SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
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sábado, enero 14, 2017

BOEDO (3)

Entre las compras de hoy figura el rescate de una revista perdida. Vaya a saber las causas de la misteriosa desaparición de Los Humores de Satiricon, de mis colecciones.  Hace poco recuperé Humor Chancho 3 y ahora Humor Negro 2. Reparé en que me faltaban porque me cansé de buscar y rebuscar entre mis ejemplares, infructuosamente, el chiste que aquí exhibo, el cual me había quedado grabado a fuego en la memoria. Tenía la esperanza de hallarlo en este suplemento. No está. Pero afortunadamente lo incluyeron en la publicidad de Humor Chancho 1. No casualmente. En principio está en el límite de lo negro y lo escatológico (de ahí también mi duda de dónde se había publicado). Después, es excepcional. Una de las mejores muestras de humor gráfico que vi en mi vida. El grado de ambigüedad no sólo radica en el estilo. Es también, a un tiempo, un chascarrillo sutil y grosero de toda grosería, algo muy difícil de lograr, señores. Una extraordinaria iluminación de Rafael, dibujante y humorista en general correcto, pero no más que eso. 




Finalizando la crónica de mis adquisiciones matutinas, muestro estos dos libritos de Trillo y Bróccoli, con los que me topé muchas veces, pero no a precio bicoca como el de hoy.



lunes, agosto 01, 2011

EL GRONDONA BLANCO

Grondona White, un grande del humor costumbrista. Parece mentira, ya se inscribe en los clásicos..

viernes, julio 15, 2011

Oswal: Florida Garden

A pesar de su calidad -y quizá por su corta duración-, Florida Garden no es de las series más recordadas de Humor. Por eso mismo  merece ser rescatada. Dalmiro Sáenz, un escritor irregular, solía brillar en la historieta, satirizando un medio social que conocía bien. Y el estilo de Oswal se fusionaba de maravillas con esos guiones. He aquí la primera entrega, en el Nº 147 de la revista (marzo de 1985).
 

martes, mayo 18, 2010

VUELVEN LAS APOSTILLAS!!!

1) En la última Comic.ar, Andrés Valenzuela le dedica una nota al espacio que ocupa la historieta en internet, caracterizándolo como nueva expresión de los fanzines de fines de los '90. Y resalta que, al igual que en la generación anterior, significa la antesala del ingreso al circuito comercial.
No puede ser así en todos los casos -acoto-, dada la actual estrechez del mercado y la sobreabundancia de oferta. Esto ni invalida la experiencia, ni remite su evaluación exclusivamente a futuro. Por el contrario, opino que ya está valiendo por sí misma. Resulta imposible seguir el rastro de todo lo que aparece en blogs o sitios web. Pero he tratado de consignar aquí aquello que me parecía interesante, y en la medida que pueda lo seguiré haciendo.
Hace muy poco me anoticiaron de la continuidad de El_Chispa, que conocía de la época en que compartíamos la página de tiras de Comiqueando con Carlitos Er Gato, y me solicitaron el linckeo. Descubro ahora que, más allá del casual encuentro en aquella oportunidad, coincido en algunos puntos con Secreti y Lucero sobre la forma de encarar la historieta.
Por otra parte, un frecuentador de la casa, Luis del Pópolo, que ha aportado algunos materiales sobre Torino, acaba de inaugurar blog. Aún con pocos posteos, invito a visitar Sonrisas_Argentinas .
2) A principios de los '90, La Urraca lanzó algunas revistas de historieta infantil. Encontré que en una de ellas (Nº 5 de Félix, el Gato, diciembre del '92) , el entonces jovencísimo Diego Parés saca al Sr. Rispo del contexto de Sex-Humor, donde comenzó a publicarse, y lo mete a conducir una página de jueguitos delirantes (...menos mal que estas ediciones tuvieron corta vida, porque de lo contrario Parés le habría quemado la cabeza a toda una generación y los índices actuales de delincuencia treparían a los niveles que declaman Macri y toda la oposición).

domingo, mayo 16, 2010

LA HISTORIETA COMO FUENTE INSPIRADORA DEL TEATRO

Por aquello de “quien esté libre de pecado…”, comenzaré confesando uno, juvenil, y finalizaré sin arrojar piedras, apenas señalando algunas coincidencias.
A fines de los ’60, mi tío Ramón compraba religiosamente las Patoruzú semanales (las de formato tabloide), y una vez leídas me las pasaba. Siendo yo, desde por lo menos cinco años antes, ferviente seguidor del indio, a lo primero que iba era a las dos páginas de sus aventuras (unitarias, para esa época). Y obviamente, seguía con Isidoro, Don Fierro, y todo el material tanto de historietas como de humor gráfico. En la tercera etapa de lectura abordaba las secciones fijas de humor escrito (la que más me gustaba era Jovito Barrera, un barrilete sin cola). Solían aparecer también en esa revista narraciones aisladas, de buen nivel. Una de ellas me causó especial impacto, a mis lejanos once o doce años.
Se trataba de la historia de un oficinista sojuzgado en su trabajo, pero que al salir se desquitaba con pequeñas maldades, como empujar gente en los colectivos, patear perros o insultar a su esposa. De esta manera lograba un equilibrio en su vida. Muere y va al infierno, que es la misma oficina en que estaba empleado. El diablo le explica que el castigo consistirá en reproducir eternamente su vida cotidiana. El oficinista, por lo antedicho, no se inmuta: las compensaciones que lograba fuera de su trabajo, lo ayudaban a soportar las humillaciones que sufría allí. Por ende, cuando al finalizar la jornada laboral el diablo le señala la puerta de salida, el hombre la encara contento. Pero al atravesarla, comprueba horrorizado que ingresa nuevamente en la oficina. La otra parte de su vida, la de las revanchas, estaba ausente en aquel infierno.
Unos años más tarde, a los 17, ya estaría en condiciones de encontrarle connotaciones sartreanas, en tono muy menor, al relato. Tampoco debía ignorar que la temática venía de larga data y que era muy frecuente, con notorios exponentes en novela, teatro y cine. Cito ejemplos: La Tregua (1960), Tute Cabrero (1965), La valija (1968) (si bien las tres tuvieron su película, Tute Cabrero, nace como guión cinematográfico y luego su autor, Tito Cossa, realiza la versión escénica).
Sin embargo, estos conspicuos antecedentes no impidieron que cometiera, por el ’74, el pecado de utilizar conciente, callada y vergonzantemente el recuerdo que tenía del cuento de la Patoruzú semanal, o sea la línea central de su argumento, para pergeñar la escritura de mi primera obra de teatro. La Otra Vida, que así la titulé, se estrenó en la Biblioteca Socialista de Zárate, por el grupo Barba Barroca, constituido por los -como yo- jovencísimos Osvaldo Croce, Armando Borgeaud y Edgardo de Lisi, quienes abandonaron luego el camino del teatro, aunque de una u otra forma siguieron ligados a lo artístico. Ellos, incluso, me propusieron incluir el texto en un cuadernillo mimeografiado que editaban. Esto me puso en alerta roja: la representación constituía un ámbito acotado a amigos y seguidores, en cambio el librito -suponía- podía llegar a caer en cualquier mano. De modo que, ante la perspectiva de lo que imaginaba un bochorno público, les conté a mis compañeros acerca del origen del argumento. Croce defendió la legitimidad de mi adaptación y la obra terminó publicándose. Nadie saltó a imputarme, por obvias razones: el cuadernillo tuvo difusión tan restringida como la obra. Además, los que leían Patoruzú y a la vez se interesaban por el teatro, eran bichos rarísimos, como yo.
Pero como adelanté, esta confesión tiene apenas carácter introductorio, aunque demasiado extenso (nuevo pecado) para lo que sigue .
Voy al punto.
Acabo de leer Boggart, de Trillo - Domingues. Me llevó a revisar El Péndulo, donde el mismo guionista, con dibujos de Alberto Breccia, iniciaba brillantemente el tratamiento siniestro de fábulas infantiles.
En el episodio de la serie La Corte de los Milagros, titulado La Princesa Ciega, y publicado en el Nº 3 de la revista (noviembre del ’79), un grupo de menesterosos le organiza a uno de sus miembros -la “princesa” del título-, antes de morir, la representación de su "sueño más preciado: volver a vivir un día en la corte y bailar con un apuesto príncipe". Ellos mismos asumen los personajes, valiéndose de la ceguera de la protagonista para fraguar el engaño. Breccia remarca visualmente la sordidez del ambiente en que transcurre la acción, contrastando con el palacio que le mienten la ciega.
Me llamó la atención la similitud que guarda este argumento de Carlos Trillo con el de la exitosa y multipremiada obra teatral Venecia, de Jorge Accame, estrenada en Bs. As. en 1998 y a partir de allí, con innumerables reposiciones en toda la Argentina y en el exterior.
La pieza se ambienta en un mísero burdel de Jujuy y cuenta la historia de una vieja prostituta ciega que se resiste a morir sin antes encontrarse en Venecia con un antiguo galán. Sus compañeras deciden inventarle el viaje y el encuentro.
Sólo eso. Me atengo a lo que escribí en el encabezado. Supongo que Trillo -a menos que viva demasiado enfrascado en el mundillo de la historieta- conoce la obra de Accame, y que yo sepa no se ha pronunciado al respecto. No voy a ser entonces más papista que el Papa.
Y de última, las cuestiones de autoría intelectual en estos tiempos, parecen tener mucho menos peso que en los ’70, cuando yo vivía con culpa el haber adaptado al teatro un cuentito de la revista Patoruzú, sin mencionarlo.
Creo que fue Federico Reggiani el que calificó en este blog de “preocupaciones burguesas”, el tema de los derechos de autor...

