SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
Mostrando las entradas con la etiqueta Ghelderode. Mostrar todas las entradas
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viernes, febrero 24, 2023

OSTENTACIONES VARIAS (...de los últimos meses)

1) QUINTERNO. 

Un lote con el que nos esperamos más de una década y que merced a la reventa de repetidas, me salió prácticamente gratis. 

Siempre lo dije: en el coleccionismo la ansiedad de mala consejera...















2) CARISECA. 
Quien vio el ciclo de Mazzone en El Altillo de Dao (quien no, está a tiempo) sabe que al momento de grabar el capítulo de Cariseca no contaba con el nro. 1 de la revista. Lo cual constituía un problema porque fue el único personaje de Mazzone no preexistente. Era vital entonces, para conocer el origen de su extraña  transformación golpe en la nuca mediante. Suponía que Mazzone lo explicitaba en ese primer número, en clave paródica, por supuesto, a la manera del origen de los poderes de los súper héroes. Y así era, en efecto. Lo comprobé por imágenes que me facilitó un seguidor de mis videos y que usé como para salir del paso, con la pertinente mención.
El caso es que a fines de marzo del año pasado veo que un comerciante de La Plata publica la tapa de un álbum de vacaciones 1967 de la revista que indubitablemente remitía a ese primer episodio, reditado allí. Me le fui al humo, aunque sin revelar la excepcionalidad del tomo, claro. Inútil, porque resulta que este comerciante es también coleccionista y si bien lo mostraba no lo tenía a la venta.
A principios de octubre me vuelvo a cruzar con el álbum en lo de un conocido mercader capitalino. El precio me pareció excesivo. Aún cuando comprobé que el mercenario ignoraba el verdadero valor de la pieza, se negó al regateo. Por supuesto, lo volví a dejar en el estante .
Meses después le sugerí a una amiga de CABA que me debía favores de asesoramiento jurídico que una forma de compensación sería sorprenderme con esta revista.
Fue al local, seguía allí y al mismo precio, o sea que con la inflación galopante, terminó resultando una ganga para ella.
El estado es de kiosco.
Un coleccionista debe saber esperar, creo haberlo dicho, ¿no?...



3) GRILLO.
Un amigo librero me lo ofreció a precio de costo y no pude decir que no...


4) BRÓCCOLI.
Una pieza que no se encuentra con frecuencia. Regateo mediante y en cuotas con tarjeta, no se sintió para nada...


5) TBO y FLAX.
Dos miniaturas, dos regalos. El imán del TBO me lo trajo una amiga de España. El mazo de naipes fue retribución de un favor que le hice a un coleccionista marplatense.




Ya que hablamos de miniaturas y de Mar del Plata, dos pines conseguidos en Plaza Rocha... ¿no son bonitos?


6) TEATRO.
Es también materia de este blog, ¿o no? La Historia del Teatro Contemporáneo de Guerrero Zamora, de la que copié a mano, en los '80, durante meses, el capítulo de Michel de Ghelderode, en la Biblioteca Jose Ingenieros de Zárate, porque no la dejaban sacar para fotocopiar y que encontré hace poco en una librería de viejo en La Plata, y me dije que debería tenerla, pero no me gustó mucho el precio ($ 10.500), así que la rastreé en Mercado Libre y la encontré completa, los cuatro tomos por $ 2.000, a razón de 500 cada uno, un café, un regalo, los fuí a buscar por el Once a fines de enero y me los traje, cargados en dos mochilas, subte y cole, acá están, reunidos conmigo por fin, después de décadas...


7) BANDE DESSINÉE (no podía faltar) y FUMETTI.
Sigue habiendo grandes personas en el ambiente historietístico. Una mosca blanca entre los mercaderes del rubro, que suele recibir lotes insólitos y los vende a precios lógicos, no los que vas a encontrar en algunas comiquerías o en ML.
Dos de la BeDé y una tana, con particularidades: impresionante panorama de ediciones en Francia para mitad de los '80 en BD Magazine, arribo del enorme Alberto Breccia a Circus, el genial Jacovitti en Il Mago.
Como nos separa alguna distancia con el vendedor, me los envió a través de una colega que tiene en La Plata una librería de viejo que no conocía, donde encontré una edición de El Pequeño Nicolás en francés. Tengo la nacional, pero el precio hizo que me la trajese como curiosidad.





