SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

miércoles, enero 18, 2017

HALLAZGOS EN EL GRAFICO

Un sabueso de la historieta encuentra material en cualquier parte.
Hoy, por ejemplo, pasé por una librería de viejo donde muy de tanto en tanto, a las perdidas, suele aparecer algo. No fue la ocasión.
Pero aburrido, y sabedor que toda revista, de cualquier índole, hasta los ’70, traía un chiste, una publicidad dibujada, una ilustración al menos, me puse a ojear un lote de El Gráfico, publicación a la que jamás le presté atención, dado mi nulo interés de toda la vida por el fútbol.
Me topé con algunas perlitas, a las que saqué fotos. Y terminé comprándome dos números que traían cada uno un chiste de Vidal Dávila y una publicidad realizada por Lino Palacio.
Entre las fotos, observarán páginas dobles escritas y dibujadas por Raúl Roux, un desconocido para mí Roberto Seijo, y otro más desconocido aún, porque ni siquiera tiene firma. Interesantes, a mi ver.



Los escanneos, con más detalle, de Vidal Dávila y Lino Palacio, correspondientes a los ejemplares comprados, merecen unos párrafos.
El chiste sobre las cubiertas no se entiende si no se está al tanto de la crisis del caucho en el mundo durante la segunda guerra (las revistas son de 1944).


La publicidad de Winchester respondía a un esquema fijo: una bella señorita –apellidada con la susodicha marca- hacía dedo, ostentando a más de su figura un desmesurado atado de cigarrillos. Pasaba, en diferentes medios de locomoción, un personaje muy de Lino Palacio que terminaba llevándose los fasos y dejaba siempre a pie a la damisela.




sábado, enero 14, 2017

Lucky Luke y la corrección política

En un grupo francés de BeDé postearon el siguiente chiste...

Traducción: "Billy the Kid versión 1962, versus reedición 2017, sin cigarrillo ni chirlo ni animal de circo ni madera de leña creando picos de polución"

Viene a cuento, como sabrán, de que hace un tiempo, en las nuevos episodios de la etapa pos Goscinny, se empezó a reemplazar el cigarrillo de Lucky Luke por una pajita en la boca con el argumento, enmarcado en la campaña antitabaco, que era un mal ejemplo para los lectores infantiles.
Pero lo que sigue  no es joda, es real. 
Se me ocurrió buscar una reedición actual de Daisy Town, donde el humo del cigarrillo se convierte en un elemento importante de la portada, para ver si habían osado adaptar un clásico... 



La corrección política puede llegar a ser muy torpe. Se sabe donde empieza, pero nunca donde termina...



BOEDO (3)

Entre las compras de hoy figura el rescate de una revista perdida. Vaya a saber las causas de la misteriosa desaparición de Los Humores de Satiricon, de mis colecciones.  Hace poco recuperé Humor Chancho 3 y ahora Humor Negro 2. Reparé en que me faltaban porque me cansé de buscar y rebuscar entre mis ejemplares, infructuosamente, el chiste que aquí exhibo, el cual me había quedado grabado a fuego en la memoria. Tenía la esperanza de hallarlo en este suplemento. No está. Pero afortunadamente lo incluyeron en la publicidad de Humor Chancho 1. No casualmente. En principio está en el límite de lo negro y lo escatológico (de ahí también mi duda de dónde se había publicado). Después, es excepcional. Una de las mejores muestras de humor gráfico que vi en mi vida. El grado de ambigüedad no sólo radica en el estilo. Es también, a un tiempo, un chascarrillo sutil y grosero de toda grosería, algo muy difícil de lograr, señores. Una extraordinaria iluminación de Rafael, dibujante y humorista en general correcto, pero no más que eso. 




Finalizando la crónica de mis adquisiciones matutinas, muestro estos dos libritos de Trillo y Bróccoli, con los que me topé muchas veces, pero no a precio bicoca como el de hoy.



