SOBRE ESTE BLOG...

Acá vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima. Suelo responder mails si la consulta es muy específica. Podés tomar lo que quieras, siempre que cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

sábado, enero 14, 2017

Lucky Luke y la corrección política

En un grupo francés de BeDé postearon el siguiente chiste...

Traducción: "Billy the Kid versión 1962, versus reedición 2017, sin cigarrillo ni chirlo ni animal de circo ni madera de leña creando picos de polución"

Viene a cuento, como sabrán, de que hace un tiempo, en las nuevos episodios de la etapa pos Goscinny, se empezó a reemplazar el cigarrillo de Lucky Luke por una pajita en la boca con el argumento, enmarcado en la campaña antitabaco, que era un mal ejemplo para los lectores infantiles.
Pero lo que sigue  no es joda, es real. 
Se me ocurrió buscar una reedición actual de Daisy Town, donde el humo del cigarrillo se convierte en un elemento importante de la portada, para ver si habían osado adaptar un clásico... 



La corrección política puede llegar a ser muy torpe. Se sabe donde empieza, pero nunca donde termina...



BOEDO (3)

Entre las compras de hoy figura el rescate de una revista perdida. Vaya a saber las causas de la misteriosa desaparición de Los Humores de Satiricon, de mis colecciones.  Hace poco recuperé Humor Chancho 3 y ahora Humor Negro 2. Reparé en que me faltaban porque me cansé de buscar y rebuscar entre mis ejemplares, infructuosamente, el chiste que aquí exhibo, el cual me había quedado grabado a fuego en la memoria. Tenía la esperanza de hallarlo en este suplemento. No está. Pero afortunadamente lo incluyeron en la publicidad de Humor Chancho 1. No casualmente. En principio está en el límite de lo negro y lo escatológico (de ahí también mi duda de dónde se había publicado). Después, es excepcional. Una de las mejores muestras de humor gráfico que vi en mi vida. El grado de ambigüedad no sólo radica en el estilo. Es también, a un tiempo, un chascarrillo sutil y grosero de toda grosería, algo muy difícil de lograr, señores. Una extraordinaria iluminación de Rafael, dibujante y humorista en general correcto, pero no más que eso. 




Finalizando la crónica de mis adquisiciones matutinas, muestro estos dos libritos de Trillo y Bróccoli, con los que me topé muchas veces, pero no a precio bicoca como el de hoy.



BD en BOEDO (2)

Pim Pam Poum N° 43, curiosamente de la misma fecha de la Vaillant, junio del '65. Si bien el material central de esta revista, Los sobrinos del Capitán ("Katzenjammer kids", en original,  de Rudolph Dirks) no era francés, la singularidad radica en que las tapas las hacía Cézard. Como apreciarán los entendidos, logra mimetizarse con el estilo de la historieta yankee en los personajes centrales, pero en el resto es indisimulable su trazo e imaginería. En el interior, también aparece Kiwi, personaje suyo no demasiado conocido.









BD en BOEDO

Mañanita agradable de verano, desayuno en Margot con transa historietística incluida. Curioso: BeDé en Boedo.



Vaillant le Journal de Pif, N° 1049, del 20 de junio de 1965. Especial de Vacaciones con extraño formato: tres revistitas anexadas, de menor a mayor, a la tabloide habitual, cada suplemento con una serie, en aventura completa. En el interior cabe destacar un Greg, y por supuesto Cézard, con "Les Trois T", episodio seriado corto del fantasmita que retoma la temática de "Arthur au Texas", último de una larga saga de relatos extensos.














viernes, enero 13, 2017

MECANO (o Don Fulgencio II)

