SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
Mostrando las entradas con la etiqueta Juliá. Mostrar todas las entradas
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sábado, julio 18, 2020

MARIANO JULIÁ Y DON ROSA

A cualquiera que se haya adentrado un poco en el mundo de la EDQ, la editorial de Quinterno, le suena el nombre de Mariano Juliá, al menos como argumentista de las primeras -y mejores, no me canso de repetirlo- Locuras de Isidoro. 
Debe haber quien lo recuerde, claro, por aquella extraordinaria sección en Patoruzú semanal, que cada tanto releo y sigue siendo garantía de diversión: Jovito Barrera un barrilete sin cola (invariablemente con ilustraciones de Ferro). 
Pero quizá no se tenga tan presente que en la misma revista, Juliá desarrolló durante años otro personaje, ya no dentro del género de la picardía porteña, como Jovito, sino en la vertiente campera. Me refiero a Don Rosa. 
Estuve revisando pilas de ejemplares y lo ubiqué -muy genéricamente- desde la numeración del 900, o sea mediados de los '50, cuando la publicación era aún en formato apaisado grande. En esa etapa, si bien aparecía Don Rosa, los títulos respondían al argumento de cada cuento en particular.  
Después, con la revista ya en formato tabloide (alrededor del 1100, año 1960) la sección es fija y pasa a tener el nombre del personaje. 
Así continúa hasta 1966 (nro. 1500, aprox). en que desaparece, luego de más de una década. Aunque Juliá continúa  con relatos camperos, bajo el título de "Por esos pagos nuestros", donde a veces firma y otras usa seudónimos como "El paisano".
Todo esto viene a colación de que una persona de la familia del escritor se conectó conmigo para averiguar sobre un libro suyo llamado "Los cuentos de Don Rosa", que al parecer no se trataría de recopilación de la sección de Patoruzú, sino de relatos inéditos, y que le interesaría conseguir.
Traslado la inquietud a los seguidores del blog, por si alguien tiene noticias de ese volumen.


martes, noviembre 19, 2013

HGO en EDQ: La Andanzas y la Correrías que no fueron

(Extractado de la REVISTA LATINOAMERICANA DE ESTUDIOS SOBRE LA HISTORIETA, vol. 5, no. 20, "H.G. Oesterheld: maestro de los sueños", autores: A. Ferreiro, F. García, H. Ostuni, L. Rosales, R. Van Rousselt, capítulo "Trabajos no publicados")
L
a vinculación de Oesterheld con la Editorial Quinterno, de acuerdo con testimonios y escritos encontrados en sus archivos, comprende no solo lo ya apuntado. La Editorial en determinado momento le compra guiones de tres o cuatro episodios de «Patria vieja», que luego no utiliza. También el guionista presenta episodios de «Ernie Pike», que no tienen acogida, y que luego serán utilizados en Top.
Para Grandes Andanzas de Patoruzú encara un episodio del cacique tehuelche; idas y venidas quedan registradas en cuatro sinopsis que HGO presenta a consideración de la dirección de la revista, cada una de ellas atendiendo a los cambios requeridos por ella, cambios que se certifican en dos notas de observaciones, una de ellas firmada por Mariano Juliá, estrecho y antiguo colaborador de Quinterno.
El nudo argumental del episodio -titulado «El obelisco encoge»- gira en torno a lo que un sabio ha logrado inventar y construir un robot-topadora (el Ratorobot) que el inventor, altruista, quiere utilizar para abaratar la construcción de viviendas para los pobres. Un ayudante, malvado y ambicioso, se hace de los planos y construye, a escala diez veces mayor, un nuevo ejemplar del Ratorobot y lo utiliza amedrentando a los habitantes de Buenos Aires, hundiendo en el terreno a los monumentos y edificios más característicos de la ciudad, entre ellos el obelisco. Su guarida-laboratorio está construida bajo tierra, manejando desde allí al monstruo  metálico. La intención del malvado sabio es lograr que ante su demostración de poderío el gobierno claudique y los bancos entreguen todos sus fondos, ante la amenaza de hundir bajo tierra el hospital de niños.
En las sinopsis posteriores desaparece la figura del sabio bueno, quedando todo como obra del sabio maligno. También desaparecen y se modifican situaciones que no son juzgadas convenientes por la editorial, ya sea por resultar poco creíbles o forzadas o por no coincidir con la idiosincrasia de los personajes tan cuidada por Dante Quinterno. En una de las notas de observaciones aludidas se lee lo siguiente: «A fin de seguir ambientando al guionista se transcriben unas acotaciones hechas por el señor Quinterno sobre la síntesis presentada: "El loco autor del descalabro tiene que vivir en la superficie. Escondido tras la máscara de un inocente ciudadano. Pero se traslada a su laboratorio secreto bajo tierra usando un sótano o túnel del tiempo de la colonia en una vieja iglesia o casa histórica de San Telmo. (Estudiar esto. Todavía existen lugares en Buenos Aires que pueden dar nacimiento a la fantasía y crear el clima para resolver este punto importante del argumento: el lugar usado por el maniático para rodearse de la impunidad necesaria y lograr pacientemente y con los medios apropiados instalarse adecuadamente en su mundo subterráneo). Si no vive en la superficie, se estrechan mucho los límites de la acción a desarrollarse. El acceso inclusive para Patoruzú se hará dificil de resolver porque no se trata de que antojadizamente y por comodidad del argumentista elija un lugar caprichoso, cave y ¡oh, casualidad! acierte con el túnel de acceso. Pero sí resulta lógico y hasta mucho más interesante que el seguimiento de sus pasos lo lleve a Patoruzú a la boca de su cueva. Inclusive el personaje resulta más siniestro y con contornos altamente sugestivos si se oculta tras la inocente figura de un ciudadano honorable. La fórmula de la piel de oveja siempre surte efectos. Este siniestro personaje, con paciencia y laboriosidad de hormiga, durante años ha construido sus túneles, su laboratorio, etc. Ha armado pieza por pieza al monstruo Ratobot, tiene un equipo de zombies fieles y fanatizados que lo ayudan, medios económicos que deberán creársele y un profundo conocimiento de la electrónica que lo ha llevado a la realización de la monstruosa organización subterránea que hoy posee. Por eso un, viejo convento (hoy iglesia) puede ser ideal, por la impunidad que ofrece. Patoruzú es atraído por el científico y es su fortuna la que financia la obra destructora del maniático. Esto agrega también una fuerte dosis de interés a la trama. Patoruzú sin a saberlo y creyendo que apoya una obra de bien es la fuerza motriz de todo ese a dislate!"». 
En la primera versión una laucha-robot -creación del sabio bueno- conducía a Patoruzú, Upa e Isidoro hasta el laboratorio del investigador.
Tal laucha era un prodigio: hacía muecas, cantaba, se reía, tenía una inteligencia descomunal. Por indicaciones marginales efectuadas sobre el escrito presentado por HGO, se desprende que toda esta parte del episodio la editorial le sugiere a Oesterheld desprenderla y utilizarla para otro con destino a Correrías de Patoruzito, lo que en definitiva el argumentista realiza, de acuerdo con una quinta sinopsis encontrada, con el protagonismo de Patoruzito e Isidorito bajo el título de «La laucha sonriente» y ambientando el episodio en un circo, siendo la laucha creación de un payaso.
Pese a los cambios realizados, tanto - «El obelisco encoge» como «La laucha sonriente» no tuvieron la suerte de ver la luz en las clásicas revistas de Quinterno.