BANDE DESSINÉE EN BOEDO (2)

Pim Pam Poum N° 43, curiosamente de la misma fecha de la Vaillant, junio del '65. Si bien el material central de esta revista, Los sobrinos del Capitán ("Katzenjammer kids", en original,  de Rudolph Dirks) no era francés, la singularidad radica en que las tapas las hacía Cézard. Como apreciarán los entendidos, logra mimetizarse con el estilo de la historieta yankee en los personajes centrales, pero en el resto es indisimulable su trazo e imaginería. En el interior, también aparece Kiwi, personaje suyo no demasiado conocido.









BANDE DESSINÉE EN BOEDO

Mañanita agradable de verano, desayuno en Margot con transa historietística incluida. Curioso: BeDé en Boedo.



Vaillant le Journal de Pif, N° 1049, del 20 de junio de 1965. Especial de Vacaciones con extraño formato: tres revistitas anexadas, de menor a mayor, a la tabloide habitual, cada suplemento con una serie, en aventura completa. En el interior cabe destacar un Greg, y por supuesto Cézard, con "Les Trois T", episodio seriado corto del fantasmita que retoma la temática de "Arthur au Texas", último de una larga saga de relatos extensos.














viernes, enero 13, 2017

MECANO (o Don Fulgencio II)

Cuando lo ví la primera vez, me deslumbró. Andaba dando vueltas una mañana de principios de diciembre por San Telmo, haciendo tiempo hasta que abriese la muestra de Patoruzú. Me metí en una galería lateral a Defensa, en la que nunca había reparado y ahí estaba el Don Fulgencio a cuerda, en la vidriera de un local cerrado y sin iluminación. Se alcanzaba a apreciar, sin embargo, el excelente estado. Parecía sin uso, de juguetería, prácticamente. El muñeco, perfecta reproducción del personaje de Lino Palacio, estaba montado sobre un carrito, y lucía unas aspas sobre el sombrero. Estimé la data por la segunda mitad de los ’60.
Para calcular el precio, además de estado, originalidad y antigüedad, había que tener en cuenta el lugar donde se exhibía; o sea, un lujoso anticuario de San Telmo, no un cambalache de Villa Dominico, Entonces me dije a mí mismo: 1) acá,  por esto, pueden pedir hasta cinco lucas; 2) el valor de mercado, puede estar entre tres lucas y  tres lucas y media; 3) yo pago hasta luca y media, si no lo dejo. 
Consulté luego en Mercado Libre si existía algo parecido y encontré exactamente el mismo muñeco, pero convertido en velador. El desgaste de la pieza sugería la procedencia del juguete, seguramente roto y rescatado artesanalmente para otro uso. Pedían $ 9.000, lo que por supuesto era un disparate. Pero ese precio descartaba cualquier esperanza de que mi cálculo fuese exagerado.
Finalmente hice contacto telefónico con el dueño - volví varias veces, y siempre estaba cerrado, hasta que un comerciante de otro local terminó pasándome el celu-. Me presenté como un abuelo nostálgico de aquellos personajes de mi época, que quería hacerle un regalo original para Reyes a su nieto.
Ya llamar por te. –que no tuve otro remedio, porque no lo enganchaba nunca al tipo- era revelar interés… encima, no le iba a decir que era coleccionista.
El vendedor me tiró de una 2.500. Grata sorpresa. Por supuesto, me hice el idiota, tipo darme cuenta que claro, que debía ser un objeto de colección, que yo no lo había pensado, que lo quería sólo por el valor nostálgico, eso de transmitir de generación en generación, que qué lástima, que estaba muy lejos de mi presupuesto… Todo por teléfono, no?