Cuando lo ví la primera vez, me deslumbró. Andaba dando vueltas una mañana de principios de diciembre por San Telmo, haciendo tiempo hasta que abriese la muestra de Patoruzú. Me metí en una galería lateral a Defensa, en la que nunca había reparado y ahí estaba el Don Fulgencio a cuerda, en la vidriera de un local cerrado y sin iluminación. Se alcanzaba a apreciar, sin embargo, el excelente estado. Parecía sin uso, de juguetería, prácticamente. El muñeco, perfecta reproducción del personaje de Lino Palacio, estaba montado sobre un carrito, y lucía unas aspas sobre el sombrero. Estimé la data por la segunda mitad de los ’60.
Para calcular el precio, además de estado, originalidad y antigüedad, había que tener en cuenta el lugar donde se exhibía; o sea, un lujoso anticuario de San Telmo, no un cambalache de Villa Dominico, Entonces me dije a mí mismo: 1) acá,  por esto, pueden pedir hasta cinco lucas; 2) el valor de mercado, puede estar entre tres lucas y  tres lucas y media; 3) yo pago hasta luca y media, si no lo dejo. 
Consulté luego en Mercado Libre si existía algo parecido y encontré exactamente el mismo muñeco, pero convertido en velador. El desgaste de la pieza sugería la procedencia del juguete, seguramente roto y rescatado artesanalmente para otro uso. Pedían $ 9.000, lo que por supuesto era un disparate. Pero ese precio descartaba cualquier esperanza de que mi cálculo fuese exagerado.
Finalmente hice contacto telefónico con el dueño - volví varias veces, y siempre estaba cerrado, hasta que un comerciante de otro local terminó pasándome el celu-. Me presenté como un abuelo nostálgico de aquellos personajes de mi época, que quería hacerle un regalo original para Reyes a su nieto.
Ya llamar por te. –que no tuve otro remedio, porque no lo enganchaba nunca al tipo- era revelar interés… encima, no le iba a decir que era coleccionista.
El vendedor me tiró de una 2.500. Grata sorpresa. Por supuesto, me hice el idiota, tipo darme cuenta que claro, que debía ser un objeto de colección, que yo no lo había pensado, que lo quería sólo por el valor nostálgico, eso de transmitir de generación en generación, que qué lástima, que estaba muy lejos de mi presupuesto… Todo por teléfono, no?
Le pregunto si tiene cuotas con tarjetas, el tipo no, solamente efectivo… Llega el momento de definir, y le digo “Ultimo, último precio?” “Un diez, menos no puedo”, concluye tajante.
“Bueno, lo voy a pensar, voy a ver si llego”, etc., etc. El vendedor me advierte que iba a estar solamente hasta el 9 de enero, porque después se operaba la mano.
Dudé si llamarlo antes de volver o no. Si lo llamaba, me aseguraba que estuviese, pero seguía revelando interés. Así que decidí arriesgarme el día 5 (justo antes de Reyes).
Llegué a las once a San Telmo, cerrado como de costumbre. Me tomé un café, di unas vueltas por el Mercado. Tipo mediodía abrió. Entré, saludé, me puse a mirar. El tipo –por la voz era el mismo con quien hablé por teléfono- me dijo que cualquier cosa preguntara. Estimé que tendría unos setenta largos, bien llevados, lo que después me confirmó.
La disyuntiva era: a) aparecer como un cliente nuevo y empezar de cero la negociación; b) retomar el personaje del abuelo.
Lo primero, podía tener la ventaja que quisiera liquidar la pieza, al no haberse hecho presente el abuelo (o sea yo), pero la desventaja de inducirlo a pensar que estaba despertando mucho interés últimamente y que subiese el precio.
Y si volvía el abuelo, yo podía continuar la negociación interrumpida, pero quedaba claro que le tenía echado el ojo.
Decidí que era menos riesgosa la segunda opción. Me presenté entonces, el vendedor se acordó de inmediato y amagó ir a buscar el juguete. Le dije que no, que esperase…
Verseé que pasaba por ahí casualmente, y seguí haciéndome el pelotudo:
-Cuál era el último precio que me había dicho?
-Le debo haber dicho $ 2500…
-No, no de ahí arrancó… Me dijo que me podía hacer un 10…
-Bueno, pero menos de eso no.
-Y no trabaja con tarjeta, me dijo?