martes, diciembre 18, 2012

Releyendo Patoruzú (sin Patoruzú)

A principios de los '60, en una misma página de la Patoruzú Semanal, venían dos secciones fijas de humor: "Jovito Barrera, un barrilete sin cola", en forma de relato breve, a cargo de Mariano Juliá e ilustrado por Ferro, y "Hay un caño en tu futuro", chiste gráfico en un cuadro, también de Ferro.
Jovito era una suerte de Isidoro Cañones gordo y con una ficción de empleo fijo. Pero paradójicamente -ya que Juliá es el responsable del cambio de carácter del personaje de Quinterno en las Locuras-, la versión correspondía al Isidoro tiro al aire, quinielero, de barra de amigotes, burrero empedernido, siempre al borde del delito, canchero y chanta antes que play-boy. Y a mi criterio, las barrabasadas de Jovito, en narración, superan en mucho a los guiones hechos por Juliá para Locuras. Ya que mencionamos la historieta: El barrilete sin cola, con su estructura fija y su invariable remate ("¿No ven que ustedes se ahogan en un vaso de agua?"), hubiese merecido tener la propia. 
"Hay un caño en tu futuro", es una suerte de "El minuto fatal", al revés. En vez de hacer racconto desde el instante trágico hasta el momento de su origen, como en la tira de Mazzone, se parte de éste y se proyecta al futuro. La otra diferencia es que la temática -tal como lo sugiere el título- está circunscripta al ámbito laboral. El cuadro elegido aquí demuestra la actualidad que muchas veces suele alcanzar aquel humor "antiguo".

sábado, diciembre 04, 2010

APOSTILLAS DE AQUÍ ESTA! (12/12)

JULIÁ
Mariano Juliá, uno de los pilares de Quinterno, aparece firmando Sin mucho bitter, una sección fija de humor, a cargo de distintos autores invitados (entre ellos, el célebre Chamico). En este número (1º de agosto de 1949) ilustra Rafael Martínez.

miércoles, junio 02, 2010

VIEJOS RECORTES (2): SAGRERA Y "TATALO"

Me interesaba saber si Sagrera dibujó o no Tatalo en Radiolandia, no tanto por el valor que puede tener el dato en sí mismo, sino en función de comprobar si mi ojo para reconocer estilos es tan clínico como me jacto. Y sí lo es. Por esas extrañas casualidades, habiendo pasado apenas unos días del post anterior (ver), revolviendo en un galpón revistas que no tienen nada que ver con la historieta, encontré un suplemento sobre el humor en la Argentina que editó Radiolandia en 1980, con la firma del maestro Siulnas, donde éste, luego de historiar el origen de la tira cómica mencionada, dice textualmente: "Abandonado por sus autores originales, el personaje continuó aún un tiempo -tal era su popularidad-, dibujado sucesivamente por Gigante, Sagrera y Camblor".
Respecto a Camblor, tenía el dato equivocado que había sido el autor de Tatalo. Siulnas se lo atribuye a Roberto G. Bonetto y al periodista Mariano Juliá, en guiones. La presencia de éste último resulta otro nexo con Quinterno. Juliá terminó escribiendo los argumentos de Locuras de Isidoro, personaje con el que el Tatalo dibujado por Sagrera, guarda un gran parecido.

jueves, enero 28, 2010

ENTREVISTA CON ARNOLDO FRANCHIONI -"FRANCHO"- (1era. Parte)