martes, mayo 04, 2010

"El oficio de las viñetas" (2)

Anoticié por mail a Federico Reggiani del equívoco en que nos había hecho caer el periodista de la Ñ, y en su respuesta me menciona un artículo de su autoría sobre el libro de Laura Vázquez
(ver) . Después de leer a Fede, y estando estancado aún en la misma página del libro, confirmo lo que tiré en el post anterior: se trata de un trabajo de tesis extendido con fórceps a ensayo. Lo que no quita, como ya dije, que sea sumamente rescatable si se lo lee fragmentariamente y no como el todo conceptual que se pretende.
Por otra parte, me rompe soberanamente las pelotas una estupidez instituída y naturalizada que por supuesto no es atribuíble a la Vázquez, salvo en que se hace eco: que la época de oro de la historieta argentina fueron los '50 y que para finales de los '60, ya estaba muerta. Esa es una visión sesgadísima que parte del preconcepto que la historieta "prestigiosa", aquella que vale la pena considerar, la que tiene "jerarquía artística", es la historieta "seria". Doy fe -y no de mentas como la Vázquez, que da por válidos los dichos del payaso de Sasturain- que desde principios de los '60 hasta prácticamente mediados de los '70, los kioscos rebosaban de historietas cómicas. Esta vertiente subsiste durante todo el período que va desde el final de los emprendimientos de Oesterheld hasta la aparición de Récord. Y después, al toque, viene La Urraca. Leído así no hay huecos temporales, hasta el fin de Fierro, a principios de los '90. Eso, sin contar la permanencia de Columba. Que las tiradas se habían reducido mucho? De acuerdo. Pero eso no implica que la historieta estuviera muerta en el '68, como explícitamente afirma el popular actor cómico, y la Vázquez le cree. Que Breccia u Oesterheld no tuvieran laburo por esa época no es indicador de otra cosa que de los parámetros con que se mueve Sasturain, que además lee muy mal al segundo. En el párrafo que destaco del libro de Vázquez, Oesterheld habla desde un punto de vista creativo.
Dicha decadencia sí es comprobable y alcanzó también a las editoriales de historietas cómicas. Se me ocurre que uno de los factores que incidió en ésto, fue precisamente la desaparición temporaria del género "serio" del mercado, en tanto competencia. Porque el lector de historietas no hacía la diferencia que los analistas hacen y podía leer tanto Patoruzú como Hora Cero. La prueba es que Quinterno, que no era ningún boludo como editor, hacía coexistir ambos géneros en la Patoruzito semanal. No se puede minimizar de ningún modo, desde el punto de vista del público lector, la permanencia -inclusive hasta la actualidad- de reediciones de Mafalda o de Patoruzú, Patoruzito e Isidoro. Los "investigadores" de la historieta argentina suelen nombrar estos fenómenos de enorme repercusión popular, de pasada y circunscriptos a una época. Tienen tres problemas: son demasiado jóvenes, no vienen del palo, y otorgan autoridad a gente como Sasturain. Así, no salen de Breccia, Oesterheld y Pratt. El mismo Reggiani lo esboza en su artículo.
Y ahora, la novedad es analizar la Bienal del '68 del Di Tella que lo único que aportó es el engrupimiento de muchos historietistas que a partir de ahí se reputaron "artistas", a diferencia de los aludidos que no se la creyeron y pudieron seguir haciendo lo que hacían, sin contaminaciones culturosas. No me parece mal que otras disciplinas se ocupen de la historieta, por el contrario. Lo malo es que al momento de crear se piense en estos sesudos análisis, antes que en el futuro lector, el tipo que viaja en tren y busca entretenerse en el trayecto. Y por ahí debería ir la necesaria síntesis diálectica que mencioné a raíz del reportaje a Enrique Breccia, reproducido en el post anterior.

lunes, junio 29, 2009

QUE LA HISTORIETA VUELVA AL KIOSCO!!!

