SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

miércoles, mayo 30, 2007

TIRA vs. HISTORIETA

En una de las interminables e infructuosas discusiones en que me embarcaba hace un tiempo, surgió el tema de la tira. Yo sostenía que aquello que habitualmente se entiende por historieta (aclaro: lo que yo entiendo, junto a unos cuantos mas -abstenerse de las citas prestigiosas, la reflexión sobre el género es un saber en construcción), no se puede confundir con la tira. Que es necesario hacer distinciones entre una y otra.
Obviamente que existen tiras de todo tipo. Entonces, vamos a circunscribirnos mas aún: hablemos de la tira en (continuará). Es decir con continuidad de personajes y situaciones, siguiendo un hilo narrativo más o menos extenso. O sea, no hablo de Clemente. La creación de Caloi puede abarcar las dos primeras características enunciadas, en tanto en ocasiones un “tema” es desarrollado durante varios días y hasta semanas. Pero no sigue un hilo narrativo, como sí lo hacía el Patoruzú publicado en diarios. Si se realiza el ejercicio comparativo de leer en forma completa cualquiera de las Andanzas que provenían del formato de tiras y a posteriori, cualquiera de las creadas especialmente para la revista, se podrán comprobar las grandes diferencias. Salta a la vista la morosidad narrativa de las primeras, que puede provenir tanto de los remates parciales, las creaciones de intriga para la próxima tira como de las necesarias recapitulaciones en el argumento. Otro lenguaje, señores, producto de la cotidianeidad de la publicación. Del propósito de mantener enganchados conjuntamente al lector asiduo y al ocasional. Subgénero de la historieta o como quieran llamarlo. Pero necesariamente distinta a ésta.
Todo esto viene a cuento de hallarme actualmente embarcado en la realización de una tira. La cual es muy posible que haya comenzado a raíz justamente de estas discusiones. Como una forma de comprobar “en tinta propia”, las observaciones hechas “en tinta ajena”.
Espero que algún charlista de café no me venga con aquello de la profecía que se cumple a sí misma... La experiencia de encontrarme día a día con la problemática de como resolver cuatro cuadritos, que posean una coherencia interna, pero que al mismo tiempo estén insertos en un todo que los abarca y supera, es de índole absolutamente objetiva.
O sea que, de ahora en más, sólo discutiré del tema con aquellos que hayan transitado el camino de la realización de una tira de estas características.
Lo siento, acúsenme de elitista, si lo desean, pero acabo de cumplir los cincuenta, y el tiempo empieza a ser importante para mí.

martes, mayo 29, 2007

EL REGRESO DEL INDIO (46): VA A ATERRIZAR EL EMPLEADO, CERCA DEL JEFE APURADO

XXV. DIALOGO CON ELCOVE (1)

(Continuación)... Retorna la escena a la montaña de los antepasados, para instalarse allí hasta el inminente final.
EL INDIO: ¿Te das cuenta ahúra, Tata, por qué he venido a consultarte? Me siento solo, derrotaú, sin recursos... Sin saber contra quién ni contra qué peliar... Ayudame, Tata... ¿Qué puedo hacer?
El último descendiente de la dinastía egipcia y el primer antepasado de los tehuelches, rasca su fantasmagórica cabeza, moviendo así las tres plumas de la vincha. Está reflexionando. Por fin dice:
EL TATA: Yo soy un espectro, m' hijo. No un mago... Te las a tener que arreglar sólo.
Y dicho esto, el Tata se esfuma en la nada.
Tres últimos cuadritos mudos:
Primer plano: Rostro estupefacto del Indio.
Plano medio: Se sienta en la cumbre desierta.
Plano general: Montaña. Allá arriba, la silueta vencida, apesadumbrada. Un buitre la ronda. Sigue nevando.
Y un cuadro de texto: "¿Qué queda sino desbarrancarse y ser presa de las aves de rapiña?". Seguidamente, la palabra FIN.