Eso dio pie a una larguísima charla -más monólogo que conversación- que empezó con el valor real  de las piezas de coleccionismo (tasó el precio del Fulgencio en tres lucas y media, coincidentemente), pasó por una extraña historia del conflicto con la seña que le había dejado por unos muebles antiguos un iraní en la época de la voladura de la AMIA, se matizó con todas las variables del fascismo del medio pelo vernáculo, se detuvo en el disgusto que le causaba el macrismo –“Yo los voté!”, aclaró-, pero exclusivamente en lo económico, ya que era ferviente antikirchnerista, y lo más asombroso de todo, concluyó en que era admirador de Fidel Castro, ya que según él, cuando Fidel estuvo en Argentina, declaró que el problema de la violencia, lo arreglaba en una semana con el Ejército.
Mientras tanto desfilaron algunos personajes de la galería, a los que hacía bromas, daba órdenes para cuando estuviese convaleciente de la operación, les firmaba cheques… parecía ser el dueño de los locales.
A todo esto, yo escuchaba y asentía, poniendo cara de asombro, como diciendo “pero qué bien piensa este hombre!”. Cada tanto metía un bocadillo de aprobación.
Cuando el delirio socialista-fascista empezaba a languidecer, me despedí, le di la mano que le iban a operar, augurándole que le vaya bien en la cirugía, lo llamé por su nombre, le dije que había sido un gusto charlar con él y le deseé un buen año… me estaba jugando todo el resto que tenía. 
Funcionó.
El tipo me detiene, diciéndome: “Mire, ya que se vino hasta acá… le puedo hacer dos mil, menos no… le sirve?
Le agradecí infinitamente la oferta, pero lamentablemente no llegaba.
-“A cuánto llega?”, preguntó.
Y ahí largué la cifra in pectore, luca y media. 
-“Llevéselo”- me dijo – “prefiero que sea usted y no alguien de afuera…”
Fue hasta la vidriera, trajo el Don Fulgencio, le dio cuerda y lo puso en el piso. El artilugio empezó a marchar a todo vapor en mi dirección, con las aspas girando a manera de helicóptero. Refrené saltar de alegría, al corroborar que estaba impecable en todo sentido. 
Mientras me lo envolvía, el vendedor me recomendó que si se lo iba a regalar a mi nieto, lo dejara que jugase libremente.
En ese punto, en relación con el consejo, me contó una historia. Trataré de reproducirla con fidelidad.
“Yo me dedico a coleccionar mecanos. Había armado uno en la vidriera de otro local, hace años. Un día, pasa un señor, lo ve y me dice: ‘Yo tengo uno igual a ése, pero en mejor estado’. Le retruco: ‘Mire que este es un 8, un 8.5… difícil poder superarlo’. ‘Quiere verlo?’, me propone. Le contesto que sí, me da la tarjeta con la dirección. Cuando llego, era un caserón señorial, con cochera para varios autos. El hombre me  indica que estacione adentro, y me lleva a un salón enorme con vitrinas. En una estaba, en efecto, un mecano idéntico al mío, pero nuevo, en la caja original, como si nunca lo hubiesen abierto. Reconocí que era superior. ‘Cuánto lo cotiza?’, me pregunta. Le pongo un precio razonable. Me dice: “Llévelo”. Intento pagarle, pero me ataja. “No, déjelo en el auto y vuelva”. Obedezco, regreso, me conduce a otra vitrina, saca otro juguete que tenía varias décadas, también impecable. ‘Le interesa?’. ‘Sí, claro, contesto’. ‘Póngale un precio’. Lo hago, y lo mismo, me manda a llevarlo al auto. Así con varios, una y otra vez. El hombre iba anotando en un papelito las cifras que le proponía, sin discutirlas nunca. Cuando terminó con todos los juguetes, sumamos, le pagué. Antes de despedirme, le digo: “Disculpe la curiosidad… por qué me mandaba a dejarlos en el auto de a uno?”. “Porque no quería volver a verlos nunca más” –me responde-. “Si usted me hubiese ofrecido la mitad, se los vendía igual. Mis padres tenían mucho dinero y me compraban cuanto juguete quisiera, pero con la recomendación que los cuidase porque eran muy caros. Nunca jugué con ellos.”
Cuando el vendedor terminó esta anécdota maravillosa, que valió por toda la mierda fascista que me tuve que tragar, tenía un brillo en los ojos. Ni falta hacía que me dijese que se había emocionado en aquella oportunidad, porque era evidente que le volvía a pasar ahora, con el relato.
“Por eso –concluyó- le aconsejo que deje que su nieto juegue con él”.
Nada que ver mis nietos con los niños ricos que tienen tristeza, como decía el Turco. Así que por ahora, Don Fulgencio reposa en un estante de mi altillo. De tanto en tanto le daré cuerda para provocar el asombro de algún visitante.
Quizá quienes lo pongan en continuo funcionamiento sean mis bisnietos, que lo heredarán.
Espero que junto con el muñeco, les llegue también esta historia.
El arte del regateo tiene que ver con la simulación, la paciencia, el aguante… pero suele dar frutos impensados. No sólo respecto al precio de los objetos en cuestión.



