SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
Mostrando las entradas con la etiqueta E. Breccia. Mostrar todas las entradas
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martes, junio 14, 2011

Hablando bien de Robinjú (...o no tan mal, por lo menos)

Le venía esquivando a la lectura de "Ibáñez (la caída de los hidalgos)", de Enrique Breccia y Robin Wood, que mi hija mayor me regaló pa' mi cumpleaños. Finalmente, hace unos días me decidí y ataqué el librito. Por el prólogo de Ariel Avilez -que le pone la infaltable cuota de mística columbera- me entero que se trata de la reedición de una serie trunca en D'Artagnan, publicada en el '83. "Cagamos," -me dije- "encima de tener que soportar al paraguayo, leyendas tipográficas y dibujos hechos pa' zafar...". Pero no. Me equivoqué. El dibujo de Breccia hijo está al nivel de lo que hacía en Skorpio, y el guión de Wood es llevadero, a pesar de que confía más en sus didascalias que en la gráfica, y que hay que soportarle, como de costumbre, sus parrafadas pseudopoéticas. El arranque, nomás, basta pa' desalentar a cualquiera que aprecie la buena literatura: "Mala tierra ésta. Tierra dura que se embosca en piedras, en aridez, en polvo áspero, hostil... Es inútil regarla con sudor y lágrimas... Es inútil injuriarla... Es inútil esperar nada de ella...". Si Robinjú renunciara a querer ser Borges, entendiera que siempre estuvo más cerca de Alberto Migré, y asumiera que es apenas un guionista de historietas, quizá hasta me llegaría a gustar un poco. Pero calculo que es tarde para que cambie, porque el paraguayo debe tener como noventa años, y estará espetando frases rebuscadas e ininteligibles a sus compañeros de geriátrico (...si es que ya no espichó, no se). 

martes, mayo 04, 2010

"El oficio de las viñetas" (2)

Anoticié por mail a Federico Reggiani del equívoco en que nos había hecho caer el periodista de la Ñ, y en su respuesta me menciona un artículo de su autoría sobre el libro de Laura Vázquez
(ver) . Después de leer a Fede, y estando estancado aún en la misma página del libro, confirmo lo que tiré en el post anterior: se trata de un trabajo de tesis extendido con fórceps a ensayo. Lo que no quita, como ya dije, que sea sumamente rescatable si se lo lee fragmentariamente y no como el todo conceptual que se pretende.
Por otra parte, me rompe soberanamente las pelotas una estupidez instituída y naturalizada que por supuesto no es atribuíble a la Vázquez, salvo en que se hace eco: que la época de oro de la historieta argentina fueron los '50 y que para finales de los '60, ya estaba muerta. Esa es una visión sesgadísima que parte del preconcepto que la historieta "prestigiosa", aquella que vale la pena considerar, la que tiene "jerarquía artística", es la historieta "seria". Doy fe -y no de mentas como la Vázquez, que da por válidos los dichos del payaso de Sasturain- que desde principios de los '60 hasta prácticamente mediados de los '70, los kioscos rebosaban de historietas cómicas. Esta vertiente subsiste durante todo el período que va desde el final de los emprendimientos de Oesterheld hasta la aparición de Récord. Y después, al toque, viene La Urraca. Leído así no hay huecos temporales, hasta el fin de Fierro, a principios de los '90. Eso, sin contar la permanencia de Columba. Que las tiradas se habían reducido mucho? De acuerdo. Pero eso no implica que la historieta estuviera muerta en el '68, como explícitamente afirma el popular actor cómico, y la Vázquez le cree. Que Breccia u Oesterheld no tuvieran laburo por esa época no es indicador de otra cosa que de los parámetros con que se mueve Sasturain, que además lee muy mal al segundo. En el párrafo que destaco del libro de Vázquez, Oesterheld habla desde un punto de vista creativo.
Dicha decadencia sí es comprobable y alcanzó también a las editoriales de historietas cómicas. Se me ocurre que uno de los factores que incidió en ésto, fue precisamente la desaparición temporaria del género "serio" del mercado, en tanto competencia. Porque el lector de historietas no hacía la diferencia que los analistas hacen y podía leer tanto Patoruzú como Hora Cero. La prueba es que Quinterno, que no era ningún boludo como editor, hacía coexistir ambos géneros en la Patoruzito semanal. No se puede minimizar de ningún modo, desde el punto de vista del público lector, la permanencia -inclusive hasta la actualidad- de reediciones de Mafalda o de Patoruzú, Patoruzito e Isidoro. Los "investigadores" de la historieta argentina suelen nombrar estos fenómenos de enorme repercusión popular, de pasada y circunscriptos a una época. Tienen tres problemas: son demasiado jóvenes, no vienen del palo, y otorgan autoridad a gente como Sasturain. Así, no salen de Breccia, Oesterheld y Pratt. El mismo Reggiani lo esboza en su artículo.
Y ahora, la novedad es analizar la Bienal del '68 del Di Tella que lo único que aportó es el engrupimiento de muchos historietistas que a partir de ahí se reputaron "artistas", a diferencia de los aludidos que no se la creyeron y pudieron seguir haciendo lo que hacían, sin contaminaciones culturosas. No me parece mal que otras disciplinas se ocupen de la historieta, por el contrario. Lo malo es que al momento de crear se piense en estos sesudos análisis, antes que en el futuro lector, el tipo que viaja en tren y busca entretenerse en el trayecto. Y por ahí debería ir la necesaria síntesis diálectica que mencioné a raíz del reportaje a Enrique Breccia, reproducido en el post anterior.

