SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
Mostrando las entradas con la etiqueta Caloi. Mostrar todas las entradas
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sábado, abril 15, 2023

BRÓCCOLI NO ES VERDURITA

(Nota solicitada por la Agencia NOVA, que republico aquí con mínimas variantes y con su diagramación original)

Con 65 años a cuestas he presenciado, en vivo y en directo, varios acontecimientos historietísticos. Uno de ellos, ocurrió exactamente el 8 de marzo del año 1973. Ese día el diario Clarín modificó su página de “chistes”, comenzando así un proceso de reemplazo de tiras –mayoritariamente de sindicatos estadounidenses- que habían perdurado durante décadas, para dejar paso a jóvenes valores nacionales.

Por la misma época me llamó poderosamente la atención una portada que vi en un kiosco de revistas de la Estación Retiro, recuerdo. Se trataba de la flamante Satiricón.

El título de esta nota está tomado justamente de una página de esa publicación, aparecida en el número 11, de septiembre de 1973.


El factor común entre ambos acontecimientos es, claro, Alberto Bróccoli, que ya en el primer Suplemento de Humor Negro, ocupaba un sitio relevante en el staff.

Al igual que en Clarín, donde si bien subsistieron durante un tiempo los anacrónicos "Mutt y Jeff " y "De la crónica diaria", de Dobal, las nuevas luminarias fueron "El Loco Chávez" de Trillo-Altuna, "Bartolo y Clemente" de Caloi y "El Mago Fafá", del dibujante que nos ocupa. 

La historieta y las dos tiras mencionadas (una tira, aclaremos, se diferencia por el desarrollo argumental en pocos cuadros, y por ser autoconclusiva con remate) alcanzaron enorme popularidad. No me cabe duda que hoy en día "El Mago Fafá" merecería -al igual que las otras- reediciones permanentes, si su autor no hubiese fallecido tan joven.

La carrera de Bróccoli como humorista gráfico se extendió desde mediados de los sesenta, en que debutó con chistes sueltos en Tía Vicenta, hasta mediados de los ochenta en que falleció, a la edad de 42 años, cuando todavía se podía esperar mucho de él. Pero esos escasos veinte años de producción bastaron para inscribirlo entre los grandes. Trabajó en las revistas humorísticas más importantes de su época, en diarios y en semanarios de interés general.

Digo diarios en plural, porque como si no le bastara con el éxito que alcanzó en Clarín, creó en 1979 para La Nación una nueva tira: "Pérez Man". 

Su firma, además, venía apareciendo en la revista Siete Días Ilustrados desde no bien iniciada la década del '70, en donde se publicaba "Juan y el Preguntón", otro de sus principales hitos que después continuaría en el diario Tiempo Argentino, para recalar finalmente en la revista dominical de La Nación.  

Y ya en el terreno del rastreo detectivesco, como primicia exclusiva, he hallado dos tiras que preceden a las tres nombradas y que preanunciaban un talento singular. Se trata de "Bonifacio" (que firmaba con el seudónimo de "Histerio") y "Don Orlando el Jubilado". 

Ambas fueron publicadas en la revista Semana Gráfica en el año 1969. El jubilado, personaje anacrónico, porta un pájaro sobre su cabeza. No es de descartar que haya sido inspiración para el posterior Bartolo de Caloi.

En su corta vida, Bróccoli se hizo tiempo inclusive para escribir, junto al guionista Carlos Trillo, una trilogía de libros sobre el humor en la Argentina, que publicó el Centro Editor de América Latina.

Más allá de su oficio, Bróccoli era un apasionado de la historieta. Lo demuestran las constantes alusiones a otros autores del género, con recursos de metalenguaje. Para poner un simple ejemplo: El rival acérrimo de El Mago Fafá era Mandrake. El protagonista de la tira de Clarín vivía inmerso en un universo de historieta donde solía cruzarse con Mafalda, La Pequeña Lulú, Popeye, Mickey o Dagwood (entre nosotros Lorenzo, el marido de Pepita). Otro recurrente recurso de la tira era el "chisme del ambiente", y ese ambiente no podía ser otro, claro, que el historietístico.

