SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
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lunes, junio 29, 2009

QUE LA HISTORIETA VUELVA AL KIOSCO!!!

Bien...
-Siendo las 2 y media de la mañana del lunes, el mejor presidente que tuvimos los argentinos desde el restablecimiento de la democracia, acaba de reconocer, con muchísima altura, la derrota. La izquierda ciega le hizo el juego a la derecha, como históricamente ha ocurrido en este país. El aparato duhaldista contribuyó con la reacción. Gran parte del electorado no votó por sus propios intereses, sino según lo que le vendieron los medios de comunicación, con parodias de candidatos en TV incluídas. Pobre país.
-No seguiré posteando de política, así que al/los autor/es de los cobardes anónimos que están llegando en ese sentido, le/s aviso que no se gaste/n, es al pedo, no los publico.
-La interna trulalera ha vuelto a ser sorda, porque parece que cuando yo me corro, ya nadie tiene nada para decir. Más cobardía.
-Las necrológicas las evito, apenas si encontrarán alguna mención al final de este post.
-Para noticias pelotudas abrí una sección a la derecha, que mantuve unos días, con la versión televisiva de Isidoro. La usaré de nuevo cuando la ocasión lo amerite.
Así que, volvamos a la historieta...
QUE LA HISTORIETA VUELVA AL KIOSCO!!!
Hago pública esta denuncia, sin que me importen las consecuencias: a la ciudad donde reina Monseñor Aguer, con sus disparatados anatemas, no llegan las revistas de historietas!!!
En general no me importa mucho. Pero este mes tuve una pausa en mis actividades en Capital, y sufrí el no poderme hacer de algunos títulos (dos primeros números, entre ellos) que se anunciaban... en kioscos!!! Podría haberme corrido hasta la comiquería de calle 7, pero quería comprarlas en el lugar que correspondía.
Finalmente me di el gusto. El jueves, camino para Pcia., tuve que pasar por la AAA, y a la salida se me ocurrió hacer media cuadra hasta Entre Ríos. En un kiosco conseguí Los López Nº 1. Y en el de enfrente Comic.ar Nº 1 y Comiqueando, Edición Especial 15 Aniversario.
Claro que el gustito me costó 32 mangos!!!
La edición especial de aniversario de Comiqueando, por calidad de impresión, papel, y cantidad de páginas, justifica sobradamente los $ 14,90 que cuesta. En cambio, Los López ($ 11,90), según estos mismos parámetros, resulta carísima. Y supongo que la Comic.ar -la más barata, pero la de impresión más pobre y de menos páginas- no se podía vender a menos de $ 4,90.
La cuestión es que el gasto superaba el placer de comprar tres revistas en kiosco y de un saque, así que no tuve más remedio que leerlas para compensar.
Empecemos por la que menos me gustó. Los López ostentaba como crédito previo a Luis Ordóñez, lo que me generó expectativas. Tendría que haber pensado que un excelente caricaturista no necesariamente es un buen historietista. Tampoco puede decirse que sea malo. Es ni fu ni fa, lo mismo que el guión. Se pretende una comedia costumbrista, con toques delirantes, pero hay poco de comedia, poco de costumbrismo y menos aún de delirio. El relato resulta moroso y el dibujo dista de tener el grado de detalle que Ordóñez exhibe en sus caricaturas. Se lo nota, de todos modos, más cómodo en los rostros. Así, salvo unas pocas páginas del principio, se abusa de los primeros planos y están ausentes casi por completo los fondos. En cuanto a éstos, el relleno con color digital es de una absoluta falta de creatividad, por lo que la revista podría haber estado impresa tranquilamente en ByN. A pesar de lo expuesto le abro un crédito para un segundo número. Ojalá mejore.
Comiqueando, por más que esté en los kioscos, es ante todo un producto para el ghetto que va a comiquerías, se sabe. Así y todo es un mérito haber permanecido incólume, aún con altibajos, en ese mercado durante 15 años. También es paradójico que una edición nacional sobre historietas se haya sostenido cuando es prácticamente irrelevante la edición impresa de historietas nacionales. Claro que al ghetto que la sigue no le interesa precisamente ese campo. Los friquis que consumen la Comiqueando lo hacen por notas como las de Wolverine, Final Crisis o Avatar, que aparecen en portada. Pero hay que reconocer que Accorsi suele darle un lugarcito a la temática nacional o a otras no precisamente pochocleras. En esta edición, se puede ejemplificar con el reportaje a Agrimbau y la nota sobre Copi, en lo nacional, y las de Carlos Giménez y el Tío Rico (aunque ésta satisface a la franja más nerd del ghetto). De eso, algo leí.
A Agrimbau le preguntaría -en serio, porque respeto su laburo- cuál es la conexión que encuentra entre Discépolo y Oesterheld. A primera lectura me parece osada la comparación. Me quedé en ascuas, porque Accorsi e Hildebrant -autores del reportaje, que no deben conocer a don Armando- la pasaron por alto completamente.
En el artículo sobre Copi me detuve en el copete, ya que arranca con un desatino: suponer que a Damonte Taborda se lo descubre ahora, obviando -por supina ignorancia- la enorme popularidad que siempre tuvo en la Argentina, tanto en su faz de autor teatral, como en la de historietista. Hildebrandt, el articulista, debería haber reparado, al menos, en una de las fuentes que él mismo cita: la nota que Primera Plana le dedica a Copi en el año ’65. Sabrá Hildebrandt qué era Primera Plana? Las actuales generaciones creen que la humanidad nació con ellas...
Otro copete que me impidió avanzar fue el de la nota dedicada a Carlos Giménez. Esta vez se trató de algo que me aterrorizó. Lo transcribo: “Mientras tantos dibujantes de diversas calidades aprovechan el boom del cómic autobiográfico para contarnos que fueron a la panadería a comprar churros y -como no había- compraron medialunas, uno de los máximos autores de la historia del cómic español acumula más de 30 años de magníficas (y a veces dolorosas) obras dentro de este género”. Lo firman Martín Fernández Cruz y Andrés Accorsi. Ignoro quien de los dos escribió lo trascripto, pero por las dudas fuera el último, no avancé con la lectura. La posibilidad de seguir coincidiendo con Accorsi me resultaba horrorosa.
