SOBRE ESTE BLOG...

Vas a encontrar, básicamente, data sobre historieta cómica argentina clásica. Además, bastante de bande dessinée. Algunas reflexiones sobre el lenguaje historietístico, muchas polémicas y miles de imágenes, la mayoría de mis propios archivos. La forma más fácil de ubicar un material o autor es ir a "Etiquetas", revisar y hacer click en la pertinente. También podés escribir una palabra clave en "Buscar en este blog". Tenés mi contacto, encima, acá al lado → → →→ → →→ Suelo responder mails si la consulta es muy específica. En cuanto a enlaces que ya no funcan, lo siento, llegaste tarde. Podés tomar lo que quieras, en tanto cites la procedencia. Si no citás, y te ubico, te escracho públicamente, como he hecho en varias oportunidades. Enjoy

lunes, agosto 25, 2008

Que la historieta vuelva a ser pa' pibes, así la podemos leer los adultos!

Curioseo de tanto en tanto las novedades en Stupid Comics, sitio que recomiendo calurosamente. Hoy, viendo Fantomah vs. the Weird Gorillas y Electro, the wonder robot, no pude menos que añorar esas grandes épocas de la historieta. Como se divertirían argumentistas, dibujantes y lectores con esos disparates! Claro que la misma diversión se observa en otros que cultivaron la aventura, pero en forma más coherente (piénsese en Breccia, Oesterheld, Pratt, para mencionar sólo los de estos pagos), y que también entretuvieron a su público.
Después vinieron los semiólogos y lo arruinaron todo.
Buéh, en realidad ellos no tuvieron la culpa...
Sucedió así: un lector de historietas ávido y vergonzante (universitario yankee, boludón grandote y rubio, con pornocos en la cara) se topó un día, por casualidad, con un libro de Eco. Le avisó a otros de su laya: “Che, pero si este tipo re-groso analiza Súperman, no se por qué nos escondemos pa’ que no se caguen de risa de nosotros?” Uno fue más allá: “Tené razón, tené! Salgamo’ a decir que la historieta es arte, que joder!” (*)
La iniciativa tuvo éxito, al punto que en la actualidad el aserto se repite todo el tiempo por internet. Es decir, se instaló. Y con ello, el aburrimiento. Claro que es un paradigma que vale sólo para los que lo sostienen, porque la historieta perdió la inmensa popularidad de consumo que tenía a pesar de su mala fama, y hoy en día no deja de ser considerado por la mayoría de los mortales -al menos los mortales vernáculos- como un entretenimiento menor. Vaya paradoja.
Una pequeña porción de la descendencia de aquellos nerds estadounidenses (los más vivos) son hoy, en la Argentina, editores o "especialistas" en el género. Otra porción, también reducida, historietistas. El resto, consumidores.
Sin embargo, tanto nerds editores -y/o "eruditos"-, como nerds creadores, como nerds lectores, se burlan de sus antecesores extranjeros y nativos creyendo que se tomaban en serio los Stupid Cómics. “La historieta (aunque ellos la denominan "Cómic", como sus padres) por fin se hizo adulta!”, proclaman, a voz en jarro. Cuál es el indicador de esa presunta adultez?, pregunto yo. Intentar un verosímil que conecte superhéroes con realidad, por ejemplo? Introducir en los Stupid Cómics elementos sociales y psicoanálisis? Eso es tan grotesco como el monstruo de dos cabezas que ilustra esta nota. Pero mucho menos divertido, por supuesto.
La historieta, en tanto género, es tan infantil o tan adulta como la televisión. Sirve pa’ entretener, no le pidamos más que eso. En contadas ocasiones, con recursos creativos; la más de las veces, burdamente.
La cuestión está en que los que se entretienen con Tinelli, no ponen excusas para ver culos o mal actuadas peleas del jurado. Muchos historietómanos, en cambio, sí. Y entonces inventan que Frank Miller o -peor aún- Stan Lee o Robin Wood, son genios merecedores de figurar en los anales de la literatura universal, y califican de ignorantes e infantiloides a los que no se tragan esas barbaridades, y prefieren a Torino, como en mi caso.
Yo no necesito prestigiar culturalmente la historieta, ni considerar que me es destinada como adulto. Fue cultura de masas (ojala algún día, cuando escape del monopolio friqui, vuelva a serlo), como tantas cosas que consumo y me gustan. Soy un adulto, muy seguro de mi solidez intelectual y psíquica, por lo tanto libre de leer lo que se me cante, hasta cuentos infantiles. No me causa ningún complejo merecedor de justificación, agarrar una historieta pa’ distraerme. Eso sí: casi siempre de las viejas y buenas épocas. Cuando las hacían pa' los pibes. Son justamente, tal como le pasó a Eco, las que me provocan, las que me incitan a la reflexión .
La mayoría de la historieta actual, en cambio, siendo “arte” y estando hecha para “adultos”, subestima mi inteligencia, mi madurez y mi bagaje cultural.
(* Traducción libre de un diálogo entre nerds, acaecido en la Universidad de Massachusetts, el 4 de septiembre de 1964, a las 15:00 hs. En conmemoración de esa fecha histórica, se ha instituído el Día de la Historieta)

domingo, agosto 24, 2008

LA HERENCIA DE LA CERRAZON DE QUINTERNO

El maestro Siulnas hace en su blog una muy interesante reseña de los comienzos de su vínculo con el Museo de la Caricatura Severo Vaccaro, cuya existencia ha sido asombrosamente negada en estos días por Carlos Garaycochea (quien ostenta nada más ni nada menos que el cargo de Presidente de la Asociación de Dibujantes de la Argentina). Vale la pena leer la nota completa ( ver ), pero me permito transcribir aquí un jugoso párrafo referido a Quinterno. Siulnas se hallaba en la tarea de reunir dibujantes para una importante muestra en la Galería Picasso, y narra el frustrado intento de convencer al Viejo para que expusiera:
Perla Siderman –hermana de Marcos–, por su parte, colaboró con nosotros para convencer a los más remisos.
Ella logró con su femineidad, persistencia y trato afable, lo que su hermano, Villanueva y yo, difícilmente hubiéramos logrado; por ejemplo, ser recibida por Dante Quinterno en persona, algo que era “tabú” para nosotros y para muchos humoristas. Sin embargo, ello no le valió para obtener la participación del para nosotros legendario creador de Patoruzú; su pretexto era irrebatible:
–Yo no podría dibujarle un Patoruzú para esa exposición, porque el Patoruzú que yo dibujaba en los primeros años ha sido modificado por mi equipo de dibujantes, y el público ya no reconocería al original. Podría hacerle dibujar un Patoruzú por ese equipo, pero entiendo que no es ésa la clase de representación que buscan ustedes en su exposición…
Por suerte, Quinterno fue una excepción (al igual que todos sus colaboradores de entonces, vaya uno a saber por qué extraño influjo).
Más allá de la cerrazón de Quinterno, sutil e irónicamente marcada por Siulnas en el último párrafo, es dable leer allí un concepto: Patoruzú era para él un producto comercial (al que cuidaba mucho), no una creación. Si bien en aquella época, los '50, la mayoría de los que hacían historieta no la pensaban como "arte", no renegaban en ningún momento de su condición de dibujantes. En Quinterno, en cambio, primaba su rol de editor. Desde allí es posible entender la mentalidad estrecha con que se viene manejando desde hace décadas la Editorial Universo, en manos de su hijo, con respecto a la obra del creador. Sin embargo, lo que en Quinterno padre -equivocado o no- resultaba entendible en función de las enormes tiradas que tenían sus publicaciones, hoy día resulta francamente absurdo.

viernes, agosto 22, 2008

La mujer sin cabeza (o La mujer con cabeza prestada)

El otro día fuí con mi mujer al cine a ver esa maravilla del veterano Sidney Lumet, titulada Antes que el Diablo sepa que estás muerto (última parte de un proverbio irlandés, que principia: “Podés estar media hora en el Paraíso,...”).
En otras épocas, los cines seleccionaban los avances de los próximos estrenos, más o menos de acuerdo a la índole de lo que estaban proyectando, y consecuentemente, del perfil de público que se suponía iba a verlo. Ahora no: te pasan todo. Desde películas estrenadas hace meses hasta otras que no se estrenarán nunca. Desde Wall-E a La mujer sin cabeza, como me sucedió en esta oportunidad. Lo cual es una afrenta para un espectador que se interese por Lumet. O al menos, para mí. A los diez segundos de un primer plano de un rostro absolutamente inexpresivo, con imágenes borrosas y sonidos confusos detrás, mi mujer y yo, exclamamos al unísono: “Uy, la Martel!”.
No se puede decir que su “estilo” sea confundible con el de otros realizadores cinematográficos, claro. Báh, habría que preguntarse en realidad si lo de la Martel es cine.
Los críticos argentinos, al menos, opinan que sí. Y la celebran calurosamente. Pero no dejan de dedicar algún que otro párrafo de advertencia para el espectador desprevenido, ignorante...

