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lunes, julio 26, 2010

EL PATORUZU Y LA PATORUZA

(Extractado del sitio La_Vida_de_Leonardo_Favio; en medio de los recuerdos del genial cineasta sobre el Parque Japonés, aparece esta curiosa mención:)
"En Luján había un lugar maravilloso que se llamaba La Gruta Azul. Era una pizzería donde se jugaba al villar y al metegol. Había muchas mesas, de vez en cuando servían comida, y ahí solía presentarse algún guitarrero de Buenos Aires que cantaba tangos. Los dueños eran un matrimonio italiano que había venido de Rosario. A nosotros nos quedó muy grabada una pareja que solía venir de Buenos Aires. Se llamaban el Patoruzú y la Patoruza, y hacían su show en La Gruta Azul. El se ponía una nariz, una peluca y un poncho como Patoruzú y tocaba una especie de violín armado con una lata de aceite, un palo y una sola cuerda. La mujer -que para nosotros era una anciana pero que debería tener cuarenta y pico de años- lo acompañaba tocando la guitarra. El Patoruzú se emborrachaba mucho, y ella, que lo adoraba, muchas veces, cuando terminaba la función, lo dejaba dormir sobre la mesa. Una noche, mientras él dormía, ella se quedó charlando con mi hermano, conmigo y con Cacho Tamis. Advertí que ella no era una mujer común, sino que tenía una gran cultura. Tomó la guitarra y empezó a tocar cosas maravillosas. Resultó que era concertista. Mi hermano y yo quedamos pasmados. Si analizás, ella debe haber estudiado guitarra en los años veinte, lo cual te indica que vendría de una familia muy especial para que en esa época mandaran una chica a estudiar guitarra. De su boca, por primera vez escuché la palabra Tárrega. Ella acompañaba al Patoruzú porque lo amaba. Los dos eran borrachitos, aunque ella más suavemente que él. Pasan los años, yo vengo a Buenos Aires, me instalo en la pensión de Retiro y, para mi sorpresa, me encuentro con que en la pieza de al lado vivían el Patoruzú y la Patoruza. Eso arremetía con todas mi nostalgia. Para ellos yo era una figura difusa que no alcanzaban a recordar. Cada dos por tres les llevaba paquetitos de yerba. Me preguntaron si no tenía algún amigo que pudiera hacerlos entrar a trabajar en el Parque Japonés, dado que yo pasaba tantas horas ahí. Finalmente los hice entrar en ese lugar que se llamaba Babilonia que estaba al lado del Parque Japonés y que yo recreo en Gatica , en la secuencia en que Gatiquita denuncia a su amigo que se coló a ver el espectáculo. El Patoruzú y la Patoruza durante un tiempo tocaron ahí, pero luego empezaron a salir en gira por las distintas provincias, según donde hubiera cosecha, como los gitanos. No los vi nunca más."

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