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Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy
Mostrando las entradas con la etiqueta Fierro. Mostrar todas las entradas
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miércoles, marzo 15, 2017

ULTIMO REQUIEM PARA LA FIERRO

Se me ocurrió el título: "Ultimo réquiem para la Fierro". Pero no voy a escribir el post que pensaba. Apenas intentaré unos apuntecitos desordenados. No vale la pena más. 
Si hago retrospectiva de esta segunda etapa de la revista, me acuerdo de trabajos muy buenos: "Trillo y Grillo", por empezar, que me fascinó. "El hipnotizador", excelente. Lo de Reggiani y Mosquito, bien contado desde el guión, con narrativa visual limpita. Casi todos los especiales (y no digo todos, por lo del finado Nine, que en paz descanse). "El síndrome Guastavino" -y ya van dos Trillo, que se nos fue temprano, dejando muy huérfano el panorama de guionistas-. Lucas Varela, tanto sea como dibujante, como en la producción integral, siempre notable, experimentando en serio, haga lo que haga. El desopilante Sr. Rispo, de Parés. Agrimbau, coherente y sólido… no sé, seguramente debe haber algo/alguien más, que se me escapa a la memoria, pero no pienso revisar la colección. Por eso entre otras cosas, no hago el post. 
Tengo mejor memoria de la bosta de los últimos tiempos. Lo lamento, Sanz me parece bosta, El Tomi me parece bosta, Minaverry me parece bosta, Alcobre me parece bosta, Calvi me parece bosta. Nine (h) me parece bosta. O saquemos bosta, si prefieren, si suena muy fuerte. Y no ellos, claro, como personas, que deben ser buena gente, supongo, aunque no los conozca. Quiero decir que lo que hacen no tiene que ver para nada con lo que creo debería ser la historieta, con el concepto que tengo de ella. Porque no se trata del "no me gusta". Porque tengo –existe- un concepción del género (o "lenguaje", como remilguea la Papa Accorsi). 
Ahora, si la historieta se convirtió en otra cosa, avisen y no consumo más lo que se produce en la actualidad, me quedo con lo viejo, que tengo bastante para leer y releer.
De todos los nombrados no aguanto una página. O no sé qué quieren contar, no comprendo, no abarco, no diferencio los personajes, no me enganchan en absoluto (y ojo, que yo avancé bastante con el Ulises de Joyce y me leí casi todo Beckett... y aparte entendí, eh), o lo que cuentan es absolutamente baladí, porque el verdadero propósito es que se luzcan los dibujitos. El caso de El Tomi, claramente. Hace treinta años me interesaba esa propuesta de poética entre rea y érotica. Ahora es un cliché gastado, una paja triste. Sanz en su vertiente intenta lo mismo, lucirse. Sus guiones son pobres, un pretexto. Dan esa sensación de "déjà vu", no una... mil veces. Pero encima es mal dibujante. De historieta, al menos. La gilada cree que es bueno, porque se deslumbra con los cuadros estáticos. Vayan a la larguísima secuencia de acción de "El Esqueleto", en la entrega de enero. Ni el más manco de los dibujantes cómicos de los '60, de las revistas de cuarta de Torino, contaría una pelea de forma tan dura, tan torpe, tan embrollada. Ni hablar de Quinterno, por supuesto. Aunque Sanz ni debe saber quién es Quinterno.
Pero bueno... no nos vamos a ensañar con Sánz cuando están El Marinero Turco o Quattordio. Eso ya entra en el terreno de lo incomprensible.
Báh, sí... es comprensible. No desde sus habilidades creativas, que resultan nulas, claro. Pasa que Quattordio se encargó de dibujar el monumental engendro de Zaspumpán. Quizá el dogor pretendió que Zenitram fuese El Eternauta del siglo XXI, no se. Que alguno le avise, en tal caso, que apenas si llega a Las Chifladuras de Carlitos Balá. Pero aburrida.
Y El Marinero Turco... qué se yo. Saldrá de copas con el pibe éste que de la nada Zaspumpán puso a dirigir la revista, para no hacer nada él y vivir de arriba, que es lo mejor que sabe hacer, aparte de guitarrear en prólogos y programas televisivos.
Imperdonable este dúo. A Zaspumpán y a Ortiz me refiero. Podrían haber aprovechado la importante teta de Página 12 (uno de los pezones, sin duda, fue del Estado hasta que se vino la noche macrista), para pelear la vuelta al kiosco de la historieta. 
En cambio, desde el caprichito estético, la soberbia y el amiguismo, hicieron todo lo posible por ahuyentar al público. Había tapas que ya desde la tapa espantaban a cualquiera.
Por poner otro ejemplo... el último editorial de Sasturain en la última Fierro, supera los 124 anteriores: es tan, pero tan, pero tan pelotudo, que uno pensaría que lo escribió para que nadie extrañe la revista.
Como dijo por ahí mi amigo El PyBe: si tenían que salir a pelear el mercado, sin el paragüas de Página, no duraban un año con ese criterio editorial.
Pero lo tenemos al mamarracho éste de Ortiz, en un reportaje donde defiende por un lado la historieta en el kiosco, y por el otro, llegado a la tercer pregunta, repite la palabra “arte” diez veces al menos. Digo hasta la tercera porque hasta ahí aguanté. 
Incompatible, hermano. Si es “arte” que vayan los nerds a las comiquerías, cerremos la idea del kiosco definitivamente. El kiosco es para lo efímero, lo marginal, lo popular. Para el tipo que compra la revista en Retiro, la lee en el tren y la deja en el asiento cuando llega a destino. Se entretuvo en el viaje, dejó volar la imaginación por un rato, se escapó de su rutina como el Sr. López. El tipo del tren no quiere tener que recurrir a un tratado de semiología para entender por qué es bueno eso que a él le parece una porquería indigerible. Entendés vos, ahora, papá?
Ortiz tendría que abrevar en lo que su padrino Zaspumpán decía en 1979, cuanto todavía pensaba: "La marginalidad se resuelve en dos alternativas: la asunción de un territorio tangente por asimilación -en este caso la literatura, acaso el cine por similitud de origen y modalidad de consumo-; o la reivindicación de la marginalidad, como identidad primero, como posibilidad de individualidad absoluta después. Por ahí anda NUESTRA HISTORIETA. En el mundo -léase Europa- corre la moda del noveno arte y el experimentalismo, la historieta erótica o intelectual refinada para un público no masivo. Mientras, el lector habitual sigue consumiendo tontería. Aquí, la escisión es sólo cuestión de tiempo: no tardará en llegar la revista sofisticada para un público que la compre sin vergüenza de leer historietas. Es el peligro esnob, el despegue del piso, la pérdida de una tradición de cultura popular que hizo la grandeza y el sentido último de la creación, la tentación de la vanguardia.
Dos tareas, entonces: RECUPERAR LA LEGALIDAD DE UN ESPACIO PROPIO a partir de un planteo no euro céntrico, que supere las limitaciones de la mera vanguardia o la fantasía de que lo ideal es convertirse en una de las ARTES a través de la negación de las raíces; ENCUADRAR ESE ADEMAN DE IDENTIDAD JUNTO AL DESTINO DE LOS DEMAS SECTORES DE LA MARGINALIDAD, comunes residuos en el reparto de la gran torta cultural. Porque acaso el equívoco resida en no tener claro si lo que se quiere es definirse ante La Cultura o incorporarse a ella. Empecemos por ahí."
Aplausos. Y por ahí empezó con la primera etapa de la primera época de la Fierro y hay que aplaudirlo por eso también. Claro que después Zampum-panza se cansó, se dejó crecer la ídem, además de la barba, y posó de comprometido, de progre, anche de abierto a lo experimental, mientras se cagaba en todo lo que opinaba anteriormente. Terminó haciendo trizas el antiguo prestigio de la Fierro de la primer época, que él mismo forjó. Y el prestigio de la segunda, lo hizo polvo directamente.
Pero no quiero seguir pegándole a Sasturain, al menos en honor de aquella lejana gloria.
Tampoco a Ortiz. Quique Alcatena, una persona que merece la mayor de mis estimas lo rescata respecto a cómo se manejó con el suplemento de historietas de Télam, y no tengo porque dudar de su palabra ni de su criterio. Puede que Ortiz haya errado en un lado y acertado en otro.
Aunque fundamentalmente no le pego, porque le está pegando gente que no me gusta nada.
Por ejemplo, un chabón de una editorial tipo Dünken, pero de historieta, salió ahora a pegarle a Ortiz. 
(Aclaración: la gente de la literatura sabe bien qué es Dünken, uno de los primeros sellos que encubrieron la autoedición. Autores que ponen plata para sus propias ediciones, pero que quieren engañar a sus amistades con presentaciones de media hora en un stand perdido de la Feria del Libro, donde les firman ejemplares que tranquilamente podrían haber impreso en la imprenta del barrio, y que podrían haber regalado en su casa, en camiseta, mientras se tomaban una cervecita con sus futuros lectores. Invirtiendo muchísimo menos plata, sin el boato de la falsa celebridad, y con más afecto y calor humano).
A tales menesteres se dedica este chabón que denuesta a Ortiz, mientras usa como estandarte a un socio que se murió joven. Lamentable deceso, no me cabe duda, pero que no da para ubicarlo en el santuario de los mártires de la historieta.
Yo creo que este tipo -dibujante o guionista o algo, además-, meses atrás, cuando todavía no se rumoreaba el cierre de Fierro –que se rumorea desde hace bastante, me entero recién-, no se hubiese atrevido a meterse con Ortiz. Otros tantos camorreritos fáciles del Face, que lo apoyan en su muro, tampoco lo hubiesen hecho.
Todos criticaban la Fierro en sordina, pero se morían por publicar ahí. Ahora hacen leña del árbol caído.
Es por eso que hace un par de días escribí en el Face que me daba un poco de asquito este ambiente. 
Y por eso, cuando terminó Zenitram posteé también allí, con la imagen de la última página “Fin, por fin”. Sin saberlo, en ese punto arrancaba mi último réquiem para la Fierro.
He dicho muchas veces que la seguía comprando para que no me pasase lo de la primera época, que la abandoné por el nro. 50, cuando empezaba a hacer agua, y tuve que completarla a precio de colección. Pero además de mis taras de coleccionista, la compraba porque de tanto en tanto algo bueno traía.
Dicen que no todo está perdido, que se está negociando una periodicidad trimestral o algo así...
Pero aunque resurja de sus cenizas una y otra vez, como el Gato Félix, de aquí en más, no volveré a caer en la trampa. Por eso lo de último réquiem.
Y saben qué? Pensándolo mejor... no me avisen, eh. 
Creo que sí. Creo que la historieta, la gente que la hace, todo ese mundillo, se convirtió en otra cosa que ya no tiene absolutamente nada que ver conmigo.
Me quedo con Patoruzú y Arturito. Con Don Nicola y Espiru. Con Piantadino y Lucky Luke.
Me quedo con El Eternauta. Me quedo con Breccia y con Pratt.
Es suficiente compañía. Es buena, es mejor. Hace bien.
Chau