Bien...
-Siendo las 2 y media de la mañana del lunes, el mejor presidente que tuvimos los argentinos desde el restablecimiento de la democracia, acaba de reconocer, con muchísima altura, la derrota. La izquierda ciega le hizo el juego a la derecha, como históricamente ha ocurrido en este país. El aparato duhaldista contribuyó con la reacción. Gran parte del electorado no votó por sus propios intereses, sino según lo que le vendieron los medios de comunicación, con parodias de candidatos en TV incluídas. Pobre país.
-No seguiré posteando de política, así que al/los autor/es de los cobardes anónimos que están llegando en ese sentido, le/s aviso que no se gaste/n, es al pedo, no los publico.
-La interna trulalera ha vuelto a ser sorda, porque parece que cuando yo me corro, ya nadie tiene nada para decir. Más cobardía.
-Las necrológicas las evito, apenas si encontrarán alguna mención al final de este post.
-Para noticias pelotudas abrí una sección a la derecha, que mantuve unos días, con la versión televisiva de Isidoro. La usaré de nuevo cuando la ocasión lo amerite.
Así que, volvamos a la historieta...
QUE LA HISTORIETA VUELVA AL KIOSCO!!!
Hago pública esta denuncia, sin que me importen las consecuencias: a la ciudad donde reina Monseñor Aguer, con sus disparatados anatemas, no llegan las revistas de historietas!!!
En general no me importa mucho. Pero este mes tuve una pausa en mis actividades en Capital, y sufrí el no poderme hacer de algunos títulos (dos primeros números, entre ellos) que se anunciaban... en kioscos!!! Podría haberme corrido hasta la comiquería de calle 7, pero quería comprarlas en el lugar que correspondía.
Finalmente me di el gusto. El jueves, camino para Pcia., tuve que pasar por la AAA, y a la salida se me ocurrió hacer media cuadra hasta Entre Ríos. En un kiosco conseguí Los López Nº 1. Y en el de enfrente Comic.ar Nº 1 y Comiqueando, Edición Especial 15 Aniversario.
Claro que el gustito me costó 32 mangos!!!
La edición especial de aniversario de Comiqueando, por calidad de impresión, papel, y cantidad de páginas, justifica sobradamente los $ 14,90 que cuesta. En cambio, Los López ($ 11,90), según estos mismos parámetros, resulta carísima. Y supongo que la Comic.ar -la más barata, pero la de impresión más pobre y de menos páginas- no se podía vender a menos de $ 4,90.
La cuestión es que el gasto superaba el placer de comprar tres revistas en kiosco y de un saque, así que no tuve más remedio que leerlas para compensar.
Empecemos por la que menos me gustó. Los López ostentaba como crédito previo a Luis Ordóñez, lo que me generó expectativas. Tendría que haber pensado que un excelente caricaturista no necesariamente es un buen historietista. Tampoco puede decirse que sea malo. Es ni fu ni fa, lo mismo que el guión. Se pretende una comedia costumbrista, con toques delirantes, pero hay poco de comedia, poco de costumbrismo y menos aún de delirio. El relato resulta moroso y el dibujo dista de tener el grado de detalle que Ordóñez exhibe en sus caricaturas. Se lo nota, de todos modos, más cómodo en los rostros. Así, salvo unas pocas páginas del principio, se abusa de los primeros planos y están ausentes casi por completo los fondos. En cuanto a éstos, el relleno con color digital es de una absoluta falta de creatividad, por lo que la revista podría haber estado impresa tranquilamente en ByN. A pesar de lo expuesto le abro un crédito para un segundo número. Ojalá mejore.
Comiqueando, por más que esté en los kioscos, es ante todo un producto para el ghetto que va a comiquerías, se sabe. Así y todo es un mérito haber permanecido incólume, aún con altibajos, en ese mercado durante 15 años. También es paradójico que una edición nacional sobre historietas se haya sostenido cuando es prácticamente irrelevante la edición impresa de historietas nacionales. Claro que al ghetto que la sigue no le interesa precisamente ese campo. Los friquis que consumen la Comiqueando lo hacen por notas como las de Wolverine, Final Crisis o Avatar, que aparecen en portada. Pero hay que reconocer que Accorsi suele darle un lugarcito a la temática nacional o a otras no precisamente pochocleras. En esta edición, se puede ejemplificar con el reportaje a Agrimbau y la nota sobre Copi, en lo nacional, y las de Carlos Giménez y el Tío Rico (aunque ésta satisface a la franja más nerd del ghetto). De eso, algo leí.
A Agrimbau le preguntaría -en serio, porque respeto su laburo- cuál es la conexión que encuentra entre Discépolo y Oesterheld. A primera lectura me parece osada la comparación. Me quedé en ascuas, porque Accorsi e Hildebrant -autores del reportaje, que no deben conocer a don Armando- la pasaron por alto completamente.
En el artículo sobre Copi me detuve en el copete, ya que arranca con un desatino: suponer que a Damonte Taborda se lo descubre ahora, obviando -por supina ignorancia- la enorme popularidad que siempre tuvo en la Argentina, tanto en su faz de autor teatral, como en la de historietista. Hildebrandt, el articulista, debería haber reparado, al menos, en una de las fuentes que él mismo cita: la nota que Primera Plana le dedica a Copi en el año ’65. Sabrá Hildebrandt qué era Primera Plana? Las actuales generaciones creen que la humanidad nació con ellas...
Otro copete que me impidió avanzar fue el de la nota dedicada a Carlos Giménez. Esta vez se trató de algo que me aterrorizó. Lo transcribo: “Mientras tantos dibujantes de diversas calidades aprovechan el boom del cómic autobiográfico para contarnos que fueron a la panadería a comprar churros y -como no había- compraron medialunas, uno de los máximos autores de la historia del cómic español acumula más de 30 años de magníficas (y a veces dolorosas) obras dentro de este género”. Lo firman Martín Fernández Cruz y Andrés Accorsi. Ignoro quien de los dos escribió lo trascripto, pero por las dudas fuera el último, no avancé con la lectura. La posibilidad de seguir coincidiendo con Accorsi me resultaba horrorosa.
En cambio, la nota de Fabio Blanco la leí completa porque sabía que iba a disentir (y tampoco me inquietaba acordar en algo, en su caso).
Fabio sigue -y seguirá hasta el fin de sus días- su inútil cruzada contra un libro escrito hace casi cuarenta años y que hoy día ya es un clásico: “Para leer al Pato Donald”, de Dorfman y Mattelart, a los que llama “payadores marxistas". Los consabidos, reiterados y endebles argumentos que esgrime en su contra el payador barksista son básicamente dos:
a) que Dorfman y Mattelart desconocían la existencia de Barks, y por ello atribuyen todo al perverso ingenio capitalista de Disney (como si Barks -un anónimo dibujante y guionista- no hubiera trascendido justamente por la industria de Disney, a la que era absolutamente funcional);
b) que existen algunas historias que contradecirían la teoría expuesta en el libro (esto resulta parecido a la autodefensa de los racistas que alegan tener un amigo negro o judío).
Eso sí, no se puede dejar de reconocer a Fabio su tozudez.
En cuanto a las pocas historietas que trae la revista, en la sección Comixtrip, la más floja de ellas (Wini the punga) no es peor que muchas de las que se publican en Fierro, y la mejor (Diez años de...) no desentonaría al lado de sus aciertos, que los tiene. Y si traigo a colación a Fierro es porque la línea de Comixtrip se le asemeja, y porque los trabajos deben haber sido rebotados allí, si no, sus autores no los publicarían gratis en la Comiqueando. Una muestra más de las arbitrariedades de Sasturain, para quien el staff de historietistas argentinos se reduce a unos pocos entenados. Aunque Ariel López V., que es de los buenos que publica en Comixtrip, algo logró meter en Fierro, si mal no recuerdo.
Ojalá algún día, sin perder su identidad informativa y de opinión, Comiqueando amplíe el espacio de publicación de historietas y se abra a un público más amplio y de intereses un poco más elevados que los del ghetto al que se dirige.
Pasemos ahora a lo que para mí constituyó una auténtica revelación: Comic.ar.
Confieso que de antemano tenía prejuicios. El título mismo no me gustaba nada. Aborrezco que se use la palabra cómic para nuestra HISTORIETA. Además, ese parentesco de lo impreso con lo virtual no me gusta, y tampoco el contenido de la publicación lo justifica. Supongamos que se pretenda decir que las historietas salen de los blogs a la calle... demasiado rebuscado. Y si quieren significar, mediante un juego de palabras, “cómic argentino”, es una absurdidad como expresión idiomática, ya que tenemos -repito- una palabra que representa a ese lenguaje.
Tampoco el formato me conforma. Hay que desdoblar la publicación para leerla, lo que lleva a alguna confusión en la secuencia. Las originalidades en ese campo deben estar respaldadas por contenido, cosa que aquí no sucede. Tranquilamente, en vez de 12 páginas tamaño diario desplegado, podían haber sido 24 de un tabloide chico. Aparte, mi mentalidad de coleccionista no admite que una tira esté plegada por la mitad, ya que con el tiempo, allí se va a generar inevitablemente un corte.
Sigamos con lo negativo, para ir luego a lo auténticamente valioso. Con apenas doce páginas no se justifica destinar una íntegra (sección El Ojo de la Historieta) a asuntos tan poco interesantes como el reportaje a Sole Otero, el panegírico de Loewy y las novedades “en bateas”. Tampoco veo lógica la inclusión de tiras cómicas y chistes, que encima son mediocres. Dedíquense a las historietas unitarias o en continuará, muchachos, y déjense de joder. Y el día que aumenten las páginas, entonces sí, metan cosas de relleno que no se va a notar tanto.
Vamos ahora a la historieta propiamente dicha donde aparece lo realmente bueno de esta publicación.
La única serie unitaria, El Exhumador, es excepcional en su capítulo inicial. No tengo referencias de sus autores, Curci y Centurión, pero si son jóvenes prometen muchísimo.
Respecto a las series en continuará, no obstante que con primeras entregas de pocos cuadros es imposible arriesgar juicios contundentes, sí puede afirmarse que arrancan muy bien en argumentos y dibujos.
Entre ellas, destaco Alienígena, de Valdearena y Greco, por la originalidad del planteo.
La más floja es Nacho Paparazzo que apunta al modelo del primer Loco Chávez, sin que sus autores sean ni Trillo ni Altuna, y encima, intentando reflotarlo 34 años después.
Pero más allá de públicos, regularidad, distribución o calidades, la cuestión es que actualmente se pueden conseguir en kioscos una docena de títulos diferentes en revistas de historieta argentina. Según mis cálculos, a las nombradas deben sumárseles los cuatro títulos de Thalos (Magma, Pandemonium, Manuela, Nekrodamus), los tres sobrevivientes de Universo (Andanzas, Correrías, Locuras) y Pinlú, la sucesora de Lúpin.
Es poco todavía, pero es algo.
Lamentablemente, el deceso de Guillermo Guerrero, pone en duda el destino de Pinlú, publicación con la que enfrentó hidalgamente las absurdas cuestiones de derechos planteadas por los herederos de Dol, con el sólo objetivo que la legendaria revista creada por ambos -con el padrinazgo de Divito- no desapareciera.
Y por esas casualidades del destino, el mismo día que Guerrero, murió Andrés Cascioli, quien para mi generación fue, ante todo, uno de los referentes de la resistencia a la dictadura, con Humor Registrado. Pero también un defensor y promotor de la historieta nacional, con Ediciones de la Urraca. Se le deben hitos como Chaupinela, Súper Humor y la primera etapa de Fierro.
Esperemos que el ejemplo de estos dos tenaces creadores y editores ya esté siendo recogido.
Que la Historieta vuelva al kiosco, carajo!!!

