Las recientes polémicas con los intelectuales columbianos me han llevado a revisar el poco material que poseo de la bastarda editorial.
La primera biblioteca Clarín de la historieta dedicó (con el criterio mercenario que la caracteriza) un libro a Nippur de Lagash.
Tratando de dejar de lado por un momento mi convicción de que se trata de una verdadera excrecencia historietistíca, y con el objeto de entender qué elementos hacen que tenga tantos seguidores (algunos -los menos- son gente inteligente), comencé a repasar el tomo.
A poco de andar, el asco se impuso, inevitable.
No hablo, claro, de las lamentables pretensiones literarias de Robin Wood, ni de los elementales dibujos de Lucho Olivera, eso es sabido y me provoca risa...
Se trata, una vez mas, de la inmunda ideología que siempre caracterizó al tándem y a la editorial toda, a pesar de que algunos imbéciles traten de justificar cada una de las páginas que dan testimonio al respecto como hechos aislados (o, al decir de un importante boludo, "documentos históricos").
Puntualmente, me refiero a un episodio publicado en enero de 1975.
Ya desde el título, se olfatea de que se trata. El pseudo-poeta Wood hubiera titulado "Historia de una vieja rebelión" si no hubiera existido allí intención ideológica. Titula, en cambio, "Historia de la vieja rebelión". Es decir, convierte a la rebelión en única y atemporal. Al mismo tiempo en vieja, en caduca.
No me detendré en el pueril argumento, basta decir que se trata de una rebelión de esclavos. Lo importante es que la historia es relatada a dúo por Nippur y un "sumerólogo" de la actualidad (mediados de los '70, remarco), que descifra las tablas donde aquél la dejó grabada.
La rebelión termina mal y sobre el último tramo, el "sumerólogo" lee lo escrito por el hombre de Lagash en el pasado: "Casi nadie recuerda esa pobre rebelión. Tal vez yo soy el único. Tal vez no quiero que la olviden. Porque si las pequeñas rebeliones son olvidadas, irán creciendo de volumen y un día destrozarán nuestro mundo..."
Traducción (la hago para los posibles lectores columbianos, ya que entienden muy poco):
- Lo que destrozará al mundo serán las rebeliones contra el poder, no los abusos de éste.
- Una pequeña rebelión desencadena finalmente una muy grande.
- Entonces, si el resultado último es que destrozará el mundo, hay que detenerla a tiempo.
- No olvidar implica, además, recordar como termina, o sea, funciona como advertencia para quienes la intenten, reiterando así un mensaje editorial (ver en este mismo blog "La basura ideológica y criminal de Columba").
Y por si algún tarado opina que "se trata solamente de historieta", y que lo que escribo no estuvo para nada en la intención de sus autores y solo es producto de mi mente enferma, transcribo el cuadrito final: "Sobre mi escritorio las antiguas tablitas semideshechas parecen reverberar con un viejo, viejísimo calor".
Y sí... La pasamos muy mal.
30.000 de nosotros ni siquiera la pasaron.
Ante todo por la dictadura asesina de los milicos.
Pero también por la complicidad de civiles hijos de puta, como Wood y Olivera, que contribuyeron con sus granitos de arena a que el genocidio se concretara.