En cambio, la nota de Fabio Blanco la leí completa porque sabía que iba a disentir (y tampoco me inquietaba acordar en algo, en su caso).
Fabio sigue -y seguirá hasta el fin de sus días- su inútil cruzada contra un libro escrito hace casi cuarenta años y que hoy día ya es un clásico: “Para leer al Pato Donald”, de Dorfman y Mattelart, a los que llama “payadores marxistas". Los consabidos, reiterados y endebles argumentos que esgrime en su contra el payador barksista son básicamente dos:
a) que Dorfman y Mattelart desconocían la existencia de Barks, y por ello atribuyen todo al perverso ingenio capitalista de Disney (como si Barks -un anónimo dibujante y guionista- no hubiera trascendido justamente por la industria de Disney, a la que era absolutamente funcional);
b) que existen algunas historias que contradecirían la teoría expuesta en el libro (esto resulta parecido a la autodefensa de los racistas que alegan tener un amigo negro o judío).
Eso sí, no se puede dejar de reconocer a Fabio su tozudez.
En cuanto a las pocas historietas que trae la revista, en la sección Comixtrip, la más floja de ellas (Wini the punga) no es peor que muchas de las que se publican en Fierro, y la mejor (Diez años de...) no desentonaría al lado de sus aciertos, que los tiene. Y si traigo a colación a Fierro es porque la línea de Comixtrip se le asemeja, y porque los trabajos deben haber sido rebotados allí, si no, sus autores no los publicarían gratis en la Comiqueando. Una muestra más de las arbitrariedades de Sasturain, para quien el staff de historietistas argentinos se reduce a unos pocos entenados. Aunque Ariel López V., que es de los buenos que publica en Comixtrip, algo logró meter en Fierro, si mal no recuerdo.
Ojalá algún día, sin perder su identidad informativa y de opinión, Comiqueando amplíe el espacio de publicación de historietas y se abra a un público más amplio y de intereses un poco más elevados que los del ghetto al que se dirige.
Pasemos ahora a lo que para mí constituyó una auténtica revelación: Comic.ar.
Confieso que de antemano tenía prejuicios. El título mismo no me gustaba nada. Aborrezco que se use la palabra cómic para nuestra HISTORIETA. Además, ese parentesco de lo impreso con lo virtual no me gusta, y tampoco el contenido de la publicación lo justifica. Supongamos que se pretenda decir que las historietas salen de los blogs a la calle... demasiado rebuscado. Y si quieren significar, mediante un juego de palabras, “cómic argentino”, es una absurdidad como expresión idiomática, ya que tenemos -repito- una palabra que representa a ese lenguaje.
Tampoco el formato me conforma. Hay que desdoblar la publicación para leerla, lo que lleva a alguna confusión en la secuencia. Las originalidades en ese campo deben estar respaldadas por contenido, cosa que aquí no sucede. Tranquilamente, en vez de 12 páginas tamaño diario desplegado, podían haber sido 24 de un tabloide chico. Aparte, mi mentalidad de coleccionista no admite que una tira esté plegada por la mitad, ya que con el tiempo, allí se va a generar inevitablemente un corte.
Sigamos con lo negativo, para ir luego a lo auténticamente valioso. Con apenas doce páginas no se justifica destinar una íntegra (sección El Ojo de la Historieta) a asuntos tan poco interesantes como el reportaje a Sole Otero, el panegírico de Loewy y las novedades “en bateas”. Tampoco veo lógica la inclusión de tiras cómicas y chistes, que encima son mediocres. Dedíquense a las historietas unitarias o en continuará, muchachos, y déjense de joder. Y el día que aumenten las páginas, entonces sí, metan cosas de relleno que no se va a notar tanto.
Vamos ahora a la historieta propiamente dicha donde aparece lo realmente bueno de esta publicación.
La única serie unitaria, El Exhumador, es excepcional en su capítulo inicial. No tengo referencias de sus autores, Curci y Centurión, pero si son jóvenes prometen muchísimo.
Respecto a las series en continuará, no obstante que con primeras entregas de pocos cuadros es imposible arriesgar juicios contundentes, sí puede afirmarse que arrancan muy bien en argumentos y dibujos.
Entre ellas, destaco Alienígena, de Valdearena y Greco, por la originalidad del planteo.
La más floja es Nacho Paparazzo que apunta al modelo del primer Loco Chávez, sin que sus autores sean ni Trillo ni Altuna, y encima, intentando reflotarlo 34 años después.
Pero más allá de públicos, regularidad, distribución o calidades, la cuestión es que actualmente se pueden conseguir en kioscos una docena de títulos diferentes en revistas de historieta argentina. Según mis cálculos, a las nombradas deben sumárseles los cuatro títulos de Thalos (Magma, Pandemonium, Manuela, Nekrodamus), los tres sobrevivientes de Universo (Andanzas, Correrías, Locuras) y Pinlú, la sucesora de Lúpin.
Es poco todavía, pero es algo.
Lamentablemente, el deceso de Guillermo Guerrero, pone en duda el destino de Pinlú, publicación con la que enfrentó hidalgamente las absurdas cuestiones de derechos planteadas por los herederos de Dol, con el sólo objetivo que la legendaria revista creada por ambos -con el padrinazgo de Divito- no desapareciera.
Y por esas casualidades del destino, el mismo día que Guerrero, murió Andrés Cascioli, quien para mi generación fue, ante todo, uno de los referentes de la resistencia a la dictadura, con Humor Registrado. Pero también un defensor y promotor de la historieta nacional, con Ediciones de la Urraca. Se le deben hitos como Chaupinela, Súper Humor y la primera etapa de Fierro.
Esperemos que el ejemplo de estos dos tenaces creadores y editores ya esté siendo recogido.
Que la Historieta vuelva al kiosco, carajo!!!