martes, junio 02, 2009

PARA DESCARGAR: REVISTA PATORUZITO COMPLETA Y EL MASCARIN, DE OSWAL

Todavía hay gente que ningunea a Quinterno, como si siempre hubiera sido la Selección de las Mejores de Editorial Universo. O las peliculitas de uno de los novios de la diva que reclama la pena de muerte y la vuelta del servicio militar obligatorio. Quinterno no sólo fue el genial creador de Patoruzú, sino también el editor de Patoruzito, una de las publicaciones que más hizo en favor de la historieta argentina. Supongo que los que creen esas pelotudeces, aparte de no preocuparse por investigar, nunca han visto un ejemplar de Patoruzito. Ahora, gracias a Oscar Grillo, pueden desasnarse en La Colección de Dao. El maestro Grillo escanneó completo el número 167 del 16 de Diciembre de 1948. Allí pueden encontrar a grandes como Cortinas, Premiani, Breccia, Salinas, Lovato, Roux, Ferro y Blotta.
(...una cosa es que yo critique a Quinterno, y otra muy distinta es que la hagan algunos pichis ignorantes)
Por otra parte, hace poco, Diego Parés, subió a El Oficio del Plumín, algunos episodios de El Espíritu de Mascarín, de Oswal, aparecidos en la revista Chaupinela (una especie de puente entre Satiricón y Humor Registrado), por mediados de los ’70. Yo agregué otros que tenía, de modo que entre ambos completamos la nada despreciable cantidad de 13 dobles páginas a color, más la presentación, que salió en el Nº 1 (11/74), en una página (ByN). Ya está para descargar en La Colección de Dao.
Mascarín es una verdadera maravilla. Oswal tributa allí a The Spirit, de Eisner, al mismo tiempo que anticipa en décadas a Los Simuladores (...o por ahí le chorearon la idea, vaya uno a saber). Y como siempre, brinda personajes delirantes como el obsesivo inspector, la flor-computadora Eulalia, la villana Rubí “Veneno” Olarry, el infeliz Pedro Ratón, el maldito Matías Invierno y una galería de esas frescas muchachitas que tan bien dibuja. Pero además, homenajea a Dickens y a los inicios de la historieta, con el Yellow Kid. Un grande, báh!
Por la misma época de Chaupinela, la recién nacida Ediciones de la Urraca -que la editaba-, publicó unos pocos números de la revista de Sónoman, que tenía y perdí en alguna mudanza. Pero el amigo Pablo, de Flores Azuladas, me ha enviado tres páginas del Nº 2. Abrigo la esperanza que pronto me envíe más.
Como verán La Colección de Dao sigue lozana, y las colaboraciones crecen. Lo que no ha crecido es la solicitud de invitaciones. Quedan todavía unas 60. Aprovéchenlas, que vale la pena. Basta que me envíen un mail a
migueldao57@gmail.com. Si no pueden aportar algún archivo en este momento, no importa. Confío que en algún momento lo harán.

domingo, marzo 29, 2009

DE QUE HABLO CUANDO HABLO DE HISTORIETA

En otro mundo, el de los ’60, los que iban a escuelas privadas eran los burros que no se bancaban la exigencia de la pública. Esto favorecía que los pocos ricos se encontraran, en el plano de igualdad que nos otorgaba el guardapolvo, con los muchos pobres como yo. Fui compañero de primaria, por ejemplo, de un pibe cuyo padre era el dueño de la funeraria más importante de Zárate, y que no tenía ningún problema en cambiar mexicanas conmigo, humilde hijo de un laburante del frigorífico. No se de donde había rapiñado yo el pilón inicial, ya que todavía no compraba, para recibir a cambio aventuras de Batman y Súperman, que transcurrían en extraños planetas como el Mundo Bizarro y con personajes que encendían mi imaginación como Batmito o Mr. Mxyzptlk. Esas a su vez las iba cambiando con otros pibes de a una, y después de leerlas volvía con el pilón renovado a la casa del ricachón, en busca de nuevos canjes. No era fácil la transacción porque el hijo de puta ya se había leído todo lo recién publicado, entonces mi búsqueda por otros lares se orientaba hacia lo más viejo (la guita actual, que habré tenido entre manos en esa otra vida!). Las historietas eran fáciles de conseguir sin comprar. Fuera del canje, siempre había un amigo, un primo o un vecino que te las prestara o regalara. Era un material preciado solo para la lectura, después se convertía en descartable. Gracias a mis primos grandes de Capital descubrí las Correrías y las Andanzas (“El Teatro Maldito”, “El Fin del Mundo”, o alguna de ésas) cuando tenía apenas unos cinco años. Mi tío Ramón, el pudiente de la familia, que había abierto el primer kiosco de cigarrillos, golosinas y forros en pleno centro de Zárate, compraba todas las semanas la Patoruzú, y después de leerla me la dejaba a mí, lo mismo que los Libros de Oro. El Billiken era artículo de colegio, así que mis viejos solían comprármelo de tanto en tanto, y yo a lo primero que iba era a El Fantasma Justiciero, Pi-Pío o Pelopincho y Cachirula. Ahí también descubrí a Pratt con Ana de la Jungla (Ann y Dan), a Chick Bill y tantas otras. Anteojito fue medio tardía para mi generación, pero de todos modos, allí me enteré de la existencia de Sónoman y de Spirou. Circulaban, además, las Disneylandia, Tío Rico, Tribilín, La Zorra y el Cuervo, Lorenzo y Pepita, la Pequeña Lulú, Periquita, Archie... Cuando crecí un poco, desarrollé habilidades para lograr que mi vieja me diera guita, y empezó la etapa de comprar por mí mismo, pero sólo aquello que era digno de colección, a mi criterio. Tampoco era que hubiese coleccionistas. Es más, yo ni sabía que lo era. Decía que “juntaba” revistas. Ya conté en mi novela que el acto inaugural fue con “Monaguillo del Diablo”, en Correrías y “Platos Voladores”, en Andanzas. Pero también compraba -en la medida que mi vieja se ablandara- El Conventillo de Don Nicola y otras de Torino, así como Capicúa y otras de Mazzone. Mi peregrinaje por los kioscos era ansioso, sobre todo con las de Quinterno. En la época en que vivía en un barrio, llegada la fecha anunciada de publicación, me iba caminando hasta el centro, ya que allí estaban antes. Y siempre quedaba el recurso de la distribuidora, que a veces vendía al público, aunque de mala gana. Recuerdo que de “Puente al Otro Mundo” (una gran aventura de Correrías) conseguí ahí el único ejemplar que había llegado a Zárate, ignoro por que. Después, aparecieron revistas nuevas: Lúpin, y Antifaz, que las empecé del primer número (de nuevo pienso en la guita que tendría ahora, de haberlas conservado). También tuve las primeras Hijitus y Larguirucho, pero pronto dejaron de interesarme. Claro que tengo que agradecer a García Ferré haber leído por primera vez -maravillado- a Lucky Luke en Antifaz. Y más o menos por la misma época, Siete Días lanzó en fascículos a Astérix, que nuevamente me volvió a llegar gracias a mi tío Ramón, el pudiente (además, a través de él conocí El Eternauta de Gente, aunque no podía todavía apreciarlo). Pero ya debíamos andar por los ’70, y la historieta pasaba a ser cosa de chicos. Yo era “grande”, me dedicaba al teatro, leía a Brecht, a Shakespeare y a Ghelderode, así que regalé todo lo que tenía a un vecino, de un saque, en un sólo acto simbólico de ingreso a la “adultez”. Eso no obstó para que posteriormente siguiera comprando algunas cosas: Skorpio y todo lo de Récord, que marcó mi ingreso a la historieta “seria”, con la consiguiente gran y definitiva revelación de Oesterheld, Breccia y todos los grandes de una etapa que yo no había vivido, de la que algo conocía, pero que recién ahora me deslumbraba; también Satiricón, Mengano, Chaupinela, Humor, Súper Humor... De modo que no me alejé del todo. Volví a mis aficiones infantiles, a la historieta “cómica”, recién a mediados de los ’90, cuando me declaré coleccionista y me interesé por saber más de aquél mundo perdido.
De todo eso hablo cuando hablo de historieta. De otra galaxia, donde no existían las comiquerías, ni el manga, ni los lujosos álbums. Donde en cada kiosco, en cada casa, había abundante material del género para los pibes, leído de refilón los grandes. O sea, un tiempo donde la historieta no era “arte”, ni había llegado a la “adultez”, pero en cambio era inmensamente popular. Y conducía a un mundo de aventura que ya no existe. Una lástima, señores.