"El oficio de las viñetas", las barbaridades de la Ñ y un reportaje a ENRIQUE Breccia

Mi hija mayor me regaló “El oficio de las viñetas”, el libro de Laura Vázquez cuya reseña, publicada en la revista Ñ, mencioné hace poco en este blog (ver).
Voy apenas por el centenar de páginas, y creo que es insuficiente para emitir opinión. Acotaré solamente que el proclamado propósito de reconstruir analíticamente el período 1968-1984 en la historieta argentina, no parece cumplirse del todo. Hay demasiados saltos, omisiones y cambios de enfoque, como si se tratara de fragmentos sueltos y de distintas épocas con los que se intentó forzar, bajo la forma de ensayo, una unidad conceptual. Lo cual no quita que algunos de esos fragmentos resulten sumamente interesantes. Por ejemplo: un hallazgo del primer capítulo es el análisis de los métodos de aprendizaje del dibujo de historieta en los '50 y ’60, en relación con las necesidades del mercado de entonces.
Pero si menciono el libro, aún faltándome bastante para concluirlo, es porque lo ya transitado me basta para afirmar que el periodista de la Ñ no le hace la menor justicia. El artículo de Diego Marinelli revela, como sospechaba, una lectura elemental y descuidada. Al punto que nos hizo trenzar a Reggiani y a mí (ver comentarios del post de referencia), en una mini polémica sobre un objeto equivocado. La opinión acerca de Massotta y la semiología no pertenece a Alberto Breccia, sino a su hijo Enrique. Tampoco la anécdota que relata está referida a la Bienal del ’68 en el Di Tella. La exacta cita de Laura Vázquez, me llevó al original que reproduzco: un reportaje publicado en el Nº 11 de Fierro (1era. época- Julio del ’85), con la firma de Martín García, y bajo el título “Descalificación del verso”. El contrapunto entre Enrique Breccia y su interlocutor, genera una necesaria dialéctica respecto a las distintas miradas posibles sobre la historieta. Al costado, en un recuadro, Sasturain comenzaba su exitosa carrera de actor cómico. Vale la pena leer íntegras las tres páginas.
(...disculpas por no pasar el reportaje a texto, pero ando bastante ocupado últimamente; además, agrandando las imágenes se lee muy bien)

martes, junio 23, 2009

VOLVIENDO A LA SERIEDAD

Fabio Blanco, que es muy vago para escannear, mencionó en la Argenta un artículo aparecido en SuperHumor sobre “La Isla del Tesoro”, que recientemente subí (*). Dao, mucho más laborioso, desempolva la nota completa, ya que además contiene otros datos interesantes:

