLUSIVOS
García Ferré es un caso curioso en la historieta de nuestro país. Ha alcanzado gran notoriedad como editor y responsable de numerosas películas de dibujos animados, y a raíz de ello tiene innumerables seguidores que incluso llegan a la veneración por él. Pero es muy raro encontrar alguno que destaque su única obra integral y personal como creador. Me refiero, claro, a Las Aventuras de Pi-Pío. Las pocas menciones que existían, hasta hace poco, no iban más allá de la nostalgia y el señalamiento de la aparición allí de personajes que luego tuvieron carrera propia. Pero varios coleccionistas han asomado últimamente a la web, como consecuencia de algunas notas y archivos fragmentarios que he publicado, compartiendo el material que atesoraban. A partir de este hecho, el análisis integral de la historieta se hizo posible y es lo que intentaré a partir de ahora, y a lo largo de varios capítulos. Creo que esta creación de García Ferré lo merece, dado que ofrece matices por demás singulares en el panorama de la historieta cómica argentina, y que los méritos que posee superan ampliamente a los que se le atribuyen por su posterior labor, casi exclusivamente empresarial.
Publicada en Billiken durante casi una década, Las Aventuras de Pi-Pío se reeditó en sinfín durante toda la existencia de Anteojito, lo que causaba la sensación, a los que la conocieron en dicha revista, de un cuento de nunca acabar.
No es así.

García Ferré contaba con 18 años cuando llegó a la Argentina desde su España natal, en 1947. Cuatro años más tarde, a los 22, presentó en Editorial Atlántida un proyecto de historieta que incluía fotomontaje, y que narraba las peripecias de “Chango” un chico “sencillo, bueno, simpático”. En la tercera viñeta, éste se encuentra con “Muchi”, un pollito linyera cuya vestimenta consiste en los restos del cascarón del que todavía no ha terminado de salir. Los villanos a los que se tendrán que enfrentar ambos son los integrantes de “La Pandilla ‘Trompeta’”: el “Jefe”, que lleva un parche en el ojo, “Estampilla”, “Bono” y “Anselmo”. Con el último, Ferré inicia la larga serie de autocaricaturas mediante las cuales se incluirá en sus historias.
El planteo argumental de las dos páginas que se conservan, si bien no concluye, se adivina como de escasa extensión y dirigido a lectores muy pequeños.
El proyecto no prosperó, al parecer por las dificultades que ofrecía el fotomontaje. No obstante, García Ferré entra a colaborar en la editorial de Vigil, con una historieta enteramente dibujada: Pi-Pío.

El primer episodio que se ha podido rastrear, data de principios de 1952, consta de dos páginas, es autoconclusivo y lleva didascalias en verso. Hasta diciembre de ese año, prosigue publicándose con dicho formato, aunque incorporando en algunos casos globos de diálogo. Allí el protagonista es un pollito idéntico a “Muchi” (la única variante gráfica consiste en la incorporación de un echarpe atado al cuello), portando inclusive la linyera -de hecho en el título se lo identifica así-, y relacionándose en sus primeras apariciones exclusivamente con otros animales (“Sus andanzas en Villa Plumita”, “Pi-Pío y la ardillita”). Sin embargo, prontamente, los humanos se hacen presentes en la historieta. En “Lustrabotas”, por ejemplo, reaparece “La Pandilla ‘Trompeta’”, que intervendrá en algún otro episodio. Es de destacar el del Nº 1740 de Billiken (20/04/53, sin título e íntegramente dialogado), en que G.F. juega con el lenguaje metahistorietístico, al ocultar a Pi-Pío tras un pliegue del cuadro, para observar el comportamiento de la Pandilla, que acababa de engañarlo. Desde allí aparece y les hace una zancadilla, utilizando plano y contraplano. Un antecedente de esta verdadera audacia para la época, lo constituye el anteúltimo cuadro de “Villa Plumita”, donde se utiliza el borde superior de la viñeta como soga de colgar ropa.
El proceso de “humanización” del pollito avanza con “Pi-Pío pasó de grado”, donde se lo muestra concurriendo a la escuela, y se lo dota por primera vez -y única, hasta donde conozco- de una familia: la abuela Cocoró. Hay un sutil efecto de comicidad en el hecho que a Pi-Pío se lo discrimine en la escuela por linyera, y no por pollo.
Otra curiosidad de estos episodios: al igual que en “Muchi”, la lectura se organiza en forma horizontal, a lo largo de ambas páginas. Dado que la secuencia podía desorientar al lector, Ferré termina incorporando numeración en cada viñeta.
Las historias siguen siendo elementales y encierran moralejas aleccionadoras, relacionadas con el estudio, las buenas acciones y un discurso en contra de la discriminación que, como se desarrollará más adelante, parece haber sido padecida en carne propia por el autor.
A fines de 1952 comienza una nueva etapa de la historieta con episodios continuados. No obstante ello, durante el año 1953, coexistieron de forma esporádica con los autoconclusivos.