SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

domingo, diciembre 30, 2018

DR. PARADOX, DE LA WEB AL PAPEL

Dr. Paradox, de Quique Alcatena, nació en Tótem Comics, el sitio de un grupo de dibujantes, dispuestos a hacer lo que les viniese en gana. Acaba de ser editado en la Colección Toing. 
A esta altura, Alcatena es una marca, un sello que garantiza calidad en cualquier género que emprenda .
Personalmente, el de Dugong y Manatí, el de Dr. Paradox, es el Alcatena que más me gusta. Disfruto con él, con su propia diversión, con los guiños a las historietas que marcaron a nuestra generación.
La paradoja radica en que Quique aborda las convenciones libre de cualquier convención.
Parodia, homenaje, devoción, crítica... todo eso junto en este hermoso librito, de buen papel e impactante -y osado- colorido. 
Compré mi ejemplar en Fábrica de Historietas (Ayacucho 19).
Dicen que también se consigue en El Libro de Arena (Aráoz 594) y en Fans Choice (Av. Rivadavia 5337, local 10).
Y si no, consulten los puntos de venta de Comiks Debris Ediciones.
Lo que sí, apúrense, no sea cosa que agote enseguida...




jueves, diciembre 27, 2018

CABO SAVINO, UNA MARAVILLA (2)

Este posteo se relaciona con este otro...
Seis meses después de la compra del lote, terminé de leer las revistas.
Bueno... completas, no. 
Las historietas del Cabo Savino, sí. A las otras apenas les pegué una mirada.
La experiencia viene a corroborar una vez más mi opinión sobre Columba.
Casalla, claro, queda intacto. Da la sensación que agarrase el lápiz como quien empuña un cuchillo, para producir ese trazo vigoroso y expresivo que sólo tienen los grandes.
Y los guiones de Julio Alvarez Cao son buenos, hay que reconocerlo. Se nota mucho la diferencia cuando la serie pasa -circunstancialmente- a otro autor.
Claro que se advierte cierta mala consciencia en Alvarez Cao por estar siempre del lado de los soldados, peones en la Conquista del Desierto. Así que algún apunte crítico tira, de tanto en tanto, a las autoridades. Pero muy suavecito, no vaya a ser que lo tilden de subversivo por meterse con próceres. También aparece -muy lavada- la idea de matanza entre hermanos, respecto a la Guerra del Paraguay.  Y hasta llega a extender esa categoría -la de hermano- al indio, aunque muy perdida en el sempiterno desprecio hacia su figura, clásico en el género gauchesco. (1)
Así y todo, esos pequeños detalles, hacen medianamente soportable aquí la ideología reaccionaria que destila cualquier producto de Miráme la Palomita.
Lo que no resulta disimulable es la grosera factoría editorial. 
Es tan de cuarta todo, tan de máquina de hacer chorizos, que hasta se equivocan con las tapas, mandan una que corresponde al episodio de otro número.
Ni hablar del clásico color berreta y la letra de máquina de escribir, que son un sello de fábrica.
Otro elemento muy divertido es el criterio de edición, que supongo iría cambiando de acuerdo a la respuesta del público.
La "Colección Todo Color" de Columba, se caracterizaba por traer aventuras de dos distintos personajes.
Durante los nueve primeros números al Cabo Savino lo acompaña Jackaroe, una adocenada serie del oeste, escrita por el paraguayo innombrable (que firma Robert O'Neill para darse dique) y correctamente dibujada por Dalfiume.
O sea, una de gauchos, acompañada por una de cow-boys.
Paralelamente se anuncia, en otra revista de la serie, Alamo Jim junto a Martín Toro. Es decir, al revés: protagoniza el cow-boy, secunda el gaucho.
Los ingredientes de la receta, hasta ahí, están balanceados.
Pero resulta que en el número diez de Cabo Savino, exportan a Jackaroe para Alamo Jim, e importan a Martín Toro para acá.
Así queda  cow-boy con  cow-boy y gaucho con gaucho.
No sé qué pasaría con el lector de Columba o con la estrategia editorial, la cuestión que para mí gaucho con gaucho es comida de zonzo.
A Jackaroe algún vistazo le pegaba, aunque sea por la línea elegante de Dalfiume.
Reler, en cambio, el dibujante de Martín Toro, es un pésimo copista de Casalla. Se ve que lo admira, se esfuerza en imitarlo, transpira la camiseta, pero es malo con ganas, el pobre. Ni siquiera sabe narrar en imagen.
Y aparte del dibujo, el Cabo Savino, es un personaje bien delineado, con una conducta coherente y distintiva.
En cambio, Martín Toro es amorfo, no tiene fuerza ni personalidad, un estereotipo del milico de fortín.  Los guiones -confusos, pretenciosos y pobres- pertenecían mayormente a Sergio Almendro. Pero a veces le tocaba a otro que estuviese de turno (Albiac, por ejemplo) y el resultado era afortunado. De inmediato uno piensa que ese argumento hubiese lucido mucho más protagonizado por el Cabo Savino. 
En fin... la primera mitad de cada una de estas revistitas, vale la pena.
El resto de las páginas, si uno no fuese coleccionista, podría arrancarlas y tirarlas tranquilamente al tacho de basura (para el baño no sirven, si se tiene el culo delicado, porque el papel es áspero).