También el mundo inmutable y surrealista de "Juan y el Preguntón" (dos únicos personajes, uno de ellos sentado en un escritorio) tiene su inspiración innegable en otra tira. Me refiero a "La mujer sentada", aparecida en 1964 en Francia, en Le Nouvel Observateur, pero de autor argentino radicado en ese país: el historietista, escritor y dramaturgo Raúl Damonte Taborda, más conocido como "Copi".

Finalmente "Pérez Man" es un hombre común, endeble y desvalido, pero enfundado en traje de superhéroe, en evidente parodia a los de DC o Marvel.

Mucho se ha escrito sobre estos personajes, y lo merecen, por supuesto. "El Mago Fafá" y "Juan y el Preguntón" se han recopilado en libros y han trascendido largamente nuestras fronteras. Existen en cambio muy pocas referencias al talento de Bróccoli en su faceta de humorista gráfico y dibujante.

Mengano, de Editorial Julio Korn, fue un quincenario de humor de excelente factura. Apareció por setiembre de 1974, fecha para nada casual, ya que coincide con la prohibición por decreto de Satiricón.  La transgresión permanente de la revista de  Oskar Blotta y cía. no fue soportada por el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Meterse con el sexo y la Iglesia (a más de la política y otros espinosos ítems), como lo hacía Bróccoli en un chiste integrado en diagramación a jovencitas en bikini, aparecido en el número 2, resultaba demasiado para aquellos tiempos turbulentos.


A Mengano emigraron muchos de los talentos de Satiricón, Bróccoli entre ellos, que volvió a ocupar un lugar relevante en la nueva publicación. En varias oportunidades, desde la primera página, en la sección "Menganoscopio", se anunciaban los logros del dibujante, tales como la aparición del primer tomo recopilatorio de "El Mago Fafá" en Ediciones de La Flor e incluso su repercusión en el exterior.

En el número 8, Bróccoli se luce como portadista. Allí sin dejar de hacer alusiones a la actualidad de la época, el tono es mesurado y se opta por la elipsis.


El tipo de humor que se desarrollaba en la nueva revista necesariamente debía hacer equilibrio para no sufrir la misma suerte que Satiricón y al mismo tiempo estar a tono con los lectores que ya habían empezado a tomarle el gusto a una audacia muy superior a la de Rico Tipo, por poner un ejemplo de décadas anteriores.

Esta limitación implicó, en el caso de Bróccoli, un despliegue imaginativo y gráfico que lo llevó a transitar brillantemente por tópicos de distinta índole.

"Este Bróccoli está verde", Mengano N° 2

La temática sexual, lo picaresco, no estaba ausente, aunque ejercida con mayor moderación, haciendo guiños al lector, sin necesidad de ser explícito. Bróccoli, además, se da el gusto de volver a la cita historietística, como en una página con temática de aerosoles, en que incluye a un Tarzán preocupado por las críticas de Jane a los efluvios que suele emanar.

"El aerosol sale para todos", Mengano N° 1

En cuanto a lo gráfico, se permite el virtuosismo que no le era posible ejercer en tiras diarias o semanales, donde la urgencia de la entrega lo obligaba a un trazo rápido y sintético. Un ejemplo maravilloso de página entera, cuya temática parece inspirada en "El combate entre el Carnaval y la Cuaresma" de Brueghel el Viejo, lo constituye el del inminente encuentro entre una comparsa circense (el circo es un elemento recurrente en Bróccoli) y un cortejo fúnebre.

Mengano N° 3

Para terminar, como frutilla del postre, un chiste gastronómico. Ilustraba –siempre en Mengano- una nota de Alejandro Dolina. Recuerdo el impacto que me causó cuando lo vi por primera vez, hace casi cincuenta años. Me sigue asombrando hoy la rotundez, la eficacia de su comicidad, con el recurso de un único y brevísimo texto repetido para dar énfasis expresivo, susurrado por el mozo a su colega, en referencia al comensal que, en segundo plano, degusta tranquilo su  almuerzo.  

"Los que escupen el asado. Oficios canallas. Hoy: los mozos", Mengano N° 14

Tengamos en cuenta que en toda una vertiente de humor gráfico, el dibujo ha sido simple ilustración del gag escrito. Aquí no: la frase se encuentra perfectamente integrada a la imagen, al punto que carecería de sentido la una sin la otra. Y existe además una doble apelación al lector. La primera, obviamente, es para completar la escena imaginando lo que puede llegar a contener el plato servido. La segunda, nos hace pensar en las veces que habremos estado en el lugar de la víctima.