(continuará)

lunes, mayo 28, 2007

XXIV. LAS PIEZAS DEL ROMPECABEZAS (3)

Debo haber hecho unos seiscientos kilómetros en esta jornada interminable y ahora tengo que atravesar media ciudad hasta la Chacarita, porque no hubo forma de convencer a Moreno que nos quedáramos en el patio o que recalarámos en algún lugar más cercano. Espero que lo que tenga para contarme, valga la pena... El arquitecto ronca durante el trayecto. Cuando diviso los muros del sombrío cementerio, lo sacudo... Me indica, con precisión, como llegar al piringundín.
No bien entramos al interior del local, Moreno se excusa para ir al baño. Me alejo de los pocos parroquianos que se alcanzan a ver, y elijo una especie de reservado, desde donde, a pesar de estar retirado, se domina casi todo el ambiente. Ya no creo estar seguro en ningún lado. Me siento en una mesita redonda, con mantel rojo hasta el piso, a tono con las paredes pintadas de rojo, y la rojiza iluminación. No termino de instalarme, que se me acerca una copera –de pollerita negra-. Declino gentil la oferta de compañía y la chica se va. El arquitecto regresa del baño totalmente renovado, con sospechosos restos de polvo blanco alrededor de las fosas nasales. Su conducta es diametralmente opuesta a la discreción. Cuando me ubica, de parado, llama con palmadas a las chicas. Me recuerda al Padrino en el cabaret de armas para el caribe, la sesenta y cuatro de Andanzas, que leí en la reedición de diciembre del '94, como ¿paloma o buitre?. Las coperas acuden de inmediato, en número de tres, incluyendo a la que yo había rechazado antes. Esta me mira ahora como marcando diferencias con mi compañero, que acapara a todas, sin que a mí me importe. Siguiendo con su estilo ampuloso, Moreno llama al camarero y pide un Don Perignon. Para cuando llega el carrito con el balde y las cinco copas, ya ha sobado reiteradamente las piernas de las chicas y proferido un par de chistes procaces. Me preparo para las dificultades que se van a presentar para seguir averiguando en semejante clima. Pero el arquitecto es una caja de sorpresas, como la que duerme debajo de mi camastro. Después de la primer vuelta, despide a las chicas diciendo...
-Tenemos que hablar, acá, con el amigo...
Las coperas no terminaron de levantarse, cuando continúa...
-¿A usted le gustan las historietas del Indio, no?... ¿Conoce el Terre Magellaniche?
-No –Miento, apenas recuperado del impacto.
-Le voy a contar la historia de ese libro... –Preludia, y después de servir ambas copas, comienza un insólito y extenso relato- Yo fui muy amigo del Maestro. Pero no por las revistitas ésas. Nunca me interesaron demasiado, y creo que, en el fondo, a él tampoco. El era más un empresario que un dibujante. Hombres de campo los dos, nos unía la pasión por los caballos. El era un hábil jinete y le gustaba el polo, a mí me tiraba más, como al Padrino, Palermo y San Isidro. Pero nos entendíamos muy bien. El supo tener campos en Brandsen y en Cañuelas, donde criaba animales de raza y me llevaba a verlos. Pero su verdadero refugio fue la estancia de Saladillo. El Maestro era un hombre que huía del mundo, no le gustaba para nada la figuración, aspecto en el que también nos parecíamos. Por eso él mentía respecto a esa estancia, decía que no era suya, sino de unos parientes de apellido similar. Un invento. No quería que lo fueran a embromar, simplemente. Al menos una vez al mes, se hacía una escapada hasta allá y siempre me pedía que lo acompañase. En uno de esos viajes, me tengo que correr hasta el pueblo, no se por qué... Por algunas botellas de vino, debía ser, porque en la estancia no había, el Maestro era abstemio, en eso no éramos parecidos... y, así, de casualidad, lo conozco al Chiquito Cabello. De lo que le cuento hará una punta de años, eh... Vea lo que son las cosas, recién había caído por Saladillo, porque él antes vivía en Cañuelas. El atorrante me comenta que, recorriendo las estancias de los alrededores, había reunido una buena cantidad de antigüedades. Me