8) LANDRÚ. 
Para finalizar, compra muy reciente y con anécdota... Me quedé con la sangre en el ojo por no conseguir en la exposición del Museo Castagnino de Mar del Plata la edición especial de Landrú que sacaron justamente con temática marplatense. Solo se podía comprar la revista en CABA y en la Fundación. Extraño, ¿verdad? El contacto también lo es. Hay una especie de chat en la página web donde te atienden humana, rápida y diligentemente. Pregunté si podía pasar en feriado de carnaval, me dijeron que sí, pero que antes debía llenar un formulario colocando todos mis datos. Me remitieron al link, lo hice. Me contestaron por mail que las revistas (dos, porque se coló un amigo cuando le comenté) ya estaban reservadas y que podía ir.
Voy.
Dos y media de la tarde, toco el timbre del segundo piso de un edifico de Callao, donde funciona la Fundación. No atiende nadie.
Reclamo por la mensajería especial y por mail. Me contestan al toque por ambas vías que iban averiguar qué pasaba.
Resultó finalmente que no habían caído en la cuenta del feriado. Me proponen pasar otro día.
Les resalto que por eso mismo pregunté antes, que había viajado especialmente desde La Plata, y que no, que no podía pasar otro día.
Al toque recibo un mensaje de whatsapp de número desconocido.
Era el nieto de Landrú desde EEUU, que me consulta si puede llamarme. Le contesto que sí, obvio.
Se deshace en disculpas y me propone retirar los ejemplares en la casa de un familiar, muy cerca de la Fundación.
Acepto. Voy.
En la puerta me recibe Raúl Colombres, el hijo de Landrú, con las dos revistas en la mano y con nuevos pedidos de disculpas.
Muy insólito todo, pero una predisposición única para resolver malentendidos.




EPÍLOGO:
Parece como excesivo, pero se trata de una recopilación de material que fui incorporando en varios meses y que subía al Face, pero no aquí.
Me prometo postear más seguido, ya que este blog sigue siendo bastante visitado.
Algunos vienen a robar, claro... pero son los menos.

miércoles, octubre 02, 2019

DE SHOPPING POR ESPAÑA Y FRANCIA (1)

PRIMERA ESTACIÓN: BARCELONA

Ĺlegamos a Barcelona a las 6 de la mañana de un domingo y a las 11 estaba en la feria de San Antoni. O ya hay poco o yo a esta altura tengo mucho. Podía haber comprado una Lucky Luke de la nueva serie que fiché de entrada y supedité a lo que viera después. Cuando volví a localizarla justo me ganó de mano otro tipo. Lo único que me pareció raro es esta Astérix, que no compré. No compré nada en realidad, pero me gustó volver a San Antoni, con el mercado ya completamente restaurado...


(El cartelito reza "muy difícíl € 30". Se trata de una edición que hizo un grupo de ecologistas recortando viñetas de distintas aventuras e inventando textos)


Un amigo que está residiendo allá, y que es sabedor de mis aficiones, me dio el dato de una cueva por el Raval, que no había detectado en mi viaje anterior. Fui el lunes a primera hora y me encontré con el cartel adosado a un lateral. Debía volver al día siguiente...



Me sometí a los caprichosos horarios de El racó del colleccionista y valió la pena. Me hubiese cargado una valija de no ser por los precios. Tuve que limitarme a lo primordial, regatear bastante (logré un 13%) y tarjetear. El dueño, de todas maneras, un encanto de persona. Un poco mayor que yo, culto en tebeos y literatura, y de charla muy agradable. Lástima que por todas partes había carteles prohibiendo las fotos. Preferí el clima de cordialidad a intentar quebrar la norma, como es mi estilo.
He aquí lo poco adquirido.
Strapontin chez les gauchos es el cuarto álbum del personaje, un taxista. Fué publicado originariamente, en 1960, en la revista Tintin. Dibujado por el belga Berck, es uno de los pocos títulos de la serie guionado por Goscinny, y tiene la particularidad de transcurrir en Argentina.
Lo leí en francés y en digital hace años. Concluí que Goscinny no recordaba mucho de su estancia en el país o que no le había brindado suficiente instrucción al dibujante, que plasmó un riguroso ambiente mexicano (VER).
De todas maneras me propuse tenerlo.
Tarea nada fácil porque no fue reeditado. Lo encontré en Bruselas, en la edición de 1965 de Lombard, a un precio imposible.
Este Florencio -asi lo rebautizaron en España- y los gauchos (Jaimes, Barcelona, 1970) resultó bastante más accesible.



