Heredero de los guapos de principios del siglo pasado, Pascualín, un flaco de enorme nariz patorucezca, posee una fuerza descomunal, que sólo pone al servicio de causas nobles, otro rasgo de semejanza con el indio. Pero las comparaciones con Quinterno terminan ahí, puesto que el personaje de Torino, además de su humilde condición económica, suele hacer gala de gran astucia.
De perfil muy bajo, aunque protagonista en su ámbito, como el típico muchacho de barrio que pintará luego Dolina, pasa sus ratos de ocio en charlas de café y jugando al billar. El fútbol (se ve en "Amistoso Rioplatense", subido por Luis, y en “Fútbol, Trompadas y Goles”, que se puede descargar de este blog ), el box, los líos del barrio -sin que falte la viejecita abnegada- son los tópicos habituales por los que transcurren sus aventuras.
Claro que, como adelanté, la audacia de su creador lo desinstala a menudo del contexto natural, y lo traslada a exóticos e imaginarios territorios, como se observa en esta página, publicada en Avivato, en el año1955. A raíz de la búsqueda del tesoro de un barco, Pascualín termina en el fondo del mar, enfrentándose, para rescatar a la “pebeta” que lo acompañaba, a un estrafalario reinado de peces.
Otro ejemplo de episodio fantástico (que se puede encontrar aquí) es el que vive, también junto a un “budinazo”, en el “Castillo Verde”, aunque termine explicándose convencionalmente como producto de un sueño.
En julio de 1958, inaugurando Ediciones Torino, aparece el primer número de La Barra de Pascualín, revista de formato tabloide, de 33 páginas, donde además del protagonista, aparecían, en historias breves, otros personajes del autor: Don Nicola, Barrabás, Globito y su magia en contra, Whashington García, Los dos Profesores, El Mago Fun-Yi-To, con sus características habituales.
Pascualín, en cambio, aunque siempre acompañado por su amigo Yulbri (cuyo antecedente gráfico puede hallarse en Barquinazo, un punto alto, que Torino hacía en el suplemento en colores del diario Crítica), cambia curiosamente de ámbito. Sus aventuras desmienten el título de la publicación, y pasan a denominarse Pascualín en el Far-West.Siempre me llamaron la atención dos circunstancias relacionadas con esto.
Ya en formato apaisado, la revista pierde aún más interés, dado que -como sucedió en sus otras publicaciones- Torino incluso deja en manos de otros dibujantes a Pascualín.















