“Rico tipo” o “loco lindo” tenían equivalente significado. Ambas expresiones aludían a una personalidad algo irresponsable, pero simpática.
Aclaro que, décadas ha, ante la caracterización de alguien como jodido, he escuchado comentar “Pero mirá que rico tipo!”. Es evidente que, en estos casos, la expresión se utilizaba con un sentido irónico. Reafirmando así, contrario sensu, su indubitable connotación valorativa.
Cuenta la leyenda que Quinterno disentía con Divito acerca del largo de las polleras. Cansado éste de que se las alargasen, se largó con revista propia.Ver la historia de esta manera, resulta algo elemental. De lo que se trata en realidad, es de distintos exponentes de la moral sexual de la época.
La pacatería de Quinterno estaba a tono con las “buenas costumbres” predominantes, y daba cuenta de una fase más de su conservadurismo. Divito, en cambio, era un adelantado que olfateaba la necesidad de renovación, aunque ésta tardara mucho en concretarse.
Sin embargo, el creador de Rico Tipo, aunque allí nadie le viniera a alargar polleras como en Patoruzú, también tuvo que camuflar su revista. Y lo hizo desde el título mismo, que pretendía entrar por el lado de la simpatía, antes que por el del erotismo.
Hace poco recorría Feria Franca y me detuve en un aviso, donde el amigo Contartesi ofrece una publicación picaresca de los ’60. Un interesado preguntaba si traía desnudos. Juan Carlos, con cierta ironía, lo ubicaba diciendo que se conformara con chicas en malla, ya que se trataba de una publicación de la época de Onganía.
Lo mismo se debe considerar con Rico Tipo. Si la leemos desde hoy, fuera de contexto, corremos el riesgo de hacerlo con una sonrisa displicente, ante su inocencia.
No me cabe duda que, si hubiera podido, Divito habría ido bastante más allá. De alguna manera, la contención del Dr. Merengue, también la tuvo que observar él. Por lo menos, en la época de los comienzos de la revista.
Porque si bien Divito murió joven, los importantes cambios producidos en la sociedad entre los ’40 y fines de los ’60, no parecen haberse reflejado en Rico Tipo. Ojeando un ejemplar del ’66 advierto que para entonces ya no había demasiada diferencia con Patoruzú. O ésta última había ganado terreno, o aquella lo había perdido, o ambas cosas. También es posible que la propuesta inicial de Rico Tipo haya anclado en un perfil de lector al que no le interesaba avanzar en audacia. Y que la revista quedara atrapada así por las leyes del mercado. Con la complacencia de su director, claro, que dejaría los excesos para la vida.Arriesgo, apenas, estas reflexiones, dado que mi análisis de la evolución de la publicación está muy limitado por el escaso material que poseo. Tampoco se por donde pasará el del libro de De Santis, que ando interesado en conseguir. Pero lo cierto es que hubo que esperar a Satiricón para que se diera una transformación radical en el género.
Un caso distinto es el de Loco Lindo. Dicha revista, inscripta tardíamente en la corriente de Rico Tipo, nunca tuvo propósito de real transgresión, sino que simplemente buscó ocupar un lugarcito en el mercado ocupado prioritariamente por Divito.No tengo fecha cierta de aparición en su primera etapa, pero calculo que fue a mediados de los ’50, o sea más de diez años después del nacimiento de Rico Tipo.
Su título no solo significaba lo mismo que “rico tipo”, sino que hasta suena parecido. En sus portadas, aparecían chicas que imitaban a las de la otra. Y el contenido de ambas, por supuesto, resulta similar.
Es común, en cualquier rubro, que un producto exitoso sea imitado. Pasa con los chocolatines, pasa con los programas de tevé. Las revistas humorísticas no tenían por que ser excepción. Lo cual no quita que alguna de esas secuelas llegue a tener calidad.
Es el caso de Loco Lindo, en la que dibujaban la mayoría de los que enumeré en ocasión de ocuparme de Vida Flor (donde gracias a Onganía -como bien dice Juan Carlos-, ni siquiera había fotos de chicas en malla).
Pero en Loco Lindo la diferencia la marca el gran Héctor L. Torino. Tanto en chistes sueltos, con chicas que nada tenían que envidiar a las de Divito, como con Marilyn García, historieta que me parece excepcional.
Juzguen por sus propios ojos... De nada, señores.
















