sábado, diciembre 10, 2011

LA FIERRO ATRASA (...y no se les cae una idea, loco)

Hoy, coincidentemente con el hecho que Fierro publique las tapas de "Cornudito", verifico en las estadísticas del blog que varios curiosos consultaron en Google al respecto y cayeron acá, al único lugar de la web que -hace ya varios meses- diera la primicia sobre la mítica "revista de humor fácil" (ver) (ver). Los que tienen la edición impresa de Fierro comprobarán, además, que las imágenes que allí se publican están precedidas por un texto que exhala un penetrante tufillo a conocido... De todos modos no me caliento, porque este blog debe tener, por lo menos, el doble de visitas mensuales que la tirada de Fierro. Hasta me doy el lujo de recomendar que la compren, para tener impresas esas históricas portadas, rescatadas por el maestro Grillo. Eso sí, el resto, como de costumbre, resulta desechable.

jueves, octubre 13, 2011

Milagro!!!

Hace largo tiempo que no leo completa una Fierro. La edición especial por los cinco años de la revista logró que lo hiciera. Obviamente que se trata de una excepción, ya que el número está dedicado íntegramente a la dupla Trillo - Mandrafina. A partir del Nº 61 volverán, supongo, las boludeces acostumbradas.
Si bien “La cajita” es una pequeña gema de síntesis e imaginación, y tiene interés historietófilo la crónica sobre Ulises Boedo, el plato fuerte lo constituye sin lugar a dudas “El tiempo del mal”. Habiendo quedado trunco el guión por la muerte de Trillo, es completado por Dal Pra’, que no alcanza a arruinarlo, aunque el final resulte débil comparado con el resto de la historia, que es brillante. También se nota que el italiano ha dejado algunos cabos sueltos.
Mandrafina nunca terminó de gustarme, lo veía demasiado rígido. Sin embargo, aquí me deslumbró. Es posible que él como dibujante, o yo como lector, o ambos, hayamos evolucionado. El caso es que la sutileza con que maneja las expresiones, los movimientos, y la progresión de la acción, lo sitúan definitivamente entre los grandes. La secuencia del emborrachamiento de uno de los personajes, expresada a través de la variación de la forma de caminar, es antológica. 
Mención aparte merecen los rostros. Dos de ellos, al menos, parecen tener como modelos personas reales. Creo ver en Bob a Sean Connery. Y está claro que el mago manco referencia a  René Lavand.
No es necesario seguir la Fierro para comprar este número de la revista, que en realidad es un álbum de tapa blanda, y muchísimo más barato que si hubiera sido editado en ese formato. Búsquela en su kiosco amigo (que es donde deben estar las historietas).

domingo, enero 09, 2011

NICOLA SHOW 71 (tiras 21 al 40, de 118)

No me resigno a dejar de hacer algunos apuntes, aún conciente de que el verdadero atractivo para la mayoría de los visitantes de este blog radica en las imágenes.
En el fragmento que subo, se registran dos actualizaciones de textos. En la tira 24, cuando Esculapio dice “...usted cumplió los veinticinco cuando llegó Cristóbal Colón”, en el original se cita al “Plus Ultra”, un hidroavión que partió de España y arribó a Bs. As. el 26 de Febrero de 1926. Resulta curioso que para los ’70 la referencia todavía fuera comprensible, y unos cuantos años más tarde, para la reedición, ya no. Supongo que se debe a que el vendaval de esa agitada década barrió con la historia menuda anterior.
El otro cambio es el de la tira 31 (*), donde en el original, el inquilino menciona a “Los Campanelli”, popular programa televisivo de ficción, que se transmitía los domingos a mediodía.
En cambio, la tira 27, en que se alude a Susana Giménez, permaneció inalterada. Incluso hoy, podría seguir así. Inexplicable vigencia de ídolos inexplicablemente populares.
Más allá de estos remozamientos -intrascendentes para quien no posea mi grado de obsesividad- me interesa destacar una faceta narrativa de Torino, que conservó desde la etapa de Aquí Está!. En Conventillo de aquella revista, como en cualquier otra tira en (continuará) de la época, era necesario complacer a dos tipos de lectores: el que seguía la historia, y el esporádico. Para eso, resultaba imprescindible un equilibrio entre los gags, que brindaban remates parciales a cada entrega, y el progreso del hilo argumental. Torino tuvo siempre un excelente manejo de este difícil mecanismo, superando incluso a Quinterno en dicho aspecto. La prueba está en que si se leen de corrido las aventuras de Patoruzú en El Mundo, suelen producir cierta sensación de estancamiento y reiteración, lo que no sucede con las de Don Nicola.
En estas páginas de "Nicola Show 71", aún estando concebido el episodio para su publicación como unitario,  se ve como la antedicha dualidad narrativa sigue funcionando de manera soberbia. Los incidentes cómicos que giran alrededor del armado del concurso, van haciendo crecer la magnitud del mismo, al tiempo que generan suspenso acerca de los inconvenientes que puede llegar a acarrear.
Por eso me causan gracia los lectores que reclaman a Fierro historietas completas, porque de un mes a otro se olvidan de la trama, y los historietistas que se defienden con la excusa que esas historias fueron concebidas para publicarse integralmente en álbum. Unos y otros tendrían tanto que aprender de Torino y otros clásicos, si supieran que existieron, y sospecharan al menos que el lenguaje de la narración tiene leyes que ellos desconocen por completo.
Pero ya me fui por las ramas. A los pocos que no saltearon estas líneas, los libero para que sigan disfrutando del conventillo...
(*) En el cuadrito final de la misma tira, nótese que Esculapio lee Fabián Leyes, otro título de Cielosur, editorial a la que Torino acababa de ingresar, dando de baja la propia.