Dijo La Nación:
Se trata, claro, de una experiencia distinta. Sobre todo para plateas habituadas a productos cinematográficos listos para ser consumidos. "No hay historia", concluirán, y probablemente estén en lo cierto...
Dijo Página 12:
En términos de dramaturgia, de lo que habitualmente se conoce por “argumento”, poco y nada es lo que sucede en La mujer sin cabeza.

Dice Dao:
Ah, pero si no hay historia, la Martel es genial, destinada a quedar inscripta junto a los grandes del cine... logró hacer un argumental sin argumento, que al mismo tiempo no es documental!... Buéh. Los que gustan de este tipo de hazañas circenses, dignas de figurar en el Guinness, aplaudirán de pie. Yo me quedo sentado y con las manos en los bolsillos. Debo estar habituado a “productos cinematográficos listos para ser consumidos” como los de Welles, Fellini, Kurosawa, Bergman, Kubrick, Allen, Coppola, Ford.... Todos ellos cineastas mediocres que nunca pudieron escapar al lugar común de contar una historia.

Dijo La Nación:
El cine de Lucrecia Martel no pone el acento en narrar historias ni en explicarlas.
Dice Dao:
Pero... pone algún acento en alguna parte? Porque sin acentos la lectura se torna dificultosa...

Dijo Página 12:
La mujer sin cabeza se inscribe de manera neta en esa trayectoria previa, como si fuera el nuevo capítulo de una obra de una coherencia extraordinaria...
Dice Dao:
Eeeeeh! Yo ya tuve que tragarme los capítulos anteriores... tengo que seguir sufriendo?

Dijo Clarín:
Si el cine de Martel provoca en algunas personas rechazo o confusión, es por lo mismo que la película plantea, porque el espectador prefiere tener su sistema perceptivo organizado, preestablecido.
Dice Dao:
Mierda! Este crítico es como Freud y Lacan juntos!!! Me enfrenta a lo que no pudieron hacerme ver mis muchos años de diván: me empeño en tener mi sistema perceptivo organizado, preestablecido!!! Cómo puedo ser tan necio de resistir a que la Martel rompa mis esquemas???

Dijo Crítica de la Argentina:
La mujer sin cabeza se plantea como un paseo aparentemente difícil, donde la comprensión profunda de lo que sucede no cuaja del todo en la primera visión.
Dice Dao:
Pero... cuántas veces habría que verla, entonces? No, yo abandono...

Dijo también Crítica de la Argentina:
Todo mostrado en un plano ancho, aparentemente despojado pero donde siempre es posible que suceda, en segundo plano, algo terrible, una revelación o un ataque.
Dice Dao:
Ahora, eso... nunca sucede, uno se queda siempre esperando?

Dijo además Crítica de la Argentina:
El segundo mérito del film es que estas ideas no las pronuncia nadie sino que surgen solas, a medida que comprendemos, en escorzo, los acontecimientos que narra el film.
Dice Dao:
Ah, ya entiendo. No hay argumento, no hay ideas... O sea que se le hace campo orégano a la crítica cinematográfica, que puede lucirse diciendo cualquier cosa de la película! Le prestan a la mujer la cabeza que le falta! Un cuenco vacío, pasible de ser llenado por cualquier menjunje!

Así, Página12 ve “un film de fuertes implicancias políticas” y Clarín “una road movie sin mapa y sin ruta” (...) “una radiografía de cráneo”. Crítica se delira calificándolo de “un auténtico film de terror argentino”. Y La Nación amenaza con una nueva especie de virus: “Martel ofrece otra de esas radiografías humanas y sociales que perturban no tanto por lo que muestran, sino por la inquietud que contagian” (...gracias, yo paso, prefiero seguir sano).

Dios me libre de los críticos cinematográficos y de la Martel...
Sinceramente, lo lamento por Oesterheld. El Eternauta, en manos de la genial cineasta argentina, corre el riesgo de convertirse en una “sensación”.

lunes, agosto 18, 2008

CUANTA CURTURA EN LA PLATA, CHE!!!

¿Qué mejor lugar para presentar Autobiógrafo que una ciudad nacida de los delirios del positivismo?
En La Plata, entre diagonales y catedrales góticas plantadas en la llanura, todas las gentes de bien podrán disfrutar este viernes 22 de agosto a las 19:00 hs. de la presentación de Autobiógrafo, con la presencia estelar de sus autores Reggiani y López.
El acontecimiento ocurrirá en La Plata, calle 50 No. 710 (entre 9 y 10), en la sede de la Asociación Judicial Bonaerense.
Habrá vinillo, algo para picar, firma de ejemplares y un microrecital más o menos acústico de La Muda, algo que ocurre con la frecuencia con que nos visita el cometa Halley.
El que se lo pierde es porque no lo merece.

-*-*-*-
... y ya que estamos en el terreno del gacetilleo culturoso platense, cumplo en informar a la amable blogplatea que la artista plástica Mónica Giordano expone su impresionante serie Hacia la luz, en el Museo de Arte Contemporáneo Fra Angélico, calle 47, esq. 16 y diagonal 73, durante todo el presente mes.
La muestra puede visitarse de lunes a viernes, en horario de 17:00 a 22:00 hs.

sábado, agosto 16, 2008

NOTICIAS DE HISTORIETA EN LA Ñ

El número de hoy del suplemento de Clarín, trae dos referencias a la historieta.
La primera es respecto a "La Duendes", y da cuenta de la distribución en Capital de esta revista de dibujantes patagónicos (ver).
Me llamó la atención la siguiente frase del cronista: "llenan las páginas con obras de humor gráfico, tiras y algunas incursiones en historietas más largas". No se si el autor de la nota será versado en el género, pero la diferenciación que hace está muy bien y coincide con la terminología que vengo señalando es necesario utilizar. Si todo es historieta, cómo se debe llamar a las "historietas más largas"? He propuesto "historieta propiamente dicha" a la espera de un término más adecuado.
La otra referencia es una gacetilla (que no encuentro en la edición digital de la revista) donde se anuncia un nuevo título de la serie Aventuras Dibujadas.
Es bueno que las publicaciones de cultura (aún una deficitaria, como "Ñ") vuelvan a ocuparse de la historieta.

NO, MIRE... YO YA COLABORE...

