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martes, noviembre 23, 2010

PI-PIO, EL POLLITO QUE IMPONIA EL ORDEN (4a)

4- ENEMIGOS INTIMOS

Los tres episodios que suceden a la partida al exilio de Paco-Pum, pueden clasificarse de la siguiente manera: “Groenlandia” (Billiken 1799-1827, 07.06.54 al 20.12.54, 28 páginas), “Paco-Pum Emperador” (1828-1839, 27.12.54 al 14.03.55, 11 páginas), “El Puente” (1840-1857, 21.03.55 al 18.07.55, 18 páginas). Sin embargo, pese a transitarse en ellos distintas temáticas, están atravesados por una única unidad de acción, que desarrolla y profundiza el planteo del orden establecido y los intentos de subvertirlo. Lo ideológico prima sobre el delirio, de modo que determinados giros narrativos que hasta el momento podían calificarse de surrealistas, terminan siendo abortados en función de los sentidos.
a) GROENLANDIA
La primera audacia comprobable es que quince entregas consecutivas de la historieta (es decir, casi cuatro meses de publicación) transcurren fuera de Villa Leoncia, y sin que aparezca el protagonista.

Paco-Pum y sus secuaces llegan a Groenlandia, y son liberados por el heredero del trono, al que inmediatamente secuestran, exigiendo a cambio el poder. “(Bla, bla, blaa... Príncipe, poder, mando, audacia, dictadura... Bla, blaa...)”, especula Paco-Pum. En la negociación por el rescate, se le impone la condición de triunfar en un match de box, para ser coronado. La pelea finaliza con el knock-out simultáneo de ambos contendientes, y una enfervorizada discusión del público acerca de quien debería ser proclamado vencedor. Las opiniones están divididas entre platea y popular, siendo la última la que hincha por el visitante. Pepe el Largo arroja un balde de agua a su jefe, despertándolo, y lo insta a escapar. Ya lejos del tumulto, Paco-Pum se siente humillado y fracasado, y emprende camino hacia otras tierras.

He aquí el primer ejemplo de lo antedicho. Mientras que Ferré vuelve a instalar de entrada la condición de subversivo del villano, insólitamente lo hace desistir de su propósito, cuando las condiciones parecían estar dadas para lograrlo. Esto así, porque Paco-Pum es el primero en recuperarse de la contienda pugilística, y porque además, cuenta con apoyo popular. Por el contrario, se proclama derrotado. Cabe preguntarse si la única disputa válida por el poder debe darse con Pi-Pío como antagonista, y en el territorio de Villa Leoncia.
Acto seguido, el príncipe se apiada de la desazón de Paco-Pum, e interpreta que no es malo, sino incomprendido. Y para enmendarlo, lo embarca -literalmente- en una tarea lícita: la caza de ballenas, para la comercialización del aceite.
La empresa se ve coronada por el éxito, pero el bandido, que estuvo a punto de ahogarse durante la cacería, y superó el percance, se agrava imprevistamente. Un veterinario le diagnostica “colitis encefálica”.
Siendo consecuentes con la caracterización que Ferré hizo hasta ahora del bandido, cabría la suposición que no le venía mal una diarrea que limpiase definitivamente su cabeza. Pero al armado de la historieta no le conviene que Paco-Pum se regenere, por lo tanto, el único que podrá “curarlo” (es decir, devolverle su idiosincrasia) es Calculín, aliado de su archienemigo.
Así, el tramo argumental, que parecía conducir a la consolidación del aspecto bueno del villano, vuelve a torcerse con un giro caprichoso, para retomar los cauces habituales. Daría la impresión que la historia, por momentos, guiada por su propia lógica absurda, sigue un curso autónomo de las intenciones del autor, y éste debe intervenir cada tanto para enderezarla.
El requerimiento al niño sabio, vía radial, llega de inmediato a una tranquila Villa Leoncia, pero sin revelar la identidad del enfermo. La necesidad de transportarse urgentemente al Polo lleva al diseño y construcción del segundo ingenio estrafalario de la serie, el “Frigidaire II”, mucho más sofisticado que los “cañones de engrudo”, del episodio de “Los piratas...”. El aparato se lanza con éxito al espacio alcanzando con rapidez la línea de puntos marcada en la viñeta final de la página como “límite máximo para dibujar”. Un personaje que observa el lanzamiento, comenta admirado: “Por poco se salen del límite de la historieta”... Quiénes? Los héroes, o el villano principal?

