SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

domingo, julio 27, 2008

EL NACIMIENTO DE PATORUZITO

Por razones que no vienen al caso, he vuelto, recientemente, a escribir largo y tendido sobre Quinterno, un tema que creía precluído en mis intereses. Evidentemente no es así. Despojando los conceptos que vertí de las circunstancias puntuales que los motivaron, pienso que vale la pena rescatarlos en un post.
El tema puntual arranca en Patoruzito, como narración de la infancia del cacique Patoruzú.
Hay un primer dato que se ha dicho, pero no lo suficiente: el verdadero inspirador de la revista Patoruzito fue Divito, aunque indirectamente. Cuando aquél partió para fundar editorial propia, rápidamente Quinterno tuvo que poner a Patoruzú semanal a la altura de Rico Tipo, para frenar la competencia. Es decir, convertirla en una publicación para adultos y no para todas las edades, como lo había sido hasta ese momento. Pero para eso, había que eliminar, por ejemplo, a Chapaleo (antecedente de Langostino) y al Gnomo Pimentón. También el material “serio” nacional, como “Hernán el Corsario”, de Salinas, que Patoruzú publicaba. Maravillas pensadas para el público infantil que se quedaban afuera con ellos. “Serias” o “cómicas”, las historietas eran consideradas socialmente cosa de chicos. Si las aventuras (mucho más tarde “andanzas”) de Patoruzú constituían una excepción se debía a su nacimiento en periódicos, lo cual daba a los adultos la excusa para seguirlas, lo mismo que las tiras cómicas que allí solían aparecer.
Así, reservando sólo para Patoruzú las tiras clásicas de Quinterno (las del indio, Isidoro, Don Fierro y El Fantasma Benito), surge el semanario Patoruzito, que recoge el resto de la gama historietística. Pero que, además, la amplía brillantemente.
Una para grandes, Patoruzú; otra para chicos, Patoruzito. La editorial, ante la aparición de Rico Tipo, no se queda a la defensiva, sino que dobla la apuesta.
Sin duda que más allá de los prejuicios sociales (y su consecuente dosis de hipocresía), Quinterno, como editor, tenía clarísimo que las dos publicaciones debían estar íntimamente vinculadas. El público adulto de Patoruzú, sería el mismo que comprase Patoruzito para sus hijos (y de paso, también la leería). Entonces, como el personaje que necesariamente debía dar título a la revista -en función de la conexión de ambas publicaciones- no existía, se lo creó. Su autor intelectual lo describe así en el número 1 de la revista (11/10/45): "Se trata de las aventuras de PATORUZITO, personaje de extraordinaria sugestión y simpatía, creado especialmente para este semanario y semblanza de un período desconocido en la vida del popular indio Patoruzú: ¡su infancia!".
Vale aclarar que cuando hablo de Quinterno en relación al personaje de Patoruzito, como impulsor, creador intelectual, editor, es reservando el mérito de la dupla Repetto - Lovato, sin los cuales el personaje no hubiera alcanzado la trascendencia que tuvo, equiparable a la de su versión adulta. Pero esto también es mérito del Viejo, en el sentido de la elección de los realizadores y la consecuente importancia que le daba a sus productos. Obviamente, que lo guiaba el objetivo de vender más. Pero desde lo creativo.
Ahora bien... Había corrido ya mucha historia respecto a Patoruzú, desde su primera aparición como Curugua-Curiguagüigua, en el diario Crítica, en el ‘28. Siete años de marchas y contramarchas le llevó a su autor asentar su identidad definitiva junto a Isidoro. Ni a Quinterno, ni a sus lectores adultos (hay que remarcarlo, dado que hay quienes creen que también Patoruzú fue siempre un historieta “infantil”), les importaba demasiado lo tardío de la revelación de la ascendencia egipcia de los tehuelches, ni las distintas versiones del encuentro entre ahijado y padrino. Cada reformulación funcionaba muy bien y mejoraba la anterior. Se evidencia así, en Quinterno, una profunda preocupación por la coherencia de sus criaturas. Pero desde la estructura profunda que las contenía, no desde el apego a un elemental concepto de verosimilitud, inaplicable, por otra parte, a un género de por sí poco verosímil, como la historieta. Me explayaré al respecto.