lunes, agosto 06, 2007

CONVENTILLO, POR HECTOR L. TORINO (2)

Me había reservado las páginas del Conventillo (VER) para saborearlas en las vacaciones de invierno. Me llevé más de una sorpresa...
El vendedor las había anunciado como extraídas de "Leoplán", del año '40. O sea, reedición de lo publicado en "Aquí Está!". Si bien me pareció curioso que a tan poco tiempo de la tira original volviera a aparecer en otra revista, no dudé de su versión, ya que -de no ser así- iba en contra de sus propios intereses (no siendo originales, cotizaban menos).
Promediando la lectura, una mención en la historieta a "Aquí está!", me puso en alerta. Podría ser que se le escapara a Torino, y que no la hubiera adaptado, pero era raro.
He dicho ya que me fueron entregadas en folios. Su disposición era de a dos hojas por cada uno de ellos, o sea que la página de atrás de la tira quedaba oculta. Ya había echado un vistazo a algunas contracaras, dado que tuve que volver a acomodarlas, porque el orden no siempre era el correcto. No me habían llamado mayormente la atención. Correspondían a notas de interés general, propias de las revistas de la época, o a publicidades.
Noté, sí, que la forma de encuadernación primitiva había sido otra. Todas presentaban tres agujeritos en el encabezamiento, denotando haber estado cosidas, posiblemente.

