Era Legión.
De ángeles o demonios o ambos.
El de las tapas de Tit-Bits y A la Conquista del Mundo.
El de Mariquita Terremoto o el de Pancho López o el del humor gráfico en Tía Vicenta o el del dibujo cómico o infanto-juvenil que se le cantase.
El del Vengador Alado y Gentleman Jim. Y Vito Nervio, por supuesto.
El de las ilustraciones de Billiken.
Ni hablar de Sherlock Time y Mort Cinder, obras maestras absolutas.
Sí hablemos, en cambio, quiero hablar de eso, del Eternauta maldito, que para mí - y defiendo esta opinión a capa y espada - es genial, es bisagra, es viaje a lo desconocido, sin dejar nunca de ser historieta.
Y Poe y Lovecraft y Quiroga.
Y siguiendo con el terror, los cuentos infantiles.
Y Borges.
La enumeración resultaría interminable, y casi todos la conocen, aunque a algunos le guste más la legión de ángeles que la de demonios o viceversa.
Yo me quedo con todas las legiones.
Incluso la de su primer y casi desconocida historieta, el Detective Mu-Fá, en que toma como modelo al Quinterno temprano, el más oscuro, el más valioso.
Larga vida a las legiones. Larga vida, don Alberto.
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