Le pregunto si tiene cuotas con tarjetas, el tipo no, solamente efectivo… Llega el momento de definir, y le digo “Ultimo, último precio?” “Un diez, menos no puedo”, concluye tajante.
“Bueno, lo voy a pensar, voy a ver si llego”, etc., etc. El vendedor me advierte que iba a estar solamente hasta el 9 de enero, porque después se operaba la mano.
Dudé si llamarlo antes de volver o no. Si lo llamaba, me aseguraba que estuviese, pero seguía revelando interés. Así que decidí arriesgarme el día 5 (justo antes de Reyes).
Llegué a las once a San Telmo, cerrado como de costumbre. Me tomé un café, di unas vueltas por el Mercado. Tipo mediodía abrió. Entré, saludé, me puse a mirar. El tipo –por la voz era el mismo con quien hablé por teléfono- me dijo que cualquier cosa preguntara. Estimé que tendría unos setenta largos, bien llevados, lo que después me confirmó.
La disyuntiva era: a) aparecer como un cliente nuevo y empezar de cero la negociación; b) retomar el personaje del abuelo.
Lo primero, podía tener la ventaja que quisiera liquidar la pieza, al no haberse hecho presente el abuelo (o sea yo), pero la desventaja de inducirlo a pensar que estaba despertando mucho interés últimamente y que subiese el precio.
Y si volvía el abuelo, yo podía continuar la negociación interrumpida, pero quedaba claro que le tenía echado el ojo.
Decidí que era menos riesgosa la segunda opción. Me presenté entonces, el vendedor se acordó de inmediato y amagó ir a buscar el juguete. Le dije que no, que esperase…
Verseé que pasaba por ahí casualmente, y seguí haciéndome el pelotudo:
-Cuál era el último precio que me había dicho?
-Le debo haber dicho $ 2500…
-No, no de ahí arrancó… Me dijo que me podía hacer un 10…
-Bueno, pero menos de eso no.
-Y no trabaja con tarjeta, me dijo?
Eso dio pie a una larguísima charla -más monólogo que conversación- que empezó con el valor real  de las piezas de coleccionismo (tasó el precio del Fulgencio en tres lucas y media, coincidentemente), pasó por una extraña historia del conflicto con la seña que le había dejado por unos muebles antiguos un iraní en la época de la voladura de la AMIA, se matizó con todas las variables del fascismo del medio pelo vernáculo, se detuvo en el disgusto que le causaba el macrismo –“Yo los voté!”, aclaró-, pero exclusivamente en lo económico, ya que era ferviente antikirchnerista, y lo más asombroso de todo, concluyó en que era admirador de Fidel Castro, ya que según él, cuando Fidel estuvo en Argentina, declaró que el problema de la violencia, lo arreglaba en una semana con el Ejército.
Mientras tanto desfilaron algunos personajes de la galería, a los que hacía bromas, daba órdenes para cuando estuviese convaleciente de la operación, les firmaba cheques… parecía ser el dueño de los locales.
A todo esto, yo escuchaba y asentía, poniendo cara de asombro, como diciendo “pero qué bien piensa este hombre!”. Cada tanto metía un bocadillo de aprobación.
Cuando el delirio socialista-fascista empezaba a languidecer, me despedí, le di la mano que le iban a operar, augurándole que le vaya bien en la cirugía, lo llamé por su nombre, le dije que había sido un gusto charlar con él y le deseé un buen año… me estaba jugando todo el resto que tenía. 