Don Gil Contento y Julián de Montepío, eran interesantes como protagonistas de tiras de humor costumbrista. Dejaban de serlo cuando aparecía el indio a su lado. No sólo porque éste los desplazaba, sino porque no habían sido diseñados en función de él. Quinterno lo advirtió prontamente. Patoruzú, devenido en impensado protagonista, requería que se reformulara a su acompañante. Esa es la verdadera razón de que el 11 de diciembre de 1935, aprovechando el pasaje al diario “El Mundo”, se contradijeran todos los encuentros anteriores y naciera Isidoro, que si bien compartía características con sus prototipos, fue pensado exclusivamente en función de Patoruzú. Y junto al nacimiento del padrino, se consolida en forma definitiva el personaje del indio.
A mi entender, la dupla Patoruzú-Isidoro es la más rica de la historieta cómica argentina. El rol de Isidoro es el de opuesto complementario a la valentía y la nobleza del patagón. No sólo se juega allí lo ideológico, respecto a vicios de la gran ciudad en contraste con virtudes del interior, aspecto al que ya me he referido en otras notas. Es también una cuestión de construcción dramatúrgica. Las complejas características de la personalidad del padrino, permiten que la trama argumental y vincular se ramifique en vicisitudes. Isidoro puede ser tanto un compañero del indio, aportando la inteligencia y astucia que compensan la ingenuidad de aquél, como aliarse circunstancialmente a los villanos, en un equilibrio a menudo peligroso respecto a la línea del delito. También puede dificultar la tarea de Patoruzú, a raíz de su cobardía o sus pequeñas venalidades. Y por supuesto, aporta gran parte de la comicidad. Tenemos así un elemento que triangula el clásico enfrentamiento héroe-villano, y que suele oscilar entre estas dos fuerzas del conflicto, potenciando las historias, que gracias a las características enunciadas, podían soportar una extensión de cien páginas, sin incurrir en reiteraciones, ni provocar aburrimiento. O sea, no es sólo mérito de los guionistas que han colaborado con Quinterno y que han seguido después con otros dibujantes. El material de base con que contaban les facilitaba la tarea.
Isidoro, a su vez,
aporta otro
interesante personaje. “El irascible coronel”, como bautiza Andanzas (Nº 13, enero del ’58) la recopilación de los episodios originariamente publicados en las semanales (Nros. 101 a 112, año 1939), marca la primera aparición del Coronel Cañones en la vida de Patoruzú e Isidoro, a quien hasta el momento no se le conocía familia alguna. A partir de allí, Quinterno avizoró que podía desdoblar a Isidoro, y hacerlo vivir otra vida junto a su tío. Los dos rectores morales, el indio y el Coronel, sobreabundaban. Pero el Coronel era una excelente excusa para que Isidoro recuperara la faceta de su prototipo, Julián de Montepío, un tanto relegada en las aventuras junto a Patoruzú.
De ese modo, en la Patoruzú semanal, Isidoro, aparte de su vida junto al indio comienza a llevar -con pocas páginas de diferencia- otra paralela junto al Coronel Cañones, sin que Quinterno se preocupara por explicar la interrelación de ambas. Sin embargo, había verosimilitud en la estructura interna de cada una, en tanto se mantenían los antagonismos complementarios (ahijado-padrino, sobrino-tío). La dicotomía entre una moral rígida y otra disipada, estaban presentes en una y otra historieta, aunque la de Isidoro tenía alcances menos pretenciosos en lo argumental y se reducía a una tira autoconclusiva, de una sola página.
Con estos antecedentes, resulta absolutamente comprensible que Quinterno, a la hora de diseñar la estructura de Patoruzito, no haya optado por un concepto de verosímil que respetase la historia anterior de los personajes. Hacerlo hubiera significado quitarle al nuevo personaje nada menos a su opuesto complementario. Quinterno había comprendido mucho tiempo antes que el indio -adulto o pequeño- debía tenerlo para que funcionara.
