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martes, octubre 27, 2026

RETOMANDO EL TURISMO HISTORIETÍSTICO

Anduve por Chile. No bien llegué a Santiago, en día sábado, guiado por un colega coleccionista de allá, recorrí El Persa Biobio, una feria similar a la de Tristán Narvaja en Montevideo. En uno de los locales más interesantes, un sucucho intransitable repleto de revistas antiguas, encontré una curiosidad. Se trata de la versión chilena de Arthur le fantôme justicier en el semanario Simbad, de formato bolsillo. Adquirí -regateo mediante, claro- todos los ejemplares que traían en tapa "El fantasmita". Así se llamaba a la historieta y las portadas eran malamente copiadas de viñetas de Cézard. Pero al personaje se lo rebautizó "Terriblín". Por el contenido de la revista más antigua, de junio del '55, y la doble página formateada en 8 cuadros, el cálculo me indica que comenzó prácticamente en forma contemporánea al original en Vaillant (diciembre del '53). Mucho antes que en Billiken, donde recién aparece en diciembre del '56.

Mi segunda compra fue por recomendación del dueño de una comiquería repleta de mangas y cómics yankees. Le pedí historieta chilena y no tenía prácticamente nada. Pero me mencionó que en una librería cercana podía conseguir "Los fantasmas de Pinochet", que parece ser de lo mejorcito de los últimos tiempos.

Y si alguna vez llegué a leer los primeros tomos de Dragon Ball no obstante mi aversión al manga ¿por qué no habría de hacerlo con Condorito, que me produce similar rechazo?, me dije cuando encontré la edición facsimilar de su primer libro.
(Acoto: ví en un kiosco que está saliendo también en facsímil Barrabases, otra publicación clásica chilena... sería bueno que los Quinterno imitaran la modalidad, en vez de aggiornar a Patoruzú en colores)




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