Yo era muy pibe en el ’62. Apenas si empezaba a transitar las Correrías de Patoruzito, leídas (o miradas) de prestado en la casa de unos primos mayores. De modo que llegar a Francho me llevó muchas décadas. Hace un par de años, mis rastreos de coleccionista me depararon un importante lote de primeros números de Piantadino. Gracias a eso descubro “Aventuras de los Tres Malditos -Mifty, Mufty, Lafty-”, que de inmediato me deslumbró. Durante poco más de un año, la revista de Mazzone había publicado esta historieta (nacida en realidad bastante antes, en Avivato). En el ’62, en coincidencia con el exilio de su autor a los EEUU, desaparece de sus páginas.
Enterado de que Arnoldo Franchioni (tal su verdadero nombre) estaba -desde el 2004- de vuelta por estos lares, lo rastreé y le pedí una entrevista que gentilmente me concedió. Mi interés no era sólo historietístico. El motivo del exilio había sido su militancia en la resistencia peronista, y su labor como dibujante había ido de la mano con su ideario. Fuera del caso paradigmático de Oesterheld, no es algo que se observe con frecuencia en la historieta argentina.
Invité –por afinidades estéticas e ideológicas- a Fabio Blanco a que me acompañara, de modo que los dos recalamos, en una calurosa tarde de este caluroso enero, en el departamento de Palermo, donde, a sus 81 años, vive Francho.
Fabio llevó su grabador de periodista, por lo cual podrá dar una versión más fiel de la charla que tuvimos. Yo desgranaré apuntes, impresiones, ideas.
Ya por las charlas telefónicas previas, había evaluado que Arnoldo era un hombre de una enorme capacidad reflexiva, intacta a pesar de los años. El encuentro lo confirmó. No sólo eso: también pude apreciar a un tipo cálido, afable, humilde, no obstante su enorme trayectoria.
Si bien la larga conversación que mantuvimos los tres transcurrió por muy distintos andariveles, propios de una vida muy rica en experiencias, hubo dos ejes permanentes, entrecruzándose: política e historieta.
Francho nació en Ascensión, un pequeño pueblo agrícola-ganadero situado en el centro de la Pampa Húmeda, y en un tiempo -1928- donde “los últimos gauchos se encontraban con los primeros gringos”. Su padre, inmigrante italiano demócrata, tenía un almacén de ramos generales donde se daban cita los coterráneos fascistas y los españoles libertarios. En el patio, sobre el piso de tierra de la cancha de bochas, se trazaba a menudo con una rama el mapa de Europa, y señalándolo discutían. Había un chico de testigo que escuchaba atento. Era el mismo pibe que había rescatado la mención de una maestra a “próceres olvidados” como Facundo Quiroga o el Chacho Peñaloza, y que esperaba con avidez que el tren trajese con atraso las publicaciones de Buenos Aires: El Gorrión, Tit-Bits, El Tony, Rataplán. Y por supuesto, el suplemento infantil en colores del diario Crítica.
En 1944, con dieciséis años parte para Dolores a estudiar Fruticultura. Poco tiempo le lleva fastidiarse de lo que no era su auténtica vocación, y en la primavera del ’46 recala en la Capital. Fue autodidacta en el dibujo, apenas llevaba a cuestas las escasas lecciones de un curso por correspondencia de la escuela del mítico animador Juan Oliva, en las que sólo aprendió -relata risueñamente- a hacer círculos. Y la influencia de Disney, claro, que marcó a todos los dibujantes de su generación. Eso no le impidió empezar a trabajar en el ’47 en el diario Democracia, ilustrando una página donde aparecían los versos de Iván Diez, un poeta popular de fama tan grande entonces como la de Gagliardi, aunque no del estilo lacrimógeno de aquél. “Siempre fui un audaz”, dice Francho, relativizando un talento innato que sin duda fue el factor que determinó que rápidamente ocupara lugares preponderantes. En el mismo diario, durante casi una década, hace la tira “Cándido”. Con un nombre que cifraba su personalidad -al estilo de los personajes de la época- el protagonista permanece inmune a las complejidades del mundo. El efecto cómico lo da justamente sus originales reacciones frente a las situaciones con las que se enfrenta. El dibujo es limpio, con trazos simples, pero cuidadoso de detalles y fondos, y con un soberbio manejo de los contrastes a través del negro.
“Siempre fui un curioso”, vuelve a definirse Francho, cuando lo interrogo por sus comienzos en la política. Y sospecho que nuevamente la modestia, hace que relativice su capacidad reflexiva y también su esencia de persona honesta. La dialéctica que había generado escuchando las discusiones en el almacén de su padre, lo llevó prontamente a adherir a los ideales de justicia social del peronismo, y a relacionarse con grupos que se ubicaban en el ala izquierda de este movimiento. Menciona entre ellos a los “entristas”, militantes del comunismo que, cansados de la ortodoxia imperante en ese partido, empezaban a vislumbrar la capacidad transformadora del justicialismo.
Lejos de disociar la ideología con la praxis, se compromete a fondo, ilustrando las portadas de Descamisada, una revista que acompaña el surgimiento del peronismo, pero que declina y desaparece con su consolidación. “La gente estaba podrida de eso”, resume Francho, en el sentido que la labor propagandística resultaba ya innecesaria, en tanto los logros como gobierno hablaban por sí mismos.
También hará humor político en Avivato, en una etapa en el que ya no se lo podría tildar de “oficialista”, mote con el que a menudo se intenta descalificar a los que sostienen convicciones, tratando de instalar sobre ellos la sospecha de oportunismo. Después de la caída de Perón, fallece Luis Alberto Reilly (“Billy Kerosene”), el coeditor de la revista, y su viuda alienta a Francho a que encare la vertiente política, con el objetivo de aumentar las ventas que decaían. Allí vuelca “toda la bronca, todo el resentimiento” que le produjo el 16 de junio de 1955 (“nuestro Guernica”, acota) y lo que vino después.
Pero antes, en Avivato -cuyo primer número salió a la calle con 30.000 ejemplares, y fue durante un tiempo digna competidora de Rico Tipo y Patoruzú- Francho había desarrollado series memorables como “Historias de Cinco Guitas” y “Album de Familia”. También la tira “Camotito”, proviniendo en este caso el nombre y la característica principal del personaje de la expresión “agarrarse un camote”, o sea alguien que se enamora perdidamente.
“Album de Familia” constaba de un cuadro único, parodia de una foto al estilo de la época, acompañado de una didascalia que la completaba.
Avivato solía enunciar un tema de tapa, al que se adecuaban la mayoría de las secciones. “Historias de Cinco Guitas” se atenía a ese esquema, y mostraba en una página vicisitudes de gente común, observaciones costumbristas, desavenencias amorosas de gente de barrio, al estilo de “Buenos Aires en Camiseta”, de Calé, al que nada tiene que envidiar.
En la primera que se reproduce (11/4/55), por ejemplo, la temática genérica del número pasaba por Marilyn. Obsérvese la curiosa nota humorística que aparece en el encabezado: "N. de R.: Comunicamos a los lectores de esta historia que habiéndose comprobado que el cuadro Nº 7 de este bodrio infame es similar al cuadro Nº 6 de la historia del 20 de diciembre de 1954, el autor ha sido multado en $ 1,75 con lo que se verá privado de sus vicios durante un buen tiempo". Consultado el maestro sobre si este tipo de acotaciones se trataba de chistes internos vinculados a la editorial, o hacían alguna alusión a situaciones de la época, responde: “Los lectores solían escribirme en referencia a las “Historias de Cinco Guitas” y esta sería la respuesta a alguna de ellas, y al leerla a tanta distancia me hizo reír, aunque hoy me intriga ese “$ 1,75” (probablemente sea el precio de un atado de cigarrillos Particulares Negro –lo cual sugeriría que no fumaba mucho-) y tenés razón, el ambiente de Avivato era jodón y solíamos hacer muchos chiste internos”.
