SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

jueves, febrero 02, 2017

SAGRERA: TATALO Y PATORUZU

Gracias al Tatalo que hacía en Radiolandia, desde siempre tuve claro que el estilo de Sagrera se correspondía con una época de Patoruzú. Pude precisar, gracias a su hijo, que la etapa en la que sospechaba había laburado en la factoría Quinterno, era la correcta, o sea la década del '50  (ver). Si pude sacar su nombre del anonimato es porque Tatalo remite al toque a Isidoro (y en Godofredo, una creación suya posterior, se encuentra a Isidorito). Porque es menester aclarar que más allá de la métrica impuesta por Quinterno, hubo dibujantes, aparte de Sagrera, a los que se les puede rastrear perfectamente el estilo en Andanzas de Patoruzú y Correrías de Patoruzito.  Lovato, por supuesto. También Urtiaga y Saavedra dejaron su huella. Y Montag, claro, con las tapas, ya en época de reediciones.




CUANDO LA HISTORIETA SE VUELVE PELIGROSA (12): FLAX Y SABAT

Primera Plana era una revista que apareció en 1962 vinculada a sectores del Ejército, en pugna en ese momento. Para diciembre del '65 (fecha del número que vemos) Onganía se acababa de desligar de la Fuerza y la suerte de Illia estaba echada. En junio del año siguiente, el susodicho general iniciaría el período funesto de la autodenominada "Revolución Argentina", derrocando al presidente constitucional. El chiste de Flax (Lino Palacio) anticipa exactamente lo que  iba a suceder seis meses después. Y desde la caricatura de tapa, además, contribuía al desprestigio de Illia.
Nadie deja de reconocer el talento de Lino Palacio (aunque en lo personal prefiera recordarlo por las tapas de Billiken o por sus tiras cómicas). 
Pero tampoco nadie puede afirmar que se puedan leer estos trabajos de forma ajena al siniestro contexto en que los realizó, más allá que tuviese todo el derecho a hacerlo.
De la misma forma, hoy en día, no se puede dejar de lado que Hermenegildo Sábat trabaja para Clarín.




miércoles, febrero 01, 2017

CASCABEL (2)

Le venía, desde hace tiempo, dándole vueltas a unas Cascabel. Dudaba comprarlas porque no estaban en las mejores condiciones. Ya había ido dos veces a lo del cuevero amigo que las tenía, sin decidirme. Hoy finalmente negocié precio y me las traje. Son pre-peronismo, de la época de Flax haciendo chistes sobre la Guerra. No se puede comprobar por tanto hasta qué punto la revista era hostil al gobierno del Pocho, lo que provocó su estrangulamiento y posterior cierre. Ya con problemas de distribución, hacia fines del ’46 la Dirección de Correos le quitó la tarifa reducida por dejar de considerarla “de interés general”, lo cual marcó su destino. Fue una publicación humorística de avanzada para la época. Desde la tapa misma evidenciaba originalidad: el chiste era completado en la contratapa, de modo que no había forma de entenderlo, si no se sacaba el ejemplar del revistero; y de ahí a comprarlo, sólo había un paso. Además de Lino Palacio, figuraban en el plantel los jóvenes Ianiro y Liotta, y debutaba Oski, nada menos. También hay algunos conocidos de Caras y Caretas, como Caballé, o de Patoruzú, como Gubellini, Battaglia, Rober-Tito (Alvaro Roberto Ortiz) o Molas. Mucho de Atilio De Angeli, a quien Siulnas –que todavía no había entrado en Cascabel- solía mencionar como su mentor. Y un indisimulable Mazzone, que firmaba con el seudónimo de “Cheque”.








sábado, enero 21, 2017

ORIGINAL DE LAINO


Un amigo que viajó a los EEUU, me trajo de allá este bellísimo original de Osvaldo Laino. 

