
Así comienza, cargada de sucesos extraños, Le Bal du rat mort, bande dessinée de origen belga (1980), con guión de Jan Bucquoy y dibujos de Jean-François Charles, que tardía y gozosamente acabo de descubrir.
Tendría unos catorce años, cuando leí por primera vez a Michel de Ghelderode. Quedé fascinado para toda la vida con este genial dramaturgo belga, cuyas obras sombrías, expresionistas, surreales, trancurren en su mayoría en el medioevo, al igual que Arthur, le Fantôme Justicier, de su coterráneo Cézard, quien había volado mi imaginación infantil desde las páginas de Billiken. A través de Ghelderode, conocí -además de Breughel y El Bosco- a James Ensor, pintor y grabador de la misma nacionalidad, que solía plasmar el carnaval ostendense y sus grotescas máscaras. Ghelderode le dedica una de sus piezas, Masques Ostendais.
El “Baile de la rata muerta” es un acontecimiento real, se celebra desde 1898, en conmemoración de la visita de Ensor y sus amigos al cabaret La Rata Muerta, durante un viaje en París que habían realizado dos años antes.
O sea que la historieta también homenajea al pintor.
Pero además Bucquoy, su autor, es régisseur. Una de las piezas que puso en escena poco antes de comenzar este guión, fue precisamente Masques Ostendais, de Michel de Ghelderode.
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