Y muchas de las hojas tenían un pequeño reborde adicional al recorte, donde figuraban números secuenciales anotados a lápiz, que supuse eran el orden que les había impuesto el primigenio compilador.

Comprobé también que la página de Torino no se ubicaba siempre en el mismo lugar de la revista, lo cual daba diversidad a las contracaras (de lo contrario, podrían haber correspondido a una misma sección fija).
Me dispuse, entonces, a revisar más sistemáticamente esos reversos y en lo primero que reparé fue en las publicidades con cupones para recortar y enviar por correo.
Esto lo aprendí de las Andanzas y Correrías. Se estilaba anotar marginalmente en esos cupones una sigla que indicaba de que revista provenían. Así, por ejemplo, podía aparecer en un anuncio de Andanzas Nº 25, la leyenda "AND 25". Una suerte de marketing primitivo que le indicaba al avisador el éxito de su inversión, y lo orientaba acerca del medio gráfico en que debía seguir o no invirtiendo en publicidad.

A poco de revisar las contracaras de las páginas del Conventillo, apareció en un aviso de Escuelas Zier ("Las escuelas modernas, de más prestigio y fama en las Américas") lo buscado: "A.E.300". Lo cual, no podía querer decir otra cosa que "Aquí está! Nº 300". Encima, "300" era también el número anotado marginalmente a lápiz.

No obstante la evidencia, mi obsesividad me llevó a corroborarlo en otras publicidades, y en sus correspondientes anotaciones. No me alcanzaba con eso, sin embargo. En algún lugar tendría que aparecer la mención a la revista, con todas sus letras. Finalmente, muy avanzada la requisa, me topé con una sección de comentarios radiales firmada nada menos que por Héctor Bates, el legendario actor de radioteatros. Su título: "Transmite AQUI ESTA!".

Ahora, quedaba por determinar la fecha. En una crónica cinematográfica apareció la mención al año 1939.
La data de mis páginas quedaba así casi completa: 73 episodios del Conventillo, publicados entre el número 299 y el 384 (la diferencia en cantidad radica en que hay algunos saltos de continuidad), en la revista "AQUI ESTA!". Me faltaría determinar las fechas exactas, lo cual podría hacerse con un cálculo, a partir de un solo dato, teniendo en cuenta que la publicación era semanal. Pero mi meticulosidad de coleccionista ha quedado ampliamente satisfecha con los hallazgos referidos. Sumado esto a la sorpresa de la valorización adicional de lo adquirido. Posiblemente la confusión del vendedor provenga de que "Leoplán" era otra revista de la misma editorial, Sopena, que no sólo se dedicaba a este tipo de publicaciones, sino también a la gran literatura.
Pero el real valor, sin duda, radica en la historieta en sí.
Muchas veces el amigo Carballo me ha dicho: "Lo mejor de Torino hay que buscarlo en "Aquí está!". Es rigurosamente cierto.

A lo largo de estas páginas se suceden dibujos increíblemente elaborados, con un estilo personalísimo, e historias muy imaginativas, con una mezcla de costumbrismo y delirio absolutamente infrecuentes para la época. No me cabe duda que el gran Battaglia ha abrevado en esta fuente. Un pequeño ejemplo: el loro Pascualito frena la prepotencia de un comisario, dándose ínfulas con una falsa llamada telefónica al presidente Ortiz.

Don Nicola, en estos episodios, pasa por: aventuras en un circo, en el castillo de un inventor loco (que resulta ser el padre de los sabios Turbina y Lamparita), el hallazgo de un tesoro en los sótanos del conventillo, la vida de potentado que se da con él, un viaje a Africa en busca de los profesores, el encuentro con un falso científico que transfiere a humanos características de animales, la vuelta a la Boca y la destrucción del conventillo por un incendio... Pavada de historietas. En el medio hay algunas páginas de gags independientes, como el del "yettatore", que aquí reproduzco. En el remate se puede advertir la modernidad del recurso metahistorietístico.

Mención aparte merece el extenso episodio del hallazgo del tesoro, dejado por antiguos contrabandistas en el sótano del conventillo. Si bien Don Nicola y el enano Sansón son quienes lo descubren, es disputado por un inquilino turco. La desopilante lucha entre tano y otomano, me remite nuevamente (ya hablé de esto en otro post sobre Torino) al "Mustafá", de Discépolo, estrenado a principios del '20. No descarto que el creador de Don Nicola conociera y admirara la obra de don Armando.

