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martes, noviembre 19, 2013

HGO en EDQ: La Andanzas y la Correrías que no fueron

(Extractado de la REVISTA LATINOAMERICANA DE ESTUDIOS SOBRE LA HISTORIETA, vol. 5, no. 20, "H.G. Oesterheld: maestro de los sueños", autores: A. Ferreiro, F. García, H. Ostuni, L. Rosales, R. Van Rousselt, capítulo "Trabajos no publicados")
L
a vinculación de Oesterheld con la Editorial Quinterno, de acuerdo con testimonios y escritos encontrados en sus archivos, comprende no solo lo ya apuntado. La Editorial en determinado momento le compra guiones de tres o cuatro episodios de «Patria vieja», que luego no utiliza. También el guionista presenta episodios de «Ernie Pike», que no tienen acogida, y que luego serán utilizados en Top.
Para Grandes Andanzas de Patoruzú encara un episodio del cacique tehuelche; idas y venidas quedan registradas en cuatro sinopsis que HGO presenta a consideración de la dirección de la revista, cada una de ellas atendiendo a los cambios requeridos por ella, cambios que se certifican en dos notas de observaciones, una de ellas firmada por Mariano Juliá, estrecho y antiguo colaborador de Quinterno.
El nudo argumental del episodio -titulado «El obelisco encoge»- gira en torno a lo que un sabio ha logrado inventar y construir un robot-topadora (el Ratorobot) que el inventor, altruista, quiere utilizar para abaratar la construcción de viviendas para los pobres. Un ayudante, malvado y ambicioso, se hace de los planos y construye, a escala diez veces mayor, un nuevo ejemplar del Ratorobot y lo utiliza amedrentando a los habitantes de Buenos Aires, hundiendo en el terreno a los monumentos y edificios más característicos de la ciudad, entre ellos el obelisco. Su guarida-laboratorio está construida bajo tierra, manejando desde allí al monstruo  metálico. La intención del malvado sabio es lograr que ante su demostración de poderío el gobierno claudique y los bancos entreguen todos sus fondos, ante la amenaza de hundir bajo tierra el hospital de niños.
En las sinopsis posteriores desaparece la figura del sabio bueno, quedando todo como obra del sabio maligno. También desaparecen y se modifican situaciones que no son juzgadas convenientes por la editorial, ya sea por resultar poco creíbles o forzadas o por no coincidir con la idiosincrasia de los personajes tan cuidada por Dante Quinterno. En una de las notas de observaciones aludidas se lee lo siguiente: «A fin de seguir ambientando al guionista se transcriben unas acotaciones hechas por el señor Quinterno sobre la síntesis presentada: "El loco autor del descalabro tiene que vivir en la superficie. Escondido tras la máscara de un inocente ciudadano. Pero se traslada a su laboratorio secreto bajo tierra usando un sótano o túnel del tiempo de la colonia en una vieja iglesia o casa histórica de San Telmo. (Estudiar esto. Todavía existen lugares en Buenos Aires que pueden dar nacimiento a la fantasía y crear el clima para resolver este punto importante del argumento: el lugar usado por el maniático para rodearse de la impunidad necesaria y lograr pacientemente y con los medios apropiados instalarse adecuadamente en su mundo subterráneo). Si no vive en la superficie, se estrechan mucho los límites de la acción a desarrollarse. El acceso inclusive para Patoruzú se hará dificil de resolver porque no se trata de que antojadizamente y por comodidad del argumentista elija un lugar caprichoso, cave y ¡oh, casualidad! acierte con el túnel de acceso. Pero sí resulta lógico y hasta mucho más interesante que el seguimiento de sus pasos lo lleve a Patoruzú a la boca de su cueva. Inclusive el personaje resulta más siniestro y con contornos altamente sugestivos si se oculta tras la inocente figura de un ciudadano honorable. La fórmula de la piel de oveja siempre surte efectos. Este siniestro personaje, con paciencia y laboriosidad de hormiga, durante años ha construido sus túneles, su laboratorio, etc. Ha armado pieza por pieza al monstruo Ratobot, tiene un equipo de zombies fieles y fanatizados que lo ayudan, medios económicos que deberán creársele y un profundo conocimiento de la electrónica que lo ha llevado a la realización de la monstruosa organización subterránea que hoy posee. Por eso un, viejo convento (hoy iglesia) puede ser ideal, por la impunidad que ofrece. Patoruzú es atraído por el científico y es su fortuna la que financia la obra destructora del maniático. Esto agrega también una fuerte dosis de interés a la trama. Patoruzú sin a saberlo y creyendo que apoya una obra de bien es la fuerza motriz de todo ese a dislate!"». 
En la primera versión una laucha-robot -creación del sabio bueno- conducía a Patoruzú, Upa e Isidoro hasta el laboratorio del investigador.
Tal laucha era un prodigio: hacía muecas, cantaba, se reía, tenía una inteligencia descomunal. Por indicaciones marginales efectuadas sobre el escrito presentado por HGO, se desprende que toda esta parte del episodio la editorial le sugiere a Oesterheld desprenderla y utilizarla para otro con destino a Correrías de Patoruzito, lo que en definitiva el argumentista realiza, de acuerdo con una quinta sinopsis encontrada, con el protagonismo de Patoruzito e Isidorito bajo el título de «La laucha sonriente» y ambientando el episodio en un circo, siendo la laucha creación de un payaso.
Pese a los cambios realizados, tanto - «El obelisco encoge» como «La laucha sonriente» no tuvieron la suerte de ver la luz en las clásicas revistas de Quinterno.

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