Uno dice: “Y... total, doce mangos no son nada”. Peeeeero... Con doce mangos te comprás media docena de empanadas. O te vas al cine un día de descuento. O sea que, con veinticuatro mangos, tenés una noche completa. Te ves una flor de película y después te vas a tu casa con el paquetito de empanadas, y te las manducás acompañadas del medio troli de totín que quedó del mediodía. Quedás pipón.
Yo en cambio, como un boludo, aposté los veinticuatro mangos a la carta magna. Perdón. Quise decir a la causa Magma.
Lo cual me quitó el apetito...
Ya venía comprando el número especial y el uno de esta revista. No me gustaba mucho (o mejor dicho: me gustaba casi nada), pero persistí, en aras de darle una nueva oportunidad. Hace unos días adquirí el dos y de yapa, la Pandemonium # 1 que acaba de salir, con idéntico staff editorial, pero especializada en terror, a la manera de Vampirella o Dr. Mortis. A razón de $ 11,90 c/u, un total de $ 23,80 ($ 24, pa’ redondear).
Juro, eh, juro!... que pongo buena voluntad.
Pude terminar sólo una historieta (sí, una solita, dije bien) de las varias que suman entre las dos revistas. La de terror principia con una resurrección del Nekrodamus de Skorpio, vuelto a asesinar aquí por los hermanos Accorsi. El argumento, que parece remedar al de La Lola (por lo de las reencarnaciones que no discriminan sexo), es francamente ilegible. Pero no me voy a ensañar con el dúo dinámico, porque todo lo demás transcurre por parecidos andariveles. En el espacio de lectores de la Magma, Guillermo Grillo, muy sutilmente, sugiere que no andan muy bien en guiones. Le responde Alejandra Márquez amenazando con “historias largas, arcos argumentales de varios capítulos”. Yo ya los había abandonado en el primer número. Y ahora, pa’ pior, ni siquiera publican a Zanotto. Con lo cual no me quedan dudas que en el futuro optaré por el cine y las empanadas.
Y es una lástima, porque Magma pintaba como una opción a la falta de aventura en Fierro. El desafío era retomar la línea de Skorpio, actualizada. Pero la aventura no aparece o atrasa hasta Columba. Skorpio -si mal no recuerdo- estaba muy por encima de esto. Ni hablar de las de terror, editadas por Torino.
Encima, tanto en Magma como en Pandemonium, los dibujantes -exceptuando al director de las publicaciones- son buenos. Es más: yo me quejo de que los dibujantes de ahora se creen autosuficientes y arremeten solos con las historias, pero tengo que reconocer que el mejor guión pertenece a uno de ellos: Jok. Es una lástima perderme la continuación de Simón Luzmala y el retrato robot, aparecida en Pandemonium, que pinta como interesante. Pero ya lo dije... Es mi último aporte a la causa.
Después, que no me acusen de no haberlo intentado...

viernes, agosto 15, 2008

JUANCITO CAMINADOR EN AUTO

Ayer, cerca del mediodía, buscaba un lugar donde estacionar en el centro. Tenía que hacer un trámite rápido que se demoraba por la maldita superpoblación vehicular. Había dado varias vueltas y empezaba a impacientarme cuando desde la radio surgió la voz de Tuñón. Ya no fue un problema seguir en el auto. Es más, se imponía, para escuchar esa voz perdida en el tiempo, y ahora rescatada.
Relataba Tuñón su imaginario encuentro con un artista trashumante: Johnnie Walker (sí, igual que el whisky). “Qué quiere decir ese nombre?”, pregunta Tuñón. “Juancito Caminador”, se le contesta. “Sentí de inmediato una gran afinidad espiritual con aquel hombre”. No sé si era así, exactamente, la frase, pero estoy seguro que Tuñón usó la expresión “afinidad espiritual”.
Y siguió hablando un rato el poeta (medio en broma, medio en serio, como hablan los poetas), mientras yo daba vueltas, sin que me importara. Después, apareció la voz de la Negra Sosa. Y descubrí con sorpresa que en un cajón de mi memoria habían quedado guardadas las estrofas que cantaba. Las pude repetir con ella. Ahora las busco en internet, y están. Las transcribo, aunque no tengan nada que ver con la historieta, ni con el cine, ni con el teatro...

Juancito Caminador...
Murió en un lejano puerto
el prestidigitador.
Poca cosa deja el muerto.
Terminada su función
-canción, paloma y baraja-
todo cabe en una caja.
Todo, menos la canción.
Ponle luto a la pianola,
al conejito, a la estrella,
al barquito, a la botella,
al botellón, a la bola.
Música de barracón
-canción, baraja y paloma-
flor de campo sin aroma.
Todo, menos la canción.
Ponle luto a la veleta,
al gallo, al reloj de cuco,
al fonógrafo, al trabuco,
al vaso y a la carpeta.
Su prestidigitación
-canción, paloma y baraja-
el tiempo humilla y ultraja.
Todo, menos la canción.
Mucha muerte a poca vida,
¡que lo entierre de una vez
la Reina del Ajedrez
y un poeta lo despida!
Truco mágico, ilusión
-canción, baraja y paloma-
que todo en broma se toma.
Todo, menos la canción.
Ah... también lo seguí al Tata Cedrón con aquello de...
A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosas
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata, amigo, la vida es dura,
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
(...)
Y no se inmute, amigo, la vida es dura,
con la filosofía poco se goza.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
Ayer, a la hora de la siesta, se cumplieron 34 años de la partida del poeta. Por suerte, alguien lo recordó e hizo que yo lo recordara. Y que me olvidara de cuestiones ínfimas como los problemas de estacionamiento.

lunes, agosto 11, 2008

LA FRUSTRADA PELICULA DE ISIDORO

Extractado -con permiso de Norberto Rodríguez Van Rousselt- de "SONASTE MANECO" Nº 14 (Ver)
Locuras de Santiago. En los años '70, el actor Santiago Bal estuvo a punto de protagonizar un largometraje en imagen real de Isidoro Cañones, el playboy número uno de la Argentina. La información siempre estuvo ahí, dispersa en viejas revistas del espectáculo, hasta que la recogimos y sistematizamos en el ahora agotado primer tomo de la Biblioteca Temática de la Historieta Argentina (La Bañadera del Cómic, abril de 2001), dedicado al cacique Patoruzú. El más que bienvenido Libro de Oro de Isidoro (Grupo Editorial Norma, diciembre de 2007) sumó nuevos datos: El año de producción, 1976; el director a cargo, Hugo Moser; y las directrices generales del argumento, basadas en “El ejecutivo del año”, ejemplar Nº 103 de las Locuras de Isidoro, publicado en diciembre de 1976. Pero en realidad no era una, sino cuatro las películas de Isidoro que pensaban filmarse. Y quien lo dio a conocer fue el mismísimo Santiago Bal, durante una melancólica y divertida entrevista que Nicolás Pipo Mancera le realizara el pasado 26 de abril, en el remozado ciclo de los Sábados Circulares que emite la señal de cable Crónica TV. Bal comenzó relatando el por qué fue elegido para personificar al Rey de la noche porteña. “Cuando yo era joven -contó-, mi generación me veía como a Isidoro Cañones. Y cuando salía de noche, me decían '¿Qué haces, Isidorito?', '¿Cómo te va, Isidorito?' Así que la primera relación viene de ahí. Pero un día Hugo Moser me contrató para hacer cuatro películas de Isidoro, que iban a transcurrir una en Buenos Aires, otra en Mar del Plata, otra en Punta del Este y la última en Miami. Después de firmar el contrato, me llevó a conocer al creador de Isidoro, Dante Quinterno. Camino al almuerzo, Hugo me dijo: 'Mirá, Santiago, yo sé que vos sos un tipo educado, un tipo delicado; pero el Sr. Quinterno es extremadamente observador en ese tipo de cosas. Te pido que te comportes'. 'Pero Hugo, por favor', le contesté, 'qué me estás diciendo'. 'No, Santiago, lo que pasa es que no quisiera que se te escape un carajito ni nada por el estilo, sabés? Cuidate con lo que decís'. 'Quedate tranquilo, Hugo, que me voy a portar como una niña'. Y fuimos a comer con Quinterno, un almuerzo un sábado al mediodía. Me porté tan bien, tan delicado que era demasiado. Hasta se deben haber olvidado de que yo estaba en la mesa. Todo fenómeno”. No tanto. “El lunes siguiente -continuó Bal- yo tenía que hacer las pruebas de vestuario, porque ya íbamos a empezar a filmar, así que estaba esperando que Hugo me llamara por teléfono. No llamó. Me dije, 'bueno, no importa, es un atraso de producción'. El martes tampoco me llamaron; y ahí un poquito ya me inquieté. Empecé a llamar yo a la productora. 'Hugo Moser no está, no está, no está'. Con varios mensajes así, ya la cosa no me gustó nada y me fui hasta las oficinas. Al llegar vi las caras largas de la gente. 'Ay, Dios -pensé-, ¿qué pasó? ¿qué hice?'. Me recibió Hugo. Me dijo: 'Mirá, no te atendí porque no sabía cómo decírtelo?'. '¿Qué pasó?', le pregunté, '¿no le gusté a Quinterno?'. '¡¡¡¡No, al contrario!!!! Lo que pasa es que, jugando al golf, el sábado a la tarde, Quinterno le contó a un amigo que estaba por hacer las películas. Y el tipo le dijo: ¿No será que le restará tiraje a las revistas?. Y Quinterno le contestó: Puede ser. ¿Sabés que tenés razón? Mejor, no las hago'. Y decidió no hacerlas. Cuando ya tenía todo arreglado, Quinterno se arrepintió. Hugo igual me dijo que iba a respetar el contrato, pero yo no quise. Qué íbamos a hacer, ¿la vida mía? Eso no le interesa a nadie. Y así, lamentablemente, quedó todo sin efecto. Fue otra desilusión”.