(1) A raíz de la lectura de este posteo, un amigo dibujante me informa que la fuente principal de Alvarez Cao era "La Guerra al Malón", del Comandante Prado; pero que además filtraba algunas referencias de "La Pampa Habla", de Luis Franco, un seguidor de Trotsky. Este dato termina por confirmar mis observaciones y mejora mi concepto acerca del mencionado guionista.

jueves, diciembre 20, 2018

EL PATORUZITO DE EDICIONES ASSISI

Hace casi tres décadas, pisé por primera vez EDQ (para mí se va a llamar siempre EDQ,  por más que haya mutado a Editorial Universo primero y a Los Tehuelches después). Me recibió amablemente un ejecutivo, cuyo  nombre no recuerdo.
Sí recuerdo que le planteé que en el mercado del coleccionismo, los ejemplares  de las épocas de oro se estaban encareciendo día a día, y que para los que nos teníamos que convertir  a la fuerza en coleccionistas, porque nos interesaban las historietas, no el papel viejo, sería maravilloso que se reeditaran los antiguos títulos.
Me miró asombrado, y me dijo que era precisamente lo que estaban haciendo.
Entendí de inmediato que iba a ser imposible que nos entendiéramos.
Ya para la segunda mitad de los '70 se había dejado de producir material nuevo, y lo que subsistía en los kioscos era lo que dio en llamarse "Selección de las Mejores" (Andanzas de Patoruzú, Correrías de Patoruzito y Locuras de Isidoro). Obvio que no se trataba ni de lejos de "las mejores", sino de aquellas pertenecientes a  la última y decadente  etapa de originales. Si se las privilegiaba era por mero criterio utilitario: traían menos páginas, resultando más fácil adaptarlas (o sea, mutilarlas hablando en criollo). Se pasaba de 128 "episodios" –traducción: tiras- a 108. Y de 74 páginas a 66. Téngase en cuenta que las aventuras de la época dorada, a las que sí les cabía el calificativo de "mejores", traían 166 tiras, en 90 páginas, de ahí que eran descartadas casi por completo. La excepción la constituía alguna historia corta que antiguamente se completaba con otra en un mismo número.
Pero además –me he referido reiteradas veces al tema- el criterio de "adaptación" no pasaba solamente por la eliminación de una cantidad determinado de  viñetas, sino por alteraciones ridículas de historias y personajes, que convertían a "Selección de las Mejores" en verdaderos engendros, de los que sólo se podía valorar las tapas de Montag y alguna que otra dibujada por Quinterno, cuando andaba con ganas.
Así y todo, varias generaciones crecieron leyendo esas revistas, y  aún a sabiendas que eran un pálido reflejo de etapas inaccesibles, terminaron por incorporarlas a sus afectos.
Es preciso aclarar que a mi generación, que tuvo el privilegio de acceder a las "Inéditas!" en Correrías y Andanzas, también le toco leer historietas provenientes de los semanarios, que claramente se distinguían por el abrupto cambio en estilo de dibujo.
La editorial de Quinterno tiene un largo historial de re ediciones desde sus inicios mismos. 
El número uno de Patoruzú semanal recogió la aventura inaugural del indio en el diario "El Mundo" y luego siguió con otras de la misma procedencia, bajo el título "Colección Patoruzú". Las primeras entregas de Andanzas y Correrías fueron a su vez compilaciones de las tiras del diario y  los semanarios. Asimismo, el argumento del lanzamiento de Locuras de Isidoro, "Vivan los novios!", de 1968,  es una re elaboración de "El Irascible Coronel", aparecida en el semanario del indio en el '39. Y podría seguir con los ejemplos…
Todo esto, menester es aclararlo, con un criterio muchísimo más respetuoso de los originales que el utilizado décadas más tarde.
O sea, re ediciones no faltaron. El tema es cómo se hicieron.