lleva a verlas, y de verdad, tenía cosas muy interesantes. Yo lo termino conectando con anticuarios de San Telmo, y ahí empezamos a hacer amistad. Así que, cada vez que paraba en la estancia del Maestro, le hacía una visita al Chiquito, al que sí le gusta el chupi, y mucho, chupaba como una esponja el desgraciado... En uno de esos asados, que terminaban como a las cinco de la mañana, me comenta que a la hija le gustaban las historietas y que como yo era amigo del Maestro, me dice si no le podía pedir algunas. Le termino consiguiendo una pila enorme. Ahí, en la estancia, había guardadas cantidades impresionantes de ejemplares. La mayoría tenía defectos de impresión, y como en la editorial no había lugar y al Maestro le daba pena tirarlos, los llevaba ahí, para que leyeran los peones. Los que sabían leer, claro. El Chiquito se embaló y me seguía pidiendo de esas revistitas, sobre todo de las más viejas... Yo se las llevaba, pero me parecía raro, porque calculaba que la hija, ya hace rato las debía tener todas. Una noche, en pedo, me contó la verdad. Resulta que había dos judíos, uno en el Parque Rivadavia y otro por ahí cerca, que estaban acaparando el negocio de las revistas viejas del Indio, y el Chiquito se las proveía. Ahora, como la mayor parte de las que les llevaba eran defectuosas, y los coleccionistas quisquillosos no las querían, a estos judíos se les ocurrió valuar el doble esos ejemplares, con el verso, justamente, de su excepcionalidad. Se ve que son bastante pelotudos los que coleccionan esas cosas, porque se lo tragaron y los judíos hicieron fortunas, aunque a uno de ellos lo terminaron echando del Parque por sus maniobras. Terminó recalando en Palermo, creo... Yo dejo de llevárselas al Chiquito, no me gustaba que me tomara de idiota útil. Un día el Maestro me pregunta, extrañado que no le pida más revistas, y yo le cuento lo que había pasado. El no me dice nada, pero calculé que no le había caído bien. Usted sabe que a los judíos no los quería mucho... Pasó un tiempo, me llama por teléfono. Me dice: Veníte a la editorial. Pensé que quería consultarme por algún caballo que estaría por comprar, y me llego hasta Lambaré 1012, que es donde estaba entonces. Me recibe en su oficina, que era señorial, siempre impecable, sobria, a diferencia del resto de las instalaciones, tapado de revistas y bocetos. Me llama la atención, entonces, que arriba del escritorio hubiera como cien libros, todos iguales y tres ejemplares de una misma Andanzas. Agarra ésos, que eran del número dos, y me señala unas crucecitas en la tapa. Defecto de impresión, me dice... Después, me alcanza un libro, leo en el lomo: Tierra de Magallanes... Lo miro extrañado, porque no me explicaba nada. Parecía esperar que yo entendiera... Por fin me dice: Vamos a darle un escarmiento a esos judíos de mierda... Y tu amigo de Saladillo nos va ayudar.
La fascinación hipnótica que me produce el relato de Moreno, se interrumpe por un torpe movimiento de éste al intentar sacar la botella para volver a servir las copas. El balde cae y un impulso instintivo me hace incorporar para recogerlo. En ese momento, a pesar de la poca luz, alcanzo a distinguir que ingresan al local tres personas. Casi simultáneamente, alguien me aferra el brazo. Me doy vuelta y es ELCOVE. Lleva un bonetito en la cabeza y una matraca en la otra mano. Se le deslizan serpentinas por el saco. Una vez más, me aparece la imagen del Padrino en una de sus tantas farras. Pero ELCOVE está alterado. "Vamos... ", dice, mientras prácticamente me arrastra a una puertita lateral por la que salimos a la calle. El aire fresco me hace reaccionar.
-¿Qué hacés acá? ¿Qué querés?
- Me necesitás. Subí... –Se despoja de los accesorios fiesteros, y ya está arriba del auto. No entiendo cómo tiene la llave, pero obedezco y me ubico en el asiento del acompañante. ELCOVE arranca raudo.
-Tenés a ElTony encima, pelotudo.
Miro hacia atrás y efectivamente, veo el Chevrolet rojo, todavía estacionado enfrente del piringundín.