Lo que no fue

Hablando de revistas de historietas, no todo lo que ha tenido éxito de continuidad resiste una lectura más o menos rigurosa. A la inversa, hay bastantes ejemplos de proyectos y realizaciones parciales, abortadas a corto plazo, que han quedado como gestos memorables de lo que pudo ser.
Sobre todo, cuando se trata de ideas originales no confundidas por el elitismo o la presunción sino válidas como propuesta comunicativa para un público mayoritario. Habitualmente, los insondables misterios de la distribución, los apuros financieros o los desencuentros entre editores, guionistas y dibujantes se encargan de hacer naufragar algunas ideas brillantes. Quedan algunos ejemplares, el gesto.
Vale la pena hablar de tres casos muy diferentes, líneas de desarrollo posible en cualquier momento.
La Colección Altamira, de David Lipzyc Editor -sí, el de la Panamericana- no llegó más allá de su primer titulo: La Isla del Tesoro, adaptación de la novela de Stevenson que realizó el tano Hugo Pratt en 36 inolvidables páginas a pluma. En formato gigante y presentación impecable, el primer y único número salió a fines de 1966 y se anunciaba la aparición inmediata de Los Tres Mosqueteros y El Hombre de la máscara de hierro, de Alejandro Dumas, en versión de Arturo del Castillo. Nunca se supo. Se le había encomendado también al notable Leopoldo Durañona la ilustración de Moby Dick, de Melville, que quedó inconclusa. No hace mucho, Record reeditó la historieta de Pratt en formato menor que sólo en parte mantiene el brillo de la primera versión; también para Record, Enrique Breccia terminó a color la ilustración de Moby Dick, que salió integra en "Tit-Bits". El poco desarrollo del intento de la Colección Altamira no invalida la excelente idea, siempre lista para editores emprendedores e inteligentes.
En otro sentido fue original la propuesta de Epopeyas Argentinas, una revista mensual que tampoco trascendió el primer número, en 1970. Dirigida por Héctor G. Oesterheld, con una larga lista de colaboradores en la parte histórica y un grupo de dibujantes novatos, Epopeyas Argentinas intentaba reproducir el esquema de un anterior éxito del notable guionista: Batallas Inolvidables, basada en los grandes enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, el tema era la independencia argentina tratada "a la manera Oesterheld": vigor, humanismo, el episodio individual intercalado en la historia conocida. Esa única entrega, ilustrada con poca fortuna por Campdepadros y Gatti, y mejor por Desimone, estuvo dedicada a La Batalla de Chacabuco. El episodio siguiente, dedicado a Güemes, el guerrillero, no salió jamás. Una lástima, porque la visión no era la acartonada y típica del bronce y el "Billiken".
La última publicación que recordamos fue un fenómeno realmente marginal, fruto de un momento especialísimo. Se trata de Doña Robustiana, que logró poner cuatro o cinco números en los kioscos entre 1972 y 1973. Dirigida por Jorge Sarraute y sin que figurasen guionistas y dibujantes, la revista que "sale cuando puede" -como decía su tapa- intentó hacer humor con política y sociología a partir de las aventuras cotidianas de una ama de casa de ruleros, lenguaje popular y problemas eternos: la vivienda, los precios, la educación... El dibujo era primario, intencionadamente rudimentario y feísta a veces, a la manera -por ejemplo- de "Il Male" italiano, y la propuesta fue clarificándose con el correr de los números. Más allá de desniveles, ingenuidades y proselitismos demasiado evidentes pero comprensibles en el momento, Doña Robustiana constituye un caso singular, digno de ser recordado y estudiado en su especificidad: no conocemos nada similar antes o después.
(SUPERHUMOR Nº 5, Marzo 1981, Sección “Lo Bueno, lo Malo y lo Feo”)

También en la Argenta, Rodrigo Baeza, había descubierto esta nota, respecto a otro trabajo rescatado de Pratt, el Sandokán, así como la portada del libro (pinchar en los subrayados).

(*) La había subido al Rapid, que rápidamente agota la posibilidad de descarga. La vuelvo a ofrecer ahora en el 4Shared, que no tiene ese límite. Al costado derecho la van a encontrar.

(Agradecería que cualquier comentario referente a posts anteriores se haga en el lugar correspondiente)

domingo, enero 27, 2008

FIERRO 1 - FIERRO 100: CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Eso de poner etiquetas a las notas en los blogs, siempre me pareció muy esquemático. Por lo menos a mí no me sirve, ya que mi forma de desarrollar los temas hace que inevitablemente vaya de una cosa a otra, dentro de un mismo post. Claro que cuando tengo que ubicarlos, me resulta bastante complicado. Andaba buscando dos notas en las que me refería a la vieja y a la nueva Fierro, a raíz de que la cuestión ha vuelto a cobrar vigencia aquí. La primera (ver) me resultó fácil de hallar, la segunda (ver) no, dado que estaba en el contexto del triunfo de Récord, en la encuesta por mí lanzada. Ambas datan de aproximadamente un año.
Releyéndolas descubro que la molestia por la irregularidad de la revista y por la arbitrariedad conque Sasturain elige sus colaboradores y contenidos, han ido creciendo en mí con el correr de los números. Lo que antes fue un voto de confianza, se ha transformado en decepción. No creo que el director llegue en esta nueva etapa siquiera a los 47 números de la anterior.