miércoles, junio 25, 2008

EL GENIO QUE SE ABURRIA DE LOS TITULOS

Don Pascual, antes de llegar a ese título fue Mangucho y Meneca, Mangucho a secas, Mangucho con todo. Motín a bordo fue también Mordancio, jefe y mártir. Ahora, María Luz y Orsolino, director siempre se llamaron así. Todas se deben a un genio de la historieta cómica argentina, al que un día, por los sesenta se le perdió el rastro. Hace poco se supo que había fallecido en el 2005, en los Estados Unidos. Yo prefería pensarlo vivo, y pergeñando delirios que quizá un día salieran a la luz.
A diferencia de la producción de Torino, dispersa en revistas casi inhallables, no sería difícil digitalizar la de Roberto César Battaglia (a él me refiero, claro). Al menos su obra cumbre, Don Pascual. Bastaría que algunos coleccionistas abrieran las Patoruzito semanales y descubrieran que allí se esconden tesoros distintos a los que ellos valoran. Y decidieran compartirlos, por supuesto, escanner mediante (...sí, sí, ya se que las revistas se estropean un poco, pero piensen también en que el papel no es eterno).

Tengo pocos ejemplares de la Patoruzito semanal. Las fortunas que gasté en Andanzas y Correrías tendría que haberlas invertido en ellas.
Se que existe una recopilación digital de varios episodios completos de Don Pascual, mandados a realizar por un comerciante de la historieta, al que hay que reconocerle cierto interés por la preservación y difusión del género. Lamentablemente, estoy peleado con él y su familia. Pero fue por una justa causa.
Aún con todo lo expuesto, no me resignaba a no subir a Battaglia a La Colección de Dao. Así que eché mano a un rejunte. Tomé tiras, aunque discontinuas, de Don Pascual de mis Patoruzito y le agregué las páginas que le dedicara el libro La Argentina que Ríe, más el homenaje que le hiciera la Fierro de la primera etapa, en su suplemento Continuará. También metí, escanneadas de Patoruzú, una tapa de Battaglia y tiras de Mordancio, Orsolino y María Luz. Y sumé tres curiosidades (que -debo decirlo- me mandó el mencionado comerciante, antes que nos peleásemos, en carácter de adelanto): Egoísto, Malasorte y Dos cosas, una tira de cada título, publicadas en Pobre Diablo, las dos primeras con el seudónimo “Battle”. Finalmente, extracté de la Patoruzito Nº 1, generosamente escanneada por Sergio Maganás, la primer tira de Mangucho y Meneca. Suma así, este “Archivo Battaglia”, cerca de cien páginas. Los títulos de algunas imágenes sirven de guía para ubicar la procedencia, cuando la tenía o lo creía relevante.
Estaría bueno que el “Archivo Battaglia” fuera una especie de work in progress. Que aquel que tuviere aunque sea una solitaria página de Don Pascual, o de cualquier otra tira, portada o chiste suelto, la integrara o me la mandase para que yo lo haga. Sirve para mantener viva la memoria de una de las mayores glorias de la historieta argentina, hasta tanto alguien se interese en reeditarlo completo. Battaglia lo merece. Quizá más que ningún otro. Mientras Don Fierro terminaba aburriendo con los previsibles roles de oficina, Motín a Bordo los subvertía. Si el Pequeño Gran Cacique, aún dentro de la fantasía, intentaba mantener el verosímil, Mangucho lo aniquilaba. Cuando Mafalda aún no había nacido, María Luz hacía de las suyas. Y en un momento en que la historieta se hallaba muy lejos de la crueldad, ésta aparecía en todas las mencionadas y también en Egoísto, también en Malasorte. Lean el prólogo de Tarruela en Continuará, que lo explica mejor que yo. Solo disiento con él en la similitud que traza con el Langostino de Ferro. Si bien Battaglia compartía su delirio, a diferencia de aquél, no aparece en su obra la moraleja. Su incursión en el absurdo y la crueldad es total y despojada de lecturas traslativas.
Ojalá que los que nada guardan de Battaglia disfruten de lo poco mío. Y que los que no lo conocen, lo descubran ahora. Los espera en La Colección de Dao.

(PD: A último momento, reparé en que debía mejorar algunas imágenes. Lo subo en breve.)
(PD: Finalmente hoy, sábado 28, subí el archivo. La demora valió la pena, dado que gracias a dos visitantes, el archivo ya comenzó a agrandarse. Lucho envió una tira de María Luz y otra de Mordancio. Gabriel Fara ofreció el suplemento "Risas Argentinas", que le dedicara a Battaglia la "Hora Cero", de La Urraca, con prólogo de Pablo de Santis. Me hizo recordar que la tenía y la había omitido, así que ya está incorporado. Un buen comienzo para el work in progress...)
(PD: Otra colaboración... el amigo Luis del Pópolo me envió a mi correo un Conventillo del año 37, que es un verdadero hallazgo. No cabe duda, por el trazo, que es uno de los primeros publicados y pasará a engrosar el próximo archivo de Torino en "Aquí Está!")

lunes, febrero 18, 2008

APOSTILLAS (IX): DAO ESTA CHOCHO CON SUS LECTORES!!!

Una tendencia que últimamente vengo observando asombrado, en este blog, es el cambio de público. Quizá es gente que ya estaba de antes, pero no opinaba superada por mis guerras a muerte con los trogloditas de la historieta. La cuestión es que ahora, aún en el disenso, parece haber inteligencia y respeto. Y aportes, además. Como los del maestro Grillo, con los “Stupid Cómics” y las “Superpelotudeces”. Estas apostillas vienen a cuento, precisamente, de sugerencias que me han hecho otros calificados lectores...
FELIX SABORIDO