Un dato interesante en el lenguaje -a más del divertido cocoliche del protagonista y la jerga de otros inmigrantes- son las muletillas que acompañan a distintos personajes, y le dan fuerza a la caracterización: "Ejem!...hip" (el sabio loco y su mascota el loro, que la repite); "No faltaba más! sssssss!" (el comisario, al que el loro también parodia). Y los extraños juegos de palabras entre el enano Sansón y los profesores: "Pues si pretende que el enanito deje de ser lo que es, seremos nosotros quienes evitaremos lo que él pretende hacer con quien no quiso ser menos de lo que fue". Es posible que estos intríngulis hagan referencia a alguna frase popular, perdida en el tiempo.

Un momento histórico de la tira!: los hermanos profesores aún no tenían, en esta etapa, los nombres de Turbina y Lamparita. Es más, el último no portaba una lámpara en la cabeza, sino un gorro. Es el sabio loco, quien se descubre padre de ambos, quien la lleva y posteriormente su hijo la adopta.
Es una verdadera lástima que en la época en que surgió Torino no se valorizara a la historieta, sobre todo cuando hoy en día, cualquier bazofia del género es considerada arte por muchos imbéciles. Así, lo mejor de la producción de don Héctor apareció muy temprano, en su juventud, donde supongo poseería un gran entusiasmo por su creación. Después, no ayudado por el medio, apenas si la sostuvo. Y si bien Quinterno cuidó mas a sus personajes, no es menos cierto que la gran etapa del indio fue la de los comienzos .Y para finalizar, me pongo reiterativo con las quejas: es un verdadero crimen que los responsables de la Biblioteca Clarín de la Historieta hayan dejado pasar la oportunidad de reeditar este gran clásico argentino del género, prefiriendo en cambio ocuparse de Stan Lee.

sábado, febrero 03, 2007

DON NICOLA Y TORINO - TORINO Y DON NICOLA

Finalmente, señores, cerró el escrutinio...
Los resultados:
Juro no haber manipulado nada. Emití mi voto y punto. Si algún fanático anduvo por cibers multiplicando su sufragio (aclaro que sólo se podía realizar un voto por PC), en favor de uno u otro, como se acusó durante la campaña electoral, no me consta y, aparte, no es mi responsabilidad...

Pero -en serio- mas allá de los resultados de la encuesta, que sólo tiene valor de divertimento, de participación de los lectores del blog, creo que hay apuntes para rescatar...
Rodríguez Van Rousselt (uno de los hacedores de La Bañadera) me escribió en un grupo que votó por Torino, pero que hubiera querido votar por los tres.
Yo hago mías estas palabras.
Los tres fueron lectura de cabecera en mi infancia, y los tres son pilares indiscutibles de la clásica historieta cómica argentina.
Digo clásica (hay, en la actualidad, notables exponentes del género).
Digo historieta (no digo tiras).
Digo cómica (por estilo de dibujo).
Digo argentina (obvio).
Mazzone fue un notable creador de arquetipos, con un trazo personalísimo y una movilidad excepcional. Seguramente, el mejor dibujante del trío. Pero quizá, el encierro de los personajes en una única característica (la suerte de Capicúa, la habilidad para robar de Afanancio, la de escapar de Piantadino, la doble faz de Cariseca), tornaba a sus argumentos reiterativos y previsibles. Aunque también habría que decir que la previsibilidad y la reiteración de un gag, cautiva y hasta es reclamada los chicos (y no tan chicos, veáse los programas de Olmedo, por ejemplo).
Quinterno es el grande por excelencia. Sus revistas fueron las que mas sostuvieron la calidad y marcaron un hito en la historia de la historieta nacional. Sus creaciones se han instalado en el imaginario popular, mas allá de las épocas. Patoruzú, Isidoro, Patoruzito, Isidorito, Patora, Upa, La Chacha aparecen en la actualidad en carteles de pizzerías, de guarderías y hasta de cabaretes.
El indio, sobre todo, más allá de mis discrepancias, ha sido y es símbolo de argentinidad.
Aparte, el imperio que el Viejo diseñó, a la manera de un Disney de estos pagos, tiene aún vigencia, independientemente de la decadencia de su editorial y el atentado criminal a su memoria que constituyen las películas de Patoruzito.
Y Torino... Torino es otra cosa...
Hace un tiempo, escribí dos notas sobre él, que tuvieron bastante repercusión.
(
VER "Querido Torino" y VER "Querido Torino 2").
Hoy mismo, vino a casa un coleccionista de La Plata (al que no conocía y con el que me contacté porque me compró una revista por De Remate), y me sorprendió diciendo: “Yo tengo impresa y guardada la nota que escribiste sobre Torino”. El mismísimo maestro Cilencio cayó a este blog por esa nota. Al igual que el amigo Carlos Carballo, que se constituyó en asiduo comentarista y colaborador de mis posts.
No creo que sea tanto mérito mío, sino demérito de la web, donde se encuentra muy poco de Don Héctor, y donde hay mucha gente buscándolo.
Ahora, revisando esa notas y con nuevos elementos, me explico un poco mas por qué quiero tanto a Torino y por qué muchos comparten ese sentimiento.
A diferencia de las creaciones de Quinterno o Mazzone, en Don Nicola, está Don Héctor de cuerpo entero. Un tipo despreocupado por la guita, generoso, bohemio, bonachón, un tanto ingenuo, al que le gustaban demasiado las minas... tan divertido como querible.
Y está también nuestra historia, la de nuestros viejos o abuelos. Está, para los que no vivimos directamente el conventillo, el barrio multirracial. El tano verdulero, el turco cambalachero, el gallego almacenero.
Están también el sainete y el grotesco criollos.
Ya en las notas que cito, hacía referencia a esto.
Ayer, buscando en una comiquería las viejas Fierro que me faltan, me topé con la 3, que tenía, se la presté a mi hija, y nunca más, por supuesto...
La compré (20 mangos, Laurita!!!), y cuando la abro me encuentro con una olvidada historieta de Enrique Breccia. La adaptación de “Mustafá”, sainete-grotesco de don Armando Discépolo (el mayor dramaturgo nacional, a mi criterio).