Teniendo ahora en mis manos el ejemplar Nº 100 de aquella época, se me ocurrió contrastarlo con el Nº 1, como forma de evaluar en donde empezó y en qué terminó la antigua Fierro, más allá del cambio de director. No se me escapa que el procedimiento resulta arbitrario como método de análisis, pero de lo que sucedió en el medio ya me ocupé en la primera de las notas citadas.
Ambos números, 1 y 100, llevan tapas de Chichoni, quien junto con El Tomi, han sido los mejores ilustradores de portadas de la revista. Uno las veía y daban ganas de comprarla, más allá del contenido. No puedo dejar de reiterar que la de Liniers, en el ejemplar de este mes, produce el efecto exactamente contrario.
La Nº 1 anunciaba a Moebius, "La batalla de las Malvinas", Altuna, poster de Salinas, Fontanarrosa, Albiac/Saborido, Piglia/Breccia (h), un Oesterheld inédito, Muñoz/Sampayo, Nine/Dalmiro Saénz, Peiró.
La herencia de la primera etapa de SuperHumor, en la que Sasturain había sido jefe de redacción, era evidente. Pero la uno de Fierro superaba a aquella publicación. Es una acabada muestra de como puede hacerse una revista de historietas de calidad, que respete el intelecto de los lectores, combinando consagrados con recién llegados. Que no faltan en ese número y resultan buenos (Chichoni es justamente uno de ellos), pero que -desgraciadamente- fueron más adelante eclipsados por otros, deplorables, o que involucionaron, como el caso de Max Cachimba.
Una de las pautas del buen criterio de selección de Sastu en ese entonces, está dada por el rescate de “El otro Dr. Fogg”, una extraordinaria serie que había quedado inconclusa en la Bang de Blotta, y que ya me había llamado poderosamente la atención en su momento.
Por lo demás, la enunciación de creadores, exime de cualquier otro comentario.
Ahora bien...en el Editorial, el director marca las diferencias generacionales, las de formas y contenidos en la historieta, y afirma que todo eso suma. Grave error, a mi entender. El huevo de la serpiente. Aunque sus primeros números resultan inobjetables, Fierro terminó siendo una revista que no conformaba a nadie. Ni a los de gustos clásicos, ni a los amantes de lo experimental. Ni a los de izquierda ni a los de derecha. En la actualidad la mezcolanza sigue, aunque con un decidido vuelco hacia formas seudo-vanguardistas y contenidos nulos. No tengo nada en contra de que hagan una publicación para pendejos descerebrados. Pero eso sí, que abandonen definitivamente aquello que tiene que ver con otro perfil de público, de modo que uno sepa a qué atenerse. Yo, si compro (si cometiera la estupidez de comprar, aclaro) Gente o Caras, se exactamente lo que voy a recibir a cambio.
Pero no nos vayamos de tema.
Pasemos a como terminó la vieja Fierro, ya con Sasturain lejos de la dirección desde hacía tiempo.
No se puede obviar el dato de que habían pasado ocho años. Y en la Argentina. Y en aquella Argentina. Porque el período que va desde el retorno de la democracia a los comienzos del menemato, significó no sólo una profunda transformación económica, sino también cultural. No se pueden disparar, entonces, todos los dardos contra la agonizante Fierro. Sí contra Cascioli, que miente en forma descarada desde el Editorial del 100, diciendo que la noticia del cierre de la publicación llegó en forma abrupta, siendo él mismo su director para ese entonces. Por otra parte, en el número 99 finalizaron todas las series y en la portada del 100 se anuncia, por primera vez, “Historietas completas”. El fin se sabía de antemano. Cascioli siempre hizo lo que quiso con sus publicaciones, cagándose en los lectores. El giro brutal de SuperHumor es prueba acabada de ello. Lo que relato en la nota de hace un año sobre Caín es otra.
El contenido de la revista no está mal. Se nota que en la últisima etapa, han tratado de elevar la puntería. Pero desordenadamente, como manotazo de ahogado. “Alice in Timeland”, de Forcadell (dónde anda ahora esta mina?), por ejemplo, es excelente. Y no se puede decir que se trate de una historieta clásica. Lo mismo, por supuesto, que El Tomi, que todavía hacía poesía ilustrada en “Polenta con pajaritos”. “El patito Saubón”, de Nine siempre me atrajo por el dibujo magistral, pero su narrativa, que pretende jugar con el absurdo y con la sátira de géneros, características constantes en el autor, nunca pasó de la trivialidad más absoluta. Ya he dicho que rescato a Max Cachimba de entre la pobreza general de su generación, al menos en aquella etapa. Las dos páginas a color de Noé, soberbias (en otra historieta no convencional, aclaro). Y hay dos narraciones extensas y bastante clásicas, que bien podrían haberse publicado en Skorpio -lo que marca el rumbo errático-, con buenos dibujos de Taborda y Lalía, pero ambas con guiones menores de Albiac. Un autor irregular, Albiac. Capaz de joyitas como "...Fogg", pero que a menudo caía en argumentos tanto previsibles como rebuscados. Tati hacía exactamente lo mismo que ahora, pero con muchas menos páginas y en blanco y negro. Así pasaba desapercibido, al menos. Resulta llamativo que de Muñoz aparezcan sólo dibujos sueltos, pertenecientes a una larga historieta en elaboración, a modo de homenaje. Se dice que es porque "Sudor Sudoca" estuvo desde el principio en Fierro y no podía faltar en el 100. Pero intuyo que la verdadera razón radicaba en que se sabía muy bien que la revista llegaba a su fin, y que si se comenzaba la publicación de la serie, nunca iba a completarse.