Vayamos a las últimas épocas, donde los herederos de Quinterno empezaron a contemplar que la obra del Pater Familias merecía mejor suerte que las revistitas que mes a mes languidecían en los kioscos, en cíclicos e incontables refritos de algo más de un centenar de historias, que poco tenían que ver con el talento del creador original.
En el año 2004, la Biblioteca Clarín de la Historieta dedica un volumen  a Patoruzú. Se rescatan allí "El Aguila de Oro" y "Discípulo del Diablo", dos obras maestras debidas a la pluma del creador del Indio, junto a la primera aparición de Patora, dibujada posiblemente por el talentosísimo Urtiaga, y con guión –otra probabilidad- de  Mirco Repetto, sobre idea del mismo Quinterno. O sea que la elección se puede calificar de afortunada. La edición es rústica, pero acorde al precio. La  verdadera contra acá radica en el formato, que no respeta la puesta en página original, si bien el tamaño de las viñetas resulta adecuado. Y muy poco aportan los prólogos de Accorsi y Fontanarrosa. El primero, por su supina ignorancia sobre la historieta cómica argentina. El segundo por no pasar de ser un lector de prestigio.
La Biblioteca de Clarín reincide con Quinterno, tocándole el turno a Isidoro. El volumen tiene el mérito de contrastar las distintas facetas por las que pasó el personaje, desde sus inicios hasta la revista propia, permitiendo incluso comparar "El irascible coronel" con "Vivan los novios!". Termina con "El toro campeón", un episodio olvidable publicado en el nro. 50 de Locuras. Encima, para esa época, empezaban con la viñetas de dos tiras lo cual complica aún más la ya fallida puesta en página de la colección.
La segunda Biblioteca de Clarín, del 2007, completa Quinterno con un tomo de Patoruzito. Aquí la elección de las historias es mucho más despareja. Se pretende reflejar distintas épocas, por lo cual se toma la aventura iniciática, del primer número del semanario, mérito de la dupla Repetto-Lovato,  siguiendo con "El rey de la pradera", una perlita de Correrías –dibujada por Horacio Saavedra, arriesgo-, y dos episodios  lamentables de la etapa de decadencia. Uno de ellos, según Accorsi, elegido por ser "el favorito" de Quinterno. Se lo debe haber informado algún pinche de la Editorial que dejaron  olvidado en un armario. No creo que Quinterno  tuviese tan mal gusto. Por lo demás, lo reseñado anteriormente vale para esta edición en cuanto a calidad y formato. Lo verdaderamente terrorífico de este libro de Clarín es la boutade de Diego Accorsi, afirmando que Patoruzito no es Patoruzú de chico. Ya me he extendido en varias notas al respecto, de modo que no vale la pena  repetirlo. Simplemente lamentar una vez más que gente como Accorsi o Sasturain sean referentes "ineludibles" en la historieta vernácula.
También en el 2007 apareció el Libro de Oro de Isidoro. Un volumen importante con muy buena impresión, que recoge unas pocas aventuras de Locuras de la mejor época, la primera, donde todavía Isidoro conservaba las características del Semanario Patoruzú, cuando protagonizaba su propia tira, llevando una vida paralela junto a su tío, el Coronel Cañones . O sea,  un vivillo con pretensiones de pertenencia a la alta sociedad, de comicidad patética por ser a menudo perdedor,  aunque siempre carismático. Los  guiones de ese período son muy elaborados, y el dibujo excepcional. Pero en una veintena de números de Locuras, Isidoro mutó definitivamente  a "rey de los play-boys", tornándose los argumentos una sucesión de previsibles gags, donde invariablemente el antiguo perdedor terminaba cayendo parado como los gatos. Y junto con eso, los dibujos se aggiornaron, se convirtieron en industriales. Los restantes episodios reproducidos en el libro -la mayoría-, pertenecen precisamente a dicha etapa, que desdeño, pero que reconozco mucha gente celebra. Será cuestión de gustos, pongámosle… Lo que sí resulta objetivo es que las viñetas del volumen son prácticamente ilegibles debido a la inexplicable reducción del formato, en función de encajar  seis tiras en una página. Contemos a favor los extras, que compensan el prólogo del infaltable Sasturain.