jueves, enero 05, 2017

DON FULGENCIO

Curioso juguete a cuerda, en impecable estado, que descubrí hace un mes en un anticuario de San Telmo, y que luego de arduas negociaciones, luce hoy entre mis objetos de colección...



viernes, diciembre 23, 2016

"Historia de la gente", de Antonio Mingote


Hoy, revolviendo en los estantes de una líbrería de viejo que frecuento, apareció un libro raro. De humor ilustrado por el propio autor, un español, Antonio Mingote. No lo conocía, sin parecerme un dibujante la mar de original, me resultó fino y con un gran oficio. En el prólogo señalan similitudes con el inglés Ronald Searle, de Punch. No se... la verdad, me parece más refinado Mingote (Ángel Antonio Mingote Barrachina, I marqués de Daroca, me tira la Wiki). Quizá mi queridísimo Francho lo conociese y algo haya tomado de él, a mí me lo recuerda.

El libro se llama "Historia de la gente", edición española del 68 (salió en el 55), tapa dura, entelada, en estado impecable.







jueves, diciembre 22, 2016

CHICHUMECO, RANITA Y CAROZO

Encontré en una revista El Suplemento de 1931 esta historieta, que desconocía. Por el título no aparece nada en Google, y buscar por Billiken -a todas luces un seudónimo- parecía tarea imposible. Salvo, claro, que uno tenga la paciencia de rastrear en el blog de Siulnas (...extraño tanto a Siulnas):

…5 de julio de 1911: Nacía Ramón Baldomero Muñiz Lavalle. “Billiken”, antes que el título de una revista había sido el apodo de Ramón Baldomero Muñiz Lavalle, hermano del caricaturista Eduardo Muñiz; ello quedó demostrado cuando los editores de la revista “Billiken”, tras cuestionar el seudónimo del dibujante – con el que en 1929 había firmado algunos trabajos publicados en “La Nación Magazine”-, desistieron de un juicio al comprobarse que efectivamente, el título de su revista era posterior.
De todos modos Muñiz Lavalle, que también publicó en “Páginas de Columba” y fue fundador y director de “Bolita”, tuvo una actividad humorística más esporádica que la de su hermano, aunque también dibujó en revistas editadas en España, adonde había viajado con cargo diplomático, lo mismo que a Hong-Kong y Japón.




lunes, diciembre 19, 2016

OSKI, UMBERTO ECO Y EL TEATRO

Ando muy atrasado con la lectura, recién le pude entrar al Oski que compré a principios de mayo en el  Bellas Artes. Por lo tanto recién me entero que el subtítulo del volumen ("un monje enloquecido") se debe a que Eco, en el prólogo del libro -hay varios, en realidad, uno es de Sastu, pero mejor olvidémoslo-, compara a Oscar Conti con sus copistas de El Nombre de la Rosa. Que no sólo transcribían, sino que también dibujaban la marginalia. Siempre recomiendo evitar la mirada de los semiólogos sobre la historieta (causantes, a mi ver, de la perdición del género). Pero acá estamos hablando de Eco y no de un mamerto cualquiera, de los que abundan en este mundillo. O sea, la comparación que hace el tano es brillante.
Pero además -y en este punto dejo de dirigirme a la fauna historietil para enfocar la teatrera-, lo que dice Eco acerca de la manera en que Oski trata los textos, debería ser incluido en los manuales de dirección teatral.
Desde hace tiempo, me baso más para mi métier, en la plástica, la literatura, la música, que en la teoría misma del teatro.



El Klondike

El Klondike vendría a ser la continuación de El Pie Tierno (petimetre, titularía yo), con guión de Léturgie y Yann. Trata sobre la fiebre del oro en el Yukon, Canadá, casi Alaska. Un cameo de lujo en esta viñeta...


Además, en un tramo de esta continuación aparece Jack London, quien participó en la realidad de la fiebre del oro en Klondike, y sacó de allí material para sus primeros relatos.
Ya que anduvimos hablando de recreaciones... Léturgie y Yann no son Goscinny, por supuesto. Pero si uno no compara, el guión está más que bien.

