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miércoles, noviembre 19, 2008

CHARLA DE SUSANA MUZIO (última parte)

Asociando con la obsesión de Quinterno por construir un personaje representativo de lo nacional, Susana Muzio derivó la charla hacia una línea de historietistas que -en este sentido- fueron sus continuadores. Así rescató, entre otras, dos tiras del diario Clarín: Teodoro y Cía., de Viuti y El Loco Chávez, de Trillo y Altuna. Curiosamente, ambos personajes tenían una base de operaciones similar. Teodoro era cadete de una oficina, y el Loco comenzaba sus aventuras casi invariablemente desde la redacción del diario en que trabajaba como periodista. Podría emparentarse esto a dos creaciones que durante décadas aparecieron en la revista Patoruzú: Don Fierro, del propio Quinterno y Mordancio, Jefe y Mártir (o Motín a Bordo), de Battaglia. Así, la oficina, desde diferentes ópticas, surge como una constante, apuntando a un vasto sector de clase media que reconocía en esas historietas personajes y situaciones de su entorno. El mismo espectro social es reflejado, desde el punto de vista de la familia, por Mafalda. Y hoy en día, en una sociedad pauperizada, La Nelly viene a contar las peripecias de la clase media baja. Fuera de lo urbano, el gran exponente de historieta popular fue Inodoro Pereyra. La inicial sátira a la épica gauchesca podía haber tenido vuelo corto, si Fontanarrosa no hubiera conectado rápidamente con cuestiones que les eran cercanas a las gentes de provincia. Como se ve, poco importa para la llegada al público que el tratamiento sea de comedia con atisbos realistas o absolutamente disparatado, en tanto el planteo básico contenga elementos identificatorios con aquél. Por otra parte, el éxito de El Eternauta radica, a mi entender, no tanto en la potencia fantástica y alegórica de su fábula, sino en que la misma arranca y se desarrolla en un entorno y con personajes absolutamente reconocibles. Otro ejemplo de popularidad en la historieta es Clemente, que siendo un bicho inclasificable y habiendo a menudo transitado por los terrenos del absurdo poético, posee una idiosincrasia profundamente argentina.
No se me escapa que casi todos los personajes citados son de Clarín. Cabría entonces la pregunta si su popularidad no proviene del medio en que fueron publicados. Por supuesto que influye. Pero independientemente del juicio que merezca el diario de la viuda, no cabe duda que tiene por objetivo primario la llegada masiva. Ergo, la elección de todos sus componentes, incluidas las tiras cómicas, apunta a ello.
Llegados a esta instancia, y como reflexión final derivada de la charla de Muzio, cabría pensar que los lamentos por la pérdida de popularidad de la historieta, tienen algo de infundados. En los diarios, sigue incólume. En los kioscos, las revistas de Mazzone, Quinterno, o Torino, son suplantados por los libritos de
Gaturro,
Mafalda,
Clemente
o Macanudo. Son menos títulos, es cierto, y en la línea exclusiva de la tira cómica. Por otra parte, la continuidad de revistas humorísticas del tipo de Patoruzú, Rico Tipo, Satiricón, Humor, se ha quebrado. Quizá el único exponente actual sea Barcelona, pero muy lejana a la tirada de aquéllas. Y la historieta “seria” se limita a la Fierro, que también es para un público muy restringido. Por último, el camino para reflotar el consumo de la historieta de aventura no puede ser nunca el de Columba o Récord, que propone Magma. El tiempo no transcurre en vano. Dejo de lado el material historietístico nacional que se puede hallar en librerías o comiquerías porque -vale aclararlo para algún despistado- el tema de Muzio y de este post pasa por el consumo popular del género.
Entonces, la ecuación correctamente planteada sería: un tipo de historieta continúa teniendo enorme repercusión y otro ha perdido mucho terreno. Los que permanecen en el candelero son, sin duda, los que siguen usando la brújula que tenía Quinterno para dirigir sus creaciones. Dicho más claramente, los que todavía siguen apostando a comunicarse con su público, a buscar puntos de contacto con él. Tanto sea desde lenguajes bastardos y demagógicos, como los de Nik, o extrañados, como los que utiliza Liniers. Ahora, los que se han convencido de que la historieta es un arte y se miran el ombligo, los que creen que los modelos del género deben buscarse en el mongo o en los superhéroes, los que se quedaron en el tiempo... tienen todo el derecho a hacerlo. Pero no pueden quejarse de su falta de popularidad. Bánquensela, m’hijos. Calavera no chilla.

2 comentarios:

  1. Ud a dado en el punto Miguel,muy acertada su critica y si a alguno les parece aguda,debe hacer un analisis de que las cosas no se han, ni se siguen haciendo bien.
    Creería y me animo a sumar a la lista,que un personaje que tambien capto la quintaescencia porteña y popular fue el Cazador,aunque muy bizarro,pero tenia desde esa impronta de la critica a los personajes de la historieta y la farandula argentina e internacional,un contacto con lo popular.Podria pecar de vulgar,chavacana o frivola y poco pretenciosa,aunque no asi su arte que para mi reunió a grandes dibujantes que desfilaron por la revista.
    Quizas fuera eso tambien la clave de que no siguiera publicandose hasta nuestros dias,quizas esa falta de orientación.
    El crear universos o mundos,que es parte del abc de cualquiera que pretenda ser guionista de historietas.
    A mi perticularmente me sucedió algo asi cuando estuve participando de una animación que salió hace algunos años atras,que siendo solo un colaborador noté esa falta de idas que parte solamente por no retomar viejas formulas,un heroe y un antagonista,un ladero una heroina un mundo comun donde se desarrolla la historia,contactos con la realidad,un hiloconductor,una causa, etc.
    Creo que en ese afan de querer mostrar presonajes unicos y transgresores,se pasa por alto cosas fundamentales.
    Pero volviendo a la anecdota que contaba,esto que noté lo hice saber y bueno,mi paso por la productora fue breve,pero luego de una linda patadita en el tujes,relanzaron el personaje tomando en cuenta mis observaciones.
    Por ahi amigo Dao,no hay que avivar giles.
    Saludos

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  2. El Cazador, en su primera etapa, es un personaje que me gustaba mucho. Notaba ahí auténtica transgresión (no postura de transgresor, que es otra cosa) y mucha libertad creativa. Respecto a lo de avivar giles... lo que contás es muy propio de algunos medios "creativos". Los tipos se quedan con tus ideas, pero no te soportan al lado suyo, porque los enfrentás a su propia mediocridad. Abrazo

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