Lo dicho... una pena que Bróccoli se nos haya ido tan joven.

martes, marzo 12, 2013

40


miércoles, mayo 09, 2012

DOS MENCIONES A PATORUZU EN LA PAGINA DE HUMOR DE CLARIN

Revisando desde la web de Clarín períodos de Clemente que no tenía muy frecuentados, me encontré con esta curiosidad del año 1999:

Y ya en este siglo, en el año 2003, para ser más precisos, Langer hace una mención mucho más explícita aún:

martes, mayo 08, 2012

jueves, julio 28, 2011

CALOI, JOAQUÍN MORALES SOLÁ Y CLEMENTE: "NO VA"

 
Este testimonio de Caloi podría integrar la serie "Cuando la historieta se vuelve peligrosa". Pero lo verdaderamente peligroso es cierto tipo de periodismo "independiente", que clama por la libertad de prensa... 

miércoles, diciembre 29, 2010

BARTOLO '75 (5)

lunes, diciembre 27, 2010

BARTOLO '75 (4)

viernes, diciembre 24, 2010

BARTOLO '75 (3)

jueves, diciembre 23, 2010

BARTOLO '75 (2)

miércoles, diciembre 22, 2010

BARTOLO '75 (1)

sábado, junio 05, 2010

LAINO, LA REVISTA DIBUJANTES Y SAGRERA

Osvaldo Laino ha tenido la brillante iniciativa de crear un blog desde donde se pueden descargar los números de la mítica revista "Dibujantes", con el aditamento de notas actuales. Así, en los cuatro que ya lleva subidos se ha ocupado sucesivamente de Oswal, Caloi, Grillo y Maicas. Los que todavía no hayan visitado el blog, vayan corriendo: http://revista-dibujantes.blogspot.com/ .
Y ya que venimos hablando de Sagrera (fundador de "Dibujantes"), robo del número 2 escanneado por Laino, dos imágenes usadas para ilustrar las notas sobre técnicas de dibujo e historieta que caracterizaban a la revista.

sábado, mayo 22, 2010

VIEJOS RECORTES


1) DE LA HISTORIETA A LA "REALIDAD": En 1977, la entonces famosa actriz Marta Albertini protagonizó -en la vida real- un confuso episodio de secuestro, aparentemente fraguado. El cronista de La Opinión lo equipara con una historieta aparecida en la revista Skorpio un año antes.

2) DEL CINE A LA HISTORIETA: El mismo diario publicaba una tira, dibujada por Joe Marthen, cuyo protagonista era el mismísimo Woody Allen.

3) DE LA MUSICA A LA HISTORIETA: Caloi, en la revista Viva, "historietiza" una canción de Serrat. Joyita.

4) DE LA PAGINA DE HISTORIETAS AL SUPLEMENTO CULTURAL: Reproducción aparecida en el suplemento de cultura de La Nación (06/02/77) del primer Grafodrama, titulado "Alcancía", y publicado en ese diario, en diciembre de 1941.

miércoles, noviembre 19, 2008

CHARLA DE SUSANA MUZIO (última parte)