Sortilegios, libro de cuentos de Michel de Ghelderode, mi dramaturgo de cabecera, lo leí y releí durante décadas en el original francés. Cuando supe que salió una traducción española me agarró la curiosidad de comparar. Lo busqué en mis viajes, se lo encargué a amigos... nada. Por fin se me abre la posibilidad del cotejo.


martes, julio 27, 2010

HISTORIETA-PINTURA-TEATRO, por DAO

Carnaval en Ostende (Flandes), sobre el Mar del Norte. Noche del “Baile de la rata muerta”. Baile de máscaras en el casino. En un antiguo edificio de departamentos, se perpetra un crimen pasional. En el piso de abajo, un anciano, inválido durante más de veinte años, camina de pronto. Un cachalote encalla en la playa. De él sale un ejército de ratas. Apagón de luz sobre toda la ciudad. Cuando vuelve la electricidad, sobre la pista del casino yacen, rodeadas de ratas muertas, tres muchachas degolladas. La pareja que bailaba con una de ellas, estaba disfrazada de rata. Un joven inspector de policía es enviado desde Bruselas para investigar el caso...
Así comienza, cargada de sucesos extraños, Le Bal du rat mort, bande dessinée de origen belga (1980), con guión de Jan Bucquoy y dibujos de Jean-François Charles, que tardía y gozosamente acabo de descubrir.
Tendría unos catorce años, cuando leí por primera vez a Michel de Ghelderode. Quedé fascinado para toda la vida con este genial dramaturgo belga, cuyas obras sombrías, expresionistas, surreales, trancurren en su mayoría en el medioevo, al igual que Arthur, le Fantôme Justicier, de su coterráneo Cézard, quien había volado mi imaginación infantil desde las páginas de Billiken. A través de Ghelderode, conocí -además de Breughel y El Bosco- a James Ensor, pintor y grabador de la misma nacionalidad, que solía plasmar el carnaval ostendense y sus grotescas máscaras. Ghelderode le dedica una de sus piezas, Masques Ostendais.
El “Baile de la rata muerta” es un acontecimiento real, se celebra desde 1898, en conmemoración de la visita de Ensor y sus amigos al cabaret La Rata Muerta, durante un viaje en París que habían realizado dos años antes.
O sea que la historieta también homenajea al pintor.
Pero además Bucquoy, su autor, es régisseur. Una de las piezas que puso en escena poco antes de comenzar este guión, fue precisamente Masques Ostendais, de Michel de Ghelderode.