Siguiendo entonces con sus criaturas ese criterio refundacional, que utilizó muchas veces, y que siempre admiré, no sólo ubicó a Isidorito en el mundo del Pequeño Gran Cacique desde el primer cuadro de la historieta, sino que quien lo deposita allí es su propio tío, en versión rejuvenecida (bigotes negros y rango de capitán). Aunque éste haya delegado en la Chacha y Patoruzito la formación moral de su sobrino, vuelve a aparecer a menudo en las aventuras, como disparador de viajes a exóticos países, con el pretexto de su condición de militar comisionado en el exterior. No así, en cambio en las historias del indio adulto, de donde ya había desaparecido por completo, después de su inaugural entrada.
Otro elemento que divide las aguas temporales entre la versión infantil y la original, aunque indirectamente, radica en que Patoruzú se queda en la ciudad, y Patoruzito en la Patagonia (durante un muy largo período), de modo que sus vidas no se superpongan.
Se han cuestionado detalles menores, supuestamente inverosímiles, en cuanto al transcurso del tiempo, como las fisonomías invariables de la Chacha y Ñancul. No creo que tengan ninguna relevancia, pero se podría argumentar que la gente de campo, a diferencia de la de la ciudad, envejece de una vez y para siempre. Y también que el lapso que va de Patoruzito a Patoruzú no es tan grande como para merecer que todo el mundo evidencie grandes cambios. Quinterno, en los inicios del indio, lo sitúa cumpliendo la mayoría de edad, mientras que a su versión infantil se la puede situar entre los ocho y diez años. Pero repito: estas objeciones obedecen a un criterio de verosimilitud que no es el que le preocupaba a Quinterno.
En cambio, hay cuestiones interesantes que se plantean en relación al aspecto físico y las características de personalidad de Patoruzito, en disimilitud con las de su precedente adulto. Mientras que se puede imaginar sin ripios el tránsito por la adolescencia de Isidoro Cañones, resulta mucho más difícil entender cómo un indiecito bello y sagaz, se convierte en un joven feo y con una ingenuidad rayana en la estupidez. Si por un momento aceptáramos el paradigma que la historieta (cómica, en el caso) debe responder a modelos de “realidad” y guardar “coherencia” en sus formulaciones, se podría argumentar que no se comprueba que el niño tenga necesariamente que anticipar al adulto. Muchos han sufrido la misma transformación que Patoruzito. Y otros, como en mi caso, la inversa.
Pero sí dejamos de lado lugares comunes de dudosa lógica, y también, por supuesto, el prejuicio de que se diseñó al personaje desde el descuido de los detalles, aparece una pregunta que sí merece ensayo de respuesta...
Por qué Quinterno, teniendo ya al hombre diseñado, decidió que el niño cercano no debía prefigurarlo tanto, salvo en lo que hace a nobleza y valentía? Hubiera sido más fácil y menos arriesgado diseñar un Patoruzito que se correspondiese con la imagen ya instalada de su versión adulta.
Opino que, nuevamente, la cuestión pasa por una cuestión de verosímil, según el concepto profundo que de éste tenía el autor. Las hazañas físicas de Patoruzú no resultarían creíbles en Patoruzito. Entonces, había que compensarlas, y el remedio fue su sagacidad detectivesca. Pero eso le haría perder la simpatía que trasuntaba la ingenuidad del indio adulto. Se la suplió con el dibujo. Por otra parte, si la fealdad del indio funcionaba como efecto humorístico, en un chico podía no resultar así. Por el contrario, se corría el riesgo que degenerara en crueldad, elemento que nunca estuvo dentro de los parámetros de la obra de Quinterno. En cuanto a Isidorito, como dije, no se registran grandes cambios. Sin embargo, dado que el elemento de la astucia pasa en gran parte al indiecito, su cobardía se acentúa. No por ello deja de ser simpático: tenemos su glotonería, sus travesuras que, por supuesto no aparecen en Isidoro.