domingo, agosto 10, 2008

UN COVER DE MUTT Y JEFF


En algún post de este blog no se trató muy bien a Rep. Sin embargo esta tira suya, merece mención. Mientras otros afanan descaradamente, él homenajea. Y con muy buen resultado.

miércoles, agosto 06, 2008

LA COLECCION DE DAO: DON NICOLA EN "VIAJE AL INTERIOR DEL CUERPO HUMANO"

de HECTOR. L. TORINO

-Historieta publicada por la revista ¡Aquí Está! entre el 8 de enero de 1945 y el 8 de febrero del mismo año, nros. 902 al 911 (10 páginas)

-1 página de Conventillo 1937

-Reportaje a Torino, publicado en el Nº 1422 de la citada revista, correspondiente al 2 de febrero de 1950 (3 páginas)

Total del archivo: 14 páginas



DESCARGAR

(Gentileza del coleccionista Luis del Pópolo. Para más información VER)

LA HISTORIETA COMICA ARGENTINA, ANTICIPANDO A HOLLYWOOD

Viaje alucinante (Microscopia / Strange Journey) es una película de ciencia ficción que cuenta la travesía de un grupo de científicos por un territorio nunca antes explorado: el cuerpo humano. La misión consiste en eliminar el tumor que pone en peligro la vida de otro importante científico, para lo cual los exploradores deben reducir su tamaño al de una partícula e introducirse en el interior del cuerpo de aquél. El film, dirigido por Richard Fleischer, ganó varios premios Oscar, en 1966. El guión estuvo basado en un cuento original de Otto Klement y Jerome Bixby, que databa de unos años antes. Si bien la idea de explorar microuniversos, arranca con la novela corta de Henry Hasse, El hombre que encogió, publicada en 1937, en lo que hace específicamente a adentrarse en el cuerpo humano, se registra un extraordinario antecedente en una historieta cómica argentina. Fue publicada por la revista ¡Aquí Está! entre el 8 de enero de 1945 y el 8 de febrero del mismo año (nros. 902 a 911), en continuará y a razón de una página por edición. A esta altura, los asiduos del blog sabrán que se trata de Conventillo, la genial creación de Héctor L. Torino. Sabía de la existencia de este mítico episodio, y anduve mucho tiempo rastreándolo infructuosamente. Ahora, gracias al coleccionista Luis del Pópolo, que lo escanneó íntegro, podemos disfrutarlo en La Colección de Dao. El archivo para descargar incluye una página de Conventillo 1937, donde se pueden apreciar los orígenes de Don Nicola, con un trazo muy elemental respecto al desarrollado poco después. Y de yapa, también enviado por Luis, un reportaje a Torino, publicado en el Nº 1422 de la citada revista, correspondiente al 2 de febrero de 1950. La nota es “de color” y vale para corroborar los múltiples y dispersos intereses del creador de Don Nicola. Sin embargo, hay un párrafo que merece destacarse: “Al mundo de “Conventillo” lo crea uno -reflexiona Torino- ; lo que engendra la fantasía tiene también su verdad”. (Aportes como el de Luis, o el de Norberto Rodriguez Van Rousselt, que me acaba de prestar para que escannee, unos cuantos ejemplares de Billiken antiquísimos, hablan a las claras de esta necesidad común de rescatar y compartir una maravillosa etapa de la historieta cómica argentina, que parecía recluida definitivamente en los anaqueles de unos pocos coleccionistas. Queda mucho por hacer todavía. Respecto a mi propio trabajo, no bien termine con las Billiken, tengo en carpeta mis páginas de Aquí Está, Langostino, algún pedido como el nro. 1 de Godofredo... Me falta tiempo, pero no me olvido de nada. Síganme, no los voy a defraudar...)

lunes, julio 28, 2008

DOS TESTIMONIOS

Acabo de volver a ocuparme de Quinterno, y coincidentemente, el maestro Siulnas ha comenzado una serie de publicaciones, en vistas al 80 aniversario de la primera aparición de Patoruzú, ocurrida el 18/10/28, en el diario Crítica VER. También Sergio Maganás, en su blog, se interroga sobre los motivos de la decadencia de la editorial VER. Una de las respuestas que ensaya son las variables económicas. No las creo causa relevante. En todo caso, la disminución de ventas, fue efecto de otros factores. Opino que el fin creativo de la EDQ (Universo, a partir de 1976) se debió a tres razones, posiblemente concatenadas:
-Cambio de los gustos del público
-Cansancio de Quinterno
-Arribo de los hijos de éste.
Buscado Vivos es un valioso libro, donde Sasturain recoge entrevistas realizadas por él, y publicadas en distintos medios, a algunos grandes de la historieta argentina.
Tomo de allí dos testimonios pertenecientes a Ferro y a Repetto, ambos puntales del staff quinterniano. El primero, que data de 1980, se refiere a Patoruzú semanal. El segundo (1981) a Correrías, Andanzas y Locuras.
FERRO: “Aquellos años de Patoruzú en su apogeo fueron excepcionales; uno se la pillaba un poco y pensaba que nada podía haber mejor. Salían revistas a competir y se fundían: Pobre Diablo, Avivato, Cara Sucia... Fueron muchos años. Por eso me dio lástima que Quinterno lo dejara morir, porque así fue: quitó páginas, no reemplazó a los dibujantes, no dejó hacer. Cuando dejó de salir, Patoruzú tiraba en todo el país 25 mil ejemplares... y así dejó desatendida a una extensa franja de público que seguía su humor, su manera. Ahora ya es un poco tarde: la gente se ha acostumbrado a otra modalidad, la que surgió con Satiricón.”
REPETTO: “Pero hace unos años renuncié. Sentí que la empresa había cambiado, había perdido el ímpetu. Había paracaidistas elegantes, gente nueva que habían traído los hijos de Quinterno. "Vienen de un status, le dije, donde nunca conocieron a Patoruzú. Lo conocen ahora porque se ganan la vida acá." Que mis guiones me los aceptaran, corrigieran o rechazaran Quinterno o Mariano Juliá yo lo entendía porque eran grandes profesionales; pero que se los dieran a una doctora en Sociología que jamás supo lo que era una historieta para que aprobara o rechazara mi trabajo lo consideré una ofensa. Y me fui.”