Una nota distintiva la da otro final, el del concurso de fanzines. Allí aparece como ganador Pablo Sapia, de apenas 22 años por entonces. He tenido la oportunidad de conocerlo personalmente, aparte de admirar su trabajo. Es un tipo verdaderamente formado en la historieta. Sabe de qué va el género. No se ocupa solamente de hacer dibujitos. Qué lástima que haya llegado tarde a Fierro. Supongo que Sastu no compró el número 100. Quiero creer que de haberse enterado de la existencia de Sapia lo hubiese convocado ahora.
Finalmente, lo que denota la desorientación general en que había caído la publicación (y que en parte atribuyo al cambio cultural en ciernes, como apunté), es un reportaje, un debate coordinado por Eduardo Orestein. También conozco a Orestein por haber sido cliente suyo en la Bond Street y el local de Almagro. Es otro tipo formado, y las preguntas que hace aquí son inteligentes. El problema son algunas respuestas.
El tema pasaba por los límites de la experimentación, el pasaje a la profesionalidad, qué significa ésta, la extinción de los guionistas, etc. Como se advertirá, una problemática muy amplia y que -viendo lo que se publica actualmente en Fierro- sigue teniendo vigencia. Y lo que expresan ahí algunos de los que continúan en la revista corrobora, por lo que hacen hoy día, que no han avanzado nada en su confusión.
Arranca Orestein, planteando: "En la historieta moderna, dice Jordi Bernet, está experimentando un grupo de gente que en definitiva no tiene talento para nada; dibujos feos y mal hechos y aunque pretendan otra cosa, sólo son dibujos feos y mal hechos..."
Toma la posta El Marinero Turco, que es quien más interviene en todo el debate (la cantidad de intervenciones es inversamente proporcional a la sensatez de sus dichos): "Yo para seguir con las citas haré una de Cachimba, que dice que ante una vaca, Pedro dibujará un sorete verde, y será bello, otro dibujará a la vaca muy chiquita y atrás una puesta de sol, y todas serán páginas memorables, y sigue diciendo que la historieta tiene que mutar, continuamente uno ve historietas herméticas que lo rechazan y a la vez tratan de seducirlo."
...Y no lo logran nunca, agregaría yo. Como se ve, todo un filósofo de la historieta, Cachimba (otra que Bernet! quién lo conoce a ése?). Explica que haya llegado a donde llegó... al arte de ser un pelotudo. Pero en su favor, hay que decir que antes había hecho algunas cosas buenas, lo que nunca logró su apóstol, El Marinero Turco.
En fin, para qué vamos a seguir... La confusión a la que hago referencia incluye a Sasturain, que no es ningún pendejo... o para no cargar las tintas sobre él, a la publicación. Alguien que dice pertenecer a ella afirma, en un comentario en este blog, que es el diario el que marca el ritmo. A pesar de la dudosa procedencia de dicho anónimo, es posible que así sea y que el director no decida tanto. Los seudo-progres de Página, por ejemplo, han sostenido y entronizado a Rep, lo que de por sí es indicador de un lamentable criterio. Creo que cuando quieran corregir el rumbo de Fierro, ya va a ser tarde, y no en el número 100, sino mucho antes. Por eso, sería bueno que decidan ahora.
La cuestión pasa por elegir, por un lado, a Liniers, El Marinero Turco, Tati, El Niño Rodríguez, Gustavo Sala, Quattordio (cada vez más insufrible, ya da verguenza ajena), Maitena, Rep, el hijo de Nine imitando (y mal) las intrascendencias del padre, las pajerías a las que ahora se dedica El Tomi, las incoherencias de Crist, el arte de ser un pelotudo como el actual Max Cachimba, etc. Uniformidad absoluta en la vacuidad... Hay pendejos descerebrados que aplaudirían a rabiar esta elección!
O, por el otro, quedarse con los tres últimos nombrados, pero haciendo lo que mejor saben hacer, más Trillo, Grillo, Sáenz Valiente, Mandrafina, Birmajer, Flores, Lucas Varela, Giménez, Copi (deberían reeditarlo todo), Maicas, Sanz, Jok, Túnica, De Santis, Altuna, los hermanos Breccia (Enrique, siempre y cuando no se desbarranque en lo ideológico), incluso Alcobre, incluso Minaverry... Y de paso ver en qué anda gente como Sapia o Forcadell, hacerles un llamadito. Es una interesante mezcla, me parece, de nuevos y consagrados, de clasicismo y experimentación...
Son dos revistas distintas. Para dos públicos distintos. El agua y el aceite no se juntan, no suman.
No se trata de lectores vanguardistas vs. lectores trogloditas. Se trata de calidad y contenido, por un lado, o berretada y estupidez, por el otro.
Entendés, Sasturain? Entienden, los seudo-progres de Página?... O quieren continuar confundidos?
Si es así, Sastu, seguí disfrazando tus contradicciones -o tu subordinación- con pobres ironías hacia los que critican, desde los editoriales que escribís en cada decadente número de la actual Fierro... mientras dure la revista , o mientras dures en el puesto.
Y creéme que yo quisiera que duren ambos.