Si alguna duda quedara sobre la fortaleza de estas estructuras y su conciente elaboración, por parte de Quinterno, basta remitirse a lo que sucedió cuando se las despojó de elementos vitales. El universo creado por el Viejo se fracturó, cuando los hijos corren a Isidoro y a Isidorito de las historias. La razón era la misma que suele esgrimirse respecto al reclamo de “coherencia” y “verosimilitud”. La nueva generación que manejaba la editorial intentaba dotar a Correrías, Andanzas y Locuras de una identidad propia, dando por hecho -en su soberbia e ignorancia- que no la tenían. Y como la estrella del momento era la última publicación, Isidoro debía abandonar definitivamente su faceta de perdedor, que aparecía tanto de chico como de adulto, junto al indio. Se entroniza entonces, en las Locuras, al "Rey de los play-boys". Y es allí, cuando la viveza de Isidoro vence con facilidad el freno moral de su tío, que el desastre se instala. No queda nada de la riqueza argumental de los primeros números y todo se reduce a una previsible sucesión de gags, con un debilísimo hilván narrativo. Lo mismo pasa con el indio y con el Pequeño Gran Cacique, que despojados de su opuesto complementario, protagonizan historias de pobreza lastimera. Las frecuentes apelaciones, para reforzarlas, a Chiquizuel, Patora, o Upa (personajes que Quinterno usaba con extrema economía), sólo provocan hastío.
Otro desatino fue que el recurso de inclusión de personas reales de aquella actualidad, utilizado en las Locuras, se trasladase a Correrías y Andanzas. Lo que en principio podía parecer admisible para Locuras, no lo era en absoluto para las otras dos revistas. Patoruzú y Patoruzito son tan incompatibles con la “realidad”, como lo pueden ser Superman o Batman. Sólo pueden adquirir realidad en un mundo propio, de ficción. Pero más grotesco aún, resulta el hecho que los hijos de Quinterno, con ese recurso, traicionaban el criterio de “verosimilitud” y “coherencia” que ellos mismos pretendían para las publicaciones, dado que ubicaban al indiecito y a su versión adulta en idéntico plano temporal.
Al dejar de publicarse definitivamente nuevas historietas, y comenzar con las reediciones, tuvieron que pagar su manía de “actualización”, corrigiendo todo aquello que había quedado desactualizado. Pero además, cuando hubo que echar mano a historietas anteriores y resultaba imposible sacar a Isidoro de al lado del indio, se llegó a la canallada de redibujarlo, despojándolo de su identidad y convirtiéndolo en un personaje episódico.
Lamentablemente, las generaciones que vinieron detrás de la mía, abrevaron exclusivamente en estas etapas de decadencia de la Editorial Universo, y jamás conocieron al Quinterno clásico.
Flaco favor han hecho, en este sentido, las últimas películas. El criterio refundacional del Viejo en nada se asemeja a la inclusión actual de Patorita y Upita, por ejemplo, que si bien responderían de algún modo a dicha línea, están absolutamente pintados (metafóricamente hablando, aparte de lo que es obvio). Si hubieran sido puestos al servicio de la acción, en nada hubieran molestado. También se ha vuelto a coronar a Isidoro como "rey de los play-boys". Es paradójico que haya tenido su película antes que el indio adulto. Y sin resignificación mediante, como si todavía existiera Mau-Mau.
De todo lo expuesto, surge la necesidad de reeditar las obras maestras de Quinterno. No sólo es una cuestión de justicia. Se trata también de tapar las voces que suelen ningunearlo, o esbozar hipótesis erróneas sobre sus intenciones creativas. Algunas de ellas, inclusive, desde sitiales supuestamente autorizados. Todo lo cual es explicable solamente desde el desconocimiento de la obra integral del Viejo o sobre la aplicación a ella de paradigmas que les son completamente ajenos. Y en general, muy alejados de los que rigieron la época de oro de la historieta nacional. Lo que denota un desconocimiento más grave aún, al tiempo que una batalla perdida contra los modelos impuestos desde afuera.
Con todo, y desde una absoluta sinceridad, agradezco a quienen sostienen dichos enfoques, la provocación para desarrollar este post.

