1) QUINTERNO.
Un lote con el que nos esperamos más de una década y que merced a la reventa de repetidas, me salió prácticamente gratis.
Siempre lo dije: en el coleccionismo la ansiedad de mala consejera...
1) QUINTERNO.
Un lote con el que nos esperamos más de una década y que merced a la reventa de repetidas, me salió prácticamente gratis.
Siempre lo dije: en el coleccionismo la ansiedad de mala consejera...
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migueldao57
a las
9:37 p.m.
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Etiquetas: Bande Dessinée, Breccia, Bróccoli, Coleccionismo, Ghelderode, Goscinny, Grillo, Jacovitti, Landrú, Lino Palacio, Mazzone, Quinterno, Sempé, Teatro
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| (El cartelito reza "muy difícíl € 30". Se trata de una edición que hizo un grupo de ecologistas recortando viñetas de distintas aventuras e inventando textos) |
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migueldao57
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8:38 p.m.
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Carnaval en Ostende (Flandes), sobre el Mar del Norte. Noche del “Baile de la rata muerta”. Baile de máscaras en el casino. En un antiguo edificio de departamentos, se perpetra un crimen pasional. En el piso de abajo, un anciano, inválido durante más de veinte años, camina de pronto. Un cachalote encalla en la playa. De él sale un ejército de ratas. Apagón de luz sobre toda la ciudad. Cuando vuelve la electricidad, sobre la pista del casino yacen, rodeadas de ratas muertas, tres muchachas degolladas. La pareja que bailaba con una de ellas, estaba disfrazada de rata. Un joven inspector de policía es enviado desde Bruselas para investigar el caso...
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Miguel Dao
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12:05 a.m.
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En otro mundo, el de los ’60, los que iban a escuelas privadas eran los burros que no se bancaban la exigencia de la pública. Esto favorecía que los pocos ricos se encontraran, en el plano de igualdad que nos otorgaba el guardapolvo, con los muchos pobres como yo. Fui compañero de primaria, por ejemplo, de un pibe cuyo padre era el dueño de la funeraria más importante de Zárate, y que no tenía ningún problema en cambiar mexicanas conmigo, humilde hijo de un laburante del frigorífico. No se de donde había rapiñado yo el pilón inicial, ya que todavía no compraba, para recibir a cambio aventuras de Batman y Súperman, que transcurrían en extraños planetas como el Mundo Bizarro y con personajes que encendían mi imaginación como Batmito o Mr. Mxyzptlk. Esas a su vez las iba cambiando con otros pibes de a una, y después de leerlas volvía con el pilón renovado a la casa del ricachón, en busca de nuevos canjes. No era fácil la transacción porque el hijo de puta ya se había leído todo lo recién publicado, entonces mi búsqueda por otros lares se orientaba hacia lo más viejo (la guita actual, que habré tenido entre manos en esa otra vida!). Las historietas eran fáciles de conseguir sin comprar. Fuera del canje, siempre había un amigo, un primo o un vecino que te las prestara o regalara. Era un material preciado solo para la lectura, después se convertía en descartable. Gracias a mis primos grandes de Capital descubrí las Correrías y las Andanzas (“El Teatro Maldito”, “El Fin del Mundo”, o alguna de ésas) cuando tenía apenas unos cinco años. Mi tío Ramón, el pudiente de la familia, que había abierto el primer kiosco de cigarrillos, golosinas y forros en pleno centro de Zárate, compraba todas las semanas la Patoruzú, y después de leerla me la dejaba a mí, lo mismo que los Libros de Oro. El Billiken era artículo de colegio, así que mis viejos solían comprármelo de tanto en tanto, y yo a lo primero que iba era a El Fantasma Justiciero, Pi-Pío o Pelopincho y Cachirula. Ahí también descubrí a Pratt con Ana de la Jungla (Ann y Dan), a Chick Bill y tantas otras. Anteojito fue medio tardía para mi generación, pero de todos modos, allí me enteré de la existencia de Sónoman y de Spirou. Circulaban, además, las Disneylandia, Tío Rico, Tribilín, La Zorra y el Cuervo, Lorenzo y Pepita, la Pequeña Lulú, Periquita, Archie... Cuando crecí un poco, desarrollé habilidades para lograr que mi vieja me diera guita, y empezó la etapa de comprar por mí mismo, pero sólo aquello que era digno de colección, a mi criterio. Tampoco era que hubiese coleccionistas. Es más, yo ni sabía que lo era. Decía que “juntaba” revistas. Ya conté en mi novela que el acto inaugural fue con “Monaguillo del Diablo”, en Correrías y “Platos Voladores”, en Andanzas. Pero también compraba -en la medida que mi vieja se ablandara- El Conventillo de Don Nicola y otras de Torino, así como Capicúa y otras de Mazzone. Mi peregrinaje por los kioscos era ansioso, sobre todo con las de Quinterno. En la época en que vivía en un barrio, llegada la fecha anunciada de publicación, me iba caminando hasta el centro, ya que allí estaban antes. Y siempre quedaba el recurso de la distribuidora, que a veces vendía al público, aunque de mala gana. Recuerdo que de “Puente al Otro Mundo” (una gran aventura de Correrías) conseguí ahí el único ejemplar que había llegado a Zárate, ignoro por que. Después, aparecieron revistas nuevas: Lúpin, y Antifaz, que las empecé del primer número (de nuevo pienso en la guita que tendría ahora, de haberlas conservado). También tuve las primeras Hijitus y Larguirucho, pero pronto dejaron de interesarme. Claro que tengo que agradecer a García Ferré haber leído por primera vez -maravillado- a Lucky Luke en Antifaz. Y más o menos por la misma época, Siete Días lanzó en fascículos a Astérix, que nuevamente me volvió a llegar gracias a mi tío Ramón, el pudiente (además, a través de él conocí El Eternauta de Gente, aunque no podía todavía apreciarlo). Pero ya debíamos andar por los ’70, y la historieta pasaba a ser cosa de chicos. Yo era “grande”, me dedicaba al teatro, leía a Brecht, a Shakespeare y a Ghelderode, así que regalé todo lo que tenía a un vecino, de un saque, en un sólo acto simbólico de ingreso a la “adultez”. Eso no obstó para que posteriormente siguiera comprando algunas cosas: Skorpio y todo lo de Récord, que marcó mi ingreso a la historieta “seria”, con la consiguiente gran y definitiva revelación de Oesterheld, Breccia y todos los grandes de una etapa que yo no había vivido, de la que algo conocía, pero que recién ahora me deslumbraba; también Satiricón, Mengano, Chaupinela, Humor, Súper Humor... De modo que no me alejé del todo. Volví a mis aficiones infantiles, a la historieta “cómica”, recién a mediados de los ’90, cuando me declaré coleccionista y me interesé por saber más de aquél mundo perdido.
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Miguel Dao
a las
7:41 p.m.
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Etiquetas: Bande Dessinée, Billiken, Edic.de la Urraca, García Ferré, Ghelderode, Oesterheld, Pratt, Qué es la Historieta?, Quinterno, Récord, Teatro, Torino