Yo interpreté al protagonista de esa obra hace varios años, e inevitablemente -como a muchos personajes de Discépolo- lo asociaba con el mundo de Torino.
Asociación fácil, se dirá: conventillo en común.
Es más que eso. No sólo hablo de costumbrismo, sino también de otros géneros. Torino hizo sainete en la historieta y amagó incluso a hacer grotesco, y hasta se internó en profundidades arltianas, como certeramente me señala Wainer, en un comentario a mi nota.
No soy el único que lo piensa. Para mi enorme sorpresa, había olvidado la dedicatoria que aparece en el primer cuadro del “Mustafá”, de Breccia hijo.
“A Héctor Torino, con afecto y admiración”
Esta frase de un grande, hijo de otro grande, lo resume todo.
Torino nos provoca ambos sentimientos.
Uno puede admirar a Quinterno y a Mazzone.
Y, por otro lado, tenerle afecto a sus criaturas.
En cambio, afecto por Don Nicola se traduce inmediatamente en afecto y admiración por Don Héctor L. Torino.
Son una misma cosa.

jueves, agosto 17, 2006

QUERIDO TORINO


Siempre me cayó simpático Torino. Quiero decir la persona de Torino. O quién intuía que era, ya que no lo conocí. Y eso, independientemente de considerarlo uno de los grandes de la historieta cómica argentina.
Quinterno puede ser mucho más importante como dibujante y como innovador en el mercado. Pero nunca me terminó de gustar. Ideológicamente, desde ya. Y tampoco como persona, porque para mí ambas cosas van de la mano.
No se escucha hablar muy bien de Quinterno. No es que sus grandes colaboradores lo denosten y no reconozcan su talento. Pero no dicen, por ejemplo: “Que gran tipo que era!!!”. Todos ponen énfasis en su exigencia y obsesividad, en un contexto que parecería ser elogio de su perfeccionismo, pero en realidad, uno sospecha que esconde crítica.
Se manejaba con sus artistas como el patrón de estancia que era. Hay una anécdota, contada por uno de los dinosaurios de la editorial (empleado, no creativo) que lo pinta de cuerpo entero. El viejo tenía un auto importado único en el país. Pero como no le gustaba parar a cargar nafta, siempre llevaba un bidón de reserva en el baúl. Un día, cerca de Luján, tiene un accidente y se salva por un pelo de explotar junto con el coche. Entonces, agradecido a la providencia, decide duplicar el sueldo de todo el personal. El dinosaurio contaba esto elogiosamente. Pero yo me digo que si el viejo aumentó el sueldo al doble es porque desde antes del accidente estaba en condiciones de hacerlo, y tendría mala conciencia. Está bien… ya sé que existía la opción de haberse ahorrado esa guita, que no me venga alguno con objeciones pelotudas. Lo que digo es que es un gesto típico de patrón de estancia: la suerte laboral de los empleados dependía de sus humores. De cómo le fuera en la vida. Igual que cuando te pide plata tu hijo y te agarra atravesado y se la negás porque sí. Y lo contrario cuando estás de buen humor. Paternalismo puro.