HORTENSIA


En el '73, yo salté de la Patoruzú semanal a Satiricón, sin escalas. Ni siquiera había pasado en ese entonces por Rico Tipo. 
Tuve algunos números de Hortensia, sí, pero la revista no me llamaba la atención, me parecía un humor localista.
Mi opinión no varió demasiado con los años, y si sucumbí hoy al encanto de este ejemplar temprano es por la tapa, sobre todo: el primitivo Inodoro, cuyo estilo de dibujo Fontanarrosa fue cambiando con los años, virando definitivamente a lo humorístico.
Además, trae una de las primeras entregas de García y La Máquina de Hacer Pájaros, maravillosa tira surrealista con un título que Crist le dejó servido en bandeja a Charly.




domingo, diciembre 18, 2016

NO TODA REVISION ES BUENA (...en realidad, pocas lo son)

Un extraterrestre llega en una cápsula espacial a la Tierra, en el mismo momento que estalla su planeta natal, desarrollando en éste poderes especiales.
Un niño presencia el asesinato de sus padres y utiliza la fortuna heredada para combatir la delincuencia con un disfraz de murciélago.
Estas dos tramas, de una simplicidad absoluta, contenían en germen centenares de historias que fueron explotadas durante décadas.
A medida que el lenguaje de las comiquitas iba modificándose, se reformulaban una y otra vez esos y otros inicios. A veces con fortuna, otras cayendo en el ridículo total.
Es el caso de JLA - Año I.
No cabe duda que los guionistas Waid y Agustyn son frikis que conocen desde chicos, de pé a pá, toda la saga de la Liga y sus prototipos inclusive, como la Sociedad de la Justicia de América y la Patrulla Condenada.
Con la fatal influencia de Watchmen, arman con todo eso un cóctel indigesto.
Como en el caso de "La Torre de Babel", compré este tomo por su complemento, la reedición de la historia del origen de la Liga, publicada en 1962, luego que hiciese su primera aparición, dos años antes.
Si uno contrasta ese guión, de menos de una treintena de páginas, con el centenar -calculo- restante, salta a la vista su contundente efectividad. El otro -de fin de siglo- no sólo se hace de chicle, sino que por momentos parece pertenecer, más que al género de súper héroes, al romántico que consumían las chicas, tipo "Susy, secretos del corazón".
Siempre me pareció fatal la "psicologización" de los enmascarados que leía de pibe sin necesidad de justificar nada, sin preocuparme de su verosimilitud, dejando volar la imaginación junto con ellos, simplemente.
Debo reconocer que hay algunas pocas excepciones que justifican el vuelco, la revisión, el ahondamiento de las tramas originales. 
No es el caso, en absoluto, repito.



domingo, diciembre 04, 2016

Número raro de El Conventillo

En un puestito del Mercado de San Telmo, encontré arrumbado entre porquerías tipo Condorito, un ejemplar de El Conventillo de Don Nicola Nº 123 -marzo del ’71-, franja de numeración que aparece muy poco, seguramente por la baja tirada que tenía en esa época de decadencia. Joya absoluta. 


Se notará que el logo con bandas blancas imita al de las publicaciones de Quinterno de la época (sobre todo Correrías) y preanuncia el de Cielosur, que resultó más elaborado.

Inmediatamente anterior al relanzamiento de Cielosur, pero ya con Torino poniéndose las pilas y volviendo a tomar el lápiz que había dejado demasiado tiempo en las rutinarias manos de Mazza y otros peores que Mazza. El material de la revista le pertenece íntegramente. “El gran golpe” está dibujada especialmente para esa edición y ocupa la mitad de las páginas. El resto es un episodio de Barrabás que no recuerdo -seguramente re edición de las historietas cortas del personaje, aparecidas en el primer tiempo de La Barra de Pascualín-, y “Viaje al infierno”, argumento original de Aquí Está (de 1940), redibujado por el propio Torino en los ’60. Creo que la primera aparición fue en un suplemento de Tric y Trake. Hacía tiempo que lo buscaba. Casi diría que me gusta más que el original. Ojo, es menester aclarar que hubo otra versión posterior, que es la que más se reeditó, pero destrozada por un dibujante manco de las dos manos.

La modalidad de (continuará) de Conventillo, en Aquí Está, hace que el planteo argumental se resuelva en pocas viñetas (la imagen fue digitalizada por Hernán Schneider)

El (continuará) de Aquí Está! era permanente, y aunque se podían distinguir con facilidad los inicios y cierres de cada capítulo, implicaba muchas veces continuidad de personajes episódicos. El loro, las chicas y Sansón, el enano del circo, en el caso de "Viaje al Infierno". Esto sin duda, ha sido determinante para que Torino la adaptara y redibujara integralmente.Lo cual, a mi criterio, ha resultado afortunado, ya que por los '60 Torino se hallaba en plena madurez creativa.
Opino que también el argumento, al tener más desarrollo, ha resultado favorecido.