27 comentarios:

  1. Lo parió!...Que largo!...No le hace bien a la vista leer tantas letras azules en la compu...Y ademas, si el articulo fuese sobre Segar, el autor de Popeye, que fue inspirador de Quinterno, seria otra cosa.

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  2. Lo de la inspiración en Segar, maestro, se lo discuto a muerte. Tengo un extenso post al respecto. En cuanto a las letras, tiene razón. Ya mismo las paso a negro. La extensión, en cambio, es inevitable. Un gusto que haya retornado por aquí.

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  3. Guauuuu buenisimo!
    Se aprende mucho con usted Dao.
    Brillante! para imprimir y guardar.
    Para leer varias veces y analizar.

    Felicitaciones!

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  4. Vos sabés, Sergio, que yo me puedo peliar mucho con los quinternianos. Pero cuando atacan los de ajuera, lo defiendo al Viejo con uñas y dientes.

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  5. Lo se Miguel.

    Vos sabes que una vez me pelee con un detractor (pelotudo) que repetía y repetía las pelotudeces de siempre y me dije: "una cosa es que nos peleemos con Dao, que es de la vieja fauna (aunque a veces reniegue de ella) y si bien no comparto muchas criticas las acepto, por los años de experiencia, conocimientos demostrados, etc. pero a estos pelotudos que hablan gansadas y leyeron dos veces en su vida una historieta no se lo vía permitir."

    Para los mas novatos pelear con vos tiene sus beneficios. Ya que siempre se aprende algo nuevo. Lastima que lo más entretenido te fluya por cagarte a puteadas con alguno jejejejeje.

    Saludos

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  6. Hay que estar al pedo,no?

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  7. Para firmar como anonimo?
    Seguro

    :)


    Dr Lecter

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  8. No, estimado Dr. El sentido es exactamente el que el anónimo quiso darle. Vivimos en una sociedad que exige que hasta el ocio sea utilizado en cuestiones productivas. Y que considera que no existe nada más improductivo que la reflexión. Encima, acerca de historietas...

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  9. Me interesa el argumento de la (no) influencia de Segar, Dao. Me parece obvia, pero nunca me puse a revisar fechas.

    De paso: no puedo dejar comentarios en su post anterior. Muy bien felicitado por indicar el número de revista del que sacó los escaneos. Si además pone la fecha, aprueba con honores. Y si ya llegara a embeber el dato en el archivo de la imagen, tiene un 10 en todos los cuatrimestres

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  10. Escribí un post mucho más extenso que éste respecto a las influencias determinantes en Quinterno. Creo que en esa época, usté no andaba por aquí, así que si quiere leerlo, acá está:
    http://historietas---cine---teatro-por-dao.blogspot.com/2007/12/el-estilo-disney-mickey-quinterno-los.html
    Pero como es muy largo, y la referencia a Segar escueta, se la transcribo (con la salvedad que debería ser leída en relación a todo el contexto): "Quizá merezca una mención la cita al maestro Grillo, que con todo el respeto que me merece, no es el primero en señalar la similitud Patoruzú-Popeye. Si bien la aparición del marino es del ’29, y hay coincidencias en los musculosos brazos de los personajes, ir más allá de eso resulta forzado. La “redondez” no es la línea predominante en Segar, y ni punto de comparación entre el delirio surrealista que frecuentan sus criaturas y los mundos “correctos” de Quinterno o Disney. De todos modos, aún admitiendo el tema de los brazos, una cosa no quita la otra."
    Respecto a sus obsesiones bibliográficas, yo con un seis me conformo...