Original en serio. Actual, pero a la manera de los de antes, nada de Photoshop. Y con dedicatoria y todo.
Una vez que esté debidamente enmarcado se agregará a mi colección de originales dedicados.




MORRIS EN EEUU

Estaba leyendo sobre la estancia de Morris en EEUU, decisiva en su carrera, en tanto allí se encontró con Goscinny. Si bien en sus seis años de estadía ( fue el que más tiempo permaneció del terceto de "Gringos locos") realizó varios trabajos para los yankees, uno sólo fue firmado, un cuento infantil. La mención me despertó curiosidad -dado que nunca había visto un dibujo de Morris fuera del contexto de Lucky Luke-, y lo gugleé. Lo encontré completito. Observarán la firma con su nombre real, Maurice De Bevere. Data de 1954...









miércoles, enero 18, 2017

HALLAZGOS EN EL GRAFICO

Un sabueso de la historieta encuentra material en cualquier parte.
Hoy, por ejemplo, pasé por una librería de viejo donde muy de tanto en tanto, a las perdidas, suele aparecer algo. No fue la ocasión.
Pero aburrido, y sabedor que toda revista, de cualquier índole, hasta los ’70, traía un chiste, una publicidad dibujada, una ilustración al menos, me puse a ojear un lote de El Gráfico, publicación a la que jamás le presté atención, dado mi nulo interés de toda la vida por el fútbol.
Me topé con algunas perlitas, a las que saqué fotos. Y terminé comprándome dos números que traían cada uno un chiste de Vidal Dávila y una publicidad realizada por Lino Palacio.
Entre las fotos, observarán páginas dobles escritas y dibujadas por Raúl Roux, un desconocido para mí Roberto Seijo, y otro más desconocido aún, porque ni siquiera tiene firma. Interesantes, a mi ver.



Los escanneos, con más detalle, de Vidal Dávila y Lino Palacio, correspondientes a los ejemplares comprados, merecen unos párrafos.
El chiste sobre las cubiertas no se entiende si no se está al tanto de la crisis del caucho en el mundo durante la segunda guerra (las revistas son de 1944).


La publicidad de Winchester respondía a un esquema fijo: una bella señorita –apellidada con la susodicha marca- hacía dedo, ostentando a más de su figura un desmesurado atado de cigarrillos. Pasaba, en diferentes medios de locomoción, un personaje muy de Lino Palacio que terminaba llevándose los fasos y dejaba siempre a pie a la damisela.




sábado, enero 14, 2017

Lucky Luke y la corrección política

En un grupo francés de BeDé postearon el siguiente chiste...

Traducción: "Billy the Kid versión 1962, versus reedición 2017, sin cigarrillo ni chirlo ni animal de circo ni madera de leña creando picos de polución"

Viene a cuento, como sabrán, de que hace un tiempo, en las nuevos episodios de la etapa pos Goscinny, se empezó a reemplazar el cigarrillo de Lucky Luke por una pajita en la boca con el argumento, enmarcado en la campaña antitabaco, que era un mal ejemplo para los lectores infantiles.
Pero lo que sigue  no es joda, es real. 
Se me ocurrió buscar una reedición actual de Daisy Town, donde el humo del cigarrillo se convierte en un elemento importante de la portada, para ver si habían osado adaptar un clásico... 



La corrección política puede llegar a ser muy torpe. Se sabe donde empieza, pero nunca donde termina...



BOEDO (3)

Entre las compras de hoy figura el rescate de una revista perdida. Vaya a saber las causas de la misteriosa desaparición de Los Humores de Satiricon, de mis colecciones.  Hace poco recuperé Humor Chancho 3 y ahora Humor Negro 2. Reparé en que me faltaban porque me cansé de buscar y rebuscar entre mis ejemplares, infructuosamente, el chiste que aquí exhibo, el cual me había quedado grabado a fuego en la memoria. Tenía la esperanza de hallarlo en este suplemento. No está. Pero afortunadamente lo incluyeron en la publicidad de Humor Chancho 1. No casualmente. En principio está en el límite de lo negro y lo escatológico (de ahí también mi duda de dónde se había publicado). Después, es excepcional. Una de las mejores muestras de humor gráfico que vi en mi vida. El grado de ambigüedad no sólo radica en el estilo. Es también, a un tiempo, un chascarrillo sutil y grosero de toda grosería, algo muy difícil de lograr, señores. Una extraordinaria iluminación de Rafael, dibujante y humorista en general correcto, pero no más que eso. 