En cambio Torino… No es que sepa mucho de Torino. Sé mil veces más de Quinterno. Pero vean las tapas publicadas anteriormente... Le daba a cada dibujante la oportunidad de tener una revista propia con su personaje. Mazza con Pepinucho, Daloisio con Tric y Trake, Govio con Piratón, Mazzeo con Caburito… Por supuesto que todas llevaban el sello editorial de Torino, pero la dirección de cada una la ejercían los propios dibujantes.
Ha dicho de él, Cilencio (humorista gráfico): “Si quieren saber como fueron los trompas que tuve, tengo que decir como los jugadores de fútbol, que los mejores DT son los que los ponen de titulares. Y si les pagan bien, mejor. Y los peores quienes no los ponen. Si es por eso, tuve muchos buenos trompas o jefes. Entre los mejores, están Torino…” (Reportaje en "El Historietista" N°4, Marzo del 2004)
Pero también Cilencio cuenta que a Torino no le iban demasiado bien las cosas, porque no se ocupaba lo suficiente de la editorial.
Sin duda, Héctor Torino no tenía la conciencia de la importancia de sus creaciones, como la tuvo en cambio Quinterno, al punto que fue el primero en retener para sí el copyright de sus tiras.
Uno de los escasísimos reportajes que se pueden conseguir de Torino (no porque no los diera, como Quinterno, sino porque no se los pedían) es el aparecido en “Hora Cero” Nº 4 (de Ediciones de La Urraca), Suplemento Risas Argentinas, en 1990, poco antes de su muerte (calculo, porque no pude hallar un solo dato de la fecha de su deceso).
Allí –entrevistado por Pablo de Santis- cuenta que al principio se le había propuesto que la acción de Don Nicola, transcurriese en una pensión. “Pero era un ambiente que no conocía. Me era más familiar el conventillo. Los conocía de mi barrio, San Juan y Boedo. La fuente de inspiración era lo que veía a mi alrededor. Cuando me dijeron que abusaba con el costumbrismo, empecé a meter aventuras en planetas lejanos, en Marte, hasta en el infierno, adonde Nicola viaja en busca de un antepasado muerto”.
El Conventillo nace por mediados del '30 en la revista "Aquí está". Siempre estoy por ir a lo del amigo Contartesi (gran coleccionista) que me ha dicho que tiene algunos ejemplares para canje. Espero que si lee ésto y todavía los conserva, me los reserve.
Allí -por lo que se puede ver en esta tira choreada de internet- ya aparecía Don Nicola, junto a los sabios Turbina y Lamparita.
Claro que yo agarré el Conventillo, como revista, mucho después. A mediados de los '60, que es cuando empezó toda esta pasión por la historieta.
El primer número había salido a la luz, en enero de 1961, y su tapa da cuenta con claridad de la continuidad, hasta entonces, del contenido costumbrista que -desafortunadamente- le han criticado a Torino.
Resulta curioso que Torino no haya debutado con revista propia con Don Nicola, que era un personaje instalado en la gente desde hacía muchos años, sino con Pascualín. Un flaco lungo y narigón, de los que describe Dolina, típico muchacho de barrio, de la mesa de café, de "la barra", como titulaba la revista. Más costumbrismo, que quizá también fuera criticado, puesto que a veces trasladaba sus aventuras al Far-West!!! -ver tapa del Nº 9 en "Ediciones Torino (1)"-.
Allí, en "La barra de Pascualín", ya por el Nº 30, aparece la publicidad del primer "Conventillo de Don Nicola"...
Estos ejemplares, si bien no cotizan tanto como otros en el mercado del coleccionismo, son más difíciles de conseguir. Primero, porque tenían una tirada muy inferior a, por ejemplo, los de Quinterno. Segundo, porque la gente consideraba estas historietas como lecturas de momento: de tren, de baño, de colectivo, de sala de espera. Una vez leídas servían para hacer cuentas o anotar la lista del almacén. Teléfonos, menos. Pasaban de mano en mano, hasta que se destruían. Los pocos que se han preservado lo han sido gracias a algún visionario que valoró su trascendencia, o a raíz de que quedaron olvidados en algún depósito.
Esto viene a cuenta que hace muy poco y de casualidad, pude hallar los primeros números de Don Nicola. Esperaba encontrarme con esas aventuras fantasiosas que tanto me gustaban en mi infancia. Pero me topé con los episodios de dos páginas, resueltos como gags, absolutamente teñidos de ese costumbrismo que Torino abandonó después, debido a las críticas. Lo mal que hizo, don Héctor...

