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Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
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lunes, julio 21, 2008

FEDE, LOS FRIQUIS, EL ASCO...

Resulta que hace un tiempito, el Fede me lanzó el insólito desafío de acompañarlo en una charla que le invitaron a dar, en un evento friqui que se hacía en el Centro Cultural Malvinas, a pocas cuadras de mi casa, este domingo. Decliné gentilmente la propuesta, dado que me reclamaban mis tareas actorales, y no cerraban los tiempos. Pero esto no me impidió darme una vuelta rápida pa’ curiosear. Yo abrigaba la esperanza de encontrar al Fede e invitarlo a un café. Tenía una hora, y no bien llegué me dí cuenta que recorrer las instalaciones me llevaría no más de cinco minutos. Nunca había estado en estas extrañas ferias de cómics. La de marras parece que pertenecía a la rama del minga, y ocupaba dos salones del Malvinas y un espacio de la plazoleta interna. En uno de los salones, había mesitas donde varias editoriales ofrecían mayoritariamente bosta. En el otro, se proyectaban esos perversos dibujitos japoneses, que -dicen- generan convulsiones. En la plazoleta, enseñaban a armar muñequitos o algo así. Lo que me cautivó fue la fauna.
No conozco el rostro de Federico, salvo por el dibujito con que acompaña aquí sus polémicas y tercas intervenciones. En él aparece gordito y con barba. Entonces me dije: bastará encontrar alguien de esas características que, además, tenga pinta de intelectual. Gorditos con barba había varios. Con cara de intelectual, ninguno. Ni siquiera de inteligente. Casi diría que todo lo contrario.
Si bien manejaba datos del mundo friqui, por primera vez se desplegaba ante mis ojos con su máximo esplendor. Adolescentes, en abrumadora mayoría. Me sentía Matusalén ahí. Las hembras escuálidas, con ropajes inverosímiles (mucho negro, mucha gasa), pelos azules y rojizos. Algunas con aparatos y anteojos culo de botella. Los machos granujientos, panzones de hamburguesas, y uniformados de remeras negras con inscripciones en inglés. Muchos ejemplares de la especie, de uno y otro sexo, portaban extrañas orejas (de Mickey?) y/o alitas en la espalda. Y algunos estaban disfrazados íntegramente, incluyendo caretas de carnaval. Casi todos portaban aritos y porquerías clavadas en distintas partes del cuerpo. Mucha tacha.
Me llamaron la atención particularmente tres especimenes masculinos que ensayaban una extraña coreografía sobre el escenarito del patio interno. Sus abdómenes se agitaban con los descoordinados movimientos, al son de la letanía que canturreaban (no se sabe si desafinadamente, dado que quizá fuese una invocación a Yoth-Sogoth). Me llevaron a asociar dos géneros cinematográficos aparentemente incompatibles: las películas de los Hermanos Marx, con las de terror de clase B.
Aunque uno de los bailarines, además de panza, tenía barba, descarté que fuera el Fede. No avizorándolo tampoco en el pobladísimo reducto de los stands, y no teniendo, en consecuencia, salvoconducto para estar allí, temí que las miradas se volvieran hacia mi persona y que dedos con uñas fosforescentes me señalaran, al grito de “Un infiltrado!!!”.
No parecían de temer los friquis. Mas bien uno los adivinaba acomplejados y temerosos a ellos, sólo cómodos en su mundillo. Pero eran muchos. Corría el riesgo de terminar como en La Naranja Mecánica, con los párpados inmovilizados, viendo esos espantosos dibujos japoneses durante horas, y no pudiendo siquiera avisar al Cervantes que se suspendía la función. Así que decidí, promediando el tránsito por el salón donde se vendía la mierda superheroica y minguesca, comprar algo para despistar, aunque luego lo tuviera que tirar a la basura.
Milagrosamente me encuentro con un stand de Domus. Allí diviso dos libritos. Uno ya lo había visto en comiquerías, y no le había prestado atención. Pero aquí, viniendo de la porquería reinante, refulgía. Era “El Asco”, de Agrimbau-Ginevra. El otro, sabía que acababa de salir y me había agendado mentalmente comprarlo: “Sigilo”, de Saénz Valiente, un dibujante que me gusta mucho. Podría haberme quedado sólo con éste último. Pero la sobreactuación me llevó a adquirir los dos. Lo bien que hice.
Con ambos ejemplares en la mano, y ya más seguro, salí de la Feria de Fenómenos y me dirigí al ámbito burgués (repentinamente cercano a mi universo, por contraste) del café de Malvinas. Decidí usar el tiempo de un americano apenas cortado en empezar a leer “El Asco” (que, coincidentemente -dicho sea de paso- adscribe a Historietas Reales, movimiento en el que Fede milita).
No pude parar hasta terminarlo, lo cual me insumió un tiempo muy superior al del cortado, a más de varios Marlboro.
De Agrimbau había leído sin mucho interés algo que se publicó en Fierro. Por una polémica que se produjo hace un tiempo con respecto a una nota suya, publicada en su blog, y con la cual yo no coincidía, volví a esa historieta para confrontarla con su fama de buen guionista, de la que me enteré a raíz del debate. Volvió a no interesarme, y pensé que estaba inflado.
A partir de “El Asco”, compruebo que su fama es mezquina. Agrimbau es un gran guionista.
“El Asco” es una historieta atípica, de una cotideaneidad extrañada, asimilable -en lo profundo, y en ese sentido- a lo que Oesterheld planteaba a menudo. Sórdida, aunque no regodeándose en la sordidez. Con personajes amenazantes de una explosión horrorosa que no llega nunca a concretarse, que permanece latente. Que en el desenlace parece transformarse en el más convencional de los finales felices, pero no... Hay una memorable última página, con efectos sonoros, lo juro. Cinematográficos. Es ésta la que redondea la historia, pero sin explicarla.
Un obvio parangón sería el “Informe sobre ciegos”, de Sábato. Pero creo que los climas aparecen más ligados al Denevi de “Rosaura a las diez” o “Ceremonia secreta”.
Un lujo, Agrimbau. Has andado por el blog de La Colección..., así que espero que leas esto: me he convertido en ferviente admirador tuyo.
Demás está decir que el dibujo de Ginevra acompaña soberbiamente la historia. No busca protagonismo, sino que se pone a su servicio con inteligencia. Podría haberse desbarrancado fácilmente en las obviedades de sexo explícito que hacen estragos en los historietistas actuales. Sin embargo, el único primer plano de pija, es tan primer plano que la pija se desdibuja y queda la angustiosa tensión de la mano que la aferra, como único significante.
Por el prólogo me entero que originariamente, la historieta apareció publicada en un blog, a razón de página por semana, durante más de dos años. Lo que demuestra -por si alguna duda quedara de su calidad- que llegó a la impresión por propios méritos, no por acomodo con algún editor, como parece darse actualmente en muchos casos.
O sea que... agradezco a Fede la invitación declinada. Agradezco no haberlo encontrado. Agradezco a la feriecita friqui, con sus orejitas de Mickey, sus alitas y sus bailarines panzones.
Todo ello ha contribuido a que me siga reconciliando con la historieta argentina que se hace en estos tiempos.
(Si bien ya lo he felicitado a Fede por la última entrega de “Vitamina Potencia”, lo reitero acá, pa’ que no se ponga celoso de mis elogios a Agrimbau. Reggiani es un muchacho muy susceptible y todo lo que escribo lo toma a mal. Seguro que lo de “gordito”, aún cuando le agrego ahora el calificativo de simpático, tampoco le va a caer bien...)

