Me obligan a hacer docencia. Claro que todo tiene un límite... Es la última vez que me dedico a explicar chistes. Ya se sabe que no tiene gracia.
La corporación de los dibujantes -resulta un poco grandilocuente llamarla así, ya que se trata apenas de contados exponentes, pero Dao vive exagerando- ha salido en defensa de este muchacho Zalazar (ver).
Al compañero suyo, que intenta prestigiar el género ínfimo de los chistes, comparándolo con la literatura, poco hay para responderle. Si del tema de dobles -y en literatura- se trata, le han quedado en el tintero varios, desde Dostoiewsky, hasta William Wilson. Por lo que, o el denostado profesor de literatura no cumplió bien su tarea, o el amigo Federico no ha hecho la tarea. Yo sí la hice hace rato, o sea que no es un buen lugar pa’ venir a correrme.
Ahora bajemos los treinta y nueve escalones hitchcockianos, y vayamos a estas simpáticas tiras cómicas que nada tienen que ver con Heckyll y Hyde u otros grandes duplicados.
Dije que Divito hacía por los ’40 del pasado siglo, lo mismo que hace Zalazar en el supuestamente vanguardista suplemento de Fierro, pero mucho mejor. Por qué?
Si las compuertas se abren, como es el caso de este muchacho Zalazar, no estamos lejos de la procacidad de Corona, por más resistencia interna que haya.
A propósito de compuertas, estimado Federico, y ya que me pide que le afine la crítica... Notó Ud. que en la tira de su amigo, sobran dos cuadritos? El cuarto y el quinto para ser más precisos. No les vendría mal cumplir otra tarea pendiente, la de resolver la ecuación eficacia-síntesis.
Lawry, desde luego, la sabe lunga al respecto. Sin embargo, otro espontáneo defensor de Zalazar lo equipara a éste en un supuesto nivel de truchada... Confieso que no entiendo. O más bien, creo entender que él no entiende donde radica el valor del chistonto de hoy. Por eso, aún a riesgo de sobreexplicar lo obvio, vuelvo a mi tarea docente...Estamos en un museo (el Louvre, nada más ni nada menos), lugar que las dos cacatúas suponen epicentro de la “Cultura”, así, con mayúsculas. Las cacatúas son miopes y confunden el dedo indicador con el pene erecto de la estatua (yo pondría “pija parada”, para estar a tono con Zalazar, pero teniendo lectores tan cultos como su amigo Federico, me da no se qué...). En nuestro "chistonto", la involuntaria chabacanería en el ámbito inadecuado, presenciada por los personajes adecuados, es lo que genera la sorpresa escandalizada de éstos y, por consiguiente, el humor. Habrán notado que destaco “involuntaria”... Supongamos que el que oficia de guía hubiera hecho el gesto adrede... Se acabó el chiste, señores!
Entonces, acá tenemos otra lección para aprender... No se trata de ponerse en contra del humor grueso que, por otra parte, es uno de los que más disfruto. Se trata de crear inteligentemente los mecanismos para que funcione.
Bueno, muchachos, si quieren saber más del tema, sigan con otro profesor, eh...