 
 
 

lunes, septiembre 13, 2010

APOSTILLAS (XXII -calculo-): BUENAS NOTICIAS

Fierro:
Es verdad aunque Ud. no lo crea! El Nº 47 es legible casi integramente!
El casi viene a cuento del insufrible Quattordio y de "Sur Salvaje", que no bien empezó, no veía la hora que terminase.
Pero sólo dos historietas de mierda! (...y no me refiero a "La familia Mierda")
El resto está bastante bueno, y me pone tan contento que hasta le perdono a Reggiani su incursión en el absurdo costumbrista-poético, con "La evolución de las especies".
Quizá hayan influído en este cambio de rumbo las dos páginas de Podetti, publicadas en la edición anterior, bajo el título de "Basta!!!", proclama a la que adhiero fervorosamente.
Comic.ar:
Cuando todo hacía temer lo peor, el Nº 12 salió finalmente. El mes de atraso habla a las claras de dificultades editoriales. Va desde aquí todo mi apoyo para que se resuelvan y la publicación continúe en los kioscos!

martes, agosto 24, 2010

LE PETIT CHAPERON ROUGE (...o Caperucita y el gato)

Para el Anuario 1974 de Journal Pilote el dibujante Jean Ache desarrolló siete versiones de un mismo tema, a la manera de pintores famosos. Así desfilan, a razón de una página cada uno, Rosseau el Aduanero, Léger, Buffet, Picasso, de Chirico, Miró y Mondrian, como si estos genios hubiesen abordado alguna vez el lenguaje historietístico y todos hubieran coincidido en ocuparse del cuento de Caperucita Roja. El recurso -no descartando que tenga precedentes- fue posteriormente usado hasta al hartazgo, por lo que hoy en día puede que no llame demasiado la atención. Sin embargo la merece, porque los resultados son excepcionales. Además, hace pensar acerca de la importancia de las políticas editoriales en la historieta que tiene alguna pretensión de vanguardia. Criterio totalmente ausente en Fierro, por poner un ejemplo argentino y actual, donde Sasturain -o quien se ocupe de elegir el material a publicar, ya que el popular actor cómico parece muy ocupado en distintos menesteres- sigue pretendiendo vender capricho y vacuidad por experimentación. O sea, gato por liebre.

domingo, junio 13, 2010

DIBUJANTES QUE SE CREEN AUTOSUFICIENTES

De lo que publica Fierro ya no me dan ganas de opinar, a no ser en particular. En este último número aparece una historieta que es ejemplo cabal de las estupideces que suelen poblar la revista, tenuemente compensadas por algún que otro material interesante.
“Tragedia en el té de las 5”, con guión y dibujos de A. Alvarez, es el relato que hace una cuchara, y que a su vez es transcripto por algo/alguien -no queda claro-, del suicidio de dos terrones de azúcar dentro del brebaje del título.
O sea, una reverenda pelotudez. Una idea que a uno se le podría ocurrir en la duermevela o mientras está cagando y que rápidamente descartaría.
Pero ése no es el problema, porque siempre hay gente que disfruta de este tipo de engendros como si fueran hallazgos, vaya uno a meterse con los gustos de los demás (si hay coprófagos y necrófilos...).
El problema es la absoluta inconsecuencia de la historia, puesto que el requisito de verosimilitud interna no sólo vale para códigos realistas.
Supongo que a este muchacho Alvarez su maestro le ha elogiado la mano para dibujar vajilla, y entonces se largó a armar algo que incluyera esos enseres, total el guión es lo de menos.
En principio, a nuestro genio le resultó divertido que la cuchara y el saquito de té coquetearan un poco. Pero como su concepción de lo activo y lo pasivo respecto al sexo pareciera ser un tanto machista, decidió tratar a la cuchara en masculino, mientras que al saquito de té en femenino. Así se lee, por ejemplo: “y viste lo obsesivo que es la cuchara cuando se trata de trabajo”. A más de los/las citados/as intervienen galletitas y azucarera, que no fueron travestidos.
Por otra parte, en el intento que los dibujos no se conviertan en mera ilustración de las didascalias, la narrativa se vuelve confusa. Si la intención era volver una y otra vez al suceso traumático, se requerían secuencias mucho más obsesivas. Sospecho, sin embargo, que las intenciones estuvieron ausentes, y que fue más bien la brújula caprichosa de la ocurrencia la que guió el trabajo.
Aunque éstos son detalles bastante menores si consideramos el suceso basal de la historia. En tanto todos los personajes tienen perfecta conciencia de la ceremonia del té, no se entiende por qué resulta un acontecimiento extraordinario que los terrones de azúcar terminen disolviéndose (suicidándose) en la taza. Tal como las galletitas y el saquito mismo están para ser consumidos.
Mientras pasaba los cuadros, especulaba que en algún momento aparecerían los merendantes, y se aclararía el asunto. Podía ser que en esa casa siempre se consumiera edulcorante, y que llegara un invitado que usara por primera vez los terrones. Pero no... en la última página se ve a dos señoras dispuestas a beber el té, y una le ofrece a la otra más azúcar, lo que ésta acepta. O sea que la viñeta fue puesta al mero y exclusivo efecto de introducir el segundo “suicidio”.
De nuevo: ocurrencia pura y tonta.
Pero en definitiva, A. Alvarez tiene todo el derecho de armar torpes historias transformando naturalezas muertas en vivas y publicarlas en algún blog, lo que seguramente merecerá comentarios entusiastas de su profesor, condiscípulos, familiares y amigos.
También -por qué no?- es legítimo que le muestre su trabajo a algún conocido que tenga en la Fierro.
Lo que resulta imperdonable es que la revista -o mejor dicho el actor cómico Sasturain, que figura como director- lo publique.
Cuando los dibujantes se cagan en los guiones abiertamente -pongamos por caso las idioteces de Max Cachimba-, lo atribuyo a una concepción de la historieta, de la que me hallo en las antípodas, pero concepción al fin. Y si bien esto hace tanto mal al lenguaje de los globitos como la autosuficiencia de A. Alvarez, aquí se verifica un intento de “contar”, y el hecho de que merezca aparecer en Fierro, podría hacer suponer que se cuenta bien.
No es así, de ningún modo.
Lo seguiré proclamando desde esta trinchera, aunque sea en absoluta soledad: saber dibujar no habilita para ser guionista de historieta, señores.

martes, mayo 04, 2010

"El oficio de las viñetas" (2)

Anoticié por mail a Federico Reggiani del equívoco en que nos había hecho caer el periodista de la Ñ, y en su respuesta me menciona un artículo de su autoría sobre el libro de Laura Vázquez
(ver) . Después de leer a Fede, y estando estancado aún en la misma página del libro, confirmo lo que tiré en el post anterior: se trata de un trabajo de tesis extendido con fórceps a ensayo. Lo que no quita, como ya dije, que sea sumamente rescatable si se lo lee fragmentariamente y no como el todo conceptual que se pretende.
Por otra parte, me rompe soberanamente las pelotas una estupidez instituída y naturalizada que por supuesto no es atribuíble a la Vázquez, salvo en que se hace eco: que la época de oro de la historieta argentina fueron los '50 y que para finales de los '60, ya estaba muerta. Esa es una visión sesgadísima que parte del preconcepto que la historieta "prestigiosa", aquella que vale la pena considerar, la que tiene "jerarquía artística", es la historieta "seria". Doy fe -y no de mentas como la Vázquez, que da por válidos los dichos del payaso de Sasturain- que desde principios de los '60 hasta prácticamente mediados de los '70, los kioscos rebosaban de historietas cómicas. Esta vertiente subsiste durante todo el período que va desde el final de los emprendimientos de Oesterheld hasta la aparición de Récord. Y después, al toque, viene La Urraca. Leído así no hay huecos temporales, hasta el fin de Fierro, a principios de los '90. Eso, sin contar la permanencia de Columba. Que las tiradas se habían reducido mucho? De acuerdo. Pero eso no implica que la historieta estuviera muerta en el '68, como explícitamente afirma el popular actor cómico, y la Vázquez le cree. Que Breccia u Oesterheld no tuvieran laburo por esa época no es indicador de otra cosa que de los parámetros con que se mueve Sasturain, que además lee muy mal al segundo. En el párrafo que destaco del libro de Vázquez, Oesterheld habla desde un punto de vista creativo.
Dicha decadencia sí es comprobable y alcanzó también a las editoriales de historietas cómicas. Se me ocurre que uno de los factores que incidió en ésto, fue precisamente la desaparición temporaria del género "serio" del mercado, en tanto competencia. Porque el lector de historietas no hacía la diferencia que los analistas hacen y podía leer tanto Patoruzú como Hora Cero. La prueba es que Quinterno, que no era ningún boludo como editor, hacía coexistir ambos géneros en la Patoruzito semanal. No se puede minimizar de ningún modo, desde el punto de vista del público lector, la permanencia -inclusive hasta la actualidad- de reediciones de Mafalda o de Patoruzú, Patoruzito e Isidoro. Los "investigadores" de la historieta argentina suelen nombrar estos fenómenos de enorme repercusión popular, de pasada y circunscriptos a una época. Tienen tres problemas: son demasiado jóvenes, no vienen del palo, y otorgan autoridad a gente como Sasturain. Así, no salen de Breccia, Oesterheld y Pratt. El mismo Reggiani lo esboza en su artículo.
Y ahora, la novedad es analizar la Bienal del '68 del Di Tella que lo único que aportó es el engrupimiento de muchos historietistas que a partir de ahí se reputaron "artistas", a diferencia de los aludidos que no se la creyeron y pudieron seguir haciendo lo que hacían, sin contaminaciones culturosas. No me parece mal que otras disciplinas se ocupen de la historieta, por el contrario. Lo malo es que al momento de crear se piense en estos sesudos análisis, antes que en el futuro lector, el tipo que viaja en tren y busca entretenerse en el trayecto. Y por ahí debería ir la necesaria síntesis diálectica que mencioné a raíz del reportaje a Enrique Breccia, reproducido en el post anterior.