Pasemos al 2011. Perfil anuncia con bombos y platillos la publicación de una colección de Patoruzú en colores de títulos nunca reeditados en Selección de las Mejores. Promete además que no sufrirán mutilaciones, respetando la edición original. Mentira. Quitan viñetas a lo pavote. Y los títulos, aun cuando no apareciesen en Selección, pertenecen a entrados los '70, o sea a la etapa de decadencia editorial. Pero lo peor de todo es el color digital, intentando "modernizar "el dibujo  a través del volumen. El resultado, por lo oscuro de la impresión -me consta que  lo entregado por los coloristas era correcto-,  es de imposible visión en varias secuencias. Después siguen con Patoruzito con idénticos criterios y resultado. Un fiasco.
Tenía que tomar la posta Ediciones Assisi para llegar finalmente a una reedición de Quinterno como Quinterno se merecía. Porque se trata aquí de rescatar su labor integral como dibujante y guionista en Patoruzú, su creación máxima.
El meticuloso trabajo de restauración, basado en publicaciones, de Pablo Sapia, es por demás meritorio. También el criterio adoptado de alternar por tomos las tiras del diario con las entregas del Semanario. Como bien argumenta Sapia, una elección cronológica hubiese entorpecido el entendimiento de los parámetros con que se manejaba Quinterno, quien –por ejemplo- reserva a Upa sólo para su revista. Los tres tomos aparecidos hasta ahora (resta un cuarto) son irreprochables. En cuanto al formato, respetuoso de la puesta en página original, coincidimos con Pablo que supera a las reediciones en las primeras Andanzas, y está apenas por debajo –por tamaño de viñetas- de lo publicado en el semanario. La calidad del papel, impecable. 
Assisi, además, acaba de lanzar un volumen de Patoruzito que abarca los siete episodios iniciales de la revista semanal, publicados entre 1945 y 1947, obra de Lovato en dibujos (se advierte por ahí algún trazo de Ferro) y de Mirco Repetto en guiones, bajo la atenta supervisión de Quinterno, por supuesto. Aplican los mismos méritos reseñados para la edición de Patoruzú, aunque acá el gran desafío consistía en rescatar el color original. Los responsables de la restauración digital, Eduardo Adán y Berni Torre, salen más que airosos. Se ha tenido, además,  el buen juicio de eliminar los cuadritos de resumen y repetición iniciales, producto del (continuará), lo que otorga mayor fluidez al relato. Se extrañan sí, un poco, los extras que traen los tomos del Indio, pero bienvenida sea la ausencia si sirvió para incluir más historietas y abaratar el precio. 
He tenido el honor que me invitaran a escribir el prólogo, que dediqué básicamente a que no quedara instalada en el imaginario colectivo la ridícula hipótesis de Accorsi. Si bien en foros y en este blog se ha dejado suficientemente aclarado que su mirada obedece al formateo del cómic yankee, la letra impresa sigue siendo otra cosa. Y hasta ahora,  la letra impresa estaba en el Patoruzito de Clarín y era de autoría de Accorsi.
En la foto, detrás del flamante tomo de Assisi, se ve parte de mi colección de Correrías, donde se encuentran las historias ahora re publicadas. Los que compren el volumen  gastarán muchísimo menos en términos de tiempo y dinero de lo que yo gasté para acceder a ellas. Y tendrán entretenimiento de excelencia garantizado. 
Perdérselo, asevero, será causa de lamento en el futuro.