Por los '80 aparece este engendro de re-versión, dibujada vaya a saber por quién. Elijo apenas -para no lastimar la vista- algunas viñetas conservadas, aunque con torpe imitación, de la anterior.


lunes, noviembre 14, 2016

LANDRU = RASPUTIN

Otro caso de seudónimo, identificable a simple vista. En Loco Lindo Nº 3, de marzo del '55, un inconfundible Landrú firma como Rasputín.



RAAL = LANTERI (2)

Primeros números de Loco Lindo (1955)







domingo, noviembre 13, 2016

RAAL = LANTERI

Me llamó la atención este extraordinario dibujante que en el nro. 1 de Bomba-H, de julio del '55, firma dos trabajos como "RAAL". Me parecía demasiado bueno como para que yo no lo conociese, así que hice la fácil, recurrí a Siulnas: no es otro que Arturo Lanteri, pionero de la historieta vernácula con personajes como El Negro Raúl y Don Pancho Talero.



jueves, noviembre 03, 2016

"EL JARDIN DE LAS DELICIAS", de EL BOSCO, explicado a través de CORRERIAS DE PATORUZITO

Descubrí a El Bosco en mi más temprana adolescencia y me deslumbró. Desde entonces la fascinación perdura. He recorrido  su obra, a lo largo de mi vida, una y otra vez.
Pude incluso, aunque tardíamente, estar frente a algunos de sus originales, tanto en Holanda, como en Bélgica, como en España.
Hace un mes se me concedió la gracia de asistir a la exposición del V Centenario en El Prado, que reunía gran parte de su producción, diseminada en museos de todo el mundo.
Previo a ese viaje, que renovó mi entusiasmo por el pintor, y ya de regreso, leí y sigo leyendo el más variado material sobre su vida y obra. Del enigmático maestro de 's-Hertogenbosch se han escrito bibliotecas enteras.  Se sigue sabiendo poco y nada, sin embargo.
Es más, como en el Derecho, una mitad de la biblioteca afirma como certeza irrefutable lo contrario a lo que se da por sentado en la otra.
Uno de los cuadros que más polémica suscita es El Jardín de las Delicias, aunque no hay mayores disidencias con el tríptico cerrado y los paneles laterales.
Para no aburrir a los que conocen del tema, resumo:
El tríptico cerrado representa al mundo en el tercer día de la creación, con Dios fuera, y las leyendas «Él lo dijo, y todo fue hecho. Él lo mandó, y todo fue creado», frases extraídas de los Salmos.
Una vez abierto, el panel izquierdo muestra el Edén y a Dios (Cristo) bendiciendo la unión de Adán y Eva.
En el panel central un desfile cortesano de hombres y mujeres desnudos, junto a todo tipo de animales y frutos,  sugiere una gigantesca orgía sexual.
El panel derecho exhibe los castigos que reciben los pecadores en el Infierno.
En la primera ala  se ha señalado con acierto que, aun cuando la escena transcurra  en el Paraíso, ya el mal acecha. La lechuza (de simbología ambivalente durante el Medioevo) en la fuente de la vida, la serpiente en el árbol de la sabiduría, los animales deformes que salen de la charca, son claros ejemplos de ello.