(continuará)

XXIV. LAS PIEZAS DEL ROMPECABEZAS (2)

Conseguir velas a esta hora y en este barrio debe ser tarea tan imposible como desenredar la madeja de mis conjeturas. De modo que, ni bien llego a la puerta del caserón, saco mi encendedor para que interrumpa las tinieblas del patio hasta llegar a mi cuartito. Doy por descontado que el compañero equilibrista no volvió de su exitosa gira y por lo tanto la conexión clandestina no fue restablecida. No me equivoco. Sin embargo, el patio está iluminado a full. Mis amigos actores, reunidos allí, parecen haber libado copiosamente. Algunos, los que aún resisten, lo siguen haciendo frente a los restos de un gran asado. Me sale al cruce Palo, exultante.
-La que te perdiste, loco... Chupi y morfi de primera.
-¿Un contrato con Romay?
-Convite del arquitecto... –Señala.
Entre el grupo de borrachos, individualizo a Moreno, con pantaloncitos cortos, a pesar del frío.
-No sabés... –Prosigue Palito- Resultó ser un tipo de primera. Armamos una comisión y fuimos a explicarle que éramos una comunidad de actores investigando sobre teatro griego... Le mandamos cualquiera con tal que no nos deje en la calle... El tipo se reenganchó con el verso de la cultura, y no sólo nos firmó un contrato de... ¿Che, cómo dijo que se llamaba el contrato, el abogado de la Asociación? –Interpela a otro.
-De usu.. fruto... –Contesta el antagonista de voz aguardentosa. Y remata, con la acción física del brindis- ...de la vid.
Palo se ríe del gag, repetido seguramente a lo largo de toda la velada, y prosigue...
-También, ahí nomás, movió influencias para que nos conecten la luz... Por derecha. Y nos prometió gas, teléfono... Y un subsidio... Un capo, el arquitecto.
El susodicho nota mi presencia y parece reconocerme. Agitando la mano enfáticamente –quizá contagiado por la calidad expresiva de los que lo rodean-, me invita a acercarme.
-¿Qué dice el amigo de un amigo, que por ende, es amigo mío también? ¿Cómo anda el atorrante ése del Chiquito? Dígale, cuando lo vea, que en cualquier momento me caigo por allá...
Moreno se parece ahora al retrato pintado por el saladillense. Se nota que las libaciones etílicas lo transforman...
-Apropíncuese, nomás... Acá queda un resto de costillar y hemos procurado que el vino no falte... ¿Conoce el cuento del tipo que compra dos salamines y dos damajuanas de vino? Cuando llega a la casa el amigo le dice: Che... ¿no será mucho?... ¿Qué, el vino?, pregunta el otro. ¡No, boludo! ¡Los salamines!...
Los salamines, los salamines... repite el coro trágico, en puesta vanguardista, que debe ir, en esta escena, por el décimo ensayo. Me sumo a la lastimosa jocosidad reinante. No recuerdo cuando fue la última vez que comí. Antes, eso sí, voy a esconder bajo el camastro, la caja con los libros y la fotocopia y el original de la dos de Andanzas.
El asado está exquisito y el vino es de buena calidad. De a poco, los coreutas se van retirando a los cuartos, o directamente se tiran a dormir de cara al cielo estrellado. Cuando termino el cigarrillo del postre, he quedado solo con el arquitecto. Quizá sea el deus ex machina que necesitaba. Su estado me invita a la audacia. Calculo que dentro de un rato estará dormido como los otros, y mañana habrá olvidado cualquier pregunta peligrosa que pudiera formularle. Comienzo lateralmente...
-Me parece recordar que en su gestión se hizo un homenaje al creador de las historietas del Indio, ¿no?
-Muchos homenajes hicimos... No costaba nada... Formaban parte de un ciclo... "Se viene la homenajeada", lo habíamos titulado...
Las carcajadas que emite, por suerte, no despiertan a los artistas. Presiento, de todos modos, que no va a ser fácil...
-Cuando inauguraron la plazoleta del Maestro, estaba ahí otro conocido en común...
-¿Ah sí, che? No diga... ¿Quién?
-Pablo Sepia.
-Lo conozco a ese muchacho... Y vea lo que son las cosas... Una vez lo llevé a Saladillo... A la casa del Chiquito...
-Que curioso.
-Sepia estaba interesado por un libro, que tenía el atorrante aquél...
Se interrumpe, hipando.
-¿Un libro? ¿Cuál?
Mi incitación a que continúe el relato no surte efecto, porque el arquitecto, de pronto, parece haber caído en un sopor definitivo. Tengo que impedirlo, siempre y cuando encuentre algo en la cocina...
-¿No se tomaría un cafecito?... O unos mates –Amplío, por las dudas.
-Que café ni mate –Se despierta- ¡Champagne!... ¿Anda en auto, usted?...
-Sí, pero...
-Partamos. Conozco un piringundín, por la Chacarita, donde hay unas chicas preciosas...
-Usted me hablaba de Sepia, de un libro...
-Allá le cuento la historia... –Concluye, levantándose penosamente y acomodando su boina.