Finalizando la crónica de mis adquisiciones matutinas, muestro estos dos libritos de Trillo y Bróccoli, con los que me topé muchas veces, pero no a precio bicoca como el de hoy.



BANDE DESSINÉE EN BOEDO (2)

Pim Pam Poum N° 43, curiosamente de la misma fecha de la Vaillant, junio del '65. Si bien el material central de esta revista, Los sobrinos del Capitán ("Katzenjammer kids", en original,  de Rudolph Dirks) no era francés, la singularidad radica en que las tapas las hacía Cézard. Como apreciarán los entendidos, logra mimetizarse con el estilo de la historieta yankee en los personajes centrales, pero en el resto es indisimulable su trazo e imaginería. En el interior, también aparece Kiwi, personaje suyo no demasiado conocido.









BANDE DESSINÉE EN BOEDO

Mañanita agradable de verano, desayuno en Margot con transa historietística incluida. Curioso: BeDé en Boedo.



Vaillant le Journal de Pif, N° 1049, del 20 de junio de 1965. Especial de Vacaciones con extraño formato: tres revistitas anexadas, de menor a mayor, a la tabloide habitual, cada suplemento con una serie, en aventura completa. En el interior cabe destacar un Greg, y por supuesto Cézard, con "Les Trois T", episodio seriado corto del fantasmita que retoma la temática de "Arthur au Texas", último de una larga saga de relatos extensos.














viernes, enero 13, 2017

MECANO (o Don Fulgencio II)