Funcionó.
El tipo me detiene, diciéndome: “Mire, ya que se vino hasta acá… le puedo hacer dos mil, menos no… le sirve?
Le agradecí infinitamente la oferta, pero lamentablemente no llegaba.
-“A cuánto llega?”, preguntó.
Y ahí largué la cifra in pectore, luca y media. 
-“Llevéselo”- me dijo – “prefiero que sea usted y no alguien de afuera…”
Fue hasta la vidriera, trajo el Don Fulgencio, le dio cuerda y lo puso en el piso. El artilugio empezó a marchar a todo vapor en mi dirección, con las aspas girando a manera de helicóptero. Refrené saltar de alegría, al corroborar que estaba impecable en todo sentido. 
Mientras me lo envolvía, el vendedor me recomendó que si se lo iba a regalar a mi nieto, lo dejara que jugase libremente.
En ese punto, en relación con el consejo, me contó una historia. Trataré de reproducirla con fidelidad.
“Yo me dedico a coleccionar mecanos. Había armado uno en la vidriera de otro local, hace años. Un día, pasa un señor, lo ve y me dice: ‘Yo tengo uno igual a ése, pero en mejor estado’. Le retruco: ‘Mire que este es un 8, un 8.5… difícil poder superarlo’. ‘Quiere verlo?’, me propone. Le contesto que sí, me da la tarjeta con la dirección. Cuando llego, era un caserón señorial, con cochera para varios autos. El hombre me  indica que estacione adentro, y me lleva a un salón enorme con vitrinas. En una estaba, en efecto, un mecano idéntico al mío, pero nuevo, en la caja original, como si nunca lo hubiesen abierto. Reconocí que era superior. ‘Cuánto lo cotiza?’, me pregunta. Le pongo un precio razonable. Me dice: “Llévelo”. Intento pagarle, pero me ataja. “No, déjelo en el auto y vuelva”. Obedezco, regreso, me conduce a otra vitrina, saca otro juguete que tenía varias décadas, también impecable. ‘Le interesa?’. ‘Sí, claro, contesto’. ‘Póngale un precio’. Lo hago, y lo mismo, me manda a llevarlo al auto. Así con varios, una y otra vez. El hombre iba anotando en un papelito las cifras que le proponía, sin discutirlas nunca. Cuando terminó con todos los juguetes, sumamos, le pagué. Antes de despedirme, le digo: “Disculpe la curiosidad… por qué me mandaba a dejarlos en el auto de a uno?”. “Porque no quería volver a verlos nunca más” –me responde-. “Si usted me hubiese ofrecido la mitad, se los vendía igual. Mis padres tenían mucho dinero y me compraban cuanto juguete quisiera, pero con la recomendación que los cuidase porque eran muy caros. Nunca jugué con ellos.”
Cuando el vendedor terminó esta anécdota maravillosa, que valió por toda la mierda fascista que me tuve que tragar, tenía un brillo en los ojos. Ni falta hacía que me dijese que se había emocionado en aquella oportunidad, porque era evidente que le volvía a pasar ahora, con el relato.
“Por eso –concluyó- le aconsejo que deje que su nieto juegue con él”.
Nada que ver mis nietos con los niños ricos que tienen tristeza, como decía el Turco. Así que por ahora, Don Fulgencio reposa en un estante de mi altillo. De tanto en tanto le daré cuerda para provocar el asombro de algún visitante.
Quizá quienes lo pongan en continuo funcionamiento sean mis bisnietos, que lo heredarán.
Espero que junto con el muñeco, les llegue también esta historia.
El arte del regateo tiene que ver con la simulación, la paciencia, el aguante… pero suele dar frutos impensados. No sólo respecto al precio de los objetos en cuestión.