sábado, febrero 03, 2007

DON NICOLA Y TORINO - TORINO Y DON NICOLA

Finalmente, señores, cerró el escrutinio...
Los resultados:
Juro no haber manipulado nada. Emití mi voto y punto. Si algún fanático anduvo por cibers multiplicando su sufragio (aclaro que sólo se podía realizar un voto por PC), en favor de uno u otro, como se acusó durante la campaña electoral, no me consta y, aparte, no es mi responsabilidad...

Pero -en serio- mas allá de los resultados de la encuesta, que sólo tiene valor de divertimento, de participación de los lectores del blog, creo que hay apuntes para rescatar...
Rodríguez Van Rousselt (uno de los hacedores de La Bañadera) me escribió en un grupo que votó por Torino, pero que hubiera querido votar por los tres.
Yo hago mías estas palabras.
Los tres fueron lectura de cabecera en mi infancia, y los tres son pilares indiscutibles de la clásica historieta cómica argentina.
Digo clásica (hay, en la actualidad, notables exponentes del género).
Digo historieta (no digo tiras).
Digo cómica (por estilo de dibujo).
Digo argentina (obvio).
Mazzone fue un notable creador de arquetipos, con un trazo personalísimo y una movilidad excepcional. Seguramente, el mejor dibujante del trío. Pero quizá, el encierro de los personajes en una única característica (la suerte de Capicúa, la habilidad para robar de Afanancio, la de escapar de Piantadino, la doble faz de Cariseca), tornaba a sus argumentos reiterativos y previsibles. Aunque también habría que decir que la previsibilidad y la reiteración de un gag, cautiva y hasta es reclamada los chicos (y no tan chicos, veáse los programas de Olmedo, por ejemplo).
Quinterno es el grande por excelencia. Sus revistas fueron las que mas sostuvieron la calidad y marcaron un hito en la historia de la historieta nacional. Sus creaciones se han instalado en el imaginario popular, mas allá de las épocas. Patoruzú, Isidoro, Patoruzito, Isidorito, Patora, Upa, La Chacha aparecen en la actualidad en carteles de pizzerías, de guarderías y hasta de cabaretes.
El indio, sobre todo, más allá de mis discrepancias, ha sido y es símbolo de argentinidad.
Aparte, el imperio que el Viejo diseñó, a la manera de un Disney de estos pagos, tiene aún vigencia, independientemente de la decadencia de su editorial y el atentado criminal a su memoria que constituyen las películas de Patoruzito.
Y Torino... Torino es otra cosa...
Hace un tiempo, escribí dos notas sobre él, que tuvieron bastante repercusión.
(
VER "Querido Torino" y VER "Querido Torino 2").
Hoy mismo, vino a casa un coleccionista de La Plata (al que no conocía y con el que me contacté porque me compró una revista por De Remate), y me sorprendió diciendo: “Yo tengo impresa y guardada la nota que escribiste sobre Torino”. El mismísimo maestro Cilencio cayó a este blog por esa nota. Al igual que el amigo Carlos Carballo, que se constituyó en asiduo comentarista y colaborador de mis posts.
No creo que sea tanto mérito mío, sino demérito de la web, donde se encuentra muy poco de Don Héctor, y donde hay mucha gente buscándolo.
Ahora, revisando esa notas y con nuevos elementos, me explico un poco mas por qué quiero tanto a Torino y por qué muchos comparten ese sentimiento.
