Lo que no fueHablando de revistas de historietas, no todo lo que ha tenido éxito de continuidad resiste una lectura más o menos rigurosa. A la inversa, hay bastantes ejemplos de proyectos y realizaciones parciales, abortadas a corto plazo, que han quedado como gestos memorables de lo que pudo ser.
Sobre todo, cuando se trata de ideas originales no confundidas por el elitismo o la presunción sino válidas como propuesta comunicativa para un público mayoritario. Habitualmente, los insondables misterios de la distribución, los apuros financieros o los desencuentros entre editores, guionistas y dibujantes se encargan de hacer naufragar algunas ideas brillantes. Quedan algunos ejemplares, el gesto.
Vale la pena hablar de tres casos muy diferentes, líneas de desarrollo posible en cualquier momento.
La Colección Altamira, de David Lipzyc Editor -sí, el de la Panamericana- no llegó más allá de su primer titulo: La Isla del Tesoro, adaptación de la novela de Stevenson que realizó el tano Hugo Pratt en 36 inolvidables páginas a pluma. En formato gigante y presentación impecable, el primer y único número salió a fines de 1966 y se anunciaba la aparición inmediata de Los Tres Mosqueteros y El Hombre de la máscara de hierro, de Alejandro Dumas, en versión de Arturo del Castillo. Nunca se supo. Se le había encomendado también al notable Leopoldo Durañona la ilustración de Moby Dick, de Melville, que quedó inconclusa. No hace mucho, Record reeditó la historieta de Pratt en formato menor que sólo en parte mantiene el brillo de la primera versión; también para Record, Enrique Breccia terminó a color la ilustración de Moby Dick, que salió integra en "Tit-Bits". El poco desarrollo del intento de la Colección Altamira no invalida la excelente idea, siempre lista para editores emprendedores e inteligentes.
En otro sentido fue original la propuesta de Epopeyas Argentinas, una revista mensual que tampoco trascendió el primer número, en 1970. Dirigida por Héctor G. Oesterheld, con una larga lista de colaboradores en la parte histórica y un grupo de dibujantes novatos, Epopeyas Argentinas intentaba reproducir el esquema de un anterior éxito del notable guionista: Batallas Inolvidables, basada en los grandes enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, el tema era la independencia argentina tratada "a la manera Oesterheld": vigor, humanismo, el episodio individual intercalado en la historia conocida. Esa única entrega, ilustrada con poca fortuna por Campdepadros y Gatti, y mejor por Desimone, estuvo dedicada a La Batalla de Chacabuco. El episodio siguiente, dedicado a Güemes, el guerrillero, no salió jamás. Una lástima, porque la visión no era la acartonada y típica del bronce y el "Billiken".
La última publicación que recordamos fue un fenómeno realmente marginal, fruto de un momento especialísimo. Se trata de Doña Robustiana, que logró poner cuatro o cinco números en los kioscos entre 1972 y 1973. Dirigida por Jorge Sarraute y sin que figurasen guionistas y dibujantes, la revista que "sale cuando puede" -como decía su tapa- intentó hacer humor con política y sociología a partir de las aventuras cotidianas de una ama de casa de ruleros, lenguaje popular y problemas eternos: la vivienda, los precios, la educación... El dibujo era primario, intencionadamente rudimentario y feísta a veces, a la manera -por ejemplo- de "Il Male" italiano, y la propuesta fue clarificándose con el correr de los números. Más allá de desniveles, ingenuidades y proselitismos demasiado evidentes pero comprensibles en el momento, Doña Robustiana constituye un caso singular, digno de ser recordado y estudiado en su especificidad: no conocemos nada similar antes o después.
(SUPERHUMOR Nº 5, Marzo 1981, Sección “Lo Bueno, lo Malo y lo Feo”)
También en la Argenta, Rodrigo Baeza, había descubierto esta nota, respecto a otro trabajo rescatado de Pratt, el Sandokán, así como la portada del libro (pinchar en los subrayados).
(*) La había subido al Rapid, que rápidamente agota la posibilidad de descarga. La vuelvo a ofrecer ahora en el 4Shared, que no tiene ese límite. Al costado derecho la van a encontrar.

Billiken. 