Se nota con claridad en el segundo de los episodios que reproduzco, correspondiente a la etapa frondicista, como el humor se hace más ácido y se vuelca decididamente a lo político y social. “Era un material concientemente provocativo”, define Francho.
Vuelvo un poco atrás en el tiempo, y le recuerdo una portada de Avivato, del 21/11/55, firmada por Flax (Lino Palacio) en la que Perón aparece saludando desde un balcón a una solitaria paraguaya con su perro. Es una de las pocas veces en la entrevista que se indigna. Recita de memoria los versos que acompañaban el dibujo (“Para el país de adopción/ resulta Perón un lastre/ pero él tiene una obsesión/ y, desde el primer balcón,/ hace galas de su arrastre”) y concluye, categórico: “Fue una canallada. Lino Palacio se decía peronista y tenía una foto de Perón en su despacho”.
Ese sentimiento de amargura y frustración -no personal, sino social- lo contra efectuó, aparte del dibujo, con una activa militancia, que se tradujo en la creación de un periódico clandestino, 17 de Octubre, hecho de manera rudimentaria en el mismo departamento que hoy habita, y distribuido de mano en mano. Co editor del mismo, como “compañero Valdéz”, no dibujaba allí, si bien en principio se le pidió que lo hiciera. Su trazo resultaba muy identificable -lo que resultaba peligroso para la continuidad del proyecto y para sus participantes-, y todos los intentos por disimularlo fracasaron.
Los años que siguieron a la caída de Perón, fueron muy difíciles para Francho. Su principal empleo seguía siendo la tira de Democracia. Había incorporado como colaboradores en “Cándido” a Jorge Toro y Toni Saborido, ambos "muy discretos, de 'ver y callar' , sin cuya ayuda no hubiera sido posible mantener la doble tarea de dibujante profesional y militante de la Resistencia". Pero la traición de un compañero de trabajo provoca su despido. Lo hace opinar políticamente delante de un interventor del periódico, cargo que Francho ignoraba que detentaba. Recuerda que Pedro Flores, otro dibujante que tenia su mesa de trabajo en la misma oficina, le hacía señas desesperadas para que callase. Señas que, desafortunadamente, no interpretó.
También fue víctima del boicot intentado por un grupo de deliciosas monjitas, que le acercaron al director de Familia Cristiana, donde Francho hacía la tira “Carita Dulce”, un dossier con sus antecedentes políticos. Pese a ello, el director de la publicación lo sostiene, aunque es obvio que esa labor le representaba muy poco económicamente.
A esto se suma el cierre de Avivato, con lo que apenas le queda para vivir alguna colaboración para Chile con El Pingüino - a través de Fantasio- y otros trabajos menores y mal y trabajosamente pagos.
Cuenta que para una publicación que debutaba, Abuelo Barbudo -típica aventura editorial de la época, y que difícilmente pasara del primer número-, le encargaron la tapa. Una vez realizada, le pidió a su mujer que lo acompañara a entregarla, para que observara “la maravillosa vida de un dibujante”. Una vez que el director de la revista aprobara elogiosamente la portada, Francho la retuvo en una mano, mientras extendía la otra a la espera de la retribución acordada. El director, desconcertado, hurgó en sus bolsillos hasta las monedas y finalmente tuvo que pedir prestado a otros colaboradores para pagarle el ínfimo precio acordado.
Probó suerte en la editorial de Quinterno, pero duró muy poco. Ingresó gracias a Mariano Juliá, al que Arnoldo califica como a “un gran tipo”. Publicó algún trabajo en el Libro de Oro Patoruzú del ’59 o ’60 -no lo puede precisar- y a raíz de ello, Juliá opinó que estaba para cosas mayores, por lo que se le encarga una Correrías completa en argumento y dibujo. Una vez realizada, mereció una entusiasta acogida de Quinterno, quien sin hacer corrección alguna -lo cual no era para nada frecuente- sólo instruyó que se agregaran unas pocas páginas, ya que no llegaba a las cien que traía entonces la revista. Francho cumplió. Al poco tiempo, Mariano Juliá lo manda a llamar, y entregándole de vuelta el original, se disculpa, diciéndole, con bronca apenas contenida: “Que te puedo explicar... Este hijo de puta te la rebotó”. Resulta obvio que, en el medio, Quinterno se había enterado de la trayectoria política de Francho. Es otro de los momentos donde el entrevistado se indigna: “Si no le hice un juicio fue por Juliá”.
Le quedaban las ligas menores: Ediciones Torino, Editorial Mazzone. “Trabajar allí para un dibujante era caer mucho. Se trataba de editoriales con tiradas mínimas, no existían. Y lo que se pagaba era ínfimo”. Recuerda sin embargo con cariño tanto a Torino como a Mazzone. Aunque desliza alguna crítica hacia éste último: “Le gustaba mucho la guita. El hacía las tapas, se ocupaba de todo”. Contrastaba, claro, con el espíritu bohemio de don Héctor, que dejaba que sus colaboradores trabajaran con absoluta libertad: “Me recibía las tapas con bromas. Me decía: pero me hiciste medio maricón a Don Nicola!”, cuenta Francho riéndose.
La etapa pos peronista era considerada por los militantes como una transición de unos pocos años a lo sumo. Se la inscribía en los vaivenes típicos de la política argentina. Cuando se comienza a advertir que iba a durar mucho más que lo imaginado, ya se habían cerrado todas las puertas para Arnoldo Franchione. Estaba en las listas negras, y ese estigma implicaba entre otras cosas la asfixia económica.
Del enorme prestigio que había cosechado en menos de una década, da cuenta una nota de la revista Dibujantes, del ’56. Inmediatamente después de referirse a Quino, se lee allí: “Junto a él se consagraron meteórica y definitivamente otros dos valores de nuestro humorismo: Carlos Garaycochea y Arnoldo Franchione 'Francho' (...) Francho con sus célebres 'Historias de Cinco Guitas', nueva forma de humorismo fino y 'entrador', es uno de los dibujantes más solicitados en la actualidad”. A continuación, el artículo cita a Battaglia como otro de los consagrados.
Pero corriendo el ’62, de nada servían los laureles reconocidos por los propios colegas y para Francho llegaba la hora de pensar en irse del país.
El primer destino que imaginó era Europa. Más concretamente Italia, de donde provenía su padre. Pero un encuentro con otro dibujante, Alfredo Olivera, le hizo cambiar el rumbo. Este lo convenció que lo mejor era emigrar a los Estados Unidos, dada la crisis económica que atravesaba el viejo continente. Allí partieron, y le fue muy bien a ambos.
Lo consulto por el motivo de su regreso. Me contesta sin vacilar: “Kirchner!”. “Cuando vi, en la transmisión de la asunción presidencial, como jugaba con el bastón, la forma de empuñarlo, me hizo recordar un gesto de la época de la resistencia. Decíamos entonces, un poco en broma, un poco en serio: cuando volvamos a tener la manija...”.
Hasta el día de hoy, no se siente defraudado.
Intuyo que Francho, a pesar de sus logros en el exterior, no habría querido irse. Por eso se resistía a creer que el retorno del peronismo tardaría mucho. “Y tardó 17 años”, acoté en un momento de la entrevista. “No, fueron muchos más... 48”, me corrige acertadamente el compañero Valdez.