Después de la partida de Dol y Guerrero hacia su propia revista, la Editorial Mazzone ya no fue lo mismo. Los nombrados eran importantes colaboradores en todas sus publicaciones y no resultaba fácil reemplazarlos. Una acertadísima incorporación fue la de Félix Saborido. Me lo trajo a la memoria Fabio Blanco, y se lo agradezco (VER). Saborido es uno de los pocos que sabía hacer bien la parodia de género. Así lo demostraba con “Rata-Man”, en Capicúa, donde lo descubrí (impagable el detalle de Tom, en el encabezamiento). Muchos años después, lo volví a encontrar, dibujando cosas menos inocentes,
en la última etapa de Satiricón. Y más tarde, en SuperHumor, donde jugaba con el estilo de las historietas de espías yankees de los ’40.
La nueva Fierro le ha dedicado un merecido homenaje, en su 1er. número, publicando la lámina “Donde está Oesterheld?”, que había aparecido originariamente a fines del ’83, en Feriado Nacional. Se rescata habitualmente la capacidad de Saborido de mimetizarse con otros dibujantes. Pero su talento abarca bastante más que eso.
OSWAL
Hace tiempo quiero escribir una nota sobre este gran maestro, y me falta justamente tiempo. Ahora tampoco lo voy a hacer. Pero buscando material de Saborido, me encontré en las Chaupinela (de mediados de los ’70), “El Espíritu de Mascarín”. Contemporáneamente, la Urraca también había publicado una revista dedicada en forma íntegra a “Sónoman”. Yo tenía algunos números, desaparecidos hoy día. Lo que sí pude rescatar son tres ejemplares de “Nico Cruz” (Editorial Perfil, 1980). Es una buena historieta, aún cuando tenga muchos puntos de contacto con “El Loco Chávez”. La guionaban Morhain y Albiac. Vitacca dibujaba junto a Oswal, pero sin duda es el estilo del último el que brilla. He leído a Fabio (
VER), propugnando la reedición completa y cuidada de "Sónoman". Apoyo desde aquí la moción.
MEDRANO
Fue Martín quien mencionó aquí (
VER) a este extraordinario dibujante, del que poco y nada he hablado. Si bien deben quedar pocos de la generación que lo siguió durante décadas en sus “Grafodramas” de La Nación, se lo sigue recordando en la actualidad. El humor costumbrista alcanzó una cima con él (la otra es Calé). Gozó de gran popularidad, al punto que llegó a ilustrar los almanaques de Alpargatas, de los que lamentablemente sólo poseo reproducciones en blanco y negro. Pero aún así, alcanza y sobra para dimensionar su estatura.
FABREGAT
Por último, Dani The O., ha fogoneado la vieja asociación entre homosexualidad y quinternianos
(
VER). Para demostrar, por si alguna prueba faltara, que no soy el primero ni el único que me he ocupado de estos asuntos, subo algo que encontré del ídolo de muchos de ellos: Isidoro. Se trata de una nota escrita por Fabregat, titulada “Los héroes de historietas la miraban con cariño?”, y publicada en la SuperHumor Nº 36. La última columna, como se verá, está dedicada especialmente al rey de los play-boys (o de los taxi-boys?).

lunes, febrero 12, 2007

RECORD: EL MUNDO DE LA GRAN HISTORIETA

Se dan, en ocasiones, raras coincidencias.
Mencioné varias veces que estoy completando la colección de la antigua Fierro.
En una de mis últimas expediciones, conseguí unos cuantos números.
También en esa oportunidad, compré tres “El Huinca”, revista que, a raíz del rescate que hice de Rapela en un post, decidí empezar a coleccionar (tenía muy pocos ejemplares), ya que me hizo recordar lo buenas que eran.
Leí con verdadero interés estas tres historias.
En cambio, a las Fierro las hojeaba y, ocasionalmente, me detenía en algo.
Hasta que de repente, en el nro. 85, llamó mi atención una nota sobre Wadel.
Conocía a este excelente (e injustamente olvidado) guionista por el Vito Nervio, dibujado por Breccia.
Pero en la nota que menciono, me entero que, además, había sido el autor de los guiones que acababa de leer.
He comprobado, a través del tiempo, las constantes de mis gustos.
Tanto sea en literatura, teatro, plástica, música... o historieta.
Y todos arrancan en una matriz temprana que, mas allá de que evolucione, se mantiene como línea.
Calculo que habré conocido el Vito Nervio completo a los doce o trece años, cuando me lo prestaron en una recopilación en tomos.
Me lo devoré, y quien me prestó esos tomos tuvo que insistir mucho para que se los devolviera.
También, hace pocos días, me devoré “El Huinca”, sin saber quien lo guionaba.
Me pasó además con Pratt, cuyo “Ann y Dan” había leído mucho antes en el Billiken, sin todavía la menor idea de quien era Pratt.
Me pasó con HGO, me pasó con Breccia...
Y con no tantos mas.
Cuál sería entonces la línea?
Dibujantes y guionistas que sepan contar aventuras.
Los que me leen, conocen de memoria que mi primer deslumbramiento en la historieta pasó por Patoruzú y Patoruzito.
Me he encontrado con mucha gente que rescata el humor en ellos.
A mí nunca me hicieron reír. Lo que me fascinaba eran esos repentinos viajes a exóticos países, o a las desoladas tierras de la Patagonia. Me atrapaban esas extrañas intrigas que iban de posta en posta develándose de a poco, con estrafalarios personajes, con situaciones de tensión permanente (ojo, me tocó una época -nros. 70 hasta apenas iniciados los cien-, tanto en Andanzas como en Correrías, de excepcionales argumentistas).
O sea que, yendo más atrás aún, también estaba la aventura.
Comencé a comprar Skorpio, desde los primeros números. Es decir que tendría diecisiete años. Ya había abandonado definitivamente (ja!), y hacía bastante tiempo, las revistas de Quinterno y toda la gama de la historieta cómica. También, desde hacía mucho, consumía la gran literatura. Aún así, Skorpio me interesaba.
Estaba allí la constante que menciono, estaba la semilla que había sembrado Oesterheld, desde “Hora Cero”, a la que conocí después.
Mas tarde vinieron “Chaupinela”, “Super Humor”, la otra “Hora Cero”, “Cóctel”...que se yo, tantas. Y por supuesto, Fierro.
Sin embargo, ninguna me interesó tanto como Skorpio.

Aclaro que, los otros títulos de Récord, que empezaron con grandes reediciones, prontamente se desdibujaron, perdieron calidad y se aproximaron a los de Columba (aunque sin su asqueante sesgo ideológico, por fortuna).
En cambio, en las de La Urraca el nivel era mas parejo y había algunas buenas historietas, sí, pero también se notaba -muchachos progre, al fin- mucho de pretenciosidad.
Yo de buena literatura, entendía. También de plástica. No necesitaba a la historieta para eso.
La experimentación en el género, mas allá de algunos escasísimos grandes talentos, ni me iba ni me venía, cansado de ver supuestas audacias en el campo del arte.
Yo sólo quería entretenerme leyendo buenas historietas, es decir, buenas aventuras.
Bien guionadas y mejor dibujadas. No pedía mas.
Y en todo caso, si habría que remitirse a algún modelo, que fuera literario y del tipo Verne, o Salgari, o Stevenson, o London, o Poe.
Hoy me pasa exactamente lo mismo.
Lamentablemente, encuentro cada vez menos ese tipo de historietas.
La revalorización del género producida a través de la atención puesta sobre él por prestigiosos semiólogos (Eco, Massota, Steimberg), desde hace ya varias décadas, ha generado un efecto paradójico.
Hay una situación análoga que he observado en distintas oportunidades, y que creo que es útil para entender esto.
Una persona, elemental en muchos aspectos, pero rica e interesante en otros, es objeto de atención de alguien de mucha más preparación. Inmediatamente, el observado, imbuido de una repentina importancia, quiere ponerse a la “altura” del otro, reproducir su lenguaje, sus formas, su manera de ver el mundo, perdiendo así toda espontaneidad, todo aquello que tenía de rico e interesante y convirtiéndose, en definitiva, en un pobre remedo de una cultura que no le pertenece.
Esto es lo que siento que pasa a menudo con la gente que hace historieta.
Los buenos dibujantes y guionistas de otras generaciones, tenían clara su misión de entretener, de narrar buenas historias, de encender la imaginación para partir a la aventura.
Hoy en día, ya nacen “artistas” y se solazan en una seudo-experimentación que empalidece (mas bien se borra), no bien se la contrasta con sus predecesores, que solo se consideraban a sí mismos, laburantes que dominaban un oficio.
Eso, en el mejor de los casos. Porque la mayoría de estos “artistas” de cuna, adhiere a los estandarizados modelos narrativos de la industria yankee o la japonesa.