domingo, diciembre 09, 2018

PATORUZÚ EN 100 x 100 HISTORIETA NACIONAL

Ya me he referido en este blog al proyecto 100 x 100 Historieta Nacional, donde un grupo importante de dibujantes y guionistas se han puesto a recrear  personajes clásicos de la historieta argentina, bajo una misma premisa argumental que atraviesa todas las historias: Mafalda desaparece y Mort Cinder sale en su búsqueda. Como guionista, me asignaron a Patoruzú y me di el lujo de tener a Pablo Sapia como dibujante. No quería en este año, que se cumplen los 90 del indio, dejar de publicar el episodio completo acá. Espero que los entendidos en Quinterno y Oesterheld, y también los que no lo son, lo disfruten...







lunes, diciembre 03, 2018

"LAS CLAVES DEL INDIO" EN FORMATO DIGITAL

Hace un tiempo vengo trabajando en la re escritura de mi novela "Las Claves del Indio" (no Solari, como arriesgaron por ahí). Creo que la nueva versión, circunscrita a mis memorias de coleccionista, ha quedado bastante bien, y la iré subiendo diariamente a la plataforma de Litnet.
Para quienes quieran seguirla, clik AQUÍ.
Deben tener en cuenta que Litnet tiene sus secretitos... si llegan abajo de la página y ven un número 2, es porque el capítulo consta de dos páginas. Cliqueen ahí para seguir leyendo. Si hubiese un tres, lo mismo.
También tienen "Anterior" y "Siguiente", para pasar de capítulo (no de hoja, se entiende?).
Si no hay más siguiente es porque llegaron a lo último publicado, que no necesariamente es el final de la novela.
Si en cambio no hay más "anterior", es porque están en el principio.
Por último, si ponen "me gusta" en la página, me permite subir en el ránking y ganar lectores.
Gracias.




sábado, noviembre 24, 2018

GANGA DEL DIA

-Comiquita álbum cartoné, excelente estado...


-Meteoro N° 1, con la primera entrega de Chicle Bang, de Ferrito 
(también trae Rahan, originaria de Pif Gadget)...



-Batman, Novaro, Nro. 749, 17/09/1970...



viernes, noviembre 02, 2018

GIRA MAGICA E HISTORIETISTICA

Hoy anduve...

a) Retirando el Tomo 1 de Conventillo (el último en salir). Es una edición para coleccionistas. El compilador, Berni Torre, me invitó a formar parte del panel de prestigiosos prologuistas. Un orgullo...




b) Recorriendo la muestra de los 90 años del indio. Imperdible, está hasta marzo, así que no hay excusas. José María Gutiérrez, su curador, ha tenido la deferencia de ubicarme -en el hermoso catálogo- entre la bibliografía consultada. Otro orgullo...




c) Visitando, también por gentileza de José María, parte del archivo historietístico de la Biblio. Acá, originales de Mazzone para Cara Sucia. No es común ver un Capicúa en colores fuera de las tapas de la revista que llevaba su nombre. La otra tira es El Ñato Agrelo, desconocida por mí hasta hoy...




d) Recibiendo de regalo, además, el catálogo de la muestra de Landrú, a la que no pude asistir en su momento, y un libro de manos de su autor...



e) Canjeando comiquitas...



f) Encontrándome con mi querido Umpah-Pah. Estatuilla que encargué a un artesano extraordinario, que nunca me defrauda (es el tercer pedido que le realizo)...



Es todo por hoy.

sábado, octubre 20, 2018

QUEREMOS TANTO A QUINTERNO

Quinterno era xenófobo y racista.
Basta ver algunas tapas del semanario Patoruzú para comprobar cómo trataba a los inmigrantes. No sólo a los judíos, con los que directamente se ensañaba. Hay una portada (nro. 47) con el indio mirando despreciativo a un tano borracho que se le arrima, en tono jocoso. Y otra (nro.108) con el rostro en primerísimo plano de un ingenuo Patoruzú, rodeado de taimados de distintas nacionalidades, dispuestos a caer sobre su presa .



Quinterno era un nacionalista de derecha.
Bien lo señala Steimberg en su análisis de los primeros editoriales de la revista ("Hemos visto, chei…"), que tocaban la política nacional desde la óptica del conservadurismo. Prontamente vio que no le convenía politizar la publicación, y se dedicó a abordar temas municipales, tipo "hay que arreglar las veredas, canejo!". De todos modos, cuando uno observa la ideología chovinista, derechosa, primaria, de la mayoría de sus fanáticos (pueden consultarse los comentarios a los primeros posteos de este blog), cae en la cuenta que Quinterno siempre siguió haciendo política, aunque de forma solapada..



Quinterno era militarista.
No me voy a detener en el pundonoroso Coronel Cañones, por lo obvio. Sí en una tapa de Patoruzú, la del 22 de mayo del '39 con el indio tocando la trompeta sobre una foto de fondo con el imponente desfile del Ejército. Una época que –para quien no esté al tanto- dio en llamarse Década Infame. Una fecha –para quien no esté al tanto- muy cercana al inicio de la Segunda Guerra. Con un Ejército –para quien no esté al tanto- marcadamente germanófilo.