En la tercera tabla, si bien  se la ha denominado como "infierno musical", por las torturas con instrumentos de ese tipo aplicadas a los juglares que practicaban el género profano, se exponen distintas formas de mortificaciones a los penitentes, según sus faltas. Están claramente reflejados los castigos al juego, la avaricia, la vanidad, la envidia. Un guerrero es asaltado por perros diabólicos, una liebre transporta  como presa a un presunto cazador.  Está representado también el clero. Si bien El Bosco perteneció a una cofradía dominicana, dicha filiación no le impedía criticar a los franciscanos, orden mendicante rival. Una pequeña digresión al respecto: situada en el extremo inferior, una cerda con tocado de monja intenta seducir a un hombre sentado, mientras un engendro con yelmo le alcanza pluma y tinta. Sobre la pierna del hombre descansa un pergamino con un escrito de tipo protocolar. En el afán de disimular las faltas de la Iglesia, algunos exegetas ensayan la interpretación que ese pergamino se trataría  de un pacto con el Diablo que el condenado habría firmado  en vida y que los demonios  se lo estarían recordando para que lo cumpliese. Absurdo desde todo punto de vista puesto que la acción se ubica en el infierno mismo. Qué función tendrían el tintero y la pluma, en tal caso, si el contrato ya se halla en vías de ejecución? El conjunto alude, según consenso generalizado, al legado de bienes que el clero obligaba a efectuar a los fieles, e incluso al fraude que se efectuaba con ellos (hacer firmar a los muertos).
El panel central, “El jardín de las delicias” propiamente dicho, es el que más disenso provoca. Se ha intentado justificar la desnudez de las figuras con la leyenda improbable de la pertenencia de El Bosco –respetado burgués, miembro de una prestigiosa cofradía- a la secta de los adamitas, que propiciaba entre sus prácticas andar como Dios nos trajo al mundo. Otros aluden a un Falso Paraíso del Amor, que durante el medioevo  se creía existía, denominado Grial, sin que tuviese que ver con la copa de la última cena del ciclo artúrico. Finalmente, la mayoría de los eruditos ven en esta tabla sólo pecado y lujuria.
El nombre actual del cuadro data del siglo XIX. Nadie sabe cuál era su título original, si es que lo tenía.  En algún momento se lo llamó “de la variedad del mundo” o  “los deleites terrenales”, pero nada hace suponer que las escenas del centro del tríptico –al que aluden en exclusivo esas denominaciones, ya que los paneles laterales no hay duda donde se sitúan- estén ocurriendo en nuestro orbe. Más bien todo indica que existe una continuidad espacial, una identidad con el paisaje de la izquierda. Se trata, sin dudas, del Jardín del Edén, con los cuatro ríos que lo regaban, inclusive, Lo cual abonaría a la teoría adamita, pero no explica por qué el destino final de los nudistas sería el Infierno, en tanto el nudismo resultaba bien visto para esa secta herética. Deberíamos volcarnos entonces a la tesis del Falso Paraíso o Grial. Claro que en tal caso surge una pregunta que veo nadie se hace: por qué en el Paraíso real aparecen indicios del mal, y en el Falso Paraíso no? En la tabla izquierda, prácticamente a los pies de Cristo, pululan alimañas monstruosas y repugnantes, mientras que los animales que juegan con los degenerados del panel vecino lucen estilizados y bellos... no debería ser al revés?
Otro enigma al que se dan diversas respuestas es el del trío situado en una cueva, en el extremo derecho, donde aparece la única figura vestida de todo el conjunto. Hay bastante acuerdo en que se trata de Adán culpando a Eva del pecado original. El tercer personaje es el más controversial. En general se lo ignora, pero algunos arriesgan que puede ser Noé. Son aquellos pocos exégetas que discrepan con el significado del exterior del tríptico y afirman que en vez del tercer día de la creación, se expone el mundo después del diluvio. Nadie explica qué tiene que ver ese trío cavernícola con el Jardín, qué hacen ahí, qué pito tocan en el conjunto.