Y resulta curioso que aquellos que son verdaderos artistas, los que realmente pudieron trascender la historieta -como Saccomanno o Fati, por citar a un escritor y a un plástico-, la han hecho sin mezclar una cosa con la otra.
Ojo, hablo siempre desde mis gustos y mis predilecciones.
Puede que haya una nueva generación de lectores a los que estas formas le interesen, como afirma Sasturain. El mismo reconoce que publica cosas que no le llegan a convencer, pero lo justifica con el argumento de que hay públicos para todo. Y también, claro, reivindica lo experimental.
Sin embargo, y ya centrándonos en Fierro, pongo el ejemplo de Tati. Encontró el curro de los monos geométricos (que a mí me parecen francamente feos e inexpresivos) hace casi dos décadas, y sigue -en esta reaparición de la revista- inmutable con eso.
Podemos hablar de una “nueva expresión”, de un “innovador”, en este caso?
Yo diría, más bien, que se trata de alguien que, en algún momento de su carrera, fue solamente original (y eso, merced a que en este país, pocos se acuerdan de Faruk, o mas atrás y universal, de "El reyecito", de Soglow).
Y la originalidad -real o inventada- es un valor muy superficial en el arte. Se agota pronto.
Creador, innovador, son palabras atribuibles a quienes buscaron durante mucho tiempo, y no se conformaron con lo que encontraban, y siguieron buscando... Un Breccia, por ejemplo.
Breccia podría tranquilamente haber armado su quiosquito de artista del género, en la mitad de su carrera. Era aplaudido, tenía éxito.
Siguió buscando sin embargo, aún a riesgo que los aplausos no sonaran tan fuerte y el éxito empezara a esquivarlo.
Después, claro, hay humoristas, como Fontanarrosa, o Caloi, o Quino que encontraron tempranamente una forma, que les sirvió de vehículo para contar cosas que les interesaban quizá mas que el dibujo. Pero nunca se pretendieron innovadores de nada.
Tati no es ni Breccia, ni Fontanarrosa, pero sigue estando en la nueva Fierro, como si fuera un exponente de la nueva historieta, y narrando naderías.
Y no es que me ensañe con Tati, pobre, que tan malo no es (el Marinero Turco o Liniers son mucho peores, si vamos al caso). Pasa que -justamente por no ser tan malo- me sirve como ejemplo de como terminan estos “audaces experimentadores de las formas”.

Pero cuando uno dice estas cosas, nunca falta algún tonto, que sale a cacarear su supuesto prestigio, ganado en al parecer importantes convenciones de "cómics", o ignotos premios internacionales.
Esto me hace acordar a un dramaturgo amigo, que ironizaba sobre los premios literarios de esta manera: "Un vaso de agua, un cigarrillo, y una franja de honor de la SADE, no se les niega a nadie".
En fin...
Por todas estas cosas es que extraño una revista como Skorpio...
Aún celebrando la reaparición de Fierro, debido a creaciones como “Trillo y Grillo”, por ejemplo.
Y por eso, también, hago mías las palabras conque Wadel cierra el reportaje que le hicieron en el Nº 85 de la antigua Fierro:
“Creo que últimamente a los historietistas se les han subido los humos a la cabeza. A toda costa pretenden considerar a la historieta un arte. No sé si lo es. Puede serlo por el dibujo o por el guión. Para mí se trata de un simple entretenimiento.”
Lástima que los que hacían la Fierro en aquél momento (1991), no le hayan dado pelota. A lo mejor así, podían haber seguido más allá del número cien.
Lástima que hoy en día, un tipo como Wadel, haya caído definitivamente en el olvido.
Y parecería que, los que rescatan a HGO, salvo honrosas excepciones, lo hacen solamente porque queda bien.

domingo, febrero 11, 2007

miércoles, febrero 07, 2007

RECORD VIENE AFANANDO!!!

El rezago de Columba en la encuesta, me genera varias hipótesis:
1) los graduados de la universidad, han emigrado definitivamente de este blog (al que deben considerar poco serio, y con razón);
2) me visitan, pero lo hacen de incógnito (es poco serio que un columbiano -salvo herejes, como Durán- ande por acá);
3) asociada con la anterior: si dejaran su voto, revelarían su presencia (aunque si así fuera , habría que reconocerles alguna inteligencia);
4) hasta los columbianos aceptan que -mas allá que les guste robinjú y algún otro- "miráme la palomita" no puede competir con las demás.

Lejos de mí querer influír en los resultados, pero creo que Récord merecería el triunfo.
Irrumpió en el mercado, en el '74, no sólo para disputarle lectores a la impresionante industria de Columba, sino que también lo hizo valientemente, con una propuesta distintiva.
Su plantel, por lo menos en principio, estaba compuesto por los mejores: Pratt-Durañona-Zanotto-Del Castillo-Oswal-Lalía-Fernández...
A diferencia de Superhumor, que ofrecía un material mas intelectual, y de Fierro (ambas de La Urraca), que tendía a lo experimental, Récord satisfacía, con sus diferentes títulos, los gustos de un público conocedor de la historieta, pero no demasiado afecto a que el género se saliera mucho de los límites tradicionales.
Récord retomó la línea que HGO había dejado trazada décadas antes: la narración pura, la aventura... Y con calidad.

domingo, febrero 04, 2007

EL TURNO DE LA HISTORIETA "SERIA"

El éxito de la primer encuesta,
hace que nos larguemos con la segunda...

Se trata, una vez más, de un tema abundantemente tratado en este blog...

Pero desde el punto de vista de editoriales...

Editoriales de historietas "serias", aclaro...

Las presentamos, por ahora...

Señoras, señores, con Uds. los participantes!!!

Dura una semana, como la otra

Es un voto por PC (ojo, los columbianos con andar por los cibers)

Podés votar a la derecha, arriba...

sábado, enero 20, 2007

SUPERHUMOR: UNA GRAN REVISTA DE HISTORIETAS

A raíz de la reaparición de Fierro, han surgido aquí y allá opiniones de los aficionados a la historieta.
Muchas, entre las que se cuenta la mía (creo),
intentan ser objetivas.
Otras se bandean en la crítica o el elogio.
Entre estas últimas, se ha llegado a afirmar que se trata de la mejor revista del género que se hizo en la Argentina.
Supongo que el exabrupto proviene de gente de las nuevas generaciones, a las que si se les menciona Hora Cero o Patoruzito Semanal, por ejemplo, preguntan: "Lo qué...???".
Pero sin necesidad de irse tan lejos en el tiempo, hay una publicación anterior de la misma Ediciones de la Urraca, que puede competir con Fierro por el podio.
Hablo, claro, de SuperHumor.
No parecen ser muchos los que la recuerdan.
Quizá se la crea demasiado asociada a su hermana mayor (a pesar de aquella primera presentación "Suplemento mayor de Humor").
También es posible que quede sólo el recuerdo de su última época, en la que efectivamente se mimetizó con aquella.
Pero al menos durante veintipico de números, era una revista de historietas.
Una gran revista de historietas.
Hasta que Trillo fue desplazado de la dirección, claro, como lo fue después Sasturain de Fierro.
Se podría objetar que se publicaba mucho de su director, y es cierto; pero Trillo es un grande, uno de los auténticos herederos de HGO.
Además, Trillo no estaba solo...
Junen que elenco, caracho:
Altuna - Alberto, Patricia y Enrique Breccia - Bretecher - Solano López - Mandrafina - Sanyú - Fati - Dose - Fontanarrosa - Tabaré - Dolina - Grondona White -Ferro - Saccomanno - Limura - Trigo - Muñoz - Sampayo - Carlos Giménez - Lalia - Dalfiume - Tardi - Saborido - Nine - Osvaldo Soriano - Braccamonte - Lito Fernández... y siguen las firmas.
Y que series!!!
CHARLIE MOON - MERDICHESKY (Altuna)
LOS ENIGMAS DEL PAMI (E. Breccia)
SOL DE NOCHE (P. Breccia)
BUSCAVIDAS - INFORME SOBRE CIEGOS - UN TAL DANERI (A. Breccia)
BOSQUIVIA (Fortín)
ULISES BOEDO (Mandrafina)
TRISTE, SOLITARIO Y FINAL (Sanyú)
CALLE CORRIENTES (Solano)... y siguen los títulos.