Asociando con la obsesión de Quinterno por construir un personaje representativo de lo nacional, Susana Muzio derivó la charla hacia una línea de historietistas que -en este sentido- fueron sus continuadores. Así rescató, entre otras, dos tiras del diario Clarín: Teodoro y Cía., de Viuti y El Loco Chávez, de Trillo y Altuna. Curiosamente, ambos personajes tenían una base de operaciones similar. Teodoro era cadete de una oficina, y el Loco comenzaba sus aventuras casi invariablemente desde la redacción del diario en que trabajaba como periodista. Podría emparentarse esto a dos creaciones que durante décadas aparecieron en la revista Patoruzú: Don Fierro, del propio Quinterno y Mordancio, Jefe y Mártir (o Motín a Bordo), de Battaglia. Así, la oficina, desde diferentes ópticas, surge como una constante, apuntando a un vasto sector de clase media que reconocía en esas historietas personajes y situaciones de su entorno. El mismo espectro social es reflejado, desde el punto de vista de la familia, por Mafalda. Y hoy en día, en una sociedad pauperizada, La Nelly viene a contar las peripecias de la clase media baja. Fuera de lo urbano, el gran exponente de historieta popular fue Inodoro Pereyra. La inicial sátira a la épica gauchesca podía haber tenido vuelo corto, si Fontanarrosa no hubiera conectado rápidamente con cuestiones que les eran cercanas a las gentes de provincia. Como se ve, poco importa para la llegada al público que el tratamiento sea de comedia con atisbos realistas o absolutamente disparatado, en tanto el planteo básico contenga elementos identificatorios con aquél. Por otra parte, el éxito de El Eternauta radica, a mi entender, no tanto en la potencia fantástica y alegórica de su fábula, sino en que la misma arranca y se desarrolla en un entorno y con personajes absolutamente reconocibles. Otro ejemplo de popularidad en la historieta es Clemente, que siendo un bicho inclasificable y habiendo a menudo transitado por los terrenos del absurdo poético, posee una idiosincrasia profundamente argentina.
No se me escapa que casi todos los personajes citados son de Clarín. Cabría entonces la pregunta si su popularidad no proviene del medio en que fueron publicados. Por supuesto que influye. Pero independientemente del juicio que merezca el diario de la viuda, no cabe duda que tiene por objetivo primario la llegada masiva. Ergo, la elección de todos sus componentes, incluidas las tiras cómicas, apunta a ello.
Llegados a esta instancia, y como reflexión final derivada de la charla de Muzio, cabría pensar que los lamentos por la pérdida de popularidad de la historieta, tienen algo de infundados. En los diarios, sigue incólume. En los kioscos, las revistas de Mazzone, Quinterno, o Torino, son suplantados por los libritos de
Gaturro,
Mafalda,
Clemente
o Macanudo. Son menos títulos, es cierto, y en la línea exclusiva de la tira cómica. Por otra parte, la continuidad de revistas humorísticas del tipo de Patoruzú, Rico Tipo, Satiricón, Humor, se ha quebrado. Quizá el único exponente actual sea Barcelona, pero muy lejana a la tirada de aquéllas. Y la historieta “seria” se limita a la Fierro, que también es para un público muy restringido. Por último, el camino para reflotar el consumo de la historieta de aventura no puede ser nunca el de Columba o Récord, que propone Magma. El tiempo no transcurre en vano. Dejo de lado el material historietístico nacional que se puede hallar en librerías o comiquerías porque -vale aclararlo para algún despistado- el tema de Muzio y de este post pasa por el consumo popular del género.
Entonces, la ecuación correctamente planteada sería: un tipo de historieta continúa teniendo enorme repercusión y otro ha perdido mucho terreno. Los que permanecen en el candelero son, sin duda, los que siguen usando la brújula que tenía Quinterno para dirigir sus creaciones. Dicho más claramente, los que todavía siguen apostando a comunicarse con su público, a buscar puntos de contacto con él. Tanto sea desde lenguajes bastardos y demagógicos, como los de Nik, o extrañados, como los que utiliza Liniers. Ahora, los que se han convencido de que la historieta es un arte y se miran el ombligo, los que creen que los modelos del género deben buscarse en el mongo o en los superhéroes, los que se quedaron en el tiempo... tienen todo el derecho a hacerlo. Pero no pueden quejarse de su falta de popularidad. Bánquensela, m’hijos. Calavera no chilla.

miércoles, abril 16, 2008

CUANDO LA HISTORIETA SE VUELVE PELIGROSA (6)

Un diputado macrista ha propuesto en estos días recordar “con agrado el trigésimo aniversario de la consagración de la Selección Nacional de Fútbol en el Campeonato Mundial llevado a cabo en nuestro país en el mes de junio del año 78″.
Yo -superando el asco- prefiero recordarlo de otra forma. Desde Clemente y su guerra de papelitos contra el relator José María Muñoz.

En un reportaje publicado en Página 12, en el 2006 (ver), Caloi dice: “Era una época en la que estaba todo prohibido. El único huequito en el que uno podía colar una opinión sobre el presente era a través del humor y el Mundial. Muñoz representaba a la voz oficial de la dictadura, que decía que no había que tirar papelitos a la cancha, y Clemente era la voz contestataria, estimulando a que la gente recibiera a la Selección con papelitos. Fue maravillosa la respuesta popular que en ese momento recibió Clemente.”
En rigor, no se trata de un caso de peligro creado por la historieta, pero sí de resistencia. Pequeña, dadas las circunstancias históricas, pero resistencia al fin.