A diferencia de las creaciones de Quinterno o Mazzone, en Don Nicola, está Don Héctor de cuerpo entero. Un tipo despreocupado por la guita, generoso, bohemio, bonachón, un tanto ingenuo, al que le gustaban demasiado las minas... tan divertido como querible.
Y está también nuestra historia, la de nuestros viejos o abuelos. Está, para los que no vivimos directamente el conventillo, el barrio multirracial. El tano verdulero, el turco cambalachero, el gallego almacenero.
Están también el sainete y el grotesco criollos.
Ya en las notas que cito, hacía referencia a esto.
Ayer, buscando en una comiquería las viejas Fierro que me faltan, me topé con la 3, que tenía, se la presté a mi hija, y nunca más, por supuesto...
La compré (20 mangos, Laurita!!!), y cuando la abro me encuentro con una olvidada historieta de Enrique Breccia. La adaptación de “Mustafá”, sainete-grotesco de don Armando Discépolo (el mayor dramaturgo nacional, a mi criterio).

Yo interpreté al protagonista de esa obra hace varios años, e inevitablemente -como a muchos personajes de Discépolo- lo asociaba con el mundo de Torino.
Asociación fácil, se dirá: conventillo en común.
Es más que eso. No sólo hablo de costumbrismo, sino también de otros géneros. Torino hizo sainete en la historieta y amagó incluso a hacer grotesco, y hasta se internó en profundidades arltianas, como certeramente me señala Wainer, en un comentario a mi nota.
No soy el único que lo piensa. Para mi enorme sorpresa, había olvidado la dedicatoria que aparece en el primer cuadro del “Mustafá”, de Breccia hijo.
“A Héctor Torino, con afecto y admiración”
Esta frase de un grande, hijo de otro grande, lo resume todo.
Torino nos provoca ambos sentimientos.
Uno puede admirar a Quinterno y a Mazzone.
Y, por otro lado, tenerle afecto a sus criaturas.
En cambio, afecto por Don Nicola se traduce inmediatamente en afecto y admiración por Don Héctor L. Torino.
Son una misma cosa.

lunes, enero 22, 2007

LA BALLENA BLANCA (2)

A raíz del post anterior, quise comprobar si existía un Moby Dick íntegro de Eisner. La puse a la mula a trabajar, y apareció.
Más allá de los estilos, la grandeza del autor de The Spirit resulta, a mi criterio, insuperable.
Pero -y creo que este juicio tiene mas objetividad- el maestro de maestros acierta también en la versión.
En Durañona - Breccia (con la colaboración de Saccomanno, a quien omití en el otro post) está presente el propósito de respetar en lo posible a Melville.
Esto se advierte fácilmente por la mayor extensión y los abundantes textos.
Analizando mas finamente, se percibe la intención de trasladar el clima de la novela, la larga vigilia en el mar, a la espera de la ballena blanca.
En cambio, Eisner sólo toma el esqueleto del relato.
Es decir, lo convierte en otro género: la historieta.
Los elementos predominantes son la aventura, y la terrible obsesión del capitán Ahab, que luce con toda su fuerza, en la acción y en la gráfica, sin necesidad de mayores descripciones.
Eisner tiene claro que la narrativa es la narrativa y la historieta, historieta.
Pasa a menudo con adaptaciones de novelas al cine. Terminan siendo mas fieles quienes mas traicionan el original.

domingo, enero 21, 2007

LA BALLENA BLANCA

Hace poco me encontré con un trabajo en conjunto sobre la novela de Melville, de Leopoldo Durañona y Enrique Breccia, dos dibujantes de estilos muy diferentes, pero grandes cada uno en los suyo.