Creo que la gran dificultad para un análisis integral del cuadro es que ha permanecido durante demasiado tiempo en España. Se han tenido que hacer malabarismos para que el oscurantismo imperante durante siglos en ese país no lo considerara una aberración digna de la hoguera. Para lograr tal cometido no cabía otra conclusión sobre  el panel central que se trataba del retrato del pecado de lujuria, condenable al infierno sin escalas. Aun cuando en la tabla contigua, curiosamente, no se grafique el castigo a esa falta. Para lograr que se imponga tal sentido, se han ensayado alambicadas explicaciones, buscando símbolos del mal en una escena de lo más placentera, en la que muchos contemporáneos no desdeñarían zambullirse de cabeza. Cuánto más un contemporáneo de El Bosco.
Así, en el trascurso de mis lecturas, e incluso en los muchos videos que hay en la web sobre esta obra, he encontrado las interpretaciones más disparatadas, lo cual me exime de privarme de realizar una propia. Que podrá sonar tanto o más absurda que las existentes, pero que creo -a diferencia de las demás- cierra a la perfección. Parto del comitente (el que encargó el cuadro, para los legos). Bien sabido es que el tríptico resultaba un formato habitual para iglesias, pero que “El Jardín de las delicias” jamás estuvo expuesto en una. Que fue realizado a requerimiento de Engelbrecht II, conde de Nassau, del que se chismorrea por aquí y por allá, no gozaba de buena reputación, aun siendo un entusiasta promotor de las artes.
A esto se suma el propósito de la comisión del cuadro: que fuese “de conversación”, como se denominaba en la época. Es decir, un elemento de entretenimiento para los cortesanos, que no disponían ni de cine ni de internet. Y encima con la imprenta en sus albores... De pornografía ni hablemos, pobres.
Me he referido ya a Marcel Ruijters, un historietista holandés que plasmó en ese formato una biografía tentativa de El Bosco, en base a profundos estudios sobre su obra, su vida y fundamentalmente el universo que lo circundaba.
La secuencia que muestro, en la que el Conde de Nassau encarga el cuadro, es por demás sugerente. No creo –al igual que Ruijters-  que en “El Jardín de las delicias” estén tan presentes las convicciones del pintor, como las intenciones de su comitente. El siniestro personaje, en la historieta, recalca que el tríptico debe resaltar «el pecado omnipresente de la lujuria», agregando «...en todas sus formas». Y con una risa lúbrica, recomienda: «Sed imaginativos, señores míos».



Imaginemos, pues, una escena posterior, que este enfoque de Ruijters sugiere, pero no desarrolla: el Conde lleva hasta un rincón de su palacio a una jovenzuela (o jovenzuelo, vaya uno a saber) para mostrarle una pintura sobre la creación del mundo. Al muchacho (o muchacha) no le llama demasiado la atención  esa bola en grisalla. Es allí cuando Engelbrecht despliega, cual un taumaturgo, los paneles laterales, haciendo aparecer inquietantes escenas de un deslumbrante colorido. Inquietantes sobre todo las de la tabla central, para quien no tiene en absoluto el hábito de ver gente desnuda.
La muchacha (o muchacho), turbada (o turbado)  pregunta el significado del tríptico. Entonces el Conde, con voz meliflua, señalando al Señor pone en su boca la frase: «Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra.» Es el punto donde Engelbrecht explica, con toda lógica, que es en el segundo panel donde se ilustra la orden divina. O sea: ni más ni menos que la ucronía de cómo hubiese sido la vida de la humanidad en el Paraíso, de no haber mordido Eva la manzana. «Que no era la del sexo -aclara-, sino la de la suposición que el sexo es impuro. Contradiciendo así el mandato divino de practicarlo libremente y sin culpa». Para reforzar el concepto, vuelve a citar el Génesis: «Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban». Y culmina con voz tonante: «Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: '¿Dónde estás tú?' Y él respondió: 'Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí'. Y Dios le dijo: '¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?'» Remata el noble indicando ahora el extremo inferior del panel central: «Aquí está Adán, imputando a Eva, mirándonos, diciéndonos: ‘Ella tuvo la culpa de hacerme creer que todo lo que se muestra más arriba, la desnudez, el sexo, el placer, era pecado, contrariando el criterio del Creador. Por eso iremos al infierno. Por eso el Diablo, que está acá, detrás nuestro, nos viene a buscar para llevarnos al próximo panel' ».
Lo que hacen después el Conde de Nassau y el extasiado muchacho (o muchacha) ya no es cosa nuestra.
Para mí, la única lectura de “El Jardín de las delicias” que cierra, en serio, es la que acabo de exponer. Curiosamente, en la viñeta de Ruijters, donde El Bosco describe al Conde de Nassau, se halla el mismo mecanismo de relato gráfico. Un narrador en el extremo izquierdo, y el hecho narrado detrás, en el centro de la imagen. El viejo recurso del racconto, tan viejo como la historieta misma, que proviene a su vez de las pinturas que contaban historias, para entretenimiento de cortesanos (como El Jardín de las Delicias) o del populacho.


Al punto que yo conocí el mecanismo gráfico del racconto de muy pibe, antes inclusive de saber de la existencia de El Bosco, a través de las Patoruzú y las Patoruzito. Nadie de mi generación podía dejar de entender, por ejemplo, el sentido de la yuxtaposición de escenas de la portada de “El Crimen Perfecto”, la Nº 115 de Correrías, aparecida en marzo del ’67.


Pasa que los estudiosos de El Bosco, deben haber frecuentado muy poco la historieta y demasiado las iglesias.