(Por si alguno no recuerda el rostro de quien hoy no me recomienda, aclaro que se trata del aludido Muñoz, cuyas grasas -espero- estén derritiéndose en el infierno)

jueves, marzo 20, 2008

ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LA "ARTISTICIDAD"...

Ya estamos en Semana Santa. Recojámonos (en el sentido menos divertido de la palabra) y meditemos...
Yo me rajo unos días por ahi (...no digo dónde, a ver si me persiguen) y voy a habilitar la moderación de comentarios, mientras tanto. No me queda otro remedio.
Me gustaría comprobar a mi vuelta que si se llegara a generar alguna opinión sobre este post, verse respecto al mismo y se formule en términos no agresivos, aún en el disenso. Si la/s hubiere, la/s publicaré el martes. Si en cambio dejaren de otro tipo de mensajes, va a ser al pedo, porque lo primero que haré será borrarlos.
La provocación para lo que voy a desarrollar partió del querido Federico y tiene que ver con la nota sobre los resultados de la encuesta. Pero lo haré dejando de lado ya los ejemplos puntuales a los que me he venido refiriendo. En todo caso, mencionaré otros, o -con perdón de la inmodestia- hablaré de mí.
Dice Fede: ‘habría mucho para pensar sobre estas cuestiones de la "artisticidad"’ y también ‘¡Siga con el tema, eh!’.
Creo interpretar a que se refiere, y si no, él tendrá como siempre el espacio abierto para enderezar la cuestión hacia donde le interese.
Yo no tengo muchas certezas sobre lo que sigue y aclaro que apenas tiro apuntes, disparadores para reflexionar conjuntamente, que es lo que en general intento.
Es difícil la situación del creador en nuestros tiempos. No pretendo historiar nada en forma rigurosa, pero parto del supuesto que hoy en día los mecanismos de producción cultural son muchísimo más complejos que en épocas pasadas.
En mi gremio, el teatro, somos muchos, y pocos los que subsisten solo con su propio oficio. La mayoría, como yo, tiene que dedicarse paralelamente a otra cosa para sobrevivir. O a ramificaciones del métier, como la docencia, aún cuando no se tenga mucha vocación ni preparación para ello. Pero ese rubro también está saturado, a esta altura del partido.
Hace poco, un amigo actor, integrante de un grupo muy conocido y exitoso, me decía que después de años de vivir exclusivamente del teatro, tenía que volver a aceptar otro tipo de laburo que nada que ver con lo artístico.
Yo soy básicamente un teatrero independiente. Lejos del circuito comercial. A lo sumo he participado de proyectos que contaban con apoyo oficial o he sido contratado directamente por algún organismo estatal, provincial, municipal. Hice muy poco en publicidad, o en trabajos financiados por empresas de cualquier tipo. Nunca intenté el cine ni la televisión, en la que si a uno le va bien, puede hacer buena guita. No lo busco, pero si algún día se diera, no digo que me disgustaría hacerlo. Depende de qué, de cómo y de cuánto. Vivo relativamente bien con lo que me deja el teatro y mis otros laburos, que me gustan y estoy muy cómodo con ellos. No tiraría todo por la borda por poner la jeta y ser “conocido”.
O sea que, hasta ahora, el diablo no ha venido a tentarme.
Hablando de Satanás... De adolescente, frecuentaba la Acción Católica y ya hacía teatro. Un cura tercermundista, que lideraba el grupo juvenil, me planteó este dilema: “Si tuvieras que optar por darle de comer a tu familia, a costa de ofrecerle mierda al público... qué elegirías?”.
Precisamente, porque me dedico a otras cosas para ganar el sustento diario, todavía no he podido dar respuesta a esa pregunta. Obvio que podría hacerlo desde lo teórico. Pero uno es lo que elige desde la práctica social cotidiana. Pepe Soriano empezaba “El loro calabrés” con esta frase que le había escrito un amigo y que me quedó grabada: “Caro Pepe: uno es lo que uno hace y uno hace lo que uno es”.
Por el momento, todo lo que hice en el teatro obedece -en poco más o en poco menos- a lo que deseaba hacer, más allá de los resultados. Aún cuando se me marcaran pautas he tenido la suficiente libertad creativa como para sentirme cómodo. No se qué me podría pasar en otros circuitos.