domingo, julio 27, 2008

EL NACIMIENTO DE PATORUZITO

Por razones que no vienen al caso, he vuelto, recientemente, a escribir largo y tendido sobre Quinterno, un tema que creía precluído en mis intereses. Evidentemente no es así. Despojando los conceptos que vertí de las circunstancias puntuales que los motivaron, pienso que vale la pena rescatarlos en un post.
El tema puntual arranca en Patoruzito, como narración de la infancia del cacique Patoruzú.
Hay un primer dato que se ha dicho, pero no lo suficiente: el verdadero inspirador de la revista Patoruzito fue Divito, aunque indirectamente. Cuando aquél partió para fundar editorial propia, rápidamente Quinterno tuvo que poner a Patoruzú semanal a la altura de Rico Tipo, para frenar la competencia. Es decir, convertirla en una publicación para adultos y no para todas las edades, como lo había sido hasta ese momento. Pero para eso, había que eliminar, por ejemplo, a Chapaleo (antecedente de Langostino) y al Gnomo Pimentón. También el material “serio” nacional, como “Hernán el Corsario”, de Salinas, que Patoruzú publicaba. Maravillas pensadas para el público infantil que se quedaban afuera con ellos. “Serias” o “cómicas”, las historietas eran consideradas socialmente cosa de chicos. Si las aventuras (mucho más tarde “andanzas”) de Patoruzú constituían una excepción se debía a su nacimiento en periódicos, lo cual daba a los adultos la excusa para seguirlas, lo mismo que las tiras cómicas que allí solían aparecer.
Así, reservando sólo para Patoruzú las tiras clásicas de Quinterno (las del indio, Isidoro, Don Fierro y El Fantasma Benito), surge el semanario Patoruzito, que recoge el resto de la gama historietística. Pero que, además, la amplía brillantemente.
Una para grandes, Patoruzú; otra para chicos, Patoruzito. La editorial, ante la aparición de Rico Tipo, no se queda a la defensiva, sino que dobla la apuesta.
Sin duda que más allá de los prejuicios sociales (y su consecuente dosis de hipocresía), Quinterno, como editor, tenía clarísimo que las dos publicaciones debían estar íntimamente vinculadas. El público adulto de Patoruzú, sería el mismo que comprase Patoruzito para sus hijos (y de paso, también la leería). Entonces, como el personaje que necesariamente debía dar título a la revista -en función de la conexión de ambas publicaciones- no existía, se lo creó. Su autor intelectual lo describe así en el número 1 de la revista (11/10/45): "Se trata de las aventuras de PATORUZITO, personaje de extraordinaria sugestión y simpatía, creado especialmente para este semanario y semblanza de un período desconocido en la vida del popular indio Patoruzú: ¡su infancia!".
Vale aclarar que cuando hablo de Quinterno en relación al personaje de Patoruzito, como impulsor, creador intelectual, editor, es reservando el mérito de la dupla Repetto - Lovato, sin los cuales el personaje no hubiera alcanzado la trascendencia que tuvo, equiparable a la de su versión adulta. Pero esto también es mérito del Viejo, en el sentido de la elección de los realizadores y la consecuente importancia que le daba a sus productos. Obviamente, que lo guiaba el objetivo de vender más. Pero desde lo creativo.
Ahora bien... Había corrido ya mucha historia respecto a Patoruzú, desde su primera aparición como Curugua-Curiguagüigua, en el diario Crítica, en el ‘28. Siete años de marchas y contramarchas le llevó a su autor asentar su identidad definitiva junto a Isidoro. Ni a Quinterno, ni a sus lectores adultos (hay que remarcarlo, dado que hay quienes creen que también Patoruzú fue siempre un historieta “infantil”), les importaba demasiado lo tardío de la revelación de la ascendencia egipcia de los tehuelches, ni las distintas versiones del encuentro entre ahijado y padrino. Cada reformulación funcionaba muy bien y mejoraba la anterior. Se evidencia así, en Quinterno, una profunda preocupación por la coherencia de sus criaturas. Pero desde la estructura profunda que las contenía, no desde el apego a un elemental concepto de verosimilitud, inaplicable, por otra parte, a un género de por sí poco verosímil, como la historieta. Me explayaré al respecto.
Don Gil Contento y Julián de Montepío, eran interesantes como protagonistas de tiras de humor costumbrista. Dejaban de serlo cuando aparecía el indio a su lado. No sólo porque éste los desplazaba, sino porque no habían sido diseñados en función de él. Quinterno lo advirtió prontamente. Patoruzú, devenido en impensado protagonista, requería que se reformulara a su acompañante. Esa es la verdadera razón de que el 11 de diciembre de 1935, aprovechando el pasaje al diario “El Mundo”, se contradijeran todos los encuentros anteriores y naciera Isidoro, que si bien compartía características con sus prototipos, fue pensado exclusivamente en función de Patoruzú. Y junto al nacimiento del padrino, se consolida en forma definitiva el personaje del indio.
A mi entender, la dupla Patoruzú-Isidoro es la más rica de la historieta cómica argentina. El rol de Isidoro es el de opuesto complementario a la valentía y la nobleza del patagón. No sólo se juega allí lo ideológico, respecto a vicios de la gran ciudad en contraste con virtudes del interior, aspecto al que ya me he referido en otras notas. Es también una cuestión de construcción dramatúrgica. Las complejas características de la personalidad del padrino, permiten que la trama argumental y vincular se ramifique en vicisitudes. Isidoro puede ser tanto un compañero del indio, aportando la inteligencia y astucia que compensan la ingenuidad de aquél, como aliarse circunstancialmente a los villanos, en un equilibrio a menudo peligroso respecto a la línea del delito. También puede dificultar la tarea de Patoruzú, a raíz de su cobardía o sus pequeñas venalidades. Y por supuesto, aporta gran parte de la comicidad. Tenemos así un elemento que triangula el clásico enfrentamiento héroe-villano, y que suele oscilar entre estas dos fuerzas del conflicto, potenciando las historias, que gracias a las características enunciadas, podían soportar una extensión de cien páginas, sin incurrir en reiteraciones, ni provocar aburrimiento. O sea, no es sólo mérito de los guionistas que han colaborado con Quinterno y que han seguido después con otros dibujantes. El material de base con que contaban les facilitaba la tarea.
Isidoro, a su vez,
aporta otro
interesante personaje. “El irascible coronel”, como bautiza Andanzas (Nº 13, enero del ’58) la recopilación de los episodios originariamente publicados en las semanales (Nros. 101 a 112, año 1939), marca la primera aparición del Coronel Cañones en la vida de Patoruzú e Isidoro, a quien hasta el momento no se le conocía familia alguna. A partir de allí, Quinterno avizoró que podía desdoblar a Isidoro, y hacerlo vivir otra vida junto a su tío. Los dos rectores morales, el indio y el Coronel, sobreabundaban. Pero el Coronel era una excelente excusa para que Isidoro recuperara la faceta de su prototipo, Julián de Montepío, un tanto relegada en las aventuras junto a Patoruzú.
De ese modo, en la Patoruzú semanal, Isidoro, aparte de su vida junto al indio comienza a llevar -con pocas páginas de diferencia- otra paralela junto al Coronel Cañones, sin que Quinterno se preocupara por explicar la interrelación de ambas. Sin embargo, había verosimilitud en la estructura interna de cada una, en tanto se mantenían los antagonismos complementarios (ahijado-padrino, sobrino-tío). La dicotomía entre una moral rígida y otra disipada, estaban presentes en una y otra historieta, aunque la de Isidoro tenía alcances menos pretenciosos en lo argumental y se reducía a una tira autoconclusiva, de una sola página.
Con estos antecedentes, resulta absolutamente comprensible que Quinterno, a la hora de diseñar la estructura de Patoruzito, no haya optado por un concepto de verosímil que respetase la historia anterior de los personajes. Hacerlo hubiera significado quitarle al nuevo personaje nada menos a su opuesto complementario. Quinterno había comprendido mucho tiempo antes que el indio -adulto o pequeño- debía tenerlo para que funcionara.