(continuará)

domingo, mayo 27, 2007

APUNTES SOBRE EDITORIAL UNIVERSO EN LOS '70

Dado que el amigo Sergio Maganás me insta a que vuelva a postear, y sabiendo que está haciendo un trabajo importante de listado de comparativo de publicaciones de Quinterno, le devuelvo la pelota y le dejo acá un aporte para que lo profundice. A él, justamente, le compré hace poco unas Andanzas y Correrías de arriba del 200. Esta somera listita da cuenta de algunos hitos que marcan el inevitable camino de decadencia de la editorial hacia “Selección de las Mejores”. Habría que investigar, también, que crisis interna generó que a finales de la numeración del cien - principios del 200 (comienzo de los ’70), aparecieran las primeras reediciones de semanales. Ahora, laburá vos, Pirata!!!
CORRERIAS Nº 251 (01-’75) “PROFECIA GITANA”: reedición, redibujada por tramos, de una aventura de Patoruzito semanal.
CORRERIAS Nº 266 (12 – '75) “SONRISAS... EL PAYASO”: extraña reaparición del dibujante que hizo Correrías por la numeración del ciento y pico. Es posible que sea una historia vieja, que no fuera publicada en su momento por deficiencias de calidad, pero que, contrastada con la etapa vigente, resultaba buena.
CORRERIAS Nº 283 (01-'77) “DIABOLICO ANGELITO”: reedición, bastante respetada, de una aventura de Patoruzito semanal.
CORRERIAS Nº 284 (02-'77) “EL EXTRAÑO PAYADOR”: reedición, bastante respetada, de una aventura de Patoruzito semanal, con el agregado de un corto episodio, también de semanales.
CORRERIAS Nº 287 (04-’77) “LOS CAROZOS DE BEN JUI””: reedición, redibujada por tramos, de una aventura de Patoruzito semanal.
CORRERIAS Nº 294 (08-’77) “ABOMINABLE REGALON”: reedición, muy mutilada, de una aventura de Patoruzito semanal del año ‘57.
ANDANZAS Nº 285 (07-’76) “LONJAZO PARA PAMPERO”: versión -redibujada íntegramente- de “EL FALSO HEROE”, que a su vez provenía de la Patoruzú semanal. En la Nº 51 de Andanzas se había adaptado el original, ya que quien resulta salvado es Upa, en vez de la Chacha. En esta versión se toma la de origen. Comparando los dibujos dan ganas de llorar.

