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lunes, noviembre 01, 2010

JOYAS DE LA BEDE

Mencionaba que junto al Marco Polo, de Alcatena, me traje el primer volumen del Peter Pan, de Loisel , en edición nacional (ver).
Lo vengo viendo desde hace mucho en librerías y comiquerías. Si no lo compré antes no fue tanto por el precio, sino porque estaba anoticiado que Deux no iba a pasar del primero de los seis capítulos que integran la serie, y no me gusta dejar las cosas en el inicio. Ahora, a tres mangos, me dije que en todo caso la completaría digitalmente, lo que efectivamente hice, mula mediante.
Estaba en lo cierto: con una maravilla como ésta la lectura no puede quedar inconclusa. En dos días, me liquidé los seis tomos, cinco de los cuales, obvio, me dejaron la vista a la miseria (...gracias, Muñoz).
Se advierte con sólo observar las portadas, el extraordinario dibujante que es Loisel. Pero la recreación que hace de la obra de J.M. Barrie -que le llegó vía Disney, como a todos-, es de una inteligencia superlativa. Indaga sobre un elemento basal de la trama: la negación a crecer del protagonista. Pareciera elemental, pero todas las grandes recreaciones de clásicos, parten de preguntas básicas y bien formuladas. Del interrogante que flotaba, pero que se dio por sentado.
Loisel decide que la respuesta, en este caso, la da el contraste del mundo adulto con las fantasías de Peter, acerca de como quisiera que fuese aquél, y su consecuente frustración. Por fortuna, al indagar en circunstancias precedentes, elude la tentación psicologista (sonsonete del síndrome, temor a la muerte, etc.).
Además, lo curioso es que el planteo no resulta para nada maniqueo, como podría preverse, en tanto la crueldad de la realidad se filtra también en el mundo mágico. Y sin que se llegue a perder a la inocencia, dado el bálsamo purificador del olvido, una suerte de auto indulto colectivo que vuelve constantemente todo a fojas cero.
Quizá el cruce lateral del protagonista con Jack el Destripador, resulte un tanto forzado. Es el único momento donde siento que Loisel carga un poco las tintas. Todo lo demás, el trozado y rearmado -en singular manera- del argumento original, es brillante.
Veré que edición española anda por acá, para completar los tomos en papel, que lo merece. Claro que de a poco, porque supongo que deben salir algo más que tres mangos...

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