En la segunda parte, los logros en el exterior, y la actualidad de Francho.

Las imágenes que ilustran el post pertenecen a mi colección personal, a aportes del autor y al libro "La Argentina que Ríe", editado por el Fondo Nacional de las Artes, donde se le dedica un capítulo a Francho.

domingo, octubre 18, 2009

Los enganchados de Dao: LA CANCION DE ISIDORO QUE CENSURO QUINTERNO!!! (continuación)

Varias veces apunté que este blog se nutre de casualidades, rarezas, asociaciones libres. De ahí el título del post (y de otros que seguirán).
En el caso se registran dos de esas coincidencias. La primera es que acababa de referirme a “Los Campanelli” (de yapa, otro afiche dibujado por Basurto, para la película de 1972) . La segunda es tener como compañero de elenco en "Illia" a Daniel Roncoli, un curioso de temas retro, como yo.
Empezaré por la segunda... Dani, además de un excelente actor, es escritor y periodista. Actualmente, se desempeña como columnista de “En Línea”, un programa que conduce Franco Bagnato y que se emite los sábados de 10 a 13 por Radio Continental.
Ayer, Daniel lanzó al aire una verdadera curiosidad. Se trataba, nada más ni nada menos, de una canción dedicada a Isidoro Cañones, que data de 1969 y nunca había sido difundida.
En dicho año se producían dos hits, para usar terminología de la época. Televisivo, el uno: “Los Campanelli” , historietístico, el otro: las “Locuras de Isidoro”, que habían arrancado en julio del anterior. Cómo se unen ambos? Veamos...
En el elenco de la ya mítica familia figuraba Tito Mendoza (sentado en el piso, en la foto), quien dos décadas más tarde interpretaría el personaje de un gay, en "Las gatitas y ratones de Porcel", otro éxito televisivo.
Tito Mendoza, a fines de los ’60, probó como tantos otros actores, la faceta de cantante. Y creó un tema que posiblemente hubiera resultado un boom (sigo con palabras a tono con la época) de no haber mediado la sempiterna tozudez de Dante Quinterno. Porque la canción se refería al personaje de su creación, al que se empezaba a pintar como el play-boy mayor de Buenos Aires, después de décadas de aparecer como perdedor. Se observará, sin embargo, que en la letra que reproduje en exclusiva en el post anterior se encuentran todavía vestigios del timbero que acompañaba al indio.
Quinterno, como haría después con el proyecto de la película que iba a protagonizar Santiago Bal (ver), le bajó el pulgar al tema musical.
Sospecho que la imagen del personaje que le devolvía la canción, si bien se ajustaba al remozamiento que experimentaba, le pareció demasiado cruda a su creador. Alguna razonabilidad hay que otorgarle. No era ése el Isidoro Cañones que él había imaginado como padrino de Patoruzú. El nuevo carácter surgió más bien de Mariano Juliá y de los advenedizos a EDQ.