Entre los extranjeros descubrí allí, por ejemplo, a Carlos Giménez.
Su PARACUELLOS es una de las historietas que más me ha impresionado en mi vida.
Y no sólo hablo de calidad, sino básicamente de su carácter testimonial y autobiográfico.
(...no tengo noticias que haya llegado integralmente a la Argentina, pero los interesados pueden visitar su
sitio, e incluso bajarla de la mula)

Acepto que SuperHumor no tenía el riesgo que Sasturain proponía en Fierro.
Era mas clásica, podría decirse.
Pero por eso mismo, su coherencia resultó mucho mayor.
A los que la hayan pasado de largo, les recomiendo esos veintitrés números, en que la dirigió Trillo.
Después Cascioli, como pasó con Fierro, le cambió la identidad.

domingo, enero 14, 2007

REVISANDO LA VIEJA FIERRO (1): UN DELICADO EQUILIBRIO

A raíz de la reaparición de Fierro, me pregunté de pronto por qué había dejado de comprar la antigua. Y en todo caso, teniendo hasta el nro. 50, por qué nunca me ocupé posteriormente de completar la colección.
Recordaba que había dejado de interesarme, pero como mis gustos -afortunadamente- cambian, me dije que quizá sea el momento de abordar la tarea pendiente sin prejuicios.
Así, en una excursión a Parque Centenario, me compré una decena de ejemplares, arriba de esa numeración. Los junté con algunos anteriores (por la continuidad de las series) y me los llevé a Mar del Plata para tratar de soportar con su lectura la tortura de la playa. Allá conseguí unos cuantos mas, de modo que del 45 al 70 pude hacer una revisión bastante completa.
El primer dato -insoslayable- es que en el nro. 48, Sasturain dejó la publicación.
Imposible no asociarlo con el desembarco de Caín en Fierro, ya que su director, Marcelo Figueras, es quien lo reemplaza en el puesto de jefe de redacción.
Caín era un proyecto frustrado de Ediciones de la Urraca, que apuntaba a un público rockero. Salieron muy pocos números en forma independiente, pero Cascioli acostumbraba a hacer este tipo de movidas para sostener las revistas de la editorial, sin importarle demasiado los cambios de identidad, que terminaban por no conformar a ningún público (caso SuperHumor).
Sasturain había mantenido hasta entonces en Fierro un delicado equilibrio entre la historieta tradicional, la no convencional y la experimental (dejo planteada estas diferenciaciones, que abordaré mas adelante), o entre lo viejo y lo nuevo, si se quiere simplificar.
Ese equilibrio se rompió definitivamente con su partida, a pesar de que la advenediza Caín duró apenas cuatro números y Figueras como jefe de redacción, muy poco mas.
Sospecho que este último tampoco se fue en buenos términos, ya que su mamotreto ilegible ("El Mesías Eléctrico") queda inconcluso en el nro. 56, y al siguiente su nombre desaparece del staff de Fierro, sin siquiera la mención que se le había dedicado a Sasturain, y sin que nadie pase a ocupar ese puesto.
Como decía, después de la partida de Sastu, los desaciertos son notorios. La revista se vuelve desprolija, se quiebra la continuidad de las series, por ejemplo. Oxido -el subtemento dedicado a las nuevas generaciones- avanza. Hay desatinos, como el concurso de fotonovelas, las que mas allá de la publicación de las premiadas, continúan en la revista, supongo que con el material de rezago de dicho certamen. Números enteros parecen dedicados a alumnos de Sanyú o de O'Keeffe, tan mimético es su estilo. Y hablando de estilos, Maitena gana espacio con series anodinas, donde intenta copiar a todos, como siempre hizo hasta que adoptó definitivamente el de Bretecher. También se llenan páginas (aunque esto venía de antes) con Fontanarrosa o Crist, mas identificados con el perfil de Humor que con el de Fierro. Van desapareciendo los grandes maestros nacionales, y ese lugar de prestigio lo llenan algunos españoles o italianos.
No se puede echar, claro, toda la culpa al abandono de timón que parece haber hecho Cascioli, dejando la revista a la deriva. Empezaban los fatídicos '90 y esto tiene que haber influído.
Los lectores de aquella época siguen quejándose hasta hoy en día de la inclusión de Max Cachimba, Podetti o el Marinero Turco. No llego a ubicar a Liniers en esa etapa, pero lo cierto es que ahora hay que sufrirlo, aunque me adelanto a aclarar que no meto a todos en la misma bolsa.
Max Cachimba, por ejemplo, me parece un auténtico creador en la historieta. Sus trabajos -guionados o no por él- desarrollan una narrativa clara, aunque por supuesto, no convencional. Por los '90 su línea era el humor negro, lo onírico, lo pesadillesco, y le salía muy bien. En la actualidad, si bien es temprano para evaluarlo, parece haberse volcado a un estilo mas naif que no me interesa tanto.
Hay otra gente, en cambio, que experimenta -bien o mal- y el experimento no es bien recibido en general por los tradicionales lectores de historieta.
Entiendo ese disgusto, y en parte me identifico con él. Uno no tiene por que bancarse los intentos de originalidad de aprendices, que derivan la mayoría de las veces en guiones y dibujos imposibles de seguir, a pesar de la buena voluntad que se pueda poner.
Que se expresen, en todo caso, en blogs o en revistas subte, hasta que maduren y desarrollen un estilo. O que se organice de tanto en tanto un concurso y que revistas como Fierro publiquen a los ganadores. Dos a lo sumo, no más. Punto.
Pero hay otra cuestión que me parece mas relevante...
Es imposible discutir la maestría de Crist, El Tomi o Nine. Ahora, si bien éstos circunstancialmente, producen historieta, su principal preocupación parece estar en exhibir sus virtudes como dibujantes. No sería demasiado problema, ya que son excelentes, si no generaran escuela...
En la vieja Fierro (sobre todo después de Sasturain, aclaro) había que bancarse que cualquier mediocre imitador ocupara un cuarto de página con un mamarracho que no contaba nada. Y hoy en día, si se recorre los blogs de dibujantes, se comprobará que si bien la mayoría se alinea en el género historietístico, la preocupación narrativa brilla por ausencia.
Pratt o el viejo Breccia, que se experimentaron todo, nunca olvidaron que hacían historieta.
Por último, en este repaso de la primera Fierro, algunos números sueltos de arriba del 70 me confirman que no se volvió a recuperar el equilibrio perdido.
Estos son los grandes desatinos en los que terminó un gran exponente del género, a partir de la propuesta original de Sasturain de conjugar lo viejo con lo nuevo.
En esta segunda etapa, donde vuelve a asumir la conducción, y como él mismo lo dice, algunos de aquellos muchachos que experimentaban ya comparten cartel con los grandes.
Yo hasta ahí, y a regañadientes en algunos casos, me la banco.
Y cuando aparezca lo nuevo, espero que Sasturain pueda conservar el equilibrio (unos 47 números, al menos).

jueves, septiembre 28, 2006

NUEVA BIBLIOTECA CLARIN DE LA HISTORIETA 1: MAITENA ME DA PENA...


El humor de costumbres en la Historieta tiene una larga tradición. CALÉ (1925-1963) y MEDRANO (1915-1974) son notables antecedentes argentinos. Revistas como Patoruzú, Rico Tipo, Tía Vicenta dedicaban muchas páginas al género. Mas adelante, Satiricón y en los '80 Ediciones de la Urraca (Humor, Superhumor, Fierro), tomaron la posta. Justamente fue esta editorial la que comienza a publicar en la Argentina a la francesa CLAIRE BRETECHER, quien ostenta en su vasto curriculum como dibujante y guionista el haber trabajado nada menos que junto a GOSCINNY, y haber publicado en las revistas Tintin y Spirou. BRETECHER termina volcándose a una sub-especie del humor de costumbres, que es el que aborda el universo femenino, desde una mirada femenina (feminista, a veces).

Clarín inaugura su segunda Biblioteca de la Historieta con una exponente infinitamente menor de esta sub-especie, tratando de igualar el impacto inicial de la serie anterior, con Mafalda.
Es posible que lo logre, no sé... La estupidez humana da pa' todo.
MAITENA no solo ha afanado descaradamente a BRETECHER, sino a la mayoría de sus colegas de La Urraca. La retrospectiva de Clarín lo demuestra claramente. También a algún otro extranjero como TARDI o MANARA. Ha intentado parecerse a todos ellos en distintas épocas, pero nunca alcanzó a equiparar el talento de ninguno.
Su biografía también es reveladora. Una burguesita tilinga que jugó un tiempo a la rebeldía (se habla de su "espíritu punk"!!!) y que ahora vuelve a sus orígenes.
Bah... Lo de ahora es un decir. Publicó en Para Tí.
Eso sí, el libro tiene dos perlitas.
La primera es el prólogo lésbico de ROSA MONTERO.
La segunda, este párrafo de la propia autora, refiriéndose a su éxito: "Al principio tuve el síndrome del impostor; pensé que se trataba de un error, que había un malentendido y que en cualquier momento alguien se iba a dar cuenta..."
No sé otros... yo me dí cuenta hace rato, MAITENA.