"El oficio de las viñetas", las barbaridades de la Ñ y un reportaje a ENRIQUE Breccia

Mi hija mayor me regaló “El oficio de las viñetas”, el libro de Laura Vázquez cuya reseña, publicada en la revista Ñ, mencioné hace poco en este blog (ver).
Voy apenas por el centenar de páginas, y creo que es insuficiente para emitir opinión. Acotaré solamente que el proclamado propósito de reconstruir analíticamente el período 1968-1984 en la historieta argentina, no parece cumplirse del todo. Hay demasiados saltos, omisiones y cambios de enfoque, como si se tratara de fragmentos sueltos y de distintas épocas con los que se intentó forzar, bajo la forma de ensayo, una unidad conceptual. Lo cual no quita que algunos de esos fragmentos resulten sumamente interesantes. Por ejemplo: un hallazgo del primer capítulo es el análisis de los métodos de aprendizaje del dibujo de historieta en los '50 y ’60, en relación con las necesidades del mercado de entonces.
Pero si menciono el libro, aún faltándome bastante para concluirlo, es porque lo ya transitado me basta para afirmar que el periodista de la Ñ no le hace la menor justicia. El artículo de Diego Marinelli revela, como sospechaba, una lectura elemental y descuidada. Al punto que nos hizo trenzar a Reggiani y a mí (ver comentarios del post de referencia), en una mini polémica sobre un objeto equivocado. La opinión acerca de Massotta y la semiología no pertenece a Alberto Breccia, sino a su hijo Enrique. Tampoco la anécdota que relata está referida a la Bienal del ’68 en el Di Tella. La exacta cita de Laura Vázquez, me llevó al original que reproduzco: un reportaje publicado en el Nº 11 de Fierro (1era. época- Julio del ’85), con la firma de Martín García, y bajo el título “Descalificación del verso”. El contrapunto entre Enrique Breccia y su interlocutor, genera una necesaria dialéctica respecto a las distintas miradas posibles sobre la historieta. Al costado, en un recuadro, Sasturain comenzaba su exitosa carrera de actor cómico. Vale la pena leer íntegras las tres páginas.
(...disculpas por no pasar el reportaje a texto, pero ando bastante ocupado últimamente; además, agrandando las imágenes se lee muy bien)

miércoles, abril 14, 2010

TOMAS VIOLI Y EL REGRESO DEL INDIO

Hace tres años, andaba enredado en discusiones acerca de la especificidad del lenguaje historietístico, el cual, a mi entender, es pensado con demasiada ligereza por muchos dibujantes, y a veces ni siquiera es pensado.
Uno de los subtemas que surgían era el de las diferencias de formato, y el condicionamiento temático y estético que tenía cada uno de ellos. En particular, siempre me interesó el de la tira periódica, con continuidad de personajes y situaciones. Una de sus exigencias es la consecuencia con el hilo narrativo, pero utilizando remates parciales, que a la vez que redondean cada tira, generan un gancho para que el lector se interese en el seguimiento. Algo muy difícil de resolver en pocos cuadritos, como los de la tira de un diario.
Téngase en cuenta que, en la actualidad, en las historietas seriadas de varias páginas que publica Fierro, ni siquiera se plantea la problemática. Se cortan los episodios de cualquier forma, de modo que cuando uno retoma la historia -si es que la retoma- ni siquiera recuerda de qué se trataba. Mi generación leyó la primera versión de El Eternauta en versión compilada, y la segunda, seriada en Skorpio. Así pudimos apreciar la maestría de Oesterheld en los cortes, tanto en una como en la otra. Lo que en la versión completa puede llegar a molestar, por detenimiento o reiteración de la acción, se entiende plenamente al seguir los episodios mes a mes. Lo mismo pasó con Trillo y El Loco Chávez, por ejemplo, en las tiras diarias de Clarín. Un argumento que se esgrime en defensa de los historietistas de Fierro, es que hoy día esas creaciones son pensadas originariamente para álbum integral. No me parece válido. Si es así, que defiendan ese formato de publicación. De lo contrario, tienen -a más de los guionistas clásicos- el referente de la novela o el teatro, en los que se usan capítulos, actos, cuadros y escenas, como separadores, dentro de una narrativa extensa.
Pero volviendo al 2007... se me ocurrió ponerme a prueba en el dominio de la técnica de construcción de una larga historieta, contada a través de cortos episodios. Fue así que comencé con El Regreso del Indio, en Las Tiras de Dao (ver). Aparte de ese propósito, jugué allí con una temática que me es cara: la relación de Dante Quinterno con sus criaturas. El argumento plantea la existencia de un Patoruzú real, en que el dibujante se inspira y decide ocultarlo. Hice presente toda la mitología del patagón, desde la aliteración del encierro de Upa en la cueva, hasta el incidente fundacional del Aguila de Oro. También planteé el primer crossover no paródico de la historieta cómica argentina: aparecen allí tanto personajes de Torino como de Mazzone. Obviamente, que la propuesta es esencialmente guionística, ya que en lo gráfico la técnica predominante es el afano, a más del collage y unos pocos mamarrachos propios. Comparada con lo que hago actualmente en Cachito y Tito, parece que en el medio hubiera tomado el curso de los 12 famosos dibujantes.
Fueron en total 93 entregas discontinuas, entre marzo del 2007 y abril del 2008, en la que quedó interrumpida, a la espera de algún dibujante que se interesase. Tomás Violi, con el que hicimos Otra Historia, para el último Día H (ver), quedó enganchado con la temática y prometió retomarla. Tranquilo con eso, usé el blog de Las Tiras de Dao, para Cachito y Tito (cuyo propósito -que parece estar encaminándose- es también el que la rehaga un dibujante en serio).
Finalmente hoy, Violi me envió la tira número 94 de El Regreso del Indio, que acabo de subir a Las_Tiras_de_Dao y que merecía este introito. Esperamos tener continuidad para finalizar la historia y complacer así a aquellos fieles seguidores que supo tener.

domingo, abril 11, 2010

Art Spiegelman la tiene reclara!!!