Quinterno era antiperonista.
He referido varias veces algo que contaba Mirco Repetto: Quinterno discriminaba a Rapela con El Huinca por su postura política, que se traducía en la historieta. Se puede encontrar en este blog, narrado por el mismo protagonista a quien suscribe: Quinterno censuró una Correrías ya terminada y aprobada, cuando se enteró que su autor, Francho, formaba parte de la Resistencia Peronista.

Quinterno negó un genocidio.
Borró de un plumazo la campaña del desierto, trocó Historia en historieta, la tergiversó, la dio vuelta, y por arte de birlibirloque convirtió a un indio en dueño de media Patagonia. Viajó allí en su juventud -narra la mitología quinterniana- y conoció a los tehuelches, fuente inspiradora de su creación.  En la realidad, para fines de los veinte, los últimos representantes de esa tribu eran sirvientes en casas de familias bien de Capital o momias en el museo de La Plata.


Quinterno negaba sus orígenes.
Así como le inventó una prosapia egipcia a su criatura, mandó a confeccionarse un árbol genealógico a medida,  falseando un pasado de nobles piamonteses. En la realidad, su abuelo había sido un humilde inmigrante dedicado a la agricultura. Cuando echó buena y empezó a codearse con otros terratenientes con olor a bosta, que frecuentaban ambientes selectos y jugaban al golf (mundo que ya conocía por su mentor, el Mono Taborda), creyó necesario redibujar su cuna.



Quinterno era un comerciante poco escrupuloso.
Cuando Repetto, en su ausencia, le contrabandeó tapas de El Huinca en el semanario Patoruzito, y  a su vuelta advirtió que eso elevaba las ventas en el interior, le mandó a ponerlas más seguido, como si nunca antes las hubiese vetado.  Reinventó a sus personajes permanentemente, también en función de la conveniencia editorial. Peleó siempre a muerte sus derechos intelectuales, al punto de crear el primer sindicato argentino y demandar a quienes usaban sus imágenes sin permiso, pero no respetó los de otros creadores (caso Mazzone con Capicúa).


Quinterno manejaba su personal con criterio paternalista.
Cierta vez que se salvó de milagro de un accidente automovilístico, cerca de Luján, lo interpretó como una señal divina y le aumentó el sueldo a todo su staff. O sea, no por los merecimientos de los otros, sino porque los ligaba a su suerte, tipo patrón de estancia.  El indio, al igual que su creador, cultivaba la "caridad".


Quinterno manejaba su personal despóticamente.
La obsesividad para con el tratamiento  que otros dibujantes debían dar a sus criaturas derivaba en permanente maltrato.

Quinterno era un puritano.
Un pilar de su staff, como Divito, terminó cansándose que le alargara las faldas a sus chicas, y se fue con la música a otra parte (lo bien que hizo). Isidoro, en su faz tardía y decadente de play-boy mayor de Buenos Aires, jamás cogía.  La moral de Quinterno era anodina, de catequesis. Se evidencia con su famosa descripción de Patoruzú, "el ser ideal que todos quisiéramos ser".


Peeeero…

Quinterno era un genio.
Creó la dupla más compleja de personajes historietísticos nacionales. Patoruzú e Isidoro son opuestos complementarios tan ricos que sus aventuras podían sustentarse sólo con ellos. Cada vez que tuvo que refundarlos, por necesidades editoriales, lo hizo para mejor, en una especie de forzado pero magistral work in progress. Además ideó para acompañarlos a una criatura fenomenal (en el sentido de grandiosa y de fenómeno), un salvaje extraño y querible, que era el necesario talón de Aquiles del indio: su hermano Upa. Adicionó otros allegados fuertes en matices, La Chacha, Ñancul, Patora. Y como si fuera poco, dotó al indio de un flete portentoso, Pampero. Ni hablar de la imaginativa galería de villanos, con Gastón y Mandinga a la cabeza, sin olvidar al Chino y al Hindú. Y finalmente, la pirueta magistral, la última refundación: la versión infantil del cacique, tanto o más eficaz que la adulta.