Quizá el darle respuesta a aquella pregunta, formulada treinta y siete años atrás por un tipo que ya debe haber muerto, sea lo que hace que sienta aún alguna curiosidad por conocer el “éxito”, en el sentido que le da al término esta sociedad. Lo digo con absoluta honestidad.
Claro que el dilema es extremo. No necesariamente, la lucha por la subsistencia implica tener que hacer basura. Pero paradójicamente, cuanto más se asciende en esta carrera, más esfuerzos cuesta mantenerse y menos posibilidades de elección se tienen. Hay excepciones, por supuesto. Alcón es un dignísimo ejemplo. Se ganó su lugar a fuerza de talento y elige libremente lo que quiere hacer. Aunque creo que no se lo puede encuadrar exactamente en la clase de carrera y de éxito que hablo.
El “éxito” entendido en términos del imaginario social, en esta profesión, pasa fundamentalmente por la televisión, en menor medida por el cine, y de última, por el teatro. En los dos últimos, sin la primera, se puede conseguir “prestigio”, que es otra cosa. “Exito” para la mayoría de la gente, equivale a popularidad.
Tampoco la tentación del diablo cobra formas obvias. Hanna Arendt describió magistralmente “la banalidad del mal”. Muy lejos de Eichmann, lo menciono acá en el sentido de pequeñas razones, autoengaños, ínfimas concesiones a la tentación, que suelen conducir a un camino sin retorno al creador que sostiene algunos principios. El que de entrada aspira al “éxito” por el “éxito” mismo, no se plantea dilemas morales en la tarea de alcanzarlo, y menos aún en la de sostenerlo una vez conseguido.
Hay muy buenos actores, surgidos del teatro, que terminaron arruinados por la maquinaria televisiva. Es posible que al principio se hayan propuesto usar el medio como un vehículo para sustentar proyectos mucho más importantes en lo creativo. Pocos son los que lo logran. En general terminan haciendo en teatro -si vuelven a él- un producto destinado al mismo público del último suceso televisivo, con idénticas herramientas.
Cuando rescato la frase de Biondi, en el post anterior, no se me escapa que pertenece a un tiempo donde la tevé no era aún el fabuloso negocio que es ahora.
Pero refirámonos, incluso, a “éxitos” más modestos, como pueden ser los del campo de la historieta. No por subestimar el género, sino porque cae de maduro que la industria que mueve tiene mucho menos alcance masivo.
Podría, con esta salvedad, asimilarse el “éxito” televisivo con el publicar en diarios, para el caso de los historietistas?
Revistas de historietas, que yo sepa, hay solo una en la Argentina, financiada precisamente por Página 12, y otra que recién empieza. Después, existen algunas editoriales que -saludablemente- empiezan a publicar en formato libro. Y finalmente fanzines. Ninguno de estos vehículos tiene la capacidad de llegada de una tira en cualquier diario.
Las descriptas son -creo- las únicas otras posibilidades de inserción en el mercado o de hacer conocer sus trabajos (aparte de la web, donde no hay dinero de por medio) para los historietistas. Estoy hablando específicamente del género y de estos pagos, claro.
Entonces se me ocurre que la hipótesis que arriesgo puede ser usada por un rato, hasta que algún argumento, de gente que conoce más este métier, la desmienta.
Hay un perfil de lector para cada periódico. Obviamente que no podemos caer en el clisé de decir que todos los que leen La Nación son gorilas ni que todos los que leen Página o el nuevo diario de Lanata sean “progres”. Pero existe una tendencia más o menos objetiva, me parece.
Sea cual fuere la característica de ese lector promedio en cada publicación, ejerce de algún modo una presión sobre los dibujantes, los periodistas, el diario todo. Es un ida y vuelta. La empresa editorial se dirige hacia un segmento de mercado, simbolizado por un tipo de lector, contrata a la gente que puede complacer sus gustos y tira líneas hacia allí. Pero el lector concreto, a su vez, influye sobre la orientación general del diario. Se me ocurre que todos los grandes matutinos harán frecuentes estudios de marketing e irán orientando sus rumbos de acuerdo a la recepción que encuentren. Quizá esto no alcance a la última página, la de los “chistes”. Pero el diario es un todo.