Bah, en realidad no se si fue en conjunto, o por fuerza mayor uno realizó la primer parte (Durañona) y el otro la segunda, ya que la edición de Récord que poseo no lo aclara.


El caso es que parece que MOBY DICK no sólo obsesionaba al Capitán Ahab.


Cuando me topé con el referido álbum, inmediatamente me vino a la memoria un trabajo de Will Eisner.


Lo califica como "una introducción gráfica a la novela", e ignoro también si el maestro de maestros lo concluyó, ya que las pocas páginas que poseo están en un libro teórico, y es posible que las usara solamente con un fin didáctico.


O sea que -aclaro- la siguiente idea que voy a formular está condicionada por los datos que me faltan.


Pareciera que, aún para un monstruo como Eisner, MOBY DICK resultara demasiado para un solo dibujante.


Sin embargo, está claro que a los tres los seduce enormemente.


No es para menos, ya que detrás de todo gran relato de aventuras, puede haber una gran historieta.


Lamentablemente, el aserto inverso pocas veces es comprobable.


Resulta un lugar común decir que hay muchos buenos dibujantes y pocos guionistas.


Quizá los haya, y estén relegados, porque los dibujantes no los buscan demasiado.


En el teatro pasó, durante una época con los actores y directores en relación al dramaturgo.


Se creyeron autosuficientes. Pensaron que el lenguaje teatral era básicamente imagen.


Hasta que se volvió a oír a Shakespeare, a Brecht, a Ibsen...


Había una necesidad de la palabra, de las historias.


En el caso de los tres grandes dibujantes que menciono, uno (Eisner) es un brillante contador de historias; en cambio, E. Breccia lo es cuando tiene ganas, y a Durañona lo ubico más en el dibujo que en el guión (nuevamente aclaro que es posible que existan datos en contrario).


Independientemente de estas diferencias, los tres, con la ballena blanca, sintieron la necesidad de meterse con algo muy grande.


Y más allá de que no lo realizaran en su integridad, los resultados son magistrales.


No casualmente, también los tres dramaturgos que menciono (teatristas integrales los dos primeros), incursionaron en otros textos, en otros autores.


Cuál sería la moraleja?


Que cuando se es realmente grande, aparece la necesidad de abrevar en lo grande.


Se necesita de otros.


Ojalá entonces, que la nueva camada de muy buenos dibujantes de historieta, y que parece usar el género sólo para exhibir sus dibujos, tome nota del ejemplo.


Y si desdeñan a los guionistas, que recurran al menos a los grandes narradores.


La historieta, agradecida.

domingo, noviembre 12, 2006

LA NUEVA FIERRO: TRILLO Y GRILLO

Y finalmente reapareció FIERRO. Con su mejor nivel histórico, hay que decirlo. La apuesta, declarada por Sasturain, en el editorial, es a los clásicos (cagamos, PyBe!).
O sea, aparte de que el tiempo influyó para bien en los autores, no hay sorpresas. Salvo una...
Trillo y Grillo (nombre de los creadores y de la historieta misma) promete, desde la modalidad del continuará, la excepcionalidad.
Dibujante y guionista se despiertan en su infancia por una inexplicada (esperemos que siga sin explicarse) anomalía espacio-temporal.
Los contactos que pueden o no establecer con las demás personas son extraños. Lo de los padres que se alejan sin percibirlos, es conmovedor. Hay una suerte de nostalgia y costumbrismo enrarecidos (nada que ver con las cursilerías a que nos tiene acostumbrados, al respecto, el cine argentino), donde lo metahistorietístico, promete ocupar un lugar preponderante.
A mi juicio, esta sola serie alcanza y sobra -desde guión y dibujos- para justificar el interés en la evolución de la publicación.







Pero el tema de los años transcurridos, campea en la nueva FIERRO. Aparte del prólogo mencionado, Enrique Breccia se refiere a él, en El Sueñero, y hay también una unitaria, El auto de Siriapo, con un guión notable de De Santis y muy buenos dibujos de Sáenz Valiente, donde los muertos y el pasado, vuelven a aparecer.