jueves, enero 05, 2017

DON FULGENCIO

Curioso juguete a cuerda, en impecable estado, que descubrí hace un mes en un anticuario de San Telmo, y que luego de arduas negociaciones, luce hoy entre mis objetos de colección...



viernes, diciembre 23, 2016

"Historia de la gente", de Antonio Mingote


Hoy, revolviendo en los estantes de una líbrería de viejo que frecuento, apareció un libro raro. De humor ilustrado por el propio autor, un español, Antonio Mingote. No lo conocía. Sin parecerme un dibujante la mar de original, me resultó fino y con un gran oficio. En el prólogo señalan similitudes con el inglés Ronald Searle, de Punch. No se... la verdad, me parece más refinado Mingote (Ángel Antonio Mingote Barrachina, I marqués de Daroca, me tira la Wiki). Quizá mi queridísimo Francho lo conociese y algo haya tomado de él, a mí me lo recuerda.

El libro se llama "Historia de la gente", edición española del 68 (salió en el 55), tapa dura, entelada, en estado impecable.







jueves, diciembre 22, 2016

CHICHUMECO, RANITA Y CAROZO

Encontré en una revista El Suplemento de 1931 esta historieta, que desconocía. Por el título no aparece nada en Google, y buscar por Billiken -a todas luces un seudónimo- parecía tarea imposible. Salvo, claro, que uno tenga la paciencia de rastrear en el blog de Siulnas (...extraño tanto a Siulnas):

…5 de julio de 1911: Nacía Ramón Baldomero Muñiz Lavalle. “Billiken”, antes que el título de una revista había sido el apodo de Ramón Baldomero Muñiz Lavalle, hermano del caricaturista Eduardo Muñiz; ello quedó demostrado cuando los editores de la revista “Billiken”, tras cuestionar el seudónimo del dibujante – con el que en 1929 había firmado algunos trabajos publicados en “La Nación Magazine”-, desistieron de un juicio al comprobarse que efectivamente, el título de su revista era posterior.
De todos modos Muñiz Lavalle, que también publicó en “Páginas de Columba” y fue fundador y director de “Bolita”, tuvo una actividad humorística más esporádica que la de su hermano, aunque también dibujó en revistas editadas en España, adonde había viajado con cargo diplomático, lo mismo que a Hong-Kong y Japón.




lunes, diciembre 19, 2016

OSKI, UMBERTO ECO Y EL TEATRO

Ando muy atrasado con la lectura, recién le pude entrar al Oski que compré a principios de mayo en el  Bellas Artes. Por lo tanto recién me entero que el subtítulo del volumen ("un monje enloquecido") se debe a que Eco, en el prólogo del libro -hay varios, en realidad, uno es de Sastu, pero mejor olvidémoslo-, compara a Oscar Conti con sus copistas de El Nombre de la Rosa. Que no sólo transcribían, sino que también dibujaban la marginalia. Siempre recomiendo evitar la mirada de los semiólogos sobre la historieta (causantes, a mi ver, de la perdición del género). Pero acá estamos hablando de Eco y no de un mamerto cualquiera, de los que abundan en este mundillo. O sea, la comparación que hace el tano es brillante.
Pero además -y en este punto dejo de dirigirme a la fauna historietil para enfocar la teatrera-, lo que dice Eco acerca de la manera en que Oski trata los textos, debería ser incluido en los manuales de dirección teatral.
Desde hace tiempo, me baso más para mi métier, en la plástica, la literatura, la música, que en la teoría misma del teatro.



El Klondike

El Klondike vendría a ser la continuación de El Pie Tierno (petimetre, titularía yo), con guión de Léturgie y Yann. Trata sobre la fiebre del oro en el Yukon, Canadá, casi Alaska. Un cameo de lujo en esta viñeta...


Además, en un tramo de esta continuación aparece Jack London, quien participó en la realidad de la fiebre del oro en Klondike, y sacó de allí material para sus primeros relatos.
Ya que anduvimos hablando de recreaciones... Léturgie y Yann no son Goscinny, por supuesto. Pero si uno no compara, el guión está más que bien.

HORTENSIA


En el '73, yo salté de la Patoruzú semanal a Satiricón, sin escalas. Ni siquiera había pasado en ese entonces por Rico Tipo. 
Tuve algunos números de Hortensia, sí, pero la revista no me llamaba la atención, me parecía un humor localista.
Mi opinión no varió demasiado con los años, y si sucumbí hoy al encanto de este ejemplar temprano es por la tapa, sobre todo: el primitivo Inodoro, cuyo estilo de dibujo Fontanarrosa fue cambiando con los años, virando definitivamente a lo humorístico.
Además, trae una de las primeras entregas de García y La Máquina de Hacer Pájaros, maravillosa tira surrealista con un título que Crist le dejó servido en bandeja a Charly.




domingo, diciembre 18, 2016

NO TODA REVISION ES BUENA (...en realidad, pocas lo son)