Hay un viejo aserto que dice que en la Argentina, los medios gráficos de derecha tienen a gente de izquierda ocupándose de la cultura. Uno podría ponerse en tremendista ideológico y vociferar que esos intelectuales y/o creadores son funcionales al medio en que publican. Sería injusto. De una manera u otra, todos somos funcionales al sistema, aún a nuestro pesar y aún cuando busquemos denodadamente las fisuras para ofrecer resistencia.
Hablo de influencias, de cambios más sutiles. De un diálogo mudo, a menudo inconciente, entre el contexto del diario, el creador y sus lectores. Aunque éstos últimos, cuando de humor se trata, suelen reírse una vez y después poner el aplauso en piloto automático.
Federico ha señalado aquí el envejecimiento de la última página del Clarín, que fue -acoté yo- revolucionaria en su momento respecto al género. Hay evidencias generacionales, incluso. Primero se nos fue Bróccoli, hace poco Fontanarrosa, acaba de morir Guinzburg. Circunstancias que parecieran no tener que ver con lo desarrollado hasta ahora, pero que también influyen. Es cierto que la mayor parte de las veces observamos chistes escritos con un dibujo ilustrativo que no agrega. Creadores que han demostrado sobradamente su valía, como Caloi, parecen adormecerse de a ratos. El soplo nuevo de “La Nelly” no alcanza para contrarrestar y el maestro Sábat, siempre brillante, anda por otras páginas, bastante lejos. Sin embargo, estas cosas las percibe Federico. A regañadientes las admito yo. Pasará con unos cuantos más. Ese no demasiado definido lector promedio no reclama nada, sigue conforme.
Voy a lo siguiente... Alguien que se pretenda creador, “artista” (no en el sentido del resultado, ni de proclamarlo, sino como actitud) y no meramente artesano con más o menos habilidad, tendría que estar alerta sobre todos estos peligros. El único reloj despertador en que se puede confiar, a veces, es el del propio juicio.
Tampoco lo que se reclama tiene una dimensión tremendista. No se trata de llamarse a retiro para reflexionar largamente sobre los rumbos creativos. Eso lo pueden hacer pocos, habiendo alcanzado sobradamente los medios para el sustento, lo cual no quita de todos modos la valentía de hacerlo. Se trataría de no acostumbrarse. De no repetir una fórmula que puede haber sido válida en el momento que se generó pero que termina convirtiéndose en clisé. Se trataría también de no perder una mirada crítica al contexto en que se trabaja, de estar alerta a las posibles modificaciones que se van generando, y que pueden ser poco perceptibles. De no complacerse con el aplauso fácil. De proponerse desafíos permanentes, en definitiva. Eso se puede hacer todavía desde la última página de un diario, aunque no desde la televisión, donde por más que uno quiera probar algo distinto, lo que manda es el minuto a minuto del rating.
Peldaños más abajo en la escalera del “éxito” es todavía más fácil permitirse las búsquedas. Sin embargo, hay otro tipo de mirada sobre el “éxito”, de índole más subjetiva. La reivindico cuando los parámetros son absolutamente propios. Qué quiero decir? Yo no me creo un tipo exitoso, porque no me planteo la cuestión en esos términos. Pero sí estoy seguro de ser una persona afortunada, por muchos logros personales que no tienen que ver con el sistema de valoración de los demás. En cambio, hay gente que cree haber alcanzado el “éxito” (otro tipo de éxito), porque publica en “Fierro”, por ejemplo. Y para no andar con eufemismos, me refiero concretamente al lamentable caso de Quattordio, que ya provoca vergüenza ajena. Este muchacho (no tanto, según me han dicho) cree ser el rey de la trasgresión y haberse convertido en el Crumb del subdesarrollo, sólo porque tiene el caprichoso respaldo de Sasturain. Hace un papel lamentable, realmente. Lo suyo no tiene nada de creación, ni de originalidad. Es lisa y llanamente burdo.