Me aficioné a escribir sobre los sábados y éste no hay mucho para contar. Me levanté un poco más temprano, por lo que no tuve problemas en conseguir el Corto.
Salió Fierro que trae Shasha Despierta, una nueva historieta por entregas de Trillo, que siempre es sinónimo de calidad, y algunas cositas más que se dejan leer: Nicola Wender, Barrio Gris, Ramírez, Vitamina Potencia y la columna de Podetti. El resto, como de costumbre, es descartable.
La Ñoña no cumplió! No hay página de historieta esta semana! Andá a creerle a Clarín...
Lo que sí trae es una entrevista a Art Spiegelman, que no está en la web, pero unos párrafos imperdibles hacen que venza la fiaca de transcribirlos:
“Con Maus, dice Spiegelman, quiso hacer "un largo cómic que necesitara señalador y tuviera la densidad que relaciono con las novelas", pero nunca usó el término novela gráfica. "Me gustan las raíces del género", dice.
"No quiero verlo vestido de etiqueta para poder estar en público. Los cómics son los enanos jorobados del arte y deberían estar orgullosos de serlo." Hace poco iba leyendo Posy Simmonds en un avión y un hombre le dijo: "Oí hablar de la novela gráfica. ¿Es buena?" Spiegelman hace una mueca. "Hace diez años la gente habría pensado: 'ese tipo es un retardado. Es un adulto y está leyendo cómics.' Por ese tipo de cosas me doy cuenta de que las cosas cambiaron. Ahora se les dice novelas gráficas y está bien leerlas."

APLAUSOS PARA SPIEGELMAN!!!

martes, marzo 23, 2010

NUEVA COLECCION DE FIGURITAS!

Comentaba, hace poco, sobre las debilidades que ostenta el álbum “Chapitas de Fierro”. Me acabo de enterar que existe otro proyecto de figuritas en la web, mucho más interesante. Se originó en el blog No te vayas, estúpida (ver) anunciándose como “¡"Mundo Garca", la colección con las efigies de los personajes imprescindibles de las fuerzas vivas argentinas!”. Inauguró la serie el inefable Biolcatti (el que se queja de lleno), y un amigo de este blog, el talentoso dibujante Bob Row (ver) aportó dos más: Reutemann (el eterno indeciso) y Patricia Bullrich (la que le erró a la demanda). Sería bueno que otros dibujantes contribuyeran a la serie, ya que el tema da para varios álbums.

lunes, marzo 15, 2010

LOS DIARIOS Y LA HISTORIETA

Recuerdo que compré el primer número de Página 12, una mañana a fines de los ’80, en un kiosco de Capital, cuando vivía en Zárate, pero me quedaba a dormir allá, porque estaba ensayando como director una pieza de Williams, que estrené en el Payró. El diario le dio relevancia a ese estreno, como asimismo a “Paso de Dos”, de Tato Pavlovsky, en el que me desempeñaba como asistente de dirección de Laura Yusem. En este último caso, algunos directivos de Página inclusive integraban la producción del espectáculo. Aparte de estos vínculos, como lector, me sentía profundamente identificado con sus contenidos. Pero paulatinamente lo fui dejando de comprar. Quizá porque sentía como fatal la década de los ’90 –y lo fue. A partir de Kirchner, el diario se volvió casi-cuasi oficialista, y no me interesó en una época de poca confrontación. Volví a él con la feroz oposición a Cristina, porque es la única voz sensata, desde los medios, que se puede escuchar en la actualidad. Generalmente, consulto la edición digital, pero a veces lo compro. El viernes lo hice. Pasadas las secciones iniciales, me volvió a invadir una sensación de disgusto –que vengo experimentando desde hace un tiempo- con la mirada editorial de todo aquello que no es política. Una suerte de snobismo posmo y bienpensante, con una pizca de transgresión, que campea en el abordaje de lo social y cultural. Así llegué a la nota sobre Fierro. Fue la primera vez que se me ocurrió asociar la revista con el diario que la publica. Algo que resultaría obvio, pero que hasta ahora no había considerado. Tal como Macanudo es La Nación, Fierro es Página (como también lo es la tira de Rep). Todo lo que tiene Fierro de snob, se puede encontrar en el diario, y viceversa. La nota de marras aborda la novedad del álbum de figuritas. Comienza tomando la frase final del entrevistado Parés: “Fierro lanza el primer álbum de figuritas de la historieta argentina”. Falso, desde el vamos. Recuerdo al menos dos álbums referidos a la historieta argentina.
Uno de ellos, Canchita, dibujado por Saborido, estaba conformado íntegramente por personajes clásicos -mayoritariamente nacionales- convertidos en jugadores de fútbol. Parés siempre me cayó simpático, no sólo por su producción como creador, sino también por el rescate que hace de los grandes del pasado, en materia historietística. Pero Fierro lo pone al frente de algo que excede sus conocimientos, como él mismo reconoce en la nota. El segundo error es la forma de anunciar, desde la tapa, Chapitas de Fierro: “La historieta argentina desde los inicios hasta los 90’s”. Recorriendo el álbum caigo en la cuenta que los que figuran no son personajes de historieta, sino historietistas. No me voy a meter con las omisiones, porque siempre las hay. Me meto con el propósito. Lautaro Ortiz, firmante de la nota, afirma que se trata de “un collage que reúne toda la iconografía gráfica nacional” (en todo caso, sería a los autores de...), mientras que para Parés, que además desmiente esa pretensión, el álbum es “un gusto que uno se da”. La unión de estas dos aseveraciones constituye un ejemplo de ese snobismo posmo que describo: una reivindicación del capricho, pero con pretensiones trascendentes. Eso es Página desde lo cultural, y eso también es Fierro. En fin... a pesar de todo, seguiré siendo lector de Página y comprando la Fierro, es lo que hay. Los cronistas políticos no dejan de ser lúcidos, y en la revista, al menos, comenzó una historieta de Trillo que pinta muy bien.
Dentro de lo que hay, están también las ediciones de historietas en otros dos diarios, Perfil con Patoruzito y Clarín con el Corto.
Muy a mi pesar, tengo que reconocer la preeminencia de Clarín, en seriedad y calidad. Revisar el Corto, en una edición que invita a ello, es un muy buen ejercicio. Me sirve para aclarar que es lo que me gusta y no me gusta de esa gran creación del tano Pratt. No me gusta, por ejemplo, que atiborre de datos y personajes históricos los episodios breves. Termina cansándome y pierdo el hilo argumental, sobre todo cuando aborda el tema bélico, lo cual hace con demasiada frecuencia. Está bien para un relato extenso, como La Balada..., donde logra amalgamar el contexto histórico con la acción y los personajes, pero no para una treintena de páginas. Es magistral, en cambio, cuando en episodios breves, lo histórico es apenas el telón de fondo de caracteres interesantes, como es el caso del último volumen, que reúne “La laguna de los hermosos sueños” y “En el tinglado de la antigua farsa”. La primera confirma esa primera impresión que tuve de Pratt, cuando en un Billiken de los ’60, me encontré con el magistral tramo de Ann y Dan que narra el enfrentamiento del Teniente Tenton con un gorila, y su posterior alucinación. Nadie como el tano para manejar esa cuerda del delirio entremezclado con la realidad. Y en la segunda, el recurso del relato dentro del relato, alcanza la exquisitez.

Sigo comprando los tomos de Patoruzito a color, a pesar de la pésima selección de títulos, y de poseer algunos originales, como es el caso de “¡Guardaespaldas!”. Los releo con un poco más de interés que en su momento, ya que el color, aunque no es óptimo, ayuda a soportar los endebles guiones y el dibujo adocenado. Me llamó la atención en este número un salto narrativo, y fui a consultar el ejemplar de mi colección. Compruebo que han omitido dos tiras, una de ellas importante para la continuidad. O sea que del cacareado respeto a los originales, nada. Seguramente se encontraron en la edición de los ’70 con una publicidad menos, ergo, con una página más, y como no les entraba en el formato mutilaron al voleo, imitando las mañas que Editorial Universo viene teniendo desde hace décadas. Siendo así, casi que es mejor que hayan tomado esta etapa decadente, y no los grandes títulos de los ’60. Los hubieran arruinado.

lunes, noviembre 16, 2009

PERMITASEME PUTEAR UN RATO

Tenía demorada la lectura de Comic.ar y ayer me dediqué a los últimos tres números. También leí la Fierro. Me quedo toda la vida con la primera. La Fierro huele a viejo. La vanguardia atrasa, ya lo he dicho. La historieta como lenguaje reclama la vuelta a la narración limpia, los dibujos claros y los argumentos sólidos. La "experimentación" vacía pour épater les bourgeois se murió y larga ese tufo.
De éste número sólo rescato Taxi Libre. Con esfuerzo -y por cariño a Reggiani- agrego Vitamina Potencia.
Y ya que estoy... que los de Comic.ar se dejen de joder con ese formato pedorro. Los puteo de arriba abajo cuando tengo que revisar los ejemplares anteriores para acordarme de como venían los episodios. Parece que estuviera desplegando mapas, carajo. Todo bien, ya hicieron la gracia, ahora publiquenla normalita, muchachos.
Y reitero: el espacio de los chistes y tiras cómicas -sobre todo, cuando son bastante mediocres- lo podrían ocupar las historietas (que son muy buenas). Se puede permitir incluir chistes y tiras una revista de sesenta páginas, no la Comic.ar. Tampoco pueden meter un reportaje a G.F.!!! A quién se le ocurre??? Han salido notas del viejo hasta en la Gente!!!
Fuera de eso, la disfruto mucho.