Siguiendo entonces con sus criaturas ese criterio refundacional, que utilizó muchas veces, y que siempre admiré, no sólo ubicó a Isidorito en el mundo del Pequeño Gran Cacique desde el primer cuadro de la historieta, sino que quien lo deposita allí es su propio tío, en versión rejuvenecida (bigotes negros y rango de capitán). Aunque éste haya delegado en la Chacha y Patoruzito la formación moral de su sobrino, vuelve a aparecer a menudo en las aventuras, como disparador de viajes a exóticos países, con el pretexto de su condición de militar comisionado en el exterior. No así, en cambio en las historias del indio adulto, de donde ya había desaparecido por completo, después de su inaugural entrada.
Otro elemento que divide las aguas temporales entre la versión infantil y la original, aunque indirectamente, radica en que Patoruzú se queda en la ciudad, y Patoruzito en la Patagonia (durante un muy largo período), de modo que sus vidas no se superpongan.
Se han cuestionado detalles menores, supuestamente inverosímiles, en cuanto al transcurso del tiempo, como las fisonomías invariables de la Chacha y Ñancul. No creo que tengan ninguna relevancia, pero se podría argumentar que la gente de campo, a diferencia de la de la ciudad, envejece de una vez y para siempre. Y también que el lapso que va de Patoruzito a Patoruzú no es tan grande como para merecer que todo el mundo evidencie grandes cambios. Quinterno, en los inicios del indio, lo sitúa cumpliendo la mayoría de edad, mientras que a su versión infantil se la puede situar entre los ocho y diez años. Pero repito: estas objeciones obedecen a un criterio de verosimilitud que no es el que le preocupaba a Quinterno.
En cambio, hay cuestiones interesantes que se plantean en relación al aspecto físico y las características de personalidad de Patoruzito, en disimilitud con las de su precedente adulto. Mientras que se puede imaginar sin ripios el tránsito por la adolescencia de Isidoro Cañones, resulta mucho más difícil entender cómo un indiecito bello y sagaz, se convierte en un joven feo y con una ingenuidad rayana en la estupidez. Si por un momento aceptáramos el paradigma que la historieta (cómica, en el caso) debe responder a modelos de “realidad” y guardar “coherencia” en sus formulaciones, se podría argumentar que no se comprueba que el niño tenga necesariamente que anticipar al adulto. Muchos han sufrido la misma transformación que Patoruzito. Y otros, como en mi caso, la inversa.
Pero sí dejamos de lado lugares comunes de dudosa lógica, y también, por supuesto, el prejuicio de que se diseñó al personaje desde el descuido de los detalles, aparece una pregunta que sí merece ensayo de respuesta...
Por qué Quinterno, teniendo ya al hombre diseñado, decidió que el niño cercano no debía prefigurarlo tanto, salvo en lo que hace a nobleza y valentía? Hubiera sido más fácil y menos arriesgado diseñar un Patoruzito que se correspondiese con la imagen ya instalada de su versión adulta.
Opino que, nuevamente, la cuestión pasa por una cuestión de verosímil, según el concepto profundo que de éste tenía el autor. Las hazañas físicas de Patoruzú no resultarían creíbles en Patoruzito. Entonces, había que compensarlas, y el remedio fue su sagacidad detectivesca. Pero eso le haría perder la simpatía que trasuntaba la ingenuidad del indio adulto. Se la suplió con el dibujo. Por otra parte, si la fealdad del indio funcionaba como efecto humorístico, en un chico podía no resultar así. Por el contrario, se corría el riesgo que degenerara en crueldad, elemento que nunca estuvo dentro de los parámetros de la obra de Quinterno. En cuanto a Isidorito, como dije, no se registran grandes cambios. Sin embargo, dado que el elemento de la astucia pasa en gran parte al indiecito, su cobardía se acentúa. No por ello deja de ser simpático: tenemos su glotonería, sus travesuras que, por supuesto no aparecen en Isidoro.
Si alguna duda quedara sobre la fortaleza de estas estructuras y su conciente elaboración, por parte de Quinterno, basta remitirse a lo que sucedió cuando se las despojó de elementos vitales. El universo creado por el Viejo se fracturó, cuando los hijos corren a Isidoro y a Isidorito de las historias. La razón era la misma que suele esgrimirse respecto al reclamo de “coherencia” y “verosimilitud”. La nueva generación que manejaba la editorial intentaba dotar a Correrías, Andanzas y Locuras de una identidad propia, dando por hecho -en su soberbia e ignorancia- que no la tenían. Y como la estrella del momento era la última publicación, Isidoro debía abandonar definitivamente su faceta de perdedor, que aparecía tanto de chico como de adulto, junto al indio. Se entroniza entonces, en las Locuras, al "Rey de los play-boys". Y es allí, cuando la viveza de Isidoro vence con facilidad el freno moral de su tío, que el desastre se instala. No queda nada de la riqueza argumental de los primeros números y todo se reduce a una previsible sucesión de gags, con un debilísimo hilván narrativo. Lo mismo pasa con el indio y con el Pequeño Gran Cacique, que despojados de su opuesto complementario, protagonizan historias de pobreza lastimera. Las frecuentes apelaciones, para reforzarlas, a Chiquizuel, Patora, o Upa (personajes que Quinterno usaba con extrema economía), sólo provocan hastío.
Otro desatino fue que el recurso de inclusión de personas reales de aquella actualidad, utilizado en las Locuras, se trasladase a Correrías y Andanzas. Lo que en principio podía parecer admisible para Locuras, no lo era en absoluto para las otras dos revistas. Patoruzú y Patoruzito son tan incompatibles con la “realidad”, como lo pueden ser Superman o Batman. Sólo pueden adquirir realidad en un mundo propio, de ficción. Pero más grotesco aún, resulta el hecho que los hijos de Quinterno, con ese recurso, traicionaban el criterio de “verosimilitud” y “coherencia” que ellos mismos pretendían para las publicaciones, dado que ubicaban al indiecito y a su versión adulta en idéntico plano temporal.
Al dejar de publicarse definitivamente nuevas historietas, y comenzar con las reediciones, tuvieron que pagar su manía de “actualización”, corrigiendo todo aquello que había quedado desactualizado. Pero además, cuando hubo que echar mano a historietas anteriores y resultaba imposible sacar a Isidoro de al lado del indio, se llegó a la canallada de redibujarlo, despojándolo de su identidad y convirtiéndolo en un personaje episódico.
Lamentablemente, las generaciones que vinieron detrás de la mía, abrevaron exclusivamente en estas etapas de decadencia de la Editorial Universo, y jamás conocieron al Quinterno clásico.
Flaco favor han hecho, en este sentido, las últimas películas. El criterio refundacional del Viejo en nada se asemeja a la inclusión actual de Patorita y Upita, por ejemplo, que si bien responderían de algún modo a dicha línea, están absolutamente pintados (metafóricamente hablando, aparte de lo que es obvio). Si hubieran sido puestos al servicio de la acción, en nada hubieran molestado. También se ha vuelto a coronar a Isidoro como "rey de los play-boys". Es paradójico que haya tenido su película antes que el indio adulto. Y sin resignificación mediante, como si todavía existiera Mau-Mau.
De todo lo expuesto, surge la necesidad de reeditar las obras maestras de Quinterno. No sólo es una cuestión de justicia. Se trata también de tapar las voces que suelen ningunearlo, o esbozar hipótesis erróneas sobre sus intenciones creativas. Algunas de ellas, inclusive, desde sitiales supuestamente autorizados. Todo lo cual es explicable solamente desde el desconocimiento de la obra integral del Viejo o sobre la aplicación a ella de paradigmas que les son completamente ajenos. Y en general, muy alejados de los que rigieron la época de oro de la historieta nacional. Lo que denota un desconocimiento más grave aún, al tiempo que una batalla perdida contra los modelos impuestos desde afuera.
Con todo, y desde una absoluta sinceridad, agradezco a quienen sostienen dichos enfoques, la provocación para desarrollar este post.