Cuando lo ví la primera vez, me deslumbró. Andaba dando vueltas una mañana de principios de diciembre por San Telmo, haciendo tiempo hasta que abriese la muestra de Patoruzú. Me metí en una galería lateral a Defensa, en la que nunca había reparado y ahí estaba el Don Fulgencio a cuerda, en la vidriera de un local cerrado y sin iluminación. Se alcanzaba a apreciar, sin embargo, el excelente estado. Parecía sin uso, de juguetería, prácticamente. El muñeco, perfecta reproducción del personaje de Lino Palacio, estaba montado sobre un carrito, y lucía unas aspas sobre el sombrero. Estimé la data por la segunda mitad de los ’60.
Para calcular el precio, además de estado, originalidad y antigüedad, había que tener en cuenta el lugar donde se exhibía; o sea, un lujoso anticuario de San Telmo, no un cambalache de Villa Dominico, Entonces me dije a mí mismo: 1) acá,  por esto, pueden pedir hasta cinco lucas; 2) el valor de mercado, puede estar entre tres lucas y  tres lucas y media; 3) yo pago hasta luca y media, si no lo dejo. 
Consulté luego en Mercado Libre si existía algo parecido y encontré exactamente el mismo muñeco, pero convertido en velador. El desgaste de la pieza sugería la procedencia del juguete, seguramente roto y rescatado artesanalmente para otro uso. Pedían $ 9.000, lo que por supuesto era un disparate. Pero ese precio descartaba cualquier esperanza de que mi cálculo fuese exagerado.
Finalmente hice contacto telefónico con el dueño - volví varias veces, y siempre estaba cerrado, hasta que un comerciante de otro local terminó pasándome el celu-. Me presenté como un abuelo nostálgico de aquellos personajes de mi época, que quería hacerle un regalo original para Reyes a su nieto.
Ya llamar por te. –que no tuve otro remedio, porque no lo enganchaba nunca al tipo- era revelar interés… encima, no le iba a decir que era coleccionista.
El vendedor me tiró de una 2.500. Grata sorpresa. Por supuesto, me hice el idiota, tipo darme cuenta que claro, que debía ser un objeto de colección, que yo no lo había pensado, que lo quería sólo por el valor nostálgico, eso de transmitir de generación en generación, que qué lástima, que estaba muy lejos de mi presupuesto… Todo por teléfono, no?
Le pregunto si tiene cuotas con tarjetas, el tipo no, solamente efectivo… Llega el momento de definir, y le digo “Ultimo, último precio?” “Un diez, menos no puedo”, concluye tajante.
“Bueno, lo voy a pensar, voy a ver si llego”, etc., etc. El vendedor me advierte que iba a estar solamente hasta el 9 de enero, porque después se operaba la mano.
Dudé si llamarlo antes de volver o no. Si lo llamaba, me aseguraba que estuviese, pero seguía revelando interés. Así que decidí arriesgarme el día 5 (justo antes de Reyes).
Llegué a las once a San Telmo, cerrado como de costumbre. Me tomé un café, di unas vueltas por el Mercado. Tipo mediodía abrió. Entré, saludé, me puse a mirar. El tipo –por la voz era el mismo con quien hablé por teléfono- me dijo que cualquier cosa preguntara. Estimé que tendría unos setenta largos, bien llevados, lo que después me confirmó.
La disyuntiva era: a) aparecer como un cliente nuevo y empezar de cero la negociación; b) retomar el personaje del abuelo.
Lo primero, podía tener la ventaja que quisiera liquidar la pieza, al no haberse hecho presente el abuelo (o sea yo), pero la desventaja de inducirlo a pensar que estaba despertando mucho interés últimamente y que subiese el precio.
Y si volvía el abuelo, yo podía continuar la negociación interrumpida, pero quedaba claro que le tenía echado el ojo.
Decidí que era menos riesgosa la segunda opción. Me presenté entonces, el vendedor se acordó de inmediato y amagó ir a buscar el juguete. Le dije que no, que esperase…
Verseé que pasaba por ahí casualmente, y seguí haciéndome el pelotudo:
-Cuál era el último precio que me había dicho?
-Le debo haber dicho $ 2500…
-No, no de ahí arrancó… Me dijo que me podía hacer un 10…
-Bueno, pero menos de eso no.
-Y no trabaja con tarjeta, me dijo?
Eso dio pie a una larguísima charla -más monólogo que conversación- que empezó con el valor real  de las piezas de coleccionismo (tasó el precio del Fulgencio en tres lucas y media, coincidentemente), pasó por una extraña historia del conflicto con la seña que le había dejado por unos muebles antiguos un iraní en la época de la voladura de la AMIA, se matizó con todas las variables del fascismo del medio pelo vernáculo, se detuvo en el disgusto que le causaba el macrismo –“Yo los voté!”, aclaró-, pero exclusivamente en lo económico, ya que era ferviente antikirchnerista, y lo más asombroso de todo, concluyó en que era admirador de Fidel Castro, ya que según él, cuando Fidel estuvo en Argentina, declaró que el problema de la violencia, lo arreglaba en una semana con el Ejército.