viernes, junio 05, 2009

EL MEJOR SASTURAIN (II)

La mención de Fernando Sosa, en el banner, a la historieta como “9no. arte”, me retrotrajo a las extensas discusiones que mantuve en este blog y en otros lares, respecto del origen de esa denominación, su lógica, su sustentabilidad y utilidad. No fatigaré con los argumentos que se esgrimieron. Al que le interese puede rastrearlos aquí. Baste decir que mi opinión se resume en que la operación de prestigio que se hizo con la historieta al intentar incluirla en ese ámbito tan dudoso y escurridizo del arte, contribuyó a alejarla de la cultura -y el consumo- popular, que es el ámbito donde nació y al que pertenece. En contrario, los argumentos van desde el tautológico “la historieta es arte porque involucra la plástica y la literatura, que son artes”, hasta algunos de personas valiosas como Federico Reggiani, quien cree que el prestigio alcanzado permitiría que jóvenes creadores lleguen a realizar obras maestras, por fuera de los condicionamientos de mercado y el logro de subvenciones de organismos de cultura oficiales o privados. Si esto de verdad sucediera sería, a mi modesto entender, poca ganancia para tan alto costo.
Hace poco, y a raíz del post anterior sobre Sasturain
(ver) se me ocurrió rastrear las notas recopiladas en “El Domicilio de la Aventura”.
Me encontré con una de mayo de 1979, titulada Alternativas, que refleja con la lucidez que caracterizaba a aquél lejano Sastu, el dilema al que se enfrentaba la Historieta Argentina de entonces, y que se graficaba justamente en reivindicar su origen, al margen de la “Cultura con Mayúsculas”, o en el intento de integrarse a ella, perdiendo así su inserción popular. Pero en el epílogo de la nota, Sasturain lo expresa con mucha más claridad que yo:

"La marginalidad se resuelve en dos alternativas: la asunción de un territorio tangente por asimilación -en este caso la literatura, acaso el cine por similitud de origen y modalidad de consumo-; o la reivindicación de la marginalidad, como identidad primero, como posibilidad de individualidad absoluta después. Por ahí anda NUESTRA HISTORIETA. En el mundo -léase Europa- corre la moda del noveno arte y el experimentalismo, la historieta erótica o intelectual refinada para un público no masivo. Mientras, el lector habitual sigue consumiendo tontería. Aquí, la escisión es sólo cuestión de tiempo: no tardará en llegar la revista sofisticada para un público que la compre sin vergüenza de leer historietas. Es el peligro esnob, el despegue del piso, la pérdida de una tradición de cultura popular que hizo la grandeza y el sentido último de la creación, la tentación de la vanguardia.
Dos tareas, entonces: RECUPERAR LA LEGALIDAD DE UN ESPACIO PROPIO a partir de un planteo no euro céntrico, que supere las limitaciones de la mera vanguardia o la fantasía de que lo ideal es convertirse en una de las ARTES a través de la negación de las raíces; ENCUADRAR ESE ADEMAN DE IDENTIDAD JUNTO AL DESTINO DE LOS DEMAS SECTORES DE LA MARGINALIDAD, comunes residuos en el reparto de la gran torta cultural. Porque acaso el equívoco resida en no tener claro si lo que se quiere es definirse ante La Cultura o incorporarse a ella. Empecemos por ahí."

El problema, claro, es que el mismo Sasturain fue quien editó, cinco años después de escribir esta nota, “la revista sofisticada para un público que la compre sin vergüenza de leer historietas”. Fierro terminó siendo la profecía que se cumple a sí misma.
Y el problema es también que la distribución de los pocos álbumes de historieta nacional que se editan, pasan por las comiquerías y no por los kioscos.
Y que la mayoría de los historietófilos se han vuelto cultores del mongo y de los superhéroes. Un ghetto.
Hay un espacio de resistencia, que son los blogs, donde los dibujantes se autoeditan, a la manera de los fanzines pre-informáticos.
Pero la web, por más que los que la frecuentan crean que es el más popular de los espacios, no llega a todo el mundo.
Y de cualquier forma no sirve para el tipo que se compraba las de Quinterno, Mazzone o Torino, o las "serias" Misterix, Hora Cero, Patoruzito Semanal o Skorpio, inclusive -depende de las épocas-, para leer en el subte o en el tren.
Hace muy poco, observé a un cuarentón, leyendo de parado en el bondi, una Selección de las Mejores Correrías.
Ya dije que no me interesan las revistas de Meriggi. Pero estaría bueno que Magma o Pandemonium o Manuela poblaran los kioscos del país. Y que los muchachos de Banda Dibujada, también pelearan su lugar en las estanterías. Y que aparecieran nuevos productos, no necesariamente de edición tan cuidada, de historieta cómica y seria, para poblar el revistero.
La consigna es recuperar el kiosco para la historieta. Me han hablado de problemas de distribución y otras yerbas. No creo que sean insalvables. No hay que regalar fácilmente ese espacio a Editorial Universo y a los libritos de Gaturro. Que se animen los editores. No van a vender, claro, como en las épocas de oro de los ’40, ’50 o ’60, pero igual van a ganar plata.
Hay que recuperar al lector histórico de historietas, aquel que consumía esos productos marginales, que se vendían a dos mangos en los kioscos. Y los historietistas tienen que empezar a laburar para él, darle calidad, sí, pero junto a entretenimiento y aventura, y no seguir “la moda del noveno arte y el experimentalismo, la historieta erótica o intelectual refinada para un público no masivo”, como bien decía aquel Sastu que, desgraciadamente, ya no es el que era.

domingo, abril 05, 2009

DE QUE HABLO CUANDO HABLO DE HISTORIETA (II)

El otro día conseguí la Fierro Nº 38 (1era. época), con lo que completé los números que mi hija la filósofa me pidió prestados hace años y nunca me devolvió (ahora sólo me faltan para terminar la colección, el 71, el 92 y el 93, franja de numeración que no llegué a tener nunca). Dado que en el Nº 38 apareció la tercera entrega de Parque Chas, se me dio por releer la serie completa. Tenía de ella un recuerdo contradictorio. Algunas cosas me gustaron mucho en su momento y otras me parecieron obvias. Al revisarla primó la segunda impresión. Sigue fascinándome el dibujo de Risso, pero el guión desbarranca cuando se convierte en secuela de los cuentos de Dolina, al que incluso se rinde tributo poniéndolo como personaje en uno de los capítulos. También cuando se explican los misterios, o su intención alegórica se torna demasiado obvia (caso del auto asesino).
Coincidentemente, a principios del mes pasado, había releído Ministerio, en el librito editado por la Colección Continuará. Allí la influencia que se percibe es de raíz oesterheldiana. Y tampoco el relato termina de cuajar. Si bien tiene momentos interesantes, resulta demasiado explícito, cosa que Ohesterheld siempre evitaba. Ambas historietas, Parque Chas y Ministerio, pertenecen a Barreiro, quien además dejó inconclusa una saga de El Eternauta, por su repentino fallecimiento. En oportunidad de comentar brevemente Odio Cósmico (ver) apunté críticas similares a las que aquí expongo.
Aclaro para lo que se escandalizan fácil, que no es mi intención meterme con el Panteón de la Historieta Argentina. Creo, sinceramente, que Barreiro tenía talento y podría haber llegado con el tiempo -murió muy joven- a despegarse de influencias demasiado notorias, y a construir un estilo propio. Y desarrollar, además, una sutileza que estaba en germen, pero que quedaba empañada por su apego a distintos referentes.
De lo que quiero hablar es -una vez más- de los caminos que debería seguir la historieta argentina. Tener en cuenta modelos del pasado, parámetros desde los cuales reivindicar la popularidad del género, no quiere decir quedarse con recetas que, inevitablemente, terminan en la más prosaica obviedad. Como en todo proceso creativo hay que pelear por dejar atrás las influencias y resignificarlas desde los aportes personales y desde la actualidad. Sin duda que el modelo de Oesterheld es -o debería ser- pregnante para las nuevas generaciones de guionistas. Lo fue para Trillo, que sin embargo logró recorrer desde allí un camino absolutamente propio. Otros ejemplos extra-historietísticos, y en los que bien se podría abrevar, son Arlt, Denevi o Soriano y hasta Bioy, Cortázar o Borges, por qué no? Esto no quiere decir, insisto, que se los imite desde un lugar superficial. Federico Reggiani opina, y yo concuerdo, que la historieta atrasa respecto a otros lenguajes. Entonces, si en literatura, retomar el estilo de Soriano hoy en día sería visto como anacrónico, puede que no suceda así en la historieta. Incluso creo que muchos que leen sólo que lo que tenga globitos y dibujitos, aplaudirían la “innovación”. Pero se trata de otra cosa. Se trata de buscar los nexos profundos que establecieron esos escritores con su socio-histórico. Y de preguntarse, claro, que es lo que se tiene para contar al actual, en el que se está inmerso. No me cabe duda que gente como Reggiani o Agrimbau andan por esos rumbos. Otros se quedan en la nostalgia y la repetición de Columba y Skorpio. Los más, lamentablemente, miran para otro lado.