sábado, julio 26, 2008

LA COLECCION DE DAO: EL MINUTO FATAL

De Adolfo Mazzone.



30 páginas, provenientes de los siguientes nros. de la revista Capicúa:



9- 10- 11- 12- 13- 18- 21- 27- 28- 35- 36- 37- 38- 39- 40- 42- 43- 44- 45- 46- 47- 48- 49- 50- 51- 52- 54- 58- 59- 60.





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(Para más información VER)







EL MINUTO FATAL

Durante poco más de una década, al abrir la revista Capicúa, uno se encontraba, invariablemente, a la izquierda, con el sumario, y a la derecha, con “El Minuto Fatal”, un chiste de Mazzone. Eso sucedió desde el número 9 (abril de 1960), hasta el doscientos cuarenta y pico, a comienzos de la década del ’70. En el último período ya se trataba de repeticiones, y no podría asegurar tampoco que los primeros fueran originales, ya que “El Minuto Fatal” tenía larga data. Se venía publicando desde los inicios de Rico Tipo (1945). La estructura del chiste era muy simple, e inmodificable. Pero en la revista de Divito había una sutil diferencia de estructura, posiblemente debida a una cuestión de formato. Veamos...Constaba de dos cuadritos, donde un personaje, desde la actualidad, y sufriendo un hecho desastroso, recordaba el error cometido que había llevado a provocarlo.

En Rico Tipo, la secuencia mostraba el presente, y desde allí se pasaba al racconto (ver la imagen). En Capicúa, la vista se posaba primero en la situación originaria, para pasar luego a la actualidad desde donde se la evocaba. Me parece más atractivo este último mecanismo, y de mayor eficacia humorística. Si quisiéramos ponernos en cultos, diríamos que “El Minuto Fatal” es la amartía, el error trágico del héroe que mencionaba Aristóteles, pero en clave cómica. Mazzone recorría allí una amplía gama de recursos, que iban desde el apunte costumbrista, hasta el humor absurdo. Aunque hoy día, este tipo de comicidad puede resultar ingenuo, me parece que vale la pena el rescate. En La colección de Dao, pueden encontrar 30 páginas, extraídas de los siguientes números de la revista Capicúa: 9- 10- 11- 12- 13- 18- 21- 27- 28- 35- 36- 37- 38- 39- 40- 42- 43- 44- 45- 46- 47- 48- 49- 50- 51- 52- 54- 58- 59- 60, correspondientes a la secuencia con que se presentan en el archivo. La fecha de arranque ya la consigné, y añado el dato que Capicúa era una revista quincenal. (Con eso le tiene que alcanzar, Fede. No rompa más, quiere?)

lunes, julio 21, 2008

FEDE, LOS FRIQUIS, EL ASCO...

Resulta que hace un tiempito, el Fede me lanzó el insólito desafío de acompañarlo en una charla que le invitaron a dar, en un evento friqui que se hacía en el Centro Cultural Malvinas, a pocas cuadras de mi casa, este domingo. Decliné gentilmente la propuesta, dado que me reclamaban mis tareas actorales, y no cerraban los tiempos. Pero esto no me impidió darme una vuelta rápida pa’ curiosear. Yo abrigaba la esperanza de encontrar al Fede e invitarlo a un café. Tenía una hora, y no bien llegué me dí cuenta que recorrer las instalaciones me llevaría no más de cinco minutos. Nunca había estado en estas extrañas ferias de cómics. La de marras parece que pertenecía a la rama del minga, y ocupaba dos salones del Malvinas y un espacio de la plazoleta interna. En uno de los salones, había mesitas donde varias editoriales ofrecían mayoritariamente bosta. En el otro, se proyectaban esos perversos dibujitos japoneses, que -dicen- generan convulsiones. En la plazoleta, enseñaban a armar muñequitos o algo así. Lo que me cautivó fue la fauna.
No conozco el rostro de Federico, salvo por el dibujito con que acompaña aquí sus polémicas y tercas intervenciones. En él aparece gordito y con barba. Entonces me dije: bastará encontrar alguien de esas características que, además, tenga pinta de intelectual. Gorditos con barba había varios. Con cara de intelectual, ninguno. Ni siquiera de inteligente. Casi diría que todo lo contrario.
Si bien manejaba datos del mundo friqui, por primera vez se desplegaba ante mis ojos con su máximo esplendor. Adolescentes, en abrumadora mayoría. Me sentía Matusalén ahí. Las hembras escuálidas, con ropajes inverosímiles (mucho negro, mucha gasa), pelos azules y rojizos. Algunas con aparatos y anteojos culo de botella. Los machos granujientos, panzones de hamburguesas, y uniformados de remeras negras con inscripciones en inglés. Muchos ejemplares de la especie, de uno y otro sexo, portaban extrañas orejas (de Mickey?) y/o alitas en la espalda. Y algunos estaban disfrazados íntegramente, incluyendo caretas de carnaval. Casi todos portaban aritos y porquerías clavadas en distintas partes del cuerpo. Mucha tacha.
Me llamaron la atención particularmente tres especimenes masculinos que ensayaban una extraña coreografía sobre el escenarito del patio interno. Sus abdómenes se agitaban con los descoordinados movimientos, al son de la letanía que canturreaban (no se sabe si desafinadamente, dado que quizá fuese una invocación a Yoth-Sogoth). Me llevaron a asociar dos géneros cinematográficos aparentemente incompatibles: las películas de los Hermanos Marx, con las de terror de clase B.
Aunque uno de los bailarines, además de panza, tenía barba, descarté que fuera el Fede. No avizorándolo tampoco en el pobladísimo reducto de los stands, y no teniendo, en consecuencia, salvoconducto para estar allí, temí que las miradas se volvieran hacia mi persona y que dedos con uñas fosforescentes me señalaran, al grito de “Un infiltrado!!!”.
No parecían de temer los friquis. Mas bien uno los adivinaba acomplejados y temerosos a ellos, sólo cómodos en su mundillo. Pero eran muchos. Corría el riesgo de terminar como en La Naranja Mecánica, con los párpados inmovilizados, viendo esos espantosos dibujos japoneses durante horas, y no pudiendo siquiera avisar al Cervantes que se suspendía la función. Así que decidí, promediando el tránsito por el salón donde se vendía la mierda superheroica y minguesca, comprar algo para despistar, aunque luego lo tuviera que tirar a la basura.
Milagrosamente me encuentro con un stand de Domus. Allí diviso dos libritos. Uno ya lo había visto en comiquerías, y no le había prestado atención. Pero aquí, viniendo de la porquería reinante, refulgía. Era “El Asco”, de Agrimbau-Ginevra. El otro, sabía que acababa de salir y me había agendado mentalmente comprarlo: “Sigilo”, de Saénz Valiente, un dibujante que me gusta mucho. Podría haberme quedado sólo con éste último. Pero la sobreactuación me llevó a adquirir los dos. Lo bien que hice.
Con ambos ejemplares en la mano, y ya más seguro, salí de la Feria de Fenómenos y me dirigí al ámbito burgués (repentinamente cercano a mi universo, por contraste) del café de Malvinas. Decidí usar el tiempo de un americano apenas cortado en empezar a leer “El Asco” (que, coincidentemente -dicho sea de paso- adscribe a Historietas Reales, movimiento en el que Fede milita).
No pude parar hasta terminarlo, lo cual me insumió un tiempo muy superior al del cortado, a más de varios Marlboro.
De Agrimbau había leído sin mucho interés algo que se publicó en Fierro. Por una polémica que se produjo hace un tiempo con respecto a una nota suya, publicada en su blog, y con la cual yo no coincidía, volví a esa historieta para confrontarla con su fama de buen guionista, de la que me enteré a raíz del debate. Volvió a no interesarme, y pensé que estaba inflado.
A partir de “El Asco”, compruebo que su fama es mezquina. Agrimbau es un gran guionista.
“El Asco” es una historieta atípica, de una cotideaneidad extrañada, asimilable -en lo profundo, y en ese sentido- a lo que Oesterheld planteaba a menudo. Sórdida, aunque no regodeándose en la sordidez. Con personajes amenazantes de una explosión horrorosa que no llega nunca a concretarse, que permanece latente. Que en el desenlace parece transformarse en el más convencional de los finales felices, pero no... Hay una memorable última página, con efectos sonoros, lo juro. Cinematográficos. Es ésta la que redondea la historia, pero sin explicarla.
Un obvio parangón sería el “Informe sobre ciegos”, de Sábato. Pero creo que los climas aparecen más ligados al Denevi de “Rosaura a las diez” o “Ceremonia secreta”.
Un lujo, Agrimbau. Has andado por el blog de La Colección..., así que espero que leas esto: me he convertido en ferviente admirador tuyo.
Demás está decir que el dibujo de Ginevra acompaña soberbiamente la historia. No busca protagonismo, sino que se pone a su servicio con inteligencia. Podría haberse desbarrancado fácilmente en las obviedades de sexo explícito que hacen estragos en los historietistas actuales. Sin embargo, el único primer plano de pija, es tan primer plano que la pija se desdibuja y queda la angustiosa tensión de la mano que la aferra, como único significante.
Por el prólogo me entero que originariamente, la historieta apareció publicada en un blog, a razón de página por semana, durante más de dos años. Lo que demuestra -por si alguna duda quedara de su calidad- que llegó a la impresión por propios méritos, no por acomodo con algún editor, como parece darse actualmente en muchos casos.
O sea que... agradezco a Fede la invitación declinada. Agradezco no haberlo encontrado. Agradezco a la feriecita friqui, con sus orejitas de Mickey, sus alitas y sus bailarines panzones.
Todo ello ha contribuido a que me siga reconciliando con la historieta argentina que se hace en estos tiempos.
(Si bien ya lo he felicitado a Fede por la última entrega de “Vitamina Potencia”, lo reitero acá, pa’ que no se ponga celoso de mis elogios a Agrimbau. Reggiani es un muchacho muy susceptible y todo lo que escribo lo toma a mal. Seguro que lo de “gordito”, aún cuando le agrego ahora el calificativo de simpático, tampoco le va a caer bien...)