Un extraterrestre llega en una cápsula espacial a la Tierra, en el mismo momento que estalla su planeta natal, desarrollando en éste poderes especiales.
Un niño presencia el asesinato de sus padres y utiliza la fortuna heredada para combatir la delincuencia con un disfraz de murciélago.
Estas dos tramas, de una simplicidad absoluta, contenían en germen centenares de historias que fueron explotadas durante décadas.
A medida que el lenguaje de las comiquitas iba modificándose, se reformulaban una y otra vez esos y otros inicios. A veces con fortuna, otras cayendo en el ridículo total.
Es el caso de JLA - Año I.
No cabe duda que los guionistas Waid y Agustyn son frikis que conocen desde chicos, de pé a pá, toda la saga de la Liga y sus prototipos inclusive, como la Sociedad de la Justicia de América y la Patrulla Condenada.
Con la fatal influencia de Watchmen, arman con todo eso un cóctel indigesto.
Como en el caso de "La Torre de Babel", compré este tomo por su complemento, la reedición de la historia del origen de la Liga, publicada en 1962, luego que hiciese su primera aparición, dos años antes.
Si uno contrasta ese guión, de menos de una treintena de páginas, con el centenar -calculo- restante, salta a la vista su contundente efectividad. El otro -de fin de siglo- no sólo se hace de chicle, sino que por momentos parece pertenecer, más que al género de súper héroes, al romántico que consumían las chicas, tipo "Susy, secretos del corazón".
Siempre me pareció fatal la "psicologización" de los enmascarados que leía de pibe sin necesidad de justificar nada, sin preocuparme de su verosimilitud, dejando volar la imaginación junto con ellos, simplemente.
Debo reconocer que hay algunas pocas excepciones que justifican el vuelco, la revisión, el ahondamiento de las tramas originales. 
No es el caso, en absoluto, repito.



domingo, diciembre 04, 2016

Número raro de El Conventillo

En un puestito del Mercado de San Telmo, encontré arrumbado entre porquerías tipo Condorito, un ejemplar de El Conventillo de Don Nicola Nº 123 -marzo del ’71-, franja de numeración que aparece muy poco, seguramente por la baja tirada que tenía en esa época de decadencia. Joya absoluta. 


Se notará que el logo con bandas blancas imita al de las publicaciones de Quinterno de la época (sobre todo Correrías) y preanuncia el de Cielosur, que resultó más elaborado.

Inmediatamente anterior al relanzamiento de Cielosur, pero ya con Torino poniéndose las pilas y volviendo a tomar el lápiz que había dejado demasiado tiempo en las rutinarias manos de Mazza y otros peores que Mazza. El material de la revista le pertenece íntegramente. “El gran golpe” está dibujada especialmente para esa edición y ocupa la mitad de las páginas. El resto es un episodio de Barrabás que no recuerdo -seguramente re edición de las historietas cortas del personaje, aparecidas en el primer tiempo de La Barra de Pascualín-, y “Viaje al infierno”, argumento original de Aquí Está (de 1940), redibujado por el propio Torino en los ’60. Creo que la primera aparición fue en un suplemento de Tric y Trake. Hacía tiempo que lo buscaba. Casi diría que me gusta más que el original. Ojo, es menester aclarar que hubo otra versión posterior, que es la que más se reeditó, pero destrozada por un dibujante manco de las dos manos.

La modalidad de (continuará) de Conventillo, en Aquí Está, hace que el planteo argumental se resuelva en pocas viñetas (la imagen fue digitalizada por Hernán Schneider)

El (continuará) de Aquí Está! era permanente, y aunque se podían distinguir con facilidad los inicios y cierres de cada capítulo, implicaba muchas veces continuidad de personajes episódicos. El loro, las chicas y Sansón, el enano del circo, en el caso de "Viaje al Infierno". Esto sin duda, ha sido determinante para que Torino la adaptara y redibujara integralmente.Lo cual, a mi criterio, ha resultado afortunado, ya que por los '60 Torino se hallaba en plena madurez creativa.
Opino que también el argumento, al tener más desarrollo, ha resultado favorecido.


Por los '80 aparece este engendro de re-versión, dibujada vaya a saber por quién. Elijo apenas -para no lastimar la vista- algunas viñetas conservadas, aunque con torpe imitación, de la anterior.


lunes, noviembre 14, 2016

LANDRU = RASPUTIN

Otro caso de seudónimo, identificable a simple vista. En Loco Lindo Nº 3, de marzo del '55, un inconfundible Landrú firma como Rasputín.



RAAL = LANTERI (2)

Primeros números de Loco Lindo (1955)