(Agradezco infinitamente a Daniel Roncoli el haberme proporcionado la grabación del tema completo -en radio sólo se transmitió un fragmento-, un auténtico incunable)

domingo, abril 26, 2009

ENTRETELONES DE EDQ Y UNIVERSO (III): DIBUJANTES Y GUIONISTAS

Parte de las notas anteriores de esta serie (ver1) (ver2) han estado dedicadas a esclarecer quienes eran los anónimos creadores del equipo de Quinterno. También me dediqué a eso en otro post específico de Patoruzito (ver) .
La curiosidad compartida por estos temas con Atilio Millán y Rubén Hernández, ha llevado a éstos a consultar a Borello, un dibujante que se desempeñó mucho tiempo creando historietas para Ediciones Torino y que desembarcó en EDQ en 1968, o sea, siete años antes que Hernández, por lo que su testimonio resulta sumamente esclarecedor del panorama anterior a la decadencia de la editorial.
Me escribe Atilio:
“Hemos hablado con Anselmo Borello, y si bien a sus 75 abriles hay fechas que se le escapan, nos tiró algunos datos respecto al reparto de tareas en la editorial. En un principio, en las historietas colaboraban la mayoría de los dibujantes rotando sin personajes fijos (eso puede llevar a las diferencias de línea que se observan) hasta el armado de los equipos. Según Borello, Ferro tenía suficiente con la dirección del Patoruzú semanal y no trabajaba en Andanzas. Pudo haber hecho alguna colaboración esporádica o el diseño de personajes para que otro los plantara, pero no más allá de eso. El que sí colaboraba en los '60 para Andanzas era Blotta, especialmente para dibujar mujeres, y nos remarcó que Blotta tendía a confundirse con Ferro en ese trabajo.
Borello entró a colaborar en Quinterno en el '68 y procedía de Ediciones Torino. Nos comentó que Don Héctor hizo pruebas de guión a mediados de los '70 pero que no quedó. Como dato anecdótico, solía alternar su trabajo de entintador con changas de albañilería, lo que le valía reproches de Q. "Usted no debe hacer eso, se va a arruinar el pulso", le decía. En concreto, cuando Borello entró, los equipos eran los siguientes...
Correrías: plantaba "Chechi" Saavedra con asistencia de Sánchez. Entintaban Paura y Piccoli, guionaban Mirco Repetto, Heredia y Franco Panzera (el mismo de Jaimito). Andanzas: plantaba Urtiaga, con asistencia de Quartieri y Costa. Los entintadores eran Torreiro y Borello y curiosamente uno de los guionistas era Oesterheld. Locuras: plantaba Lovato con asistencia de Quartieri con tinta de Moradei, Liotta y Torreiro. Los guiones eran de Mariano Juliá. Algunos entintadores rotaban y eso podía influir en "confusiones" en el estilo final. Rubén me comentaba que Piccoli era un zurdo de buen trazo a quien le decía que era "un pantógrafo", ya que podía trazar perfecto a pluma recorriendo la línea del dibujante, pero el trabajo final resultaba frío. Piccoli tuvo inconvenientes con Quinterno y lo descendió a pasar fondos... había quienes soportaban esas arbitrariedades y quienes, no.
Lo concreto es que en los sesenta, Lovato estaba más dedicado a la tarea docente formando dibujantes y metía mano en algunas ocasiones, pero no con regularidad.
La mayoría de los mencionados fueron partiendo detrás de Urtiaga cuando logró colaborar para USA, Rubén recuerda que el propio García (a quien mencionó Grillo como responsable por la familia Panconara, dato certero al 100%) colaboraba con él cuando estaba a cargo del departamento de cómics en Jaime Díaz. Algunos dibujantes mantuvieron colaboraciones esporádicas, como Oscar Saavedra, que plantaba a Isidoro en una tira que salía en el Patoruzú semanal, bien entrados los setenta, pero terminaron alejándose.”
Sobre este riquísimo informe, debo hacer dos puntualizaciones.
La primera se refiere a Héctor Adolfo Urtiaga, quien por mediados de los ’70, luego de marcharse de la editorial de Quinterno, comienza a trabajar para los yankees (ver).
Hemos podido establecer con Atilio que éste es el extraordinario dibujante a quien debe atribuírsele el período que denomino -en el post referenciado de Patoruzito- como “3ra. etapa: ’63 al ’66 (casi continua), ’66 al ’68 (discontinua)”. Esto aún cuando otros dibujantes -el mismo Lovato, incluso- metieran mano de tanto en tanto. Ahora que he podido comparar con otros trabajos que llevan su firma, no me cabe duda que la línea predominante en esa etapa le pertenece.
Y es explicable que Borello ubique a Urtiaga en Andanzas, ya que habla -como se apuntó- a partir del ’68, año en el que coincidentemente yo dejo de advertir su estilo en Correrías, pudiendo ser ésta entonces la época del “pase” definitivo a la otra publicación.
Nunca se me ocurrió hacer el correlato con Andanzas, pero yendo a las del año mencionado, alrededor del Nº 140, es comprobable que se empiezan a notar cambios con los trazos anteriores. No me atrevería a afirmar que las páginas de “Pregunta por un Millón” que subo aquí pertenecen a Urtiaga, dado que la línea de Patoruzú siempre fue un poco más “realista” que la de Patoruzito, pero me parece encontrar sus huellas. Los dibujantes que frecuentan este blog, de ojo más entrenado que el mío, podrán corroborarlo o desmentirme.
La segunda puntualización tiene que ver con los guiones de Locuras. Atilio los atribuye, coincidentemente con muchos testimonios, a Mariano Juliá. Y en otro mail me apunta la colaboración de Faruk. Si quedaron instituidas estas autorías, es porque primó la imagen del “rey de los play boys”, que este dúo le imprimió a Isidoro. Pero las Locuras que yo valoro, las primeras -una veintena de números, siendo generoso-, las del chanta perdedor, acosado por la figura rectora de su tío, buscando un mango desesperadamente para pagar deudas de timba o de burros, fracasando en sus intentos de ascenso social mediante casamientos o amoríos supuestamente convenientes, siempre al borde del desastre y salvándose por un pelo a último momento... el Isidoro que continuaba al de Patoruzú, en definitiva, y que era el que había configurado Quinterno... pertenecía a la pluma de Mirco Repetto, quien lo guionaba ocasionalmente, según él mismo declara en “Buscado Vivos”.
Es más: en la entrevista concedida a Sasturain se enorgullece de haber sido el único en haber recibido un premio otorgado por la editorial. Fue por un episodio suyo de Locuras, “El Hijo de Satán” (Nº 13, julio del ‘69). Que otros elogien a Juliá (que era bueno, sin embargo, haciendo “Jovito Barrera, un barrilete sin cola”) y a Faruk. Yo me quedo con Repetto y esos primeros números. Para mí, el resto es silencio.