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  11. Miguel, el post analítico sobre la decadencia de EDQ está realmente muy bueno e interesante. Yo también tengo mi opinión o mi hipótesis sobre el tema y coincide con lo que escribís. El derrumbe es muy fácil de advertir a partir de 1970. En los argumentos de las series de Andanzas y Correrías, y en los dibujos, se va apagando lentamente la llama de la creatividad. Felicitaciones por este texto que archivaré prolijamente en Word para mi consumo personal. Un abrazo, Raúl

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  12. Miguel, el post analítico sobre la decadencia de EDQ está realmente muy bueno e interesante. Yo también tengo mi opinión o mi hipótesis sobre el tema y coincide con lo que escribís. El derrumbe es muy fácil de advertir a partir de 1970. En los argumentos de las series de Andanzas y Correrías, y en los dibujos, se va apagando lentamente la llama de la creatividad. Felicitaciones por este texto que archivaré prolijamente en Word para mi consumo personal. Un abrazo, Raúl

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  13. que paso con el blog?? no se ven las columnas y hay dos post nomas..

    ???

    que paso? una vez mas

    saludos dao

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  14. 'chas gracias, Raúl! Abrazo
    En cuanto al blog... Me podrí de Internet Explorer. No se que mierda te pide bajar, para verlo completo. En cambio con Firefox, al que me acabo de pasar, no hay problemas. Saludos

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  15. ... La “redondez” no es la línea predominante en Segar....

    No estoy de acuerdo, para nada.

    Atilio

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  16. Che que buen analisis. No tengo ni materiales ni conocimiento para corroborar todo, pero si asi fuera, seria un analisis para tener muy en cuenta. E incluso para tomar de ejemplo y/o de aprendizaje en forma y estilo para otros analisis sobre otras obras
    Excelente

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  17. No se si lo conoces pero en el "Homenaje biológico a Mickey Mouse" de Stephen Jay Gould, el famoso geologo/paleontologo fundamenta biologicamente el por que de la evolucion de los razgos de Mickey, que son muy parecidos a los que se observan en el diseño de Patoruzito en relacion a Patoruzu

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  18. En los comentarios del siguiente post, el maestro Grillo linckeó una tira de Popeye y la inicial del indio, como supuesta demostración concluyente de la influencia de Segar en Quinterno. Le pido a él y a Amillán (no es casual que siendo dibujantes ambos pongan el acento sólo en los dibujos) que me crean si les digo que mi admiración por Quinterno sería mayor si se hubiera inspirado en el mundo de Segar y no en el de Disney. El sentido que le otorgo a las influencias va bastante más allá de coincidencias circunstanciales en brazos musculosos o en una secuencia de lucha, común por otra parte en la mayoría de las historietas. De última, como ya lo escribí, no lo niego como posible fuente de inspiración... menor.De ahí que haya sido determinante para la consolidación (no la creación) de Patoruzú, hay un trecho muy largo. Para entender estos conceptos, hay que detenerse en la lectura del largo post que cito, pero tanto a Grillo como a Amillán -lo han dicho en diferentes oportunidades- les resulta fatigosa la extensión. Ahí tengo otra diferencia con ambos. Cuando creo discrepar con alguien, trato de entender minuciosamente los argumentos que esgrime, su punto de vista, antes de entrar a confrontar. No importa el tiempo o el esfuerzo de comprensión que me lleve. Mis respetuosos saludos a los dos.

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  19. Durán: yo escribo mejor y más serio me pongo, cuando más me provocan. Ese post fue resultado de largas discusiones previas en los comments con Amillán (que ahora vuelve a la carga, envalentonado por los dichos de Grillo) y otros. El libro que mencionás no lo conozco, pero me interesa lo que decís. Trataré de conseguirlo.