Ojo, que no desdeño ese período de transición que creo prometía formas nuevas, que finalmente no llegaron. No me refiero, como verán, a esta etapa...
Yo sigo disfrutando de las largas y disparatadas historias de marcianos, o de caserones misteriosos. O de algunas más inclasificables, donde cierta atmósfera de sordidez que se filtraba inevitablemente dentro del pintoresquismo, se extendía en aventuras extrañas.
Hay una en particular, que me impactó de chico y me sigue impactando hoy en día. Se publicó originariamente en el Nº 84 de "El conventillo...". Diciembre del '67, cuando yo tenía 10 años. Es posible encontrarla aún en alguna reedición de las tantas que se hicieron (pero sin mutilaciones, a diferencia de las de Quinterno).
Allí, Don Nicola vuelve de visitar a un paisano y encuentra el conventillo sombríamente vacío. Descubre que ha sido desalojado por unos extravagantes delincuentes que utilizan los pasajes subterráneos para trasladar contrabando. Son dirigidos por un jorobado, con garfio en vez de mano, que juega al balero. Este personaje es de una crueldad inusitada, que se grafica en tomar esclavos para que trabajen atados a norias, fusilamientos y torturas. Termina linchado por una multitud.
Túneles, actividad nocturna y subterránea, sórdidas conspiraciones...
No quisiera hacerme al inteligente y forzar comparaciones entre lo popular y lo culto -ay, la intertextualidad!!!-... Pero no puedo dejar de decir que hay en esto algo del tránsito del sainete de Vacarezza al grotesco discepoliano.
La primera asociación es evidente. Una época se refleja en todas sus manifestaciones culturales, de una u otra forma. La segunda puede ser más discutible.
Sin embargo, no puedo dejar de pensar en el Gaetano, de "Mustafá", pieza bisagra entre uno y otro género. Yo creo que hubo -en un momento dado- una intuición genial en Torino que, lamentablemente, por las críticas, se abortó.
Los tarados de siempre le hicieron creer que ya no había espacio en la sociedad para un tano que regenteaba un conventillo, y lograron que lo aggiornara.
Al igual que, por los '70, los recién llegados a la editorial de Quinterno decidieron que el Isidoro perdedor no iba más, y había que coronarlo como rey de los play boys (ver "ISIDORITO CAÑONES: LO QUE VA DEL TRAJECITO CON MOÑO AL JEAN Y CAMPERA").
Pero éstos hábiles sociólogos, al menos, sabían que tal transformación era posible y terminaron imponiéndola. Al punto que hoy en día, sólo los coleccionistas tenemos otra imagen de Isidoro.
El pobre don Héctor, en cambio, con su modesta editorial artesanal, no habiendo terminado de creer nunca en la importancia y en la potencia de su personaje, y llevado por estúpidas críticas, le hizo hacer ganar la lotería al gringo de Cattanzaro, abandonar el conventillo junto al maestro Esculapio, y los largó a ambos a que se dedicaran a una vida parecida a la de Isidoro Cañones.
El esquema, por supuesto, era insostenible.
Sin embargo, la mayoría de lo que se llamó "Grandes aventuras de Don Nicola", no fue dibujada por Torino.
Dejó a ese tano en manos de otros.
El -como si se hubiera rendido frente a las supuestas necesidades del mercado, pero sin convencerse del todo- siguió haciendo, de tanto en tanto, casi como un hobby, las viñetas del conventillo.
Con algún apunte de vestuario más actualizado, eso sí.
Pero sin abandonar la pileta y las medias colgando de la soga en el patio, las chapas rotas de los techos, las palanganas atajando las goteras, los tachos desbordando de basura, las inquilinas gordas mateando junto al calentador, y -siempre testigos de todo- los perros, los gatos, las ratas...
Y es por todos esos detallecitos -entre otras muchas cosas- que Ud. me resulta tan entrañable, don Héctor.