Mientras tanto desfilaron algunos personajes de la galería, a los que hacía bromas, daba órdenes para cuando estuviese convaleciente de la operación, les firmaba cheques… parecía ser el dueño de los locales.
A todo esto, yo escuchaba y asentía, poniendo cara de asombro, como diciendo “pero qué bien piensa este hombre!”. Cada tanto metía un bocadillo de aprobación.
Cuando el delirio socialista-fascista empezaba a languidecer, me despedí, le di la mano que le iban a operar, augurándole que le vaya bien en la cirugía, lo llamé por su nombre, le dije que había sido un gusto charlar con él y le deseé un buen año… me estaba jugando todo el resto que tenía. 
Funcionó.
El tipo me detiene, diciéndome: “Mire, ya que se vino hasta acá… le puedo hacer dos mil, menos no… le sirve?
Le agradecí infinitamente la oferta, pero lamentablemente no llegaba.
-“A cuánto llega?”, preguntó.
Y ahí largué la cifra in pectore, luca y media. 
-“Llevéselo”- me dijo – “prefiero que sea usted y no alguien de afuera…”
Fue hasta la vidriera, trajo el Don Fulgencio, le dio cuerda y lo puso en el piso. El artilugio empezó a marchar a todo vapor en mi dirección, con las aspas girando a manera de helicóptero. Refrené saltar de alegría, al corroborar que estaba impecable en todo sentido. 
Mientras me lo envolvía, el vendedor me recomendó que si se lo iba a regalar a mi nieto, lo dejara que jugase libremente.
En ese punto, en relación con el consejo, me contó una historia. Trataré de reproducirla con fidelidad.
“Yo me dedico a coleccionar mecanos. Había armado uno en la vidriera de otro local, hace años. Un día, pasa un señor, lo ve y me dice: ‘Yo tengo uno igual a ése, pero en mejor estado’. Le retruco: ‘Mire que este es un 8, un 8.5… difícil poder superarlo’. ‘Quiere verlo?’, me propone. Le contesto que sí, me da la tarjeta con la dirección. Cuando llego, era un caserón señorial, con cochera para varios autos. El hombre me  indica que estacione adentro, y me lleva a un salón enorme con vitrinas. En una estaba, en efecto, un mecano idéntico al mío, pero nuevo, en la caja original, como si nunca lo hubiesen abierto. Reconocí que era superior. ‘Cuánto lo cotiza?’, me pregunta. Le pongo un precio razonable. Me dice: “Llévelo”. Intento pagarle, pero me ataja. “No, déjelo en el auto y vuelva”. Obedezco, regreso, me conduce a otra vitrina, saca otro juguete que tenía varias décadas, también impecable. ‘Le interesa?’. ‘Sí, claro, contesto’. ‘Póngale un precio’. Lo hago, y lo mismo, me manda a llevarlo al auto. Así con varios, una y otra vez. El hombre iba anotando en un papelito las cifras que le proponía, sin discutirlas nunca. Cuando terminó con todos los juguetes, sumamos, le pagué. Antes de despedirme, le digo: “Disculpe la curiosidad… por qué me mandaba a dejarlos en el auto de a uno?”. “Porque no quería volver a verlos nunca más” –me responde-. “Si usted me hubiese ofrecido la mitad, se los vendía igual. Mis padres tenían mucho dinero y me compraban cuanto juguete quisiera, pero con la recomendación que los cuidase porque eran muy caros. Nunca jugué con ellos.”
Cuando el vendedor terminó esta anécdota maravillosa, que valió por toda la mierda fascista que me tuve que tragar, tenía un brillo en los ojos. Ni falta hacía que me dijese que se había emocionado en aquella oportunidad, porque era evidente que le volvía a pasar ahora, con el relato.
“Por eso –concluyó- le aconsejo que deje que su nieto juegue con él”.
Nada que ver mis nietos con los niños ricos que tienen tristeza, como decía el Turco. Así que por ahora, Don Fulgencio reposa en un estante de mi altillo. De tanto en tanto le daré cuerda para provocar el asombro de algún visitante.
Quizá quienes lo pongan en continuo funcionamiento sean mis bisnietos, que lo heredarán.
Espero que junto con el muñeco, les llegue también esta historia.
El arte del regateo tiene que ver con la simulación, la paciencia, el aguante… pero suele dar frutos impensados. No sólo respecto al precio de los objetos en cuestión.



jueves, enero 05, 2017

DON FULGENCIO

Curioso juguete a cuerda, en impecable estado, que descubrí hace un mes en un anticuario de San Telmo, y que luego de arduas negociaciones, luce hoy entre mis objetos de colección...