Quinterno era un enorme dibujante.
Personalísimo en sus principios. Aun cuando empezó a evidenciar la influencia de Disney (de Floyd Gottfredson, para ser precisos), siguió siendo un grande. Las primeras ciento y pico de tapas del semanario Patoruzú son, cada una de ellas, obras de arte.

Quinterno era un extraordinario historietista.
El pulso narrativo de Quinterno podría equipararse a los más grandes a nivel mundial. Sus secuencias son impecables, plagadas de acción, de un dinamismo exorbitante. Las nuevas generaciones tendrían tanto para aprender de él, si dejaran de lado el onanismo de las viñetas inconexas, hechas al sólo efecto de lucimiento del dibujo.

Quinterno era un editor exigente.
El semanario Patoruzito ha sido una de las mejores publicaciones de historietas de la Argentina. Reunió a los más grandes, tanto en la rama cómica (Battaglia, Ferro, Blotta) como en la seria (Breccia, Wadel, Rapela, Lovato). El semanario Patoruzú, aparte de la excelencia de sus dibujantes, se destacaba en el humor escrito. Los Libros de Oro rebozaban calidad de la primera página hasta la última. Los pocos números que duró Patoruzito Escolar fueron un ejemplo de revista infantil moderna para la época, superior a la anquilosada Billiken y a la ñoña Anteojito. Quinterno sabía reconocer el talento, y a pesar de los abismos que los separaban, convocó nada menos que a Oesterheld para esa empresa.


Quinterno, en fin, sus creaciones, fueron mis primeras lecturas infantiles. Con Quinterno empecé a amar la historieta.
Quiero tanto a Quinterno, a pesar de Quinterno.
Por eso hoy, terminados  los festejos de los 90 años del patagón, viendo tanta pavada repetida aquí y allá, quise dejar estos apuntes, que resumen-explican por qué me he ocupado durante décadas de Quinterno.
Que los cumplas feliz, indio querido! … y gracias, Maestro, por habérnoslo regalado.

miércoles, octubre 17, 2018

martes, octubre 16, 2018

LIBRERIA DE VIEJO LIQUIDA (2)

Volví a la librería de viejo marplatense al día siguiente (el último día, de cierre) por una publicidad que me había llamado la atención, pero no había comprado de pijotero. Se trataba de un desplegable de un medicamento para hemorroides, con un diseño ingenioso y dos hermosos dibujos. No había firma, pero sospechaba ahí la mano de Ianiro. 




No bien estuve de regreso, me puse a cotejar. En primer lugar, lo más aproximado para comparar es esta tapa de Rico Tipo. Se pueden observar similitudes en los zapatos de la señora y la oreja del gaucho, más allá del estilo de coloreado, que no siempre era autoría del dibujante.


Vamos ahora a algunos detalles de distintas épocas de Tóxico y Biberón...

Nariz, habano, forma de rostro...
Actitud corporal de personaje de fondo caminando y arabescos de puerta y ventana...


Toldo (eran una constante en la tira)...
La última imagen pertenece a Tito Faldas...

Edificios de fondo.
Todos estos detallecitos, si bien no son concluyentes, reafirman  mi apuesta a Ianiro. Pero como bien decía Tu Sam, puede fallar...
Debo acotar que el maestro Osvaldo Laino, cuyo criterio valoro enormemente, atribuye estos dibujos a Francisco Revelli. Me puse a revisar las tapas que tengo de él en distintas publicaciones, y no termina de convencerme la hipótesis...  Aunque la duda queda abierta.

LIBRERIA DE VIEJO LIQUIDA (1)

Estaba en Mar del Plata y me pasaron el dato de una librería de viejo que estaba liquidando por cierre. Por su ubicación, alejada del centro, no la conocía. Me llegué hasta el lugar el ante último día. Se especializaba, aparte de libros antiguos, en afiches de cine y publicitarios. De historieta, casi nada. Me traje El Humor Escrito, que me faltaba para completar la trilogía de Trillo-Bróccoli en el Centro Editor. También fue el último en editarse. Tiene dos curiosidades. La primera que la revista Patoruzú apenas si merece una mención al pasar. Supongo que debe haber sido porque Quinterno armó lío por derechos -como era su costumbre- con los dos libros anteriores, donde sí se incluyen referencias varias e imágenes de sus creaciones. La otra curiosidad es que fue editado al filo de la aparición del primer número de Satiricón, por lo que la reseña de revistas humorísticas concluye con Hortensia.