sábado, mayo 10, 2008

BOLUDO EL QUE LEE: CONCLUSION

Conclusiones?
Hoy, a raíz de un post de Cinzcéu
(VER), me preguntaba si se le podía exigir inteligencia a la historieta en una sociedad donde la estupidez es reina y señora.
Aún cuando el sistema permita algunos resquicios, según lo desarrollado en las notas anteriores, es difícil que sean aprovechados si el panorama está como parece estar.
Entonces, no habría más remedio que aceptar que un género bastante estúpido por excelencia se torne más estúpido aún. Y que los que lo hacen y lo leen sean boludos.
En todo caso, la diferenciación se limitaría a los que siguen el manga que edita Ivrea o a algunos lectores inteligentes que todavía le queden a la Fierro.
Coincidentemente, hoy salió el número 19 de esta revista y, de lo que a mí me interesa, no hay prácticamente nada. Sin embargo, una joyita refulge allí.

Un amigo de la casa, Federico Reggiani, ha sido premiado en el concurso Hora Fierro, y muy merecidamente. El giro de contar la historia de Oesterheld desde el bando contrario y de reemplazar al narrador en off por la acción de personajes que operan una extraña maqueta con efectos especiales, resulta un hallazgo. Y de tal magnitud, que no queda deslucido por un guión menor suyo, también publicado en la misma edición (como andamo’, Fede!), con cierto tufillo sorianesco.
Por otra parte, ayer me enteré, gracias al posteo de Durán (gracias, Durán!) en un grupo, de un comentario
(VER) donde se le pegaba a Liniers en términos no demasiado diferentes a los que he expuesto aquí hace un tiempo. Lo curioso del caso es que la crítica parte de un trabajo suyo actual, “Abajópolis”, que no conocía y que me parece excelente. No sé si Liniers lo sabrá, pero uno de los pocos que recogió para el género la tradición literaria de la narrativa y el teatro en verso fue mi admirado Cézard, en “Arthur, le Fantôme Justicier”. Y en sentido paródico, como en el caso. El formalismo del verso, se lo use como se lo use, da un efecto de extrañamiento fascinante. Leo además en “Abajópolis” un posiblemente deliberado homenaje a las extrañas geografías que solía frecuentar Langostino. O sea que, si como dice el autor de la nota, Liniers está cambiando, yo creo que es para mejor.

Pero a raíz de esto me puse a rastrear trabajos anteriores suyos y descubro que lo de los cuentitos no es nuevo. Hace un año, publicó en La Nación (1 al 13 de abril de 2007 - VER), también como tiras en continuará, y denominándolo “cuento”, “El inquilino”, que me deslumbró con sus reminiscencias cortazarianas.
Más allá que el autor encuadre estos trabajos como narrativa ilustrada, se trata de auténtica historieta. Los dibujos no son mero adorno del texto. El tránsito del gris al color, los inquietantes paisajes, las fisonomías de los personajes de “Abajópolis”, narrran de forma totalmente independiente. Y “El inquilino” no tendría sentido sin la maravillosa plasmación gráfica del “Algo”. No me atrevería, a partir de esto, a afirmar que el mejor Liniers es el de las historietas y el peor el de las tiras cómicas... pero la verdá, estoy tentado.
Y desde ya compruebo que lo que gusta mayoritariamente del dibujante, no es lo que me agrada a mí, y viceversa.
En resumen, a pesar de la mirada pesimista que comparto con Cinzcéu, hoy -y solo por hoy- me encuentro con alguna esperanza que la historieta me siga interesando sin tener que sentirme un boludo por eso.
De la sociedad, en general, ni hablemos...

domingo, enero 27, 2008

FIERRO 1 - FIERRO 100: CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Eso de poner etiquetas a las notas en los blogs, siempre me pareció muy esquemático. Por lo menos a mí no me sirve, ya que mi forma de desarrollar los temas hace que inevitablemente vaya de una cosa a otra, dentro de un mismo post. Claro que cuando tengo que ubicarlos, me resulta bastante complicado. Andaba buscando dos notas en las que me refería a la vieja y a la nueva Fierro, a raíz de que la cuestión ha vuelto a cobrar vigencia aquí. La primera (ver) me resultó fácil de hallar, la segunda (ver) no, dado que estaba en el contexto del triunfo de Récord, en la encuesta por mí lanzada. Ambas datan de aproximadamente un año.
Releyéndolas descubro que la molestia por la irregularidad de la revista y por la arbitrariedad conque Sasturain elige sus colaboradores y contenidos, han ido creciendo en mí con el correr de los números. Lo que antes fue un voto de confianza, se ha transformado en decepción. No creo que el director llegue en esta nueva etapa siquiera a los 47 números de la anterior.