XXIV. LAS PIEZAS DEL ROMPECABEZAS (1)

Cuando voy a subir al coche, del Chevrolet rojo (que no es el de la noventa y uno de Correrías, pero sí –ahora no me cabe duda- el que visitó dos veces el rancho de Barboza esta tarde), baja ElTony esgrimiendo una chequera y haciéndome señas que lo espere. Alcanzo a ver, sentados en el interior del coche, al morocho retacón y al flaco alto, amigos de Federica.
Huyo despavorido, aún a riesgo de perder toda mi colección.
Antes de volver a hablar con el dueño del Comic's Club, tengo que aclarar de qué se trata todo este entrecruzamiento de libros malditos y ejemplares codiciados de forma insensata. Y por supuesto, la entrevista tendrá que darse en un lugar más seguro que una estación de servicio de una ruta perdida en medio de la noche. Menos aún puedo exponerme a la peligrosa proximidad del CORSARIO y a la de su compañero que, supongo, podría llegar a ser, por las características descriptas por aquél, el mismísimo JUANJOS. Para más datos, me había escrito, en su último mail, que viajaba a La Plata y hablaba de sacarnos las caretas y volvía a mencionar la dos de Andanzas... ¿Cuál es el influjo de ese número, más específicamente del ejemplar de las crucecitas, detalle por el que, es posible, estuviera interesado desde el principio y que atraviesa también a ALLIPAC, a ElTony y al ahora difunto Obestein? ¿Cómo juegan las relaciones entre toda esta gente?
Si bien ELCOVE quedó en la estación de servicio, parece estar susurrándome, mientras exprimo el motor a ciento cincuenta, aún a riesgo de que explote, y sin que eso me preocupe demasiado, porque quiero, ante todo, que desaparezca del espejo retrovisor el auto rojo que me persigue y porque necesito llegar, a cualquier lado, pero llegar... Parece susurrarme, digo, que todos los personajes están conectados por un hilo casi imperceptible que se extiende hasta lo insospechado. RICHARD-LOLO tiene tratos con ElTony, al que le preguntó por la uno sin tapa de Correrías, y sin duda miente, para confundirme, cuando dice que colecciona solamente las del Indiecito y que jamás operó en la FERIA. ElTony fue socio del padre del CORSARIO en el Parque. El CORSARIO conoce a JUANJOS y es enemigo de ALLIPAC, y parece haber llegado a él a través de información que le sacó a Obestein, que tenía a Capillita como empleado y le confió su ejemplar de la dos para que lo guardara en la caja fuerte violentada o no, no se sabe, y que aparte, judíos ambos, era amigo de Isaac, uno de los fundadores del Parque, exiliado de allí en los primeros tiempos, los de ElTony y el padre del CORSARIO. El CORSARIO también está en tratos, quizá a través de FERIA FRANCA -en la que perdió sus añoradas medallitas por culpa de ELCOVE- con Federica, hija de RICHARD-LOLO, que bien podría ser FEDERICAFRANCA, los dos entrando esta mañana al local del Rey del Dulce junto al flaquito de unos treinta años, que bien podría ser JUANJOS, y que acompaña, en el auto rojo que visitó dos veces esta tarde el rancho, tan visitado de golpe, del ex –peón de los Quinteros, haciéndose pasar por parientes de ellos, que eran parientes del Maestro... ¿Cómo pudieron enterarse del remate, de la caja con los libros y revistas, de Barboza? ¿Cómo siguieron mi rastro? Deben haberlo hecho desde el rancho, me esperaron agazapados, buscando un lugar donde abordarme... O fueron al kiosco del amigo de mi ex - suegro para obligarlo a cantar, por eso estaba cerrado, lo deben haber levantado y, conseguida la información que buscaban -vaya a saber por qué medios-, tiraron por ahí al pobre infeliz, desde el auto rojo que ahora logré despistar, abandonando la ruta, metiéndome por los suburbios de Cañuelas, por calles desoladas que nunca pisé, ni aún cuando vine a coimear, por mandato de mi ex – mujer, al oficial de justicia que me dio la pista del Chiquito Cabello... JUANJOS, digo, que acompaña al CORSARIO y a ElTony, haciéndose pasar ante Barboza por parientes del Maestro... ElTony me busca a mí, o a ELCOVE, o a mi fotocopia, o a mi original de la dos, que le compré al kiosquero amigo de mi ex – suegro, que se la compró, a su vez al ex - peón de los Quinteros. ElTony es pieza común de todos los rompecabezas... Y hasta es posible ¿por qué no?, que me haya puesto en la necesidad de vender mi colección, de la que sólo busca la dos con crucecitas, que en realidad acabo de conseguir, busca insaciable quedarse con otro ejemplar más, si fuera cierto que el CORSARIO, que lo acompaña, le robó el original de mi fotocopia a ALLIPAC de su caja fuerte, como lo sugería, en medio de su delirio -que ahora creo verdad- el finado Obestein, cuando mencionaba al "pibe éste", refiriéndose, qué duda cabe, al morochito petizo que acompañaba a ElTony, que logró dejarme en la ruina, pretendiendo obtener así otra dos con crucecitas, provocando mi separación, urdiendo un complot con Federica, que me sedujo, y haciendo que me sorprenda in flagrante Graciela, que volvió no por la colitis de mi ex – suegro, sino por un llamado anónimo de JUANJOS, que tenía el número de teléfono del departamento de Mar del Plata... Y por si todo esto fuera poco, aparte está Ezra, que tiene como cliente a Picco, que anda atrás del Terre Magellaniche y que comparte sus investigaciones sobre el Maestro con Pablo Sepia, CORNALITO, que conoce a JUANJOS y que le escribe a ELCOVE, incitándolo a iniciarse, para evadir una supuesta y extraña conspiración que se teje alrededor de Vélez, en los misterios de ese libro, que tenía el Chiquito Cabello en su segunda edición, llevando ahora yo, en una caja, la primera, que perteneció al Maestro y fue dedicada por su autor, cuando ambos se encontraron en Buenos Aires, en el mismo año en que era traído de la Patagonia, Olkelkkenk, el último de los caciques tehuelches, al decir del saladillense, cuya hija tonta comercia exitosamente en FERIAFRANCA, aún ejemplares a los que le faltan páginas, y su padre vende libros a fuerza de carabina y es –o fue- amigo –o enemigo- del arquitecto Moreno, Secretario de Cultura del gobierno de la ciudad cuando se inauguró la plazoleta que lleva el nombre del Maestro, cuya placa fue descorrida por Sepia, anagrama de espía, que se presume, entonces, es amigo o conocido del arquitecto dueño de medio San Telmo y también del caserón ocupado por mis compañeros actores, donde ahora, con mi último aliento, y también el del auto, me dirijo.

(continuará)

EL REGRESO DEL INDIO (45): LLEGA LA CARAVANA Y ALGUIEN SALTA LA VENTANA