domingo, noviembre 12, 2006

LA NUEVA FIERRO: TRILLO Y GRILLO

Y finalmente reapareció FIERRO. Con su mejor nivel histórico, hay que decirlo. La apuesta, declarada por Sasturain, en el editorial, es a los clásicos (cagamos, PyBe!).
O sea, aparte de que el tiempo influyó para bien en los autores, no hay sorpresas. Salvo una...
Trillo y Grillo (nombre de los creadores y de la historieta misma) promete, desde la modalidad del continuará, la excepcionalidad.
Dibujante y guionista se despiertan en su infancia por una inexplicada (esperemos que siga sin explicarse) anomalía espacio-temporal.
Los contactos que pueden o no establecer con las demás personas son extraños. Lo de los padres que se alejan sin percibirlos, es conmovedor. Hay una suerte de nostalgia y costumbrismo enrarecidos (nada que ver con las cursilerías a que nos tiene acostumbrados, al respecto, el cine argentino), donde lo metahistorietístico, promete ocupar un lugar preponderante.
A mi juicio, esta sola serie alcanza y sobra -desde guión y dibujos- para justificar el interés en la evolución de la publicación.







Pero el tema de los años transcurridos, campea en la nueva FIERRO. Aparte del prólogo mencionado, Enrique Breccia se refiere a él, en El Sueñero, y hay también una unitaria, El auto de Siriapo, con un guión notable de De Santis y muy buenos dibujos de Sáenz Valiente, donde los muertos y el pasado, vuelven a aparecer.