Un pequeño paréntesis en el largo y estrafalario trayecto del “cohete-heladera”: los héroes, al sobrevolar Andalucía, señalan la casa de su artífice. Resulta conmovedor que un García Ferré, nostálgico del lugar que había abandonado hacía siete años, regrese allí a través de su creación. También es de destacar la audacia y sobriedad -al mismo tiempo- de la autocita, que da cuenta una vez más de la libertad creativa con que se movía en Pi-Pío, muy lejos de las especulaciones sensibleras con que se manejó posteriormente, aún cuando anide en estos cuadros un incipiente anhelo de posteridad (*). Pero no se puede obviar, en la dirección que venimos analizando, el propósito de retornar a las fuentes ideológicas y fácticas de la historieta.
Sorteados los delirantes peligros del aterrizaje, Pi-Pío, Calculín y Ovidio, llegan a tiempo para “salvar” a un camuflado Paco-Pum. El sabio pone en marcha un imposible “sistema centrífugo-descongestionador para sacar pajaritos de la cabeza” (= ideas de regenerarse?).
Cumplido el tratamiento, se descubre la verdadera identidad del paciente. Pepe el Largo y Toto se apoderan del “Frigidaire”, para llevar a su jefe de retorno a Villa Leoncia, colaborando así en el encauzamiento de la serie. Han recorrido otras latitudes, tomado un poco de aire fresco... es hora de volver a casa.
Paco-Pum “recupera el conocimiento y a pesar de su estado de convalecencia ya se encuentra con ánimos de seguir haciendo de las suyas”, reza una didascalia. Y ya próximos a destino, el bandido -repuesto físicamente, y también en condición de tal- dice: “Ahora que Pi-Pío no está y yo me siento curado, nos haremos los amos de este pueblo”. Queda claro que la enfermedad no radicaba en su cuerpo, sino en haber perdido tanto su esencia como su espacio.
Los héroes, aunque demorados, se lanzan a la persecución a bordo de la rudimentaria “Cacerola” (trineo a motor, ideado por Calculín). Antes, habían advertido al pueblo del “Fart-West” del inminente peligro.
Doña Ursula, “autoridad máxima”, en ausencia de Pi-Pío, arenga a los habitantes para combatir contra el sempiterno enemigo.
Todo ha vuelto a la “normalidad”.
(*) Cuando esa posteridad comenzó a gestarse, en la etapa de Anteojito, G.F. opta por la modestia, y en la reedición de la página se lee: "la casa donde nació García Lorca".

7 comentarios:

  1. Qué derroche de imaginación, talento, y una entrañable y juguetona desfachatez... El detalle del vuelo sobre Andalucía es impagable. Digámoslo una vez más: alguien tendría que recopilar esta obra. Tu ensayo sobre la misma, Miguel, impecable.

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  2. Por lo que tengo entendido, querido Quique, el problema de la reedición de Pi-Pío es que al propio Ferré no le interesa. Debe estar convencido que el valor de su obra se halla en otro lado... Abrazo

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  3. Es una lástima que Ferré hoy en día (aparentemente) ignore a Pi-Pío de esta forma. Siempre fue su mejor obra. Qué lástima que la haya relegado a un segundo (o tercer, o cuarto) plano.

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  4. Tampoco ayudan sus fans, que le reclaman Las Aventuras de Hijitus, en vez de ésto.

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  5. Pienso que a lo mejor gran parte de los fanas dan mayor importancia a los dibujos animados (hijitus), que a las historietas...

    Yo no conocía estas historietas, las descubrí a través de tu blog Miguel, así que gracias!

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  6. No, pero ahora andan pidiendo las aventuras de las revistas.
    En cuanto al descubrimiento, bienvenido sea! Es una cuestión generacional, Sergio...

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  7. Que no han pedido hasta ahora los fanas de Ferre? ¡Ja!
    Me parece que poquitos blogs tratan las historietas...

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