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  20. Voy a hacer solo un comentario simple..Yo adoro a Segar por la energia de su dislate narrativo y por la contundente armonia de sus dibujos y tambien adoro al primer Patoruzú por razones muy parecidas. En Inglaterra, donde no lo quieren a Chaplin, siempre anteponen a Keaton como a su superior. Yo digo que es mejor que hayan existido los dos pues asi el mundo se ha enriquecido doblemente. Chaplin sentó las bases técnicas de la comedia del cine mudo y les agregó pathos y dimensión emocional. Keaton usó su suprema inteligencia para despojar a la comedia de emoción y agregarle perfección kinética. Los dos son genios de ese medio. Se oponen y complementan. Patoruzú y Popeye cumplen funciones similares, donde triunfa Popeye es en el desparpajo al cual Patoruzú nunca llegó, dada la actitud moral de su creador. Patoruzú es un héroe moralistico y Popeye es un producto de la confusión de la inmigración de principios de siglo a EE UU. Robert Crumb dice que él es capaz de oler la sopa que toman sus personajes. De Popeye no se saca ninguna lección moral. En la historia en cual vuelven a traer a su padre a "tierra firme", éste detesta a Olive Oil y le pega trompadas en la mandíbula. Ella también lo odia y le va con chimentos a Popeye. Un día el viejo se afeita y se hace pasar por su hijo. En la historia se insinúa que le hace el amor a Olivia. Ella queda encantada con la vigorosa energía sexual de "Popeye" (otra que Eugene O'Neil o Tennessee Williams!!). Hubiera sido imposible encontrar este tipo de temática en Patoruzú y ahí es donde reside la superioridad del personaje de Segar. Pero como te decía antes, "the more, the merrier" (cuantos más, mejor).

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  21. No Miguel, yo no me siento envalentonado por los dichos de Oscar. Así el maestro opine lo contrario, seguiría sosteniendo que Segar influenció claramente al joven Quinterno y no tanto Disney, a quien hasta rechazaba.
    Es claro que como dibujante me fijo en el dibujo, en la construcción y en la línea, son vicios del oficio.

    Saluds,
    Atilio

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  22. Miguel: No es cuestión de acordar o no.El tuyo es un análisis valioso y con el que estoy de acuerdo casi en un 100 x 100.
    El maestro Grillo tiene razón en cuanto a Popeye y su tratamiento "amoral", según cánones de la época, que jamás podrían darse en Patoruzú, cuyo autor quiso siempre quedar bien con las ideologías de turno.
    Respecto del dibujo, digamos que Quinterno pudo estar influido por varios artistas de la época pero predomina en él la escuela Disney (lo que tampoco es real.Yo veo más bien a Gottfredson,el de Mickey Mouse, como padre de su línea).
    Y concuerdo también en el sentido empresarial que expresás respecto a saber elegir colaboradores.Norberto

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  23. Les contesto a los tres, porque veo que no hay demasiado disenso, en tanto convengamos en que los mundos de Quinterno y Segal son muy distintos (Grillo). Y en que hablo de Disney como "mundo", ya que lo de Gottfredson lo remarqué en el post de referencia (donde te cité, Norber). Y en que lo de "envalentonado", obviamente es una chicanita (no te enojes, Atilio). Mis afectuosos saludos a Les Triplettes de Belleville.

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  24. Norberto,

    Gottfredson no respondía a línea Disney alguna, era así su estilo.
    El tema de la línea Disney veo que no está nada claro y se confunde en forma permanente. Para mí, en aniamción "linea Disney" es la establecida por Milt Kahl, en el cómic no existe tal "línea Disney".

    Miguel, no me ofendí, conozco de sus chicanas.

    Atilio

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  25. Me alegra que no te ofendas, Atilio. Yo tampoco me ofendo porque no leas mis posts. Si lo hicieras, no seguirías insistiendo con la discusión acerca de la "línea Disney".

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  26. ese viejo choto del Dr Lecter es el mismo Pelotudo que se la pasa defendiendo a Menen en la pagina de Urgente 24......
    Y encima critica a los anonimos !!!!......o acaso el da la cara ?
    Para mi que es algún exfuncionario del tio patilludo.....
    Viejo lecter, sacate la careta !!!!

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  27. IMPRESIONANTE, Miguel !!
    Casi pierdo la vista por por este tsunami de letras, pero cada línea valió la pena. Gran articulo!
    Estoy de Vacaciones y al pedo, una combinación que puede llevarme a leer el blog de punta a punta, por lo que ya quedas anoticiado... armate de paciencia.
    Saludos
    Eduardo

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