Pero ya me fui por las ramas y es tarde para volver al tronco...
Reitero que la cuestión es ardua, que estos son apenas apuntes, y pido disculpas si en algún tramo me ganó mi inclinación a pontificar. En todo caso, si notan el dedo en alto, reparen también en el gesto que lo acompaña.
Felices Pascuas. La casa queda en orden... al menos hasta que vuelva.

sábado, marzo 08, 2008

miércoles, marzo 05, 2008

CONTRASTES

Al día de la fecha, la "marchita" última página de Clarín, todavía produce joyitas como ésta:
En cambio -también hoy-, la "lozana" sección de chistes de La Nación, aburre de esta manera:

CANJEO: 10 JOVENES PROMESAS X 1 SOLO VETERANO

Con 50 años a cuestas, he presenciado, en vivo y en directo, varios acontecimientos históricos. Uno de ellos, en el terreno de la historieta, ocurrió un día del año 1973. El diario Clarín había modificado radicalmente su última página, la de los “chistes”. Si bien subsistieron durante un tiempo allí los anacrónicos "Mutt y Jeff " y "De la crónica diaria", de Dobal, ahora convivían con "El Loco Chávez", "El Mago Fafa" y "Clemente". Y en el puro humor debutaban Ian, Crist y Fontanarrosa.
Como renovación fue trascendental. En el terreno de las costumbres, paradójicamente, tuvo una consecuencia de tinte conservadora. Hizo volver a los lectores a un tiempo anterior en que se comenzaba a leer el diario por las tiras de Quinterno o Mazzone. O sea que se le devolvió a la historieta un lugar que había perdido.
Han pasado treinta y cinco años desde entonces. Dicho lapso es más o menos la edad de esos imberbes que gritan hoy, irrespetuosamente, "la última página del Clarín es una colección de chistes verbales con dibujitos abajo" (ver).
Yo me podría pasar meses subiendo en el “Chistonto del día”, cuadritos que desmientan a Federico. Pero él y yo sabríamos que eso no pasaría de chicana. Son más numerosos los ejemplos que le dan la razón.
La última página del Clarín ha perdido frescura, es cierto. Así y todo, sigue deparando sorpresas como "La Nelly", que es muy buena, y se lo discuto a cualquiera que esté dispuesto a debatir con argumentos serios.
No quita esto admitir la razón que, en parte, le asiste a Federico. Pero qué quieren? Caloi -por ejemplo- ya se experimentó todo con "Clemente". Y aún así, lo sigue intentando.

Sería bueno que se revisaran las series de la síntesis, las aceitunas, las hormiguitis, el payador, la prehistoria, el súperyo, la trampa del orsái, el piojo, el Clem’s Clú, el duelo de hinchadas... uff, tantísimas!. Si se tomaran ese trabajo, muchos lectores de chistes de otros diarios, descubrirían con asombro cuanto le deben a Caloi los que vinieron después.
En estos días, los fanáticos de Liniers le festejan hasta la obsecuencia un “crossover” (¡...!) con la tira de arriba (
ver).
He dicho que el Virrey explica demasiado. Vengo visitando su blog en busca de las maravillas que me prometen mis refutadores y que aún no encuentro. He notado -y le contesto con esto a Tony- que en sus últimas tiras, al menos, brinda una interpretación unívoca de ellas, la propia. Así pasó con Los Soprano, con el pantalón nevado, y ahora con la jirafa. Le objeté eso acá y en su propio blog, pero no se ha dignado a contestarme, lo cual no tiene por qué hacer, es cierto.
Si insisto en que se trata de un error de su parte, es porque su tira con la cabeza trunca de la jirafa, en el caso, abre un universo de asociaciones mucho más interesante que cuando se complementa con la de arriba. Es posible que, como aventuro en mi reflexión metafísica, la clientela del Virrey no esté muy acostumbrada a asociar libremente.
Será en vano argumentar, entonces, que la originalidad de su ídolo no lo es tanta, dado que Caloi, junto a sus compañeros de Clarín, se cansaron de hacer travesuras de este tipo. Al punto que -lamento no haber guardado los ejemplares- toda la última página llegó a estar interrelacionada (“hazaña” que ahora le reclaman al semi-monarca sus súbditos, para culminar su coronación).
Federico dirá: “Y...? Todo tiene un antecedente”.
Yo contesto: No veo que las nuevas generaciones de humoristas le otorguen a Caloi, por ejemplo, el reconocimiento que merece en ése y otros sentidos. Sí, curiosamente, lo hacen con Quino, que no juega en la misma categoría. Entonces deduzco que la omisión, puede tener que ver con que Caloi todavía siga dando clases desde la contratapa del Clarín. Quizá, el día que se retire y deje de ser competencia desigual, sus colegas le hagan justicia.

Lo del título, muchachos...