domingo, marzo 29, 2009

DE QUE HABLO CUANDO HABLO DE HISTORIETA

En otro mundo, el de los ’60, los que iban a escuelas privadas eran los burros que no se bancaban la exigencia de la pública. Esto favorecía que los pocos ricos se encontraran, en el plano de igualdad que nos otorgaba el guardapolvo, con los muchos pobres como yo. Fui compañero de primaria, por ejemplo, de un pibe cuyo padre era el dueño de la funeraria más importante de Zárate, y que no tenía ningún problema en cambiar mexicanas conmigo, humilde hijo de un laburante del frigorífico. No se de donde había rapiñado yo el pilón inicial, ya que todavía no compraba, para recibir a cambio aventuras de Batman y Súperman, que transcurrían en extraños planetas como el Mundo Bizarro y con personajes que encendían mi imaginación como Batmito o Mr. Mxyzptlk. Esas a su vez las iba cambiando con otros pibes de a una, y después de leerlas volvía con el pilón renovado a la casa del ricachón, en busca de nuevos canjes. No era fácil la transacción porque el hijo de puta ya se había leído todo lo recién publicado, entonces mi búsqueda por otros lares se orientaba hacia lo más viejo (la guita actual, que habré tenido entre manos en esa otra vida!). Las historietas eran fáciles de conseguir sin comprar. Fuera del canje, siempre había un amigo, un primo o un vecino que te las prestara o regalara. Era un material preciado solo para la lectura, después se convertía en descartable. Gracias a mis primos grandes de Capital descubrí las Correrías y las Andanzas (“El Teatro Maldito”, “El Fin del Mundo”, o alguna de ésas) cuando tenía apenas unos cinco años. Mi tío Ramón, el pudiente de la familia, que había abierto el primer kiosco de cigarrillos, golosinas y forros en pleno centro de Zárate, compraba todas las semanas la Patoruzú, y después de leerla me la dejaba a mí, lo mismo que los Libros de Oro. El Billiken era artículo de colegio, así que mis viejos solían comprármelo de tanto en tanto, y yo a lo primero que iba era a El Fantasma Justiciero, Pi-Pío o Pelopincho y Cachirula. Ahí también descubrí a Pratt con Ana de la Jungla (Ann y Dan), a Chick Bill y tantas otras. Anteojito fue medio tardía para mi generación, pero de todos modos, allí me enteré de la existencia de Sónoman y de Spirou. Circulaban, además, las Disneylandia, Tío Rico, Tribilín, La Zorra y el Cuervo, Lorenzo y Pepita, la Pequeña Lulú, Periquita, Archie... Cuando crecí un poco, desarrollé habilidades para lograr que mi vieja me diera guita, y empezó la etapa de comprar por mí mismo, pero sólo aquello que era digno de colección, a mi criterio. Tampoco era que hubiese coleccionistas. Es más, yo ni sabía que lo era. Decía que “juntaba” revistas. Ya conté en mi novela que el acto inaugural fue con “Monaguillo del Diablo”, en Correrías y “Platos Voladores”, en Andanzas. Pero también compraba -en la medida que mi vieja se ablandara- El Conventillo de Don Nicola y otras de Torino, así como Capicúa y otras de Mazzone. Mi peregrinaje por los kioscos era ansioso, sobre todo con las de Quinterno. En la época en que vivía en un barrio, llegada la fecha anunciada de publicación, me iba caminando hasta el centro, ya que allí estaban antes. Y siempre quedaba el recurso de la distribuidora, que a veces vendía al público, aunque de mala gana. Recuerdo que de “Puente al Otro Mundo” (una gran aventura de Correrías) conseguí ahí el único ejemplar que había llegado a Zárate, ignoro por que. Después, aparecieron revistas nuevas: Lúpin, y Antifaz, que las empecé del primer número (de nuevo pienso en la guita que tendría ahora, de haberlas conservado). También tuve las primeras Hijitus y Larguirucho, pero pronto dejaron de interesarme. Claro que tengo que agradecer a García Ferré haber leído por primera vez -maravillado- a Lucky Luke en Antifaz. Y más o menos por la misma época, Siete Días lanzó en fascículos a Astérix, que nuevamente me volvió a llegar gracias a mi tío Ramón, el pudiente (además, a través de él conocí El Eternauta de Gente, aunque no podía todavía apreciarlo). Pero ya debíamos andar por los ’70, y la historieta pasaba a ser cosa de chicos. Yo era “grande”, me dedicaba al teatro, leía a Brecht, a Shakespeare y a Ghelderode, así que regalé todo lo que tenía a un vecino, de un saque, en un sólo acto simbólico de ingreso a la “adultez”. Eso no obstó para que posteriormente siguiera comprando algunas cosas: Skorpio y todo lo de Récord, que marcó mi ingreso a la historieta “seria”, con la consiguiente gran y definitiva revelación de Oesterheld, Breccia y todos los grandes de una etapa que yo no había vivido, de la que algo conocía, pero que recién ahora me deslumbraba; también Satiricón, Mengano, Chaupinela, Humor, Súper Humor... De modo que no me alejé del todo. Volví a mis aficiones infantiles, a la historieta “cómica”, recién a mediados de los ’90, cuando me declaré coleccionista y me interesé por saber más de aquél mundo perdido.
De todo eso hablo cuando hablo de historieta. De otra galaxia, donde no existían las comiquerías, ni el manga, ni los lujosos álbums. Donde en cada kiosco, en cada casa, había abundante material del género para los pibes, leído de refilón los grandes. O sea, un tiempo donde la historieta no era “arte”, ni había llegado a la “adultez”, pero en cambio era inmensamente popular. Y conducía a un mundo de aventura que ya no existe. Una lástima, señores.