lunes, julio 28, 2008

DOS TESTIMONIOS

Acabo de volver a ocuparme de Quinterno, y coincidentemente, el maestro Siulnas ha comenzado una serie de publicaciones, en vistas al 80 aniversario de la primera aparición de Patoruzú, ocurrida el 18/10/28, en el diario Crítica VER. También Sergio Maganás, en su blog, se interroga sobre los motivos de la decadencia de la editorial VER. Una de las respuestas que ensaya son las variables económicas. No las creo causa relevante. En todo caso, la disminución de ventas, fue efecto de otros factores. Opino que el fin creativo de la EDQ (Universo, a partir de 1976) se debió a tres razones, posiblemente concatenadas:
-Cambio de los gustos del público
-Cansancio de Quinterno
-Arribo de los hijos de éste.
Buscado Vivos es un valioso libro, donde Sasturain recoge entrevistas realizadas por él, y publicadas en distintos medios, a algunos grandes de la historieta argentina.
Tomo de allí dos testimonios pertenecientes a Ferro y a Repetto, ambos puntales del staff quinterniano. El primero, que data de 1980, se refiere a Patoruzú semanal. El segundo (1981) a Correrías, Andanzas y Locuras.
FERRO: “Aquellos años de Patoruzú en su apogeo fueron excepcionales; uno se la pillaba un poco y pensaba que nada podía haber mejor. Salían revistas a competir y se fundían: Pobre Diablo, Avivato, Cara Sucia... Fueron muchos años. Por eso me dio lástima que Quinterno lo dejara morir, porque así fue: quitó páginas, no reemplazó a los dibujantes, no dejó hacer. Cuando dejó de salir, Patoruzú tiraba en todo el país 25 mil ejemplares... y así dejó desatendida a una extensa franja de público que seguía su humor, su manera. Ahora ya es un poco tarde: la gente se ha acostumbrado a otra modalidad, la que surgió con Satiricón.”
REPETTO: “Pero hace unos años renuncié. Sentí que la empresa había cambiado, había perdido el ímpetu. Había paracaidistas elegantes, gente nueva que habían traído los hijos de Quinterno. "Vienen de un status, le dije, donde nunca conocieron a Patoruzú. Lo conocen ahora porque se ganan la vida acá." Que mis guiones me los aceptaran, corrigieran o rechazaran Quinterno o Mariano Juliá yo lo entendía porque eran grandes profesionales; pero que se los dieran a una doctora en Sociología que jamás supo lo que era una historieta para que aprobara o rechazara mi trabajo lo consideré una ofensa. Y me fui.”

jueves, febrero 01, 2007

NO-ME-JODAN-MAS-CON-QUINTERNO!!!

En este blog, los lectores me siguen inspirando...
Y me hacen escribir sobre Quinterno, aunque no quiera.
El amigo Raúl tiró el tema de los mejores argumentos y las mejores tapas.
Para él, en el primer ítem, figuran:

"La Flor de la Mafia" (Andanzas); "La Herencia del Emperador" (Correrías); "Monaguillo del Diablo" (Correrías).
Con respecto al segundo, dice: "Hay algunas portadas fantásticas, como la de "Crimen perfecto" o "Sindicato del Crímen" o la maravillosa tapa de la Nº 2 de Andanzas..."
Ahí nomás, se enganchó Sergio -quién otro podía ser?- y declaró sus preferencias en argumentos de Andanzas: "Desafío gaucho" y "Mayoría de edad".