Teniendo ahora en mis manos el ejemplar Nº 100 de aquella época, se me ocurrió contrastarlo con el Nº 1, como forma de evaluar en donde empezó y en qué terminó la antigua Fierro, más allá del cambio de director. No se me escapa que el procedimiento resulta arbitrario como método de análisis, pero de lo que sucedió en el medio ya me ocupé en la primera de las notas citadas.
Ambos números, 1 y 100, llevan tapas de Chichoni, quien junto con El Tomi, han sido los mejores ilustradores de portadas de la revista. Uno las veía y daban ganas de comprarla, más allá del contenido. No puedo dejar de reiterar que la de Liniers, en el ejemplar de este mes, produce el efecto exactamente contrario.
La Nº 1 anunciaba a Moebius, "La batalla de las Malvinas", Altuna, poster de Salinas, Fontanarrosa, Albiac/Saborido, Piglia/Breccia (h), un Oesterheld inédito, Muñoz/Sampayo, Nine/Dalmiro Saénz, Peiró.
La herencia de la primera etapa de SuperHumor, en la que Sasturain había sido jefe de redacción, era evidente. Pero la uno de Fierro superaba a aquella publicación. Es una acabada muestra de como puede hacerse una revista de historietas de calidad, que respete el intelecto de los lectores, combinando consagrados con recién llegados. Que no faltan en ese número y resultan buenos (Chichoni es justamente uno de ellos), pero que -desgraciadamente- fueron más adelante eclipsados por otros, deplorables, o que involucionaron, como el caso de Max Cachimba.
Una de las pautas del buen criterio de selección de Sastu en ese entonces, está dada por el rescate de “El otro Dr. Fogg”, una extraordinaria serie que había quedado inconclusa en la Bang de Blotta, y que ya me había llamado poderosamente la atención en su momento.
Por lo demás, la enunciación de creadores, exime de cualquier otro comentario.
Ahora bien...en el Editorial, el director marca las diferencias generacionales, las de formas y contenidos en la historieta, y afirma que todo eso suma. Grave error, a mi entender. El huevo de la serpiente. Aunque sus primeros números resultan inobjetables, Fierro terminó siendo una revista que no conformaba a nadie. Ni a los de gustos clásicos, ni a los amantes de lo experimental. Ni a los de izquierda ni a los de derecha. En la actualidad la mezcolanza sigue, aunque con un decidido vuelco hacia formas seudo-vanguardistas y contenidos nulos. No tengo nada en contra de que hagan una publicación para pendejos descerebrados. Pero eso sí, que abandonen definitivamente aquello que tiene que ver con otro perfil de público, de modo que uno sepa a qué atenerse. Yo, si compro (si cometiera la estupidez de comprar, aclaro) Gente o Caras, se exactamente lo que voy a recibir a cambio.
Pero no nos vayamos de tema.
Pasemos a como terminó la vieja Fierro, ya con Sasturain lejos de la dirección desde hacía tiempo.
No se puede obviar el dato de que habían pasado ocho años. Y en la Argentina. Y en aquella Argentina. Porque el período que va desde el retorno de la democracia a los comienzos del menemato, significó no sólo una profunda transformación económica, sino también cultural. No se pueden disparar, entonces, todos los dardos contra la agonizante Fierro. Sí contra Cascioli, que miente en forma descarada desde el Editorial del 100, diciendo que la noticia del cierre de la publicación llegó en forma abrupta, siendo él mismo su director para ese entonces. Por otra parte, en el número 99 finalizaron todas las series y en la portada del 100 se anuncia, por primera vez, “Historietas completas”. El fin se sabía de antemano. Cascioli siempre hizo lo que quiso con sus publicaciones, cagándose en los lectores. El giro brutal de SuperHumor es prueba acabada de ello. Lo que relato en la nota de hace un año sobre Caín es otra.
El contenido de la revista no está mal. Se nota que en la últisima etapa, han tratado de elevar la puntería. Pero desordenadamente, como manotazo de ahogado. “Alice in Timeland”, de Forcadell (dónde anda ahora esta mina?), por ejemplo, es excelente. Y no se puede decir que se trate de una historieta clásica. Lo mismo, por supuesto, que El Tomi, que todavía hacía poesía ilustrada en “Polenta con pajaritos”. “El patito Saubón”, de Nine siempre me atrajo por el dibujo magistral, pero su narrativa, que pretende jugar con el absurdo y con la sátira de géneros, características constantes en el autor, nunca pasó de la trivialidad más absoluta. Ya he dicho que rescato a Max Cachimba de entre la pobreza general de su generación, al menos en aquella etapa. Las dos páginas a color de Noé, soberbias (en otra historieta no convencional, aclaro). Y hay dos narraciones extensas y bastante clásicas, que bien podrían haberse publicado en Skorpio -lo que marca el rumbo errático-, con buenos dibujos de Taborda y Lalía, pero ambas con guiones menores de Albiac. Un autor irregular, Albiac. Capaz de joyitas como "...Fogg", pero que a menudo caía en argumentos tanto previsibles como rebuscados. Tati hacía exactamente lo mismo que ahora, pero con muchas menos páginas y en blanco y negro. Así pasaba desapercibido, al menos. Resulta llamativo que de Muñoz aparezcan sólo dibujos sueltos, pertenecientes a una larga historieta en elaboración, a modo de homenaje. Se dice que es porque "Sudor Sudoca" estuvo desde el principio en Fierro y no podía faltar en el 100. Pero intuyo que la verdadera razón radicaba en que se sabía muy bien que la revista llegaba a su fin, y que si se comenzaba la publicación de la serie, nunca iba a completarse.
Una nota distintiva la da otro final, el del concurso de fanzines. Allí aparece como ganador Pablo Sapia, de apenas 22 años por entonces. He tenido la oportunidad de conocerlo personalmente, aparte de admirar su trabajo. Es un tipo verdaderamente formado en la historieta. Sabe de qué va el género. No se ocupa solamente de hacer dibujitos. Qué lástima que haya llegado tarde a Fierro. Supongo que Sastu no compró el número 100. Quiero creer que de haberse enterado de la existencia de Sapia lo hubiese convocado ahora.
Finalmente, lo que denota la desorientación general en que había caído la publicación (y que en parte atribuyo al cambio cultural en ciernes, como apunté), es un reportaje, un debate coordinado por Eduardo Orestein. También conozco a Orestein por haber sido cliente suyo en la Bond Street y el local de Almagro. Es otro tipo formado, y las preguntas que hace aquí son inteligentes. El problema son algunas respuestas.
El tema pasaba por los límites de la experimentación, el pasaje a la profesionalidad, qué significa ésta, la extinción de los guionistas, etc. Como se advertirá, una problemática muy amplia y que -viendo lo que se publica actualmente en Fierro- sigue teniendo vigencia. Y lo que expresan ahí algunos de los que continúan en la revista corrobora, por lo que hacen hoy día, que no han avanzado nada en su confusión.
Arranca Orestein, planteando: "En la historieta moderna, dice Jordi Bernet, está experimentando un grupo de gente que en definitiva no tiene talento para nada; dibujos feos y mal hechos y aunque pretendan otra cosa, sólo son dibujos feos y mal hechos..."
Toma la posta El Marinero Turco, que es quien más interviene en todo el debate (la cantidad de intervenciones es inversamente proporcional a la sensatez de sus dichos): "Yo para seguir con las citas haré una de Cachimba, que dice que ante una vaca, Pedro dibujará un sorete verde, y será bello, otro dibujará a la vaca muy chiquita y atrás una puesta de sol, y todas serán páginas memorables, y sigue diciendo que la historieta tiene que mutar, continuamente uno ve historietas herméticas que lo rechazan y a la vez tratan de seducirlo."
...Y no lo logran nunca, agregaría yo. Como se ve, todo un filósofo de la historieta, Cachimba (otra que Bernet! quién lo conoce a ése?). Explica que haya llegado a donde llegó... al arte de ser un pelotudo. Pero en su favor, hay que decir que antes había hecho algunas cosas buenas, lo que nunca logró su apóstol, El Marinero Turco.
En fin, para qué vamos a seguir... La confusión a la que hago referencia incluye a Sasturain, que no es ningún pendejo... o para no cargar las tintas sobre él, a la publicación. Alguien que dice pertenecer a ella afirma, en un comentario en este blog, que es el diario el que marca el ritmo. A pesar de la dudosa procedencia de dicho anónimo, es posible que así sea y que el director no decida tanto. Los seudo-progres de Página, por ejemplo, han sostenido y entronizado a Rep, lo que de por sí es indicador de un lamentable criterio. Creo que cuando quieran corregir el rumbo de Fierro, ya va a ser tarde, y no en el número 100, sino mucho antes. Por eso, sería bueno que decidan ahora.
La cuestión pasa por elegir, por un lado, a Liniers, El Marinero Turco, Tati, El Niño Rodríguez, Gustavo Sala, Quattordio (cada vez más insufrible, ya da verguenza ajena), Maitena, Rep, el hijo de Nine imitando (y mal) las intrascendencias del padre, las pajerías a las que ahora se dedica El Tomi, las incoherencias de Crist, el arte de ser un pelotudo como el actual Max Cachimba, etc. Uniformidad absoluta en la vacuidad... Hay pendejos descerebrados que aplaudirían a rabiar esta elección!
O, por el otro, quedarse con los tres últimos nombrados, pero haciendo lo que mejor saben hacer, más Trillo, Grillo, Sáenz Valiente, Mandrafina, Birmajer, Flores, Lucas Varela, Giménez, Copi (deberían reeditarlo todo), Maicas, Sanz, Jok, Túnica, De Santis, Altuna, los hermanos Breccia (Enrique, siempre y cuando no se desbarranque en lo ideológico), incluso Alcobre, incluso Minaverry... Y de paso ver en qué anda gente como Sapia o Forcadell, hacerles un llamadito. Es una interesante mezcla, me parece, de nuevos y consagrados, de clasicismo y experimentación...
Son dos revistas distintas. Para dos públicos distintos. El agua y el aceite no se juntan, no suman.
No se trata de lectores vanguardistas vs. lectores trogloditas. Se trata de calidad y contenido, por un lado, o berretada y estupidez, por el otro.
Entendés, Sasturain? Entienden, los seudo-progres de Página?... O quieren continuar confundidos?
Si es así, Sastu, seguí disfrazando tus contradicciones -o tu subordinación- con pobres ironías hacia los que critican, desde los editoriales que escribís en cada decadente número de la actual Fierro... mientras dure la revista , o mientras dures en el puesto.
Y creéme que yo quisiera que duren ambos.