jueves, julio 17, 2008

ISIDORO EN EL CONGRESO

Ya que hoy no se hablará de otra cosa que de la votación en el Senado, como para desdramatizar un poco, subo una curiosidad. En esta tela, el artista plástico Marcelo Stella imagina una interpelación a Isidoro Cañones.

(Me enteré de su existencia por una audición de radio, donde la mencionó Orlando Barone, y la busqué en la web. La encontré en el sitio del autor: http://www.marcelostella.com.ar/)

ESTRENO: WHITELOCKE, UN GENERAL INGLES

Whitelocke, un general inglés
De Cristian Krämer y Jorge Castelli

(Adaptación de El delicado umbral de la tempestad, novela de Jorge Castelli. Premio La Nación de 2000)
10.000 militares ingleses dispuestos a invadir, 110 barcos anclados frente a Buenos Aires y un general que en 48 hs. presenta su rendición. Whitelocke, Un general inglés, intenta develar el misterio de una decisión militar que marcó el camino de nuestra historia. Arturo Bonín se pone en la piel de la contradictoria personalidad de John Whitelocke, comandante de la Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata, quien se enfrenta al dilema de bombardear una ciudad u ordenar la rendición de sus tropas. ¿Qué motivos pueden llevar a un hombre formado bajo la obediencia y la disciplina, a tomar una decisión semejante? Los autores logran mostrar, de manera particular y manteniendo la intriga desde el comienzo, a un militar con sus heridas de guerra, sus dudas y la compleja trama de la obediencia ciega, esa que anula, manipula y somete a quien la aplica. La obra es una fina composición de envidias, pasiones, intrigas y respuestas inesperadas que derrumba ideas y cautiva al corazón más escéptico.

Con (por orden alfabético): Irene Bazzano, Roberto Bobe, Arturo Bonín, Miguel Dao, Gabriel Ferrari, Sergio Surraco y Julio Viera..

Vestuario: Victoria Chacón. Escenografía: Mariela Solari. Iluminación: José Luis Misevich. Asistente de dirección: Marcelo Méndez.

Dirección: Rosario Zubeldía

Funciones: jueves, viernes y sábados a las 21.30 horas. Domingos a las 21.00 horas.

Estreno: sábado 19 de julio

Sala Orestes Caviglia
Teatro Nacional Cervantes

domingo, julio 06, 2008

LA COLECCION DE DAO: BILLIKEN

43 páginas en total, extraídas de ejemplares de entre los '40 y los '70:
-18 tapas de Lino Palacio.
-8 "Pelopincho y Cachirula", de Fola.
-8 páginas de una historieta completa de ciencia-ficción, guionada por Oesterheld, y publicada el 25/12/72.
-4 de "Ocalito y Tumbita", de Vidal Dávila.
-3 de "Sansón", de Gene Ahern
-2 de "La Familia Conejín".
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Para más información sobre el archivo y sus posibilidades de ampliación (ver)

LAS MADRES NO SABEN GUARDAR

Resulta muy difícil encontrar ejemplares completos de Billiken y Anteojito . Si bien la tirada era monstruosa, se recortaban rápidamente para la escuela. Lo poco que las madres guardaban íntegro se reducía a ediciones especiales temáticas de próceres o eventos (tengo dos Billiken idénticos dedicados a Malvinas) o los números de fin de año. Y todos éstos no traían una puta historieta. Que exceso de sentido común, por Dios!
Sin embargo, en garajes o en galpones, han quedado cadáveres mutilados de esas revistas de la infancia.
Yo, que más que coleccionista, soy cartonero, pido a los amigos que me traigan lo que de ellas encuentren, en el estado en que estén. Que no seleccionen por mí. En todo caso, yo me encargaré de tirar a la basura.
Laura, una pintora amiga de mi mujer, atendió mi solicitud, y encomendó a su familia de Arrecifes que me juntaran cuanto recorte encontraran, sin que entorpecieran consideraciones del tipo: "Cómo le voy a mandar esto???". Acaba de llegarme un voluminoso paquete, con algunas valiosísimas páginas de estas revistas.
Haciendo la selección, se me ocurrió juntar las de Billiken con otras que guardaba de anteriores cartoneos, y hacer escanneos para La Colección de Dao.
El resultado es un archivito Billiken muy ecléctico, de 43 páginas en total, extraídas de ejemplares de entre los '40 y los '70:
-18 tapas de Lino Palacio. Algunas son mías y otras tomadas de la web (con buena resolución). -8 "Pelopincho y Cachirula", de Fola. Dos, en realidad, son de Anteojito, pero me pareció que valía la pena incluírlas, aunque a mí me guste más el limitado color y las aguadas de Billiken. -8 páginas de una historieta completa de ciencia-ficción, guionada por Oesterheld, y publicada en los '70. Vale como curiosidad. -4 de "Ocalito y Tumbita", del gran Vidal Dávila. -3 de "Sansón". Estas tiras vinieron en el paquete, y datan de los '40. El estilo de dibujo y el surrealismo que se desprende de las historias inmediatamente me llamó la atención, a la par que me sonaban muy conocidas. Es más: uno de los personajes que aparece, me remitía inequívocamente al último cuadro de otra historieta, en el que invariablemente, un petiso barbudo preguntaba: "Nov Schmoz Ka Pop?", pero no podía recordar cuál era. Tuve que recurrir entonces a los amigos Amillán y Rodríguez Van Rousselt, que me aportaron los datos que faltaban. La tira original cambió de nombre muchas veces, de acuerdo a la evolución de los personajes ("Sansón", al principio, era secundario), pero aquí se la conoció popularmente como "Jopito y Calvete" -que era como yo (no) la recordaba. Es la única obra del autor, que además, era comediante de teatro de variedades. Un genio del surrealismo: Gene Ahern (1895/1960). -Finalmente, 2 de "La Familia Conejín", que no es gran cosa, pero que fue leída por varias generaciones de pibes.
Gran parte de esto hay que agradecérselo a Laura Balagué y a su familia.
El archivo de Battaglia, aún con su heterogeneidad, funcionó muy bien como work in progress. Además de los aportes de algunos amigos, Gabriel Fara acaba de subir a su blog (ver) 800 páginas de episodios completos de "Don Pascual".
Esperemos que este Billiken cumpla la misma función provocadora. Sobre todo en lo que atañe a las tapas de Lino Palacio, "Pelopincho y Cachirula" y "Ocalito y Tumbita".
Todo ello, sabemos, a la espera que sean reeditadas como se merecen.