Lo primero que tengo para decir es que -salvo la 2 de Andanzas-, en ninguna de las mencionadas parece estar íntegramente Quinterno.
Porque si bien supongo que es el Viejo quien dibuja “Desafío Gaucho”, es sabido que resulta una adaptación del original de Lovato, publicado veinte años antes en las semanales.
Curioso lo sucedido en ese número 70...
En la 69, el sumario de la próxima edición, que aparecía siempre en la última hoja de las Andanzas clásicas (después pasó a la primera), anunciaba “A la sombra de la guillotina”, que fue finalmente la 71.
Ahora bien... En la 69, “Miss Loro”, es clara la mano del dibujante que venía realizando Andanzas desde que se abandonaron las reediciones, en la nro. 55.
Tengo la utopía que alguien -así como se hizo en la Disney, según lo relatado en el prólogo del libro de Clarín- divulgue algún día los archivos secretos de la Editorial Universo, y aclare a quien le corresponde cada creación.
Se sabe algo de los argumentistas. Sergio mencionó acertadamente a Laura, la hermana del Viejo. Estaba también Repetto, quien (como él mismo cuenta en “Buscados Vivos”, de Sasturain) hizo guiones para Andanzas, aparte de Correrías. Y además -siguiendo con los dichos de Mirco- Mariano Juliá y los para mí ignotos Franco Panzera y Heredia.
Pero quién hizo cada cosa? Y en qué épocas?
El propio Mirco se queja de la injusticia de que, mas allá que los personajes fueran de autoría de Quinterno, el desarrollo les correspondía a distintos autores, de los que nunca figuró el nombre.
Con los dibujantes es mas complicado aún. Se conoce menos.

El estilo de Lovato en las semanales muy antiguas (Upa y la bruja, El misterio del aserradero, La mosca Tsé-Tsé), resulta claramente diferenciable del de Quinterno, al punto que las referidas nunca se republicaron en Andanzas.
Pero... qué paso después? De quién es este dibujo de extraordinaria movilidad de personajes, que va desde el nro. 55 -"La Extraña Herencia", inédita, sin versitos- al 100, aproximadamente (con paréntesis a los que me referiré mas adelante)?.
Es el Quinterno de los ’60, con un trazo mas simplificado? O el Lovato de la misma época, con uno mucho mas elaborado? O un tercero?

Sin embargo, está claro que “Desafío Gaucho” se distingue de las anteriores Andanzas, y está más cerca del dibujo de las últimas semanales seriadas

(“Duque, Borgia y Cía.”, “Deuda de Fuego”, “La isla del Diablo”, entre otras, según los títulos de republicación, del 180 y pico en adelante), casi contemporáneas a aquella.
Quinterno deja las semanales seriadas y despunta el vicio en Andanzas? O no hizo ninguna de las dos?
Personalmente, prefiero el trazo de “Desafío Gaucho”, y las demás mencionadas, al del dibujante de Andanzas de la 55 a la 100. Aunque -repito- éste era muy bueno.
Cabría otra hipótesis más dudosa: que el de semanales y el de Andanzas fueran el mismo (Quinterno u otro), adoptando un estilo más elaborado en las primeras, dado que -por el continuará- no tenían una métrica fija (cantidad de páginas) como las otras.
Pero sigamos con las curiosidades...
La postergada 71, “A la Sombra de la Guillotina”, con la reaparición de Gastón, está hecha por dos manos, me juego la cabeza.
Una es, sin duda, la del dibujante que venía desde la 55. Y apostaría que la otra es la quien lo continuaría mas allá de la número 100, y que haría aquí sus primeras armas.
Lo raro es que eso no se nota en toda la historieta, sino sólo en algunas páginas, y si bien el primer tramo parece pertenecer íntegramente al que llamaremos dibujante “viejo”, no encuentro un criterio secuencial en las autorías.
Comparen la pág. 76 (dibujante “nuevo”) con la última (dibujante “viejo”). Noten, además, la rigidez y esquematismo del “nuevo” y la movilidad y riqueza del "viejo".
Podría aventurarse que el cambio de planes de publicación, se hubiera debido a dificultades con el dibujante “viejo”, y de ahí la postergación de “A la sombra...”, acabada finalmente en conjunto.
Aunque nuestro dibujante “viejo”, continúa por unos cuantos números.
El “nuevo” que afirmo interviene en la 71, recién reaparece poco más de un año después, en la 86, “El Gran Usurpador”,
y sigue en la 87 “El Collar de Patora”. Lo vemos luego, con mas continuidad, en la 95 (“El Supertónico”), 96 (“Diávolo el Adivino”), 98 (“Sabio a la Fuerza”) y 99 (“El Raid de Pampero”). A partir de la 102 (“Los Huesos del Abuelo”), quizá ayudado durante un tiempo por el “viejo” en tramos, se instala definitivamente, con un estilo que si bien va superándose, no alcanza la calidad de sus predecesores.
Como ya me extendí bastante, termino con unos pocos apuntes sobre las preferencias de Raúl y Sergio...
Coincido con “La Flor de la Maffia” y agrego la anterior, la extraordinaria “Caldo en Dados” (además, otra gran portada),

donde de pibe me enteré por primera vez de la historia de Upa.

Conecto esto con la 2, de la que ya he hablado extensamente en este blog y en mi novela, como amablemente acota el amigo Raúl. Lo mismo pasa con “Monaguillo del Diablo”. “La Herencia del Emperador” la tengo medio olvidada, la releeré uno de estos días.
En cuanto a las portadas de "El Crimen perfecto" (Correrías) y "Sindicato del Crímen" (Andanzas), parece que mi estimado coleccionista gustara de los primerísimos planos (comunes en ambas).

La de Correrías es sin duda audaz: sitúa un racconto en el segundo plano, sin las clásicas diferenciaciones gráficas del relato que se efectúa en el primero.
Y a Sergio le preguntaría si su pasión pasa por Patoruzú o por Upa, dado que en las dos que eligió, el protagonista es el Gurí...
Bueno, muchachos... he dedicado gran parte de mi último día de vacaciones a revolver mi colección, escannear y escribir sobre Quinterno...
No me jodan por un buen rato!!!