En enero de 1968 Enrique Rapela, desvinculado desde años antes de la Editorial Dante Quinterno, decide llevar adelante un emprendimiento editorial propio, CIELOSUR.
Lo hace con dos títulos de su autoría, Fabián Leyes y El Huinca. El primero provenía de tiras diarias en el matutino La Prensa. El segundo de entregas seriadas en el semanario Patoruzito.
Por alguna razón, El Huinca fue una de las pocas historietas serias que frecuenté de pibe. Lo compré desde su primer número y no podía dejar de coleccionarlo de adulto.
Acabo de completar desde el 1 al 40 (más adelante cambia a formato tabloide y baja la calidad) con el nro. 32. Lo buscaba desde hacía años y lo conseguí una semana atrás en Extraño Mundo. La lectura de la aventura principal no me decepcionó para nada. Otros contenidos no están a su nivel.
El Huinca es una creación excepcional tanto desde los guiones como desde el dibujo. Creo haber contado la anécdota de cómo relegaba Quinterno a Rapela, por ser peronista, en Patoruzito. Y cómo cuando cayó en la cuenta que poniéndolo en tapa las ventas en el interior crecían, dejó de lado sus